domingo, 7 de junio de 2026

Se tiene que morir mucha gente, de Victoria Martín

Tras ver y reirme mucho con la serie homónima, era inevitable que quisiera leer el libro para ver si aún me podía reir más. La autora ha colaborado en la adaptación del guión de su novela, pero realmente su fama le viene de un podcast que hace con una compañera. Vamos, que la serie es en realidad el último eslabón de la cadena de su fama.

Y el libro es lo que cabía esperar: una sucesión de comentarios con toda la mala leche, sobre sus amigas, conocidas, sus compañeros de trabajo, los hombres, el capitalismo y el heteropatriarcado ("los hombres han construido un mundo horrible e irrespirable única y exclusivamente para no tener que cambiarse las putas sábanas."), y también sobre ella misma. En la serie, esas dosis de mala lecha se personifican en el alter-ego infantil de la protagonista. En la novela desaparece tal intermediario, porque en realidad no hace falta, pero se le echa de menos.

En su lugar, sí tenemos bastante vocativo en que la autora interpela al lector con sorna, e incluso se mete con él:

"No sé, tampoco confiéis en mis teorías, ni que fuese yo Platón o Risto Mejide."

"No, perdona, tu familia es tu familia y tus amigos jamás se harán cargo de todo lo que conlleva soportarte a ti, persona disfuncional que me estás leyendo."

"Dejad de leer este libro, pero eso no cambiará el hecho constatable de que es imposible vivir como un adulto funcional siguiendo los consejos de Pumba de El Rey León."

El único problema es que en algún momento el lector se va a cansar del pim-pam-pum, por muy ingenioso que sea, y va a tratar de interesarse en la historia. A mí me debió de pasar en el 30% del libro, y a partir de ahí te das cuenta de que no hay más cera que la que arde, y todo es esperar a la siguiente maldad que se le ocurra a la protagonista.

Como he dicho, parte de las maldades se las dedica a los hombres en general, aunque haya un par de protagonistas masculinos que se lleven hostias directamente. Y luego está el tema del capitalismo. Claro, aquí hay que distinguir si son cosas que piensa la personaje ficción, o son pensamientos de doña Victoria que le pone en boca a Bárbara. Sospecho, del apartado final de agradecimientos, que reflejan los pensamientos de la autora. Pues solo aclararle a Victoria-Bárbara que es gracias al capitalismo que esa inquietud y esfuerzo, ese no poderse estar quieta que siente ella, y que contrasta con la actitud de Bárbara ante la vida, tiene recompensa. Sin capitalismo, daría básicamente igual que Victoria se levantara o no de la cama todos los días con ganas de hacer algo. 

En cuanto a la trama, poca sorpresa para quien haya visto la serie. Se nos cuentan unas cuantas semanas de la vida de Bárbara y sus amigas Macarena, lesbiana y actriz, y Elena, casada con un señor mayor rico y embarazada ("De momento no había conseguido atrapar a la gallina de los huevos (caídos) de oro,"). Bárbara, por su parte, trabaja en un late-night show, donde no nos acaba de quedar claro qué hace. Pero ya digo que la trama es secundaria, porque lo que uno busca y disfruta, al menos durante una parte de la lectura, son son invectivas.

Dejo aquí algunas para cerrar esta entrada. Empiezo con la familia:

"Para mi padre, ser una persona decente es tener ropa para ir a eventos e ir a esos eventos. Para mi madre, ir decente es estar desnuda. Vaya dos referentes vitales para crecer de una manera mentalmente saludable."

"Debo decir que mi madre había customizado y decorado ella misma su casa y parecía la vivienda de una Agatha Ruiz de la Prada trastornada; vamos, de Agatha Ruiz de la Prada."

Ahora, alguna dedicada a sus amigas:
"¿De dónde sacaba exactamente Fabiola a sus amigos? ¿Tenía una fábrica de gilipollas?"

"Elena estaba dándose un baño. Había metido una bomba de Lush y parecía que estaba sumergida en la diarrea de un unicornio."

Y por último algunas contra la burguesía:
"Qué maravillosas son esas cocinas, dan ganas de dejar que tu asistenta se tome un descanso y cocinar tú."
"La cría modelo infantil abrazó a su madre, la de la portada del libro, que la cogió en brazos mostrándola al grupo. Me fijé en que tenía los labios y las mejillas maquillados. Daba bastante miedo, como si fuese una enana terrorífica."
"Me percaté de que más de uno se había hecho un implante de pelo, lo que les daba un aspecto tremendamente ridículo: parecían la muñeca esa de Play-Doh a la que le sale plastilina por la cabeza."

¿Rezuma mala leche o no?