Tras acabar la lectura de Nostalgia pensaba que no volvería a leer nada de su autor. Y precisamente mientras pensaba eso leía su biografía al final del libro, y la brevísma descripción de este El Levante me hizo irresistible su lectura (unido a que ya sabía que era un libro corto).
Se presenta como una epopeya sobre la liberación de Rumania del yugo turco, al mismo tiempo que una historia de la literatura rumana, y todo ello mezclado con los delirios oníricos propios del autor, y sus aún más características participaciones en la acción. De hecho, el libro esta estructurado en cantos, como hacía Homero, y originalmente se escribió en verso, si bien luego Cartarescu hizo una versión en prosa que es la más extendida y traducida. En todo caso, quedan numerosos pasajes en verso en el libro, como prueba de su redacción original.
La narración es algo difícil de seguir. Quiza es una especie de Odisea que se desarrolla en zeppelin, en el siglo XIX, y lleva a los personajes desde Samos a Bucarest. El lider de la banda es un tal Manuil, a quien se irán uniendo un espia francés, Brillant, Zenaida, el gran Antropófago con su monito, Zoe y el sabio Nastratin. Bueno, y también el propio autor que no tiene reparos en unirse al objeto de su narración en un momento dado.
Estoy seguro que un rumano de cultura media será capaz de captutar muchas referencias históricas y literarias que a mí simplemente se me pasan. Eso les hará disfrutar más que a mí esta novela. Sí tengo que recriminar a la autora-editora que no ponga apenas notas a pie explicando referencias literarias que puedan explicar la aseveración antes dicha en la introducción, de que es una historia de la literatura rumana,
Claramente lo mejor de la obra son la continua interferencia por parte del narrador, que hace que no suenen extrañas referencias muy actuales, incluida una a la Guerra de las Galaxias ("El procedimiento es posmoderno, así que lo utilizaré también yo. Debes saber que la batalla que vas a leer más adelante está minuciosamente filmada, con efectos especiales e imágenes superpuestas, recortes, animación por ordenador, como en La guerra de las galaxias."). Eso hace que la lectura sea muy entretenida, incluso aunque no se estén pillando los otros niveles de la lectura, esto es, el histórico y el posible alegórico.
Y es que lo que en Nostalgia era ya relevante, pero no demasiado frecuente, aquí se hace parte directa de misma narración, que no se comprende sin la constante intereferencia del creador, que es incluso increpado por sus protagonistas (con referencia a Mafalda incluida): "—Querido autor, ¿qué va a ser de nosotros? ¿No sabes tú lo que sigue a continuación? ¿Acaso vamos a morir todos? Yo te he arrastrado entre los valientes sublevados para que seas nuestra Mafalda (ay, ojalá no seas nuestra Casandra), a ti, que has pintado con nubes los cielos de coral y has salpicado el campo con flores de antirrino y retama…" De hecho, el final ocurre en el Bucarest del presente (los 80), cuando los personajes llaman a la puerta del autor.
Dejo algunas de estas interrupciones/intervenciones que me han hecho más gracia:
Esta, invocando precisamente al Sueño, muy apropiada para un autor de realidad onirica, aunque aquí no abuse del recurso tanto como en Nostalgia: "Sueño, ensombrece con tu luz mi extraña epopeya, hincha su delicada vela con el invisible soplo de la Ensoñación, de la Fantasía; haz que el lánguido serafín no vuelva a arrastrar sus alas por la porquería y la tierra, sino que anuncie el futuro en el polvo estelar."
"Más o menos esta es la historia de monsieur Languedoc Brillant. Respecto a la letra ensortijada tatuada en su pecho, no sé nada todavía. Ten un poco de paciencia, graciosa mía, pues todo quedará aclarado al final." Obsérvese que al lector siempre el invoca en femenino. Espero que no sea una adaptación woke de la traductora.
"Estamos a 1 de abril de 1988. No brilla el sol ahí fuera. Escribo a máquina en la cocina." Desmitificando completamente la acción.
"De repente, de la lentilla del artilugio brotó un rayo fino que recortó en esta epopeya la página del globo, como si fuera una foto rectangular. Por un instante, en el cuadrado así abierto en El Levante aparecí precisamente yo, escribiendo el noveno canto en la máquina de escribir: figura alargada, rostro tembloroso; ojos que, obsesionados por su naturaleza, se vuelven siempre hacia sí mismos." ¿Inspiración de Michael Ende en el momento central de Die Unendliche Geschichte?
Añado algunas reflexiones o sencillamente frases brillantes. La primera revela una inesperada influencia hayekiana: "También yo soy republicana, también yo quiero la democracia, pero me temo que nuestro sueño fracasará estrepitosamente. ¿Es nuestro pueblo suficientemente maduro para algo así? ¿Acaso no llega más arriba el peor y el más insaciable?" Si no lo es, es que el análisis del austriaco era fácilmente observable en Rumania."¿Sufren los hombres? ¿Son oprimidos y humillados? También sufren los robles, sufrieron los trilobites, sufren las estrellas cuando se transforman en supernovas en el firmamento, sufren los peces en el agua, sufren los pangolines en los manglares, sufren los amaneceres cuando llega el mediodía, sufren la tierra, el agua, el aire y el fuego."
Esta es buenísima: "El necio, hasta no ser orgulloso, No parece lo bastante tonto,"