miércoles, 4 de marzo de 2026

Entre limones ("Driving over Lemons"), de Chris Stewart

Muy agradable sorpresa este libro que tenía apuntado para leer desde hace tiempo, pensando que sería una crónica humorística de algún viaje por España. No es nada de eso, pero ha sido una lectura estupenda.

Para empezar, el señor Stewart es uno de esos tipos que vive la vida un poco a lo loco, solo hay que leer un poquito de su biografía. Baste aquí decir que fue el primer batería de mi grupo de rock preferido, Genesis, puesto en el que supongo que precedería al genial Phil Collins. Luego se pasó una temporada en China redactando una guia de viajes, y también aprendió a esquilar ovejas, algo que hace regularmente en Suecia.

Por si fuera poco, en un momento dado se compró una granja aislada en las Alpujarras, al mismísimo pie del Veleta, y se fue allí a vivir con su mujer. Tan aislada estaba que quedaba al otro lado del río Cadiar, sobre el que una de sus primeras misiones sería construir un puente. Esta obra es precisamente la crónica de sus primeros años, aventuras y desventuras en la citada granja El Valero.

Cuando me di cuenta de la temática, pensé que la lectura no iba a merecer la pena, pero decidí terminar el libro porque no era demasiado largo y entraba fácil. Pero poco a poco el señor Stewart fue ganando mi afecto y mi interés, ayudado por la redacción de algunos capítulos memorables.

En el fondo, este libro es una especie de "La granja de Clarkson", pero más auténtico y en plenas Alpujarras, por lo que la gente que ayuda al protagonista son españolitos de a pie, pero de la época, los 80, donde todo va en pesetas, empezando por el precio de la granja, unos 4 millones de las mismas si mal no recuerdo. Dónde habrá ahora una finca a ese precio.

La granja está en un estado de conservación mejorable, construida sobre terrazas de cultivo en que fructifica de todo con facilidad. Se la compra a un pieza, de quien luego descubrirá que nadie se fia en el pueblo. Pero eso da igual. El tratamiento que hace Stewart de todos los alpujarranos con quien tiene trato es realmente exquisito: en ningún caso se burla de ellos, como es típico de la superioridad inglesa y más en un relato cómico-ligero. Más bien al contrario, se centra en sus virtudes y en la ayuda que recibe, incluso en los casos en que claramente le han tomado el pelo (la feria de ganado en Baza en un ejemplo, o la propia adquisición de El Valero).

En cada capítulo se nos cuenta alguna anecdota en el progreso de su granja. Algunas rondan la tragedia, como la crecida del Cadiar tras un verano de sequia; otras son más divertidas, y en general son bastante costumbristas. Hay también mucha aparición de extranjeros afincados en la zona, con lo que queda claro que Stewart no es un marciano.

En uno de los episodios detallará las técnicas arquitectónicas en las Alpujarras, con las que él construirá su casa. "The walls are stone, mortared with mud, and should have a minimum thickness of sixty centimetres, preferably a metre. This keeps out heat in the summer and cold in the winter. The lintels and beams are wooden, eucalyptus or poplar if you live down in the river valleys, or sweet chestnut, the best of all, if you live above a thousand metres where the chestnut forests girdle the high villages. In the Low Alpujarra a mat of canes is fixed on top of the beams. The canes are lashed together with woven ropes of esparto grass which grows wild everywhere. The canes too grow in abundance in the rivers, as do the trees for the beams. On the cane mat is laid a thick layer of brush– oleander, genista, broom, thyme– and then finally comes the layer of launa. You should always lay your launa during the waning moon to get it to settle properly and give you as watertight a roof as possible– but, of course, never on a Friday. A hundred years ago the stone walls would have been left bare, but these days most of the houses are whitewashed, outside and in. There are two reasons for this: it reduces the heat inside by several degrees on a hot summer day; and the lime, particularly the cal viva that comes in the form of white rocks that you must steep in a drum of water, where they hiss and bubble, has a strong disinfectant effect."

En otro nos cuenta cómo conseguir tener aves de corral ("Unfortunately, as I was eating the egg, a stoat or a weasel was eating the chickens. And it was not very many weeks later that first the guinea- fowl and then the pigeons went the way of the others. Foxes, snakes, stoats, weasels, martens, wild cats, rats, were all lying in wait to discourage any move we made in the direction of poultry- keeping. Our skills and our facilities were not up to their onslaughts."); en otro como conseguir que las ovejas sean autónomas en la búsqueda de comida ("A normal established flock would have its mansa– its tame sheep– who would stick to the heels of the shepherd, and lead the rest of the flock."), y así sucesivamente, Quien haya visto la citada "La granja de Clarkson" sabrá exactamente qué esperar de este libro. 

Hay un par de episodios que me han parecido espectaculares, Uno de ellos es el de la acequia, en que la describe así como las operaciones que tuvo que hacer con sus vecinos para limpiarla y ponerla en operación. Asimismo, aprovecha para contarnos cómo se gestiona el agua de las acequias comunitarias: "If your land has water rights from a certain acequia, you are allotted a certain time and a certain quantity of water.". Esto explica la existencia de aljibes en los lugares más inverosimiles de las Alpujarras: son necesarios por si te toca el agua a horas intempestivas. Tanto he disfrutado con este capítulo que ya he buscado alguna ruta para hacer por las acequias del barranco de Poqueira.

El otro episodio que destacaría es el de la búsqueda del rebaño por las cumbres de la Serreta, en que te cuenta con todo detalle su ascenso y su fracaso para hacerlas descender hasta el punto de que le pillará la noche en la faena, con el peligo que eso le supuso.

Me ha encantado este libro, y he descubierto que lo mismo le pasó a muchos lectores, hasta el punto de que Stewart escribió otras dos entregas relacionadas con El Valero, que no tardaré demasiado en leer. El libro, y las otras dos entregas también, está traducido; el título, como tantas veces, es muy inexacto. Los limones solo salen al principio, y es precisamente cuando Stewart va por carretera en busca de propiedades y dice que su compañera le llamó la atención por tratar de no pisar los limones que había caídos en la calzada. O sea, nada de conducir o estar "entre" limones, sino precisamente conducir pisándolos.