lunes, 27 de abril de 2026

La intriga del funeral inconveniente, de Eduardo Mendoza

Quienes tengan unos años siguiendo este blog, adivinarán seguro lo que voy a decir de este escritos, uno de mis favoritos de todos los tiempos, pese a que sus novelas dejaron de ser garantía de disfrute tiempo ha. Pero da igual, son libros cortos y fáciles, por lo que aunque no te rías tanto como en ocasiones pasadas, tampoco te supone un gran sacrificio su lectura. Para el interesado en mi relación previa con el autor aquí dejo algunas de las entradas sobre sus novelas: Tres enigmas para la organizaciónEl caso de la modelo extraviadaEl Rey recibe y El negociado del ying y el yang.

Cualquier intento por referirse a la trama puede suponer spoilers en una novela cuyo título promete intriga, así que poco voy a poder contar al respecto. Sí anticipo que contiene una gran sorpresa, que el lector atento puede que intuya antes de que se revele, en relación a su protagonista. Que no está nada claro quién es, por cierto.

El libro se estructura en tres partes, cada una de las cuales se corresponde con una de las tres palabras del título. La primera es precisamente el funeral, y es la más interesante y mejor de la novela, cuando todavía no está claro que dirección va a tomar ésta. Tiene lugar en una funeraria, pero "dado el bajo nivel económico y moral del interfecto, la ceremonia se celebró en un rincón del parking."

Mendoza nos presenta aquí uno de esos personajes que pueden dar grandes momentos y que de hecho yo asumí como protagonista. Se trata del gerente de la funeraria, Francisco de Sales Alibey, cuya profesión le ha dotada de una inestimable capacidad para salir del paso con buenas palabras. Le veremos rápidamente en acción negociando el castigo de su hija con la directora del colegio, y en alguna ocasión más, pero desaparecerá con el fin de la primera parte de la novela, lo que es una verdadera pena. Es uno de esos personajes que con más desarrollo podría haber pasado al nivel de clásico.

En la segunda parte se continuará planteando la trama, que se anudara de forma original en la terceram quedando todo el lío zanjado, aunque tampoco con demasiado interés. Una vez más, serán las reflexiones brillantes y humorísticas del autor lo que más merezca la pena de esta novela, y por lo que seguirá siendo interesante su autor. Porque Mendoza tiene la habilidad de burlarse de costumbres de actualidad con una gran economía de medios. Veánse si no los siguientes extractos:

"gracias a un contrato de alquiler de renta fija y duración ilimitada, firmado mediante extorsión varias décadas atrás, lo que convertía la vivienda del exinspector Rodríguez Jarana en un bastión contra los envites de la inflación, la carestía de la vivienda y las fluctuaciones del mercado."

"Lo he de grabar en el móvil y yo con el móvil no me aclaro. Los criminales siempre andamos tirando el móvil, por lo del rastreo, y no tengo tiempo de aprenderme las aplicaciones."

"—Muchas gracias—respondió Cándida con mil remilgos—, pero soy cirílica y no tolero a los lactantes."

Las dos siguientes son bromas menos coyunturales:

"También el palacio episcopal es víctima del acoso comercial. Tal vez el liberalismo no sea pecado, como predicaba Félix Sardá, pero conlleva sus molestias."

"Con su mujer convivía en un estado de cordial entente: el señor Rialles sentía hacia ella un sincero afecto y, como no le veía ningún atractivo ni físico ni de ningún otro tipo, daba por sentado que ese sentimiento sólo podía ser amor verdadero."

Y la anecdota siguiente es de gran brillantez: "no era tenista: ni siquiera tenía una raqueta. Era un cazadotes ingenuo que se había creído las mentiras de Rosemarie y contaba con la fortuna de ella para resolver su subsistencia."

Por último, no hay que olvidar el especial talento de Mendoza para los nombres de sus secundarios. En esta ocasión, el premio se lo lleva un noble alemán: "der Graf von Garraf"

Hala, volvamos a lecturas más serias, por lo menos hasta el siguiente de Mendoza.

No hay comentarios: