jueves, 4 de junio de 2026

Guia para viajeros inocentes ("The Innocents Abroad"), de Mark Twain

La verdad es que poco más se le puede pedir a un libro que lo que ofrece éste. Ni más ni menos que un crucero turístico por el Mediterráneo a mediados del siglo XIX, y encima narrado por uno de los escritores más divertidos y brillantes del momento, el celebrado Mark Twain. Con estas expectativas, es difícil que el libro no decepcione por una u otra razón. A mí me ha ocurrido un poco, aunque no podría apuntar con precisión las causas. Quizá sea por qué Twain no me parece tan brillante o divertido como a la mayor parte de la gente, especialmente a los norteamericanos. Pero tampoco me hacen gracia los comediantes stand-up con que ellos parecen deslomarse de risa a tenor de lo que observo en series y películas, por lo que encaja en el patrón: no acabo de pillar las cosas que les hacen gracia a los estadounidenses.

El itinerario nos lo presenta Twain en el prefacio del libro, y es ciertamente jugoso a priori: tras atravesar el Atlántico con parada en las Azores, recorrerán Gibraltar, Marsella, Génova, Roma, Napoles, Palermo, Atenas, para luego saltar a Asia via Estambul, Esmirna  (tras breve visita a la rusa Sebastopol) y alcanzar Siria y Tierra Santa, el destino de la expedición. La vuelta la harían por Egipto, Malta, España y Madeira. No todos los tramos son naúticos, y de hecho la mayor parte del tiempo la pasan en trayectos por tierra firme, que les llevan, por ejemplo, desde Marsella a Paris y, principalmente, por Siria desde Damasco a Jerusalén. Un viaje de varios meses, al que no sabemos si Twain va en calidad de periodista o de turista-peregrino como los demás.

Siendo Twain el que escribe el tono irónico está omnipresente. Serán objeto de sus burlas tanto los aborígenes de las distintas áreas que visita, como los monumentos, obras de arte y sobre todo reliquias religiosas, y también sus propios compañeros de peripecia. Lo que sorprende es la facilidad con que transita el texto desde este tono irónico a un tono maravillado cuando Twain contempla alguna de las maravillas de su viaje, como puede ser la iglesia del Santo Sepulcro, las pirámides o la catedral de Milán, por mencionar algunos. Aquì se nos muestra un Twain genuinamente disfrutando del sightseeing como cualquie turista del montón. Como digo, el tono irónico de Twain es en general gracioso, pero a mí me parece en muchas ocasiones demasiado ingenúo como para hacerme gracia. Como cuando se hace un chiste obvio. Aunque quizá en el momento que lo escribió no lo era.

Algo que me interesaba especialmente de esta narrativa es la forma de viajar y hacer visitas turísticas en el siglo XIX, y más por unos casi pioneros americanos. No decepciona en esta faceta, pero tampoco sorprende tanto. Lo hizo mucho más el muy recomendable "Voyage en Espagne", de Gautier. Entre otros momentos, destaca esa visita nocturna a la Acrópolis de Atenas, inimaginable en la actualidad, tras escaparse del barco en que estaban haciendo cuarentena y caminar desde El Pireo, todo ello de noche. Me sorprende que en muchas ciudades los sitios que se visitan sean básicamente los mismos que en la actualidad; especialmente, en el caso de Gibraltar, donde visita los túneles del Gran Asedio o las alturas del peñón para ver los macacos (aunque sube en mula en lugar de en taxi, lo que ahorra el atasco), e incluso se la habla de la cueva de Gorham, que dista de ser uno de los sitios top del peñón. Otro tanto ocurre, con la vista del palacio Ducal en Venecia.

Una cosa sorprendente, y que critia Twain con fruición, es la costumbre de sus coviajeros de llevarse trocitos de piedra de los monumentos que más les impresionan. "While we stood looking, a wart, or an excrescence of some kind, appeared on the jaw of the Sphynx. We heard the familiar clink of a hammer, and understood the case at once. One of our well meaning reptiles-- I mean relic- hunters-- had crawled up there and was trying to break a "specimen" from the face of this the most majestic creation the hand of man has wrought." Parece mentira que tantos monumentos hayan llegado en condiciones de revista a la actualidad, cuando nadie se encargaba de cuidarlos y sí había gente que los destrozaba.

Las reflexiones de Twain qua turista reflejan a la perfección lo que sentimos los actuales, al menos un servidor, con el valor añadido que él sería de los primeros en ponerlos por escrito. He aquí un par de ejemplos: 

"Our experiences in Europe have taught us that in time this fatigue will be forgotten; the heat will be forgotten; the thirst, the tiresome volubility of the guide, the persecutions of the beggars-- and then, all that will be left will be pleasant memories of Jerusalem, (...) for even thus early do episodes of travel which were sometimes annoying, sometimes exasperating and full as often of no consequence at all when they transpired, begin to rise above the dead level of monotonous reminiscences and become shapely landmarks in one's memory."

"To do something, say something, see something, before any body else-- these are the things that confer a pleasure compared with which other pleasures are tame and commonplace, other ecstasies cheap and trivial."

"Travel is fatal to prejudice, bigotry and narrow- mindedness, and many of our people need it sorely on these accounts. Broad, wholesome, charitable views of men and things can not be acquired by vegetating in one little corner of the earth all one's lifetime."

En particular, con la siguiente sobre Nazareth me identifico completamente y pensé exactamente lo mismo cuando recorrí sus calles: "Nazareth is wonderfully interesting because the town has an air about it of being precisely as Jesus left it, and one finds himself saying, all the time, "The boy Jesus has stood in this doorway-- has played in that street-- has touched these stones with his hands-- has rambled over these chalky hills.""

Y también dejo está sobre el café turco, delicioso cuando se sabe pedir y consumir, algo que no parece ser el caso de Twain: "Turkish coffee is the worst. The cup is small, it is smeared with grounds; the coffee is black, thick, unsavory of smell, and execrable in taste. The bottom of the cup has a muddy sediment in it half an inch deep. This goes down your throat, and portions of it lodge by the way," Jajajaja, todo el mundo sabe que los posos no hay que beberlos, y para evitar que se remuevan que has de pedir el café con azúcar si así lo quieres, y no añadirla cuando te lo den.

El itinerario que se proponía el barco no pudo ser completado. Se saltan Palermo sin dar ningún tipo de explicación, pero lo peor ocurre al retorno, ya que no les dejan saltar a tierra en ninguno de los destinos planificados, dado que a los viajeros procedentes de Egipto les obligan a hacer cuarentena por miedo al cólera. No obstante, se la saltarán, como ya habían hecho en Atenas, precisamente en Málaga: "so four of us ran the quarantine blockade and spent seven delightful days in Seville, Cordova, Cadiz, and wandering through the pleasant rural scenery of Andalusia, the garden of Old Spain". 

Desafortunadamente, no entra en detalles porque dice que se ha quedado sin espacio en el libro. Afortunadamente, nos deja de colofón esta frase como consuelo: "the pleasant shores of Spain sank down behind the waves and passed out of sight. We had seen no land fade from view so regretfully." Vamos, que en gustarle España Twain estaba de plena actualidad.

Y ya está. Regresa a Nueva York, escribe un artículo en el periodico del que es corresponsal y se cierra con una reflexión de conclusión en que básicamente Twain nos dice que le gustaría repetir el viaje. El libro se lee con entretenimiento, pero es quizá demasiado largo y hay momentos en que se hace pesado, en determinadas disgresiones del autor. A mí, el estilo de Twain no me parece especialmente brillante, muchos escritores norteamericanos escriben bastante mejor, y tampoco, como he dicho, especialmente gracioso. La verdad es que me costará mucho volver a interesarme por alguno de sus trabajos (conste que ya tengo bastantes cosas leídas de él, como Tom Sawyer, Huckleberry Finn o Un yanqui en la corte del Rey Arturo).

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