A estas alturas, poco se puede añadir sobre el tema de la intervención del Banco de España. Sí que me parece interesante referirme por un momento a todas las personas que claman justicia, en el entendimiento de que lo que ha pasado en CCM es fruto de una mala gestión o incluso de prácticas delictivas.
No voy a poner mi mano en el fuego por nadie, ni mucho menos. Pero, aunque haya podido haber corrupción y fraude en este caso, e incluso seguro que ha habido mala gestión, la teoría económica nos enseña que los bancos que basan su negocio en reservas fraccionarias (esto es, que no mantienen en caja el dinero que les depositan sus clientes), son esencialmente inestables y tarde o temprano quiebran. De hecho, los bancos centrales constituyen únicamente una herramienta de última instancia para tratar de mantener el engaño hasta sus últimas consecuencias.
Todo esto lo explica con su brillantez habitual (aunque ciertamente con algo de reiteración), Huerta de Soto en su clásico "Dinero, crédito bancario y ciclos económicos", que estoy leyendo en estos momentos.
Lo que quiero decir es que da igual que haya o no mala gestión, haya o no delitos, lo normal es que cajas y bancos tiendan a caer inherentemente. La creación de nuevo dinero a partir de los depósitos de sus clientes, da lugar a una burbuja que eventualmente se ha de corregir. En ese momento, los precios de los activos en que se han invertido los préstamos realizados bajan su precio, por lo que los prestatarios no pueden devolverlos. A su vez, el banco no será, pues, capaz de devolver los depósitos que les hicieron los clientes.
Como vemos, no entra en ningún momento la variable "mala gestión" o "fraude". Por supuesto, ambas cosas pueden convivir con el sistema de reservas fraccionales, y tal vez acelerar el proceso de caída en el momento de la depresión. Sin embargo, lo importante es que todos los bancos tienden a quebrar. Y punto.
Porque el fraude real no es exclusivo de la CCM. El fraude es que un grupo de privilegiados puedan usar a su gusto las cosas que, en buena fe, les deposita la gente. Si yo dejo mi coche un garaje, asumo que ningún empleado del mismo se va a dar una vuelta con él o lo va a alquilar. Sin embargo, si dejo mi dinero en el banco, éste lo utilizará como le dé la gana, siempre que cumpla las normas que le fija su cómplice en este tinglado, que no es otro que el gobierno.