Llego a esta autora gracias el interés, que no recomendación, de una amiga. Tras la lectura de la novela y tratanto de entender que habría podido suscitar tal interés, descubro que Barquinero ganó un premio literario con su novela Los Escorpiones, además de que es doctora en Filosofía. Esto último explica la forma y bastante contenido de la novela, que algo de autobiográfico debe de tener.
Se trata de una novela mediocre, donde se nos cuenta la vida amorosa de la protagonista, Alicia, durante sus cuatro años de carrera, obviamente, de Filosofía. No solo es la vida amorosa, si no también las reflexiones en torno al amor, aprovechando que la autora es doctora y la protagonista cursa filosofía. Algunas de estas reflexiones son hasta graciosas y ocurrentes: "dada una situación en la que una dama decide frenar o finalizar una relación romántica con un caballero al que se pueda calificar como «bueno» (o que al menos no ha sido un capullo integral hasta la fecha), el caballero se verá obligado a explicarle que su problema es que no sabe aceptar un amor decente y adulto," o "También se puede aplicar a una negativa a acostarse con el susodicho, como si una pudiera demostrar que es una persona funcional que ha superado sus traumas con un gesto tan sencillo como acceder a chuparle la polla a un buen chico cuando a él le apetezca, quod erat demonstrandum".
Pero pronto desaparecen en el marasmo de una vida estudiantil en que todo consiste en variaciones y permutaciones para follar, incluyendo en el conjunto alumnas, alumnos y profesores (ojo, no profesoras: "Por lo que parecía, era difícil encontrar a un puñado de profesores de Filosofía que jamás hubieran tenido un escarceo con alumnas."), estos sin empacho alguno para compartir no solo sexo, sino también fiestas y drogas con sus mentados. No sé si todas las facultades son iguales, pero yo en la escuela de la que he sido profesor no he visto estos desmanes. Y el resto del tiempo se nos cuenta una vida normal y típica de estudiante en Madrid, sin demasiada sopresa. Curiosamente, mucho cigarro y alcohol, y poco gimnasio y comida sana, contrariamente a las tendencias actuales. ¿O es por qué son estudiantes de filosofía?
Dicho esto, lo que más interés confiere al libro son las críticas a la vida y corruptelas universitarias, que Barquinero añade como "Observaciones" al final de cada capítulo, supongo que para evitar romper el fascinante relato de las desventuras de Alicia. Por ejemplo: "Tienen razón, en parte, pero lo que muchos de ellos no tendrán es ningún problema, pues los departamentos han desarrollado diversas estrategias para corregir la pesadez de las notas y los datos objetivos y decantar los concursos públicos hacia quienes ellos consideran que los merecen, más allá del brillo de su trayectoria.".
En este punto, he de señalar mi desazón por los contenidos impartidos en las facultades de Filosofía de este país, pues según este libro son básicamente pensadores marxistas, aparecen citados y como referente todos de los que me he descojonado leyendo, por ejemplo, a Scruton. Da miedo. Si esto pasa en Filosofía, es fácil imaginar lo que pueden ser los antros de Políticas y Humanidades. Si esta marea de mierda no se para, en breve también dominará el pensamiento socialista las carreras técnicas, que, por cierto, ya están obligadas a impartir la Agenda 2030 como si fuera algo objetivamente bueno en vez de un invento mediocomunista. Pero, evidentemente, nada de esto critica Barquinero, que se contenta con referirse una y otra vez a Sartre, o en contarnos las luchas intestinas entre los departamentos que llama de Teoría y Práctica.
En cuanto al aspecto formal, me pareció buena idea la forma de encabezar cada una de las partes del libro, enunciando una hipótesis, de la que la narrativa sería la demostración. Por ejemplo, esta que me encanta: "la violencia institucional no necesita de absoluciones, le basta con plazos y procedimientos lo suficientemente oscuros y lentos". En la práctica, no ocurre nada de eso, por lo que se queda en una mera forma de fragmentar la vida de la protagonista. No era mala idea.
Estilísticamente, Barquinero no aporta nada. Es más, lo poco que he resaltado resulta más bien en su demérito, como hablar de una "escasa muchedumbre" o esta frase absurda: "Pese a que seguía muy centrada en Comala, a su psique aún le sobraba la RAM suficiente para sentir celos de sus amigas de Económicas si veía sus fotografías en redes." ¿Sabrá esta señora lo qué es la RAM?
Claro que el premio se lo lleva el siguiente pensamiento, que Alicia formula mientras observa un acuario de langostas en una marisquería: "Su caparazón será duro, pero ¿qué se sentirá al estar sepultada, sin poder moverse, recibiendo migajas? Las plagas de langostas son reales, esas bestias tienen hambre." ¿En serio se piensa Barquinero que las plagas son de las langostas marisco? Madre mía qué nivel tienen los doctores en Filosofía de este país.
Sería demasiado injusto cerrar esta entrada con tanto punto negativo, porque aunque no lo vaya a recomendar, tampoco es una lectura que me haya disgustado. Así que cierro con dos cosas puntuales que me han gustado. La primera, la referencia a Zola como primer intelectual comprometido, algo sobre lo que no había caído: "algunos señalan justamente el «J’Accuse» de Zola como uno de los hitos fundacionales de la figura del intelectual comprometido, que alcanzaría tanta centralidad durante unas décadas del siglo XX;"
El otro aspecto es la presencia del daimon, que seguro que muchos seguidores de Harry Potter recuerdan, y que también aparece en otras novelas de fantasía. Barquinero aclara que para los clásicos el Daimon no es tanto la voz de la conciencia como "la expresión de un sino que iba más allá de lo que decidieras hacer," O sea, el ente que te fuerza a seguir tu destino.
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