Desconocía a este autor rumano, pero resulta que tiene una obra bastante extensa y traducida al español, y es el principal candidato a premio Nobel del país en que desemboca el Danubio. Desde que supe de él tenía gran curiosidad por leerlo, puesto que los escritores de la antigua Europa del Este me suelen resultar atractivos, por ejemplo, los hungaros.
Este Nostalgia es el libro que le lanzó al estrellato, y consiste en una colección de cinco cuentos, donde el primero "El ruletista" fue el principal causante del éxito. En todos ellos hay una clara vertiente onírica, en que se mezcla la realidad y el sueño, y la visión del escritor por medio. Podríamos hablar de una especie de realismo onírico, que no llega al surrealismo de, por ejemplo, Ende o algunos pasajes de Die Blechtrommel, de Gunter Grass. Así lo explican en la introducción: "Los escritores oníricos recurren al sueño de forma diferente a como lo habían hecho los surrealistas. Para ellos, el sueño no es un simple proveedor de imágenes sino todo un modelo compositivo."
El problema es que este realismo onirico tiene que estar muy contenido para que a mí no me aburra, porque básicamente consiste en contarte ocurrencias más o menos ligadas, que pueden tener su carga alegórica, no lo niego, pero que precisamente por eso solo son soportables en cantidades modestas. Una vez se supera dicha extensión, uno tiene la sensación de estar leyendo las tonterias que se le han ocurrido al tipo, sin saber muy bien qué interés pueden tener para ti.
Y así me encuentro con que de los cinco cuentos del libro, dos me han gustado mucho (El ruletista, El arquitecto), otro me ha resultado indiferente (El Mendébil) y los dos más largos me han aburrido (Los gemelos, REM).
Lo más destacable del estilo de Cartarescu son sus intervenciones como narrador, muy en la línea de Thomas Mann, que tengo muy reciente porque mi lectura inmediatamente anterior ha sido su Doktor Faustus, Y por si me quedaba duda de su influencia, aquí tengo esta frase en El Ruletista: "una Babel de papel, un Bildungsroman de mil páginas, en el que yo, un humilde Serenus Zeitblom, seguiría con el corazón en un puño la demonización progresiva del nuevo Adrian."
Hay que tener en cuenta que muchas de estas incursiones de la narración se producen además en el terreno onírico a que me estoy refiriendo, añadiéndose un picante que Mann no tiene. Dejo algunos ejemplos:
"El Ruletista no podía vivir en el mundo, lo cual es en cierto modo una forma de decir que el mundo en el que él vivía era ficticio, que era literatura. Porque los personajes no mueren jamás, viven siempre que su mundo es «leído»"
"Ni siquiera yo mismo sé qué lugar de esta serie ocupo yo. En el momento en que os cuento todo esto, un rosario infinito de marionetas y marionetistas hablan en sus mundos a un infinito rosario de niños, utilizando las mismas palabras que yo utilizo."
"Aquí, querido lector, me temo que, sin querer, te voy a dejar a dos velas. Es decir, no voy a contarte nada de lo que veo que sucede en la cama rectangular; ahora que he salido del cerebro ardiente de Vali—he olvidado decirte que así se llama el joven rubio de barba dorada—, la veo en todo su esplendor, con sus formas en relieve, sus cráteres y sus seísmos."
"Si, siguiendo una buena costumbre de lector, habéis empezado el libro al revés, leed ahora mismo El Ruletista. Es lo mejor que podéis hacer en este paréntesis en el que ellos se aman." (Esta frase aparece en REM, el cuarto cuento del libro).
"¿Te has olvidado de mí, amado lector? Soy yo, el narrador. Es cierto que no he asomado mi graciosa cabecita, pero eso es porque he estado ocupado con un asunto completamente distinto."
Sin entrar a los argumentos concretos de cada cuento, cuyo descubrimiento dejo al lector interesado, me ha resultado especialmente onírico el pasaje en que los protagonistas, por alguna razón, recorren un museo en el cuento de "Los gemelos". De aquí rescato esta frase: "Avanzo por senderos estrechos en el bosque oscuro de su paleoencéfalo, me reflejo en las aguas de la epífisis (¿ pero viendo a quién?), paso sobre las fosas de recuerdos que aúllan en la brea fundida, me retuerzo bajo lluvias de copos de fuego, subo purificado al mesencéfalo lleno de reptiles y de pájaros dentados, perdido allí, entre helechos arborescentes." Suena muy bien su lectura, pero adolece del problema ya citado: ¿por qué se me cuenta esto?
Por último, un par de pasajes que me han hecho gracia, reveladores del potencial de imaginación que tiene Cartarescu:
"¿Eres politólogo, atomista, un biólogo con ideas originales, sociólogo o antropólogo? Pues derechito a «Ideas contemporáneas». Tienes derecho a elegir el color, del amarillo limón al violeta pensamiento. ¿Eres algo indefinido, un novelista desconocido o quizás demasiado conocido, un pedagogo? Volumen separado, con todas sus ventajas y sus desventajas. ¿Eres ingeniero, profesor de resistencia de los materiales, calderero, matemático? Lo sentimos. La señora que vive en este apartamento no te comprará jamás."
"la función fundamental del coche no era, como se considera habitualmente, la de recorrer distancias cortas, la de desplazar a un hombre de un lugar a otro del espacio. Esta es únicamente su función secundaria y, si lo piensas dos veces, es en último término inútil. La nobleza del coche radica precisamente en que se puede tocar el claxon, es decir, comunicar y comunicarse."
Por cierto, que esta referencia al coche, en concreto un Dacia, que se hace en El arquitecto es quizá el único punto del libro que el autor nos deja entrever la vida en la Rumanía comunista, cuando nos explica que "Así, los dos arquitectos habían reunido en su cuenta corriente, a lo largo de cinco años, una suma suficiente como para comprarse un Dacia, el sueño que siempre había albergado Elena." Cinco añitos antes de hacerse con el coche, dos arquitectos de éxito.
La verdad es que me hubiera gustado que esta obra estuviera un poco más anclada en la realidad y fuera más costumbrista, quizá era lo que esperaba y me atraía. Pero no ha sido así, por lo que no me ha interesado demasiado este autor. Y estaba decidido a no volver a leer nada de él, pero en la lectura de la biografia final aparecía una referencia a El Levante, que me lo ha hecho apetecible, y sigo leyendo la señor Caraterescu, ahora esta otra obra, que no tardaré mucho en reseñar aquí.
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