lunes, 22 de febrero de 2021

El cerebro accidental ("The accidental mind"), de David J. Linden

El nombre de este libro, y su introducción, invitan a pensar que se nos va a describir la formación evolutiva del cerebro humano, con especial atención a aquellas partes que se han ido acumulando y quedando obsoletas, y que por tanto nos juegan algunas malas pasadas.

Algo de esto hay, pero relativamente poco. En el fondo, el objetivo de este libro es más bien describir los procesos neurobiológicos que sustentan algunas de las características del ser humano, hasta donde se sabe en la actualidad (bueno, se sabía en 2006, que es cuando se escribió el libro) que es más bien poco. No es que sea un mal libro, es simplemente que no cumple lo que yo esperaba de él.

Aún así, hay capítulos que ha merecido la pena leer, algo siempre se aprende, y tampoco el libro es excesivamente largo, por lo que no me arrepiento de haberlo leído.

La primera idea importante con que me quedo sí es evolutiva. Y es que el cerebro se ha ido desarrollando, evolutivamente, por capas, creciendo en tamaño como se añaden bolas a un helado, unas encima de otras, pero sin llegarse (no sería posible evolutivamente) a rediseñar el cerebro para las necesidades de un ser como el humano. Es por ello que, por ejemplo, tenemos dos sistemas de visión y audición, uno muy desarrollado, en el córtex, y otro escondido por medio del cerebro, que es correspondiente a reptiles. Este último no se usa, pero su existencia se puede demostrar con algunos experimentos astutos.

La mejor parte del libro es el capítulo segundo, en que Linden explica a la perfección el funcionamiento de las neuronas y sus limitaciones. Los procesos químicos y biológicos por los que, efectivamente, circula electricidad por las neuronas son sencillamente maravillosos, como es la explicación del autor de un asunto tan complejo. Sin embargo, se queja, son extremadamente ineficientes como conductoras si las compara con el cobre, pues son mucho más lentas, toleran mucha menos frecuencia de trabajo y además tienen una alta probabilidad de error (30%). Pero, por otro lado, resulta que contamos con unos 1000 millones de neuronas y un billón de gliales, interconectadas entre sí mediante sinapsis. En promedio, una neurona se conecta con otras 5000 (!). Estas sinapsis pueden ser excitadoras o inhibidoras. En todo caso, se ha de tener en cuenta que las neuronas distan de ser una célula homogénea, y hay montones de distintos tipos de neuronas, cada una de ella con su especialización. Obviamente, en una obra de divulgación Linden no se mete al detalle, pero a mi entender esto es otra complejidad adicional para comprender como funciona el cerebro.

Por cierto, todo el funcionamiento que explica Linden de las neuronas me ha parecido perfectamente coherente con la explicación que da Hayek en su libro sobre la materia. que leí hace un tiempo (aquí puedes ver mi reseña).

Con estas armas en el carcaj, Linden entra en el debate de si nuestra inteligencia y personalidad vienen determinados por la genética o por la educación (nature vs nurture). Para ello, nos explicará un poco de qué forma los genes definen el desarrollo de los organismos. En cualquier caso, dado que existen unos 21.000 genes, es imposible que estos definan completamente la estructura del cerebro (posiciones de 1000 millones de neuronas más 5000 conexiones por neurona). Ergo, queda mucho cerebro para definir por el entorno además de lo que haya definido la naturaleza.

A continuación, Linden explica los mecanismos en que se sustenta la memoria, y es que algunos de los impulsos eléctricos o bioquímicos pueden alterar la estructura de sinapsis de una neurona, o bien cambiar sus umbrales de reacción. Muy interesante también, aunque, claro, no llega a explicar por qué se recuerdan unas cosas sí y otras no, que sería lo verdaderamente interesante desde mi punto de vista.

A partir de aquí, pierde a mi entender interés la lectura. Linden se va a meter a explicar el sustrato neurobiológico de cosas como el sexo, la religión o el sueño. Pero, desgraciadamente, las herramientas con que cuenta actualmente la neurobiología para explicar estos fenómenos son extremadamente toscas, al menos si se comparan con las posibilidades que da la psicología. Lo digo porque la experimentación que hacen para sustentar sus hipótesis es básicamente de dos tipos:

- Funcionamiento de cerebros defectuosos, sea en humanos por algún accidente o intervención, sea en animales  por diseño genético o lesión.

- Iluminación de zonas del cerebros para saber dónde se está produciendo la actividad (se puede imaginar el grado de resolución que esto tiene). Así, por ejemplo, pueden saber que se activa la misma parte del cerebro cuando se consume una droga que cuando se ve el rostro de la persona de que estamos enamorados.

Claro, con estos experimentos, lo único que puede llegar a decir sobre la religión es que debe de tener que ver con el módulo de nuestro cerebro que está constantemente creando narrativas para explicar lo que observa (muy curiosos los experimentos con personas que tienen desconectados los lóbulos izquierdo y derecho del cerebro, que ya conocía).

En la conclusión, Linden mete un viaje a los defensores de la "teoría" del diseño inteligente, que trata de compatibilizar la existencia de un creador (Dios) con la teoría de la evolución. La verdad es que el argumento que utiliza es elegante y fluye de su explicación: si el cerebro se ha desarrollado por capas dejando por ahí módulos obsoletos, neuronas ineficientes y partes que no se pueden desactivar a voluntad aunque sería deseable en determinados momentos, ¿no es esto prueba de que su diseño es accidental, una acumulación de errores, y no hay nadie que se haya parado a pensar en cómo hacerlo mejor? 

Además, todas esas ineficiencias contribuyen a que el cerebro sea más grande de lo necesario y, por tanto, a que el feto haya de salir de la madre antes de estar completamente desarrollado (lo que no ocurre en ninguna otra especie), con las consecuencias decisivas que ello tiene para la supervivencia y estructura de la sociedad humana. ¿No es esto un claro error de diseño?

El libro termina con el deseo declarado de Linden de que algún día toda la actividad cerebral de alto nivel se puede explicar a nivel biológico y molecular, y nos pone un par de ejemplos en que esto ya se ha hecho, Uno de ellos es la llamada estimulación clásica (como el perro de Pavlov), y explica en detalle una hipótesis del circuito con el que esto se logra.




1 comentario:

Mike rose �� dijo...

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