sábado, 28 de febrero de 2026

El Levante, de Mircea Cartarescu

Tras acabar la lectura de Nostalgia pensaba que no volvería a leer nada de su autor. Y precisamente mientras pensaba eso leía su biografía al final del libro, y la brevísma descripción de este El Levante me hizo irresistible su lectura (unido a que ya sabía que era un libro corto).

Se presenta como una epopeya sobre la liberación de Rumania del yugo turco, al mismo tiempo que una historia de la literatura rumana, y todo ello mezclado con los delirios oníricos propios del autor, y sus aún más características participaciones en la acción. De hecho, el libro esta estructurado en cantos, como hacía Homero, y originalmente se escribió en verso, si bien luego Cartarescu hizo una versión en prosa que es la más extendida y traducida. En todo caso, quedan numerosos pasajes en verso en el libro, como prueba de su redacción original.

La narración es algo difícil de seguir. Quiza es una especie de Odisea que se desarrolla en zeppelin, en el siglo XIX, y lleva a los personajes desde Samos a Bucarest. El lider de la banda es un tal Manuil, a quien se irán uniendo un espia francés, Brillant, Zenaida, el gran Antropófago con su monito, Zoe y el sabio Nastratin. Bueno, y también el propio autor que no tiene reparos en unirse al objeto de su narración en un momento dado.

Estoy seguro que un rumano de cultura media será capaz de captutar muchas referencias históricas y literarias que a mí simplemente se me pasan. Eso les hará disfrutar más que a mí esta novela. Sí tengo que recriminar a la autora-editora que no ponga apenas notas a pie explicando referencias literarias que puedan explicar la aseveración antes dicha en la introducción, de que es una historia de la literatura rumana,

Claramente lo mejor de la obra son la continua interferencia por parte del narrador, que hace que no suenen extrañas referencias muy actuales, incluida una a la Guerra de las Galaxias ("El procedimiento es posmoderno, así que lo utilizaré también yo. Debes saber que la batalla que vas a leer más adelante está minuciosamente filmada, con efectos especiales e imágenes superpuestas, recortes, animación por ordenador, como en La guerra de las galaxias."). Eso hace que la lectura sea muy entretenida, incluso aunque no se estén pillando los otros niveles de la lectura, esto es, el histórico y el posible alegórico.

Y es que lo que en Nostalgia era ya relevante, pero no demasiado frecuente, aquí se hace parte directa de misma narración, que no se comprende sin la constante intereferencia del creador, que es incluso increpado por sus protagonistas (con referencia a Mafalda incluida): "—Querido autor, ¿qué va a ser de nosotros? ¿No sabes tú lo que sigue a continuación? ¿Acaso vamos a morir todos? Yo te he arrastrado entre los valientes sublevados para que seas nuestra Mafalda (ay, ojalá no seas nuestra Casandra), a ti, que has pintado con nubes los cielos de coral y has salpicado el campo con flores de antirrino y retama…" De hecho, el final ocurre en el Bucarest del presente (los 80), cuando los personajes llaman a la puerta del autor.

Dejo algunas de estas interrupciones/intervenciones que me han hecho más gracia:

Esta, invocando precisamente al Sueño, muy apropiada para un autor de realidad onirica, aunque aquí no abuse del recurso tanto como en Nostalgia: "Sueño, ensombrece con tu luz mi extraña epopeya, hincha su delicada vela con el invisible soplo de la Ensoñación, de la Fantasía; haz que el lánguido serafín no vuelva a arrastrar sus alas por la porquería y la tierra, sino que anuncie el futuro en el polvo estelar."

"Más o menos esta es la historia de monsieur Languedoc Brillant. Respecto a la letra ensortijada tatuada en su pecho, no sé nada todavía. Ten un poco de paciencia, graciosa mía, pues todo quedará aclarado al final." Obsérvese que al lector siempre el invoca en femenino. Espero que no sea una adaptación woke de la traductora.

"Estamos a 1 de abril de 1988. No brilla el sol ahí fuera. Escribo a máquina en la cocina." Desmitificando completamente la acción.

"De repente, de la lentilla del artilugio brotó un rayo fino que recortó en esta epopeya la página del globo, como si fuera una foto rectangular. Por un instante, en el cuadrado así abierto en El Levante aparecí precisamente yo, escribiendo el noveno canto en la máquina de escribir: figura alargada, rostro tembloroso; ojos que, obsesionados por su naturaleza, se vuelven siempre hacia sí mismos." ¿Inspiración de Michael Ende en el momento central de Die Unendliche Geschichte?

Añado algunas reflexiones o sencillamente frases brillantes. La primera revela una inesperada influencia hayekiana: "También yo soy republicana, también yo quiero la democracia, pero me temo que nuestro sueño fracasará estrepitosamente. ¿Es nuestro pueblo suficientemente maduro para algo así? ¿Acaso no llega más arriba el peor y el más insaciable?" Si no lo es, es que el análisis del austriaco era fácilmente observable en Rumania.

"¿Sufren los hombres? ¿Son oprimidos y humillados? También sufren los robles, sufrieron los trilobites, sufren las estrellas cuando se transforman en supernovas en el firmamento, sufren los peces en el agua, sufren los pangolines en los manglares, sufren los amaneceres cuando llega el mediodía, sufren la tierra, el agua, el aire y el fuego."

Esta es buenísima: "El necio, hasta no ser orgulloso, No parece lo bastante tonto,"

"Yo desvelé: «He tenido un sueño de esos que Dios envía desde el cielo en el que se me ordenaba ¡que nadie volviera a llamarme Zotalis! Que caiga muerto ahora mismo si no es verdad. (Pero yo les encasqueté solo mentiras y falsedades). Escuchadme, gitanos." (¿Se atreve a ironizar sobre el origen del Islam?)

Como en Nostalgia, apenas hay referencias a la vida en la Rumania de los 80, que aquí tampoco esperaba. En todo caso, me tropiezo con esta nota al pie de página explicando lo que está consumiendo Mircea mienstras termina de escribir el libro: "Nechezol es el nombre humorístico de un sucedáneo del café, elaborado a partir de avena y garbanzos, muy popular en los últimos años del régimen comunista, cuando el café era un artículo inexistente."

Creo que esta obra es más atractiva para conocer al autor. Es divertida, ligera y tiene algunas aventuras y giros inesperados. Sobre todo, se saber a dónde va. Yo la recomiendo antes que Nostalgia y seguramente que cualquier de sus otras obras, que me la impresión que se parecerán más a la primera, pero sobre las que no podré opinar porque no tengo intención de leerlas.

jueves, 26 de febrero de 2026

Nostalgia, de Mircea Cartarescu

Desconocía a este autor rumano, pero resulta que tiene una obra bastante extensa y traducida al español, y es el principal candidato a premio Nobel del país en que desemboca el Danubio. Desde que supe de él tenía gran curiosidad por leerlo, puesto que los escritores de la antigua Europa del Este me suelen resultar atractivos, por ejemplo, los hungaros.

Este Nostalgia es el libro que le lanzó al estrellato, y consiste en una colección de cinco cuentos, donde el primero "El ruletista" fue el principal causante del éxito. En todos ellos hay una clara vertiente onírica, en que se mezcla la realidad y el sueño, y la visión del escritor por medio. Podríamos hablar de una especie de realismo onírico, que no llega al surrealismo de, por ejemplo, Ende o algunos pasajes de Die Blechtrommel, de Gunter Grass. Así lo explican en la introducción: "Los escritores oníricos recurren al sueño de forma diferente a como lo habían hecho los surrealistas. Para ellos, el sueño no es un simple proveedor de imágenes sino todo un modelo compositivo."

El problema es que este realismo onirico tiene que estar muy contenido para que a mí no me aburra, porque básicamente consiste en contarte ocurrencias más o menos ligadas, que pueden tener su carga alegórica, no lo niego, pero que precisamente por eso solo son soportables en cantidades modestas. Una vez se supera dicha extensión, uno tiene la sensación de estar leyendo las tonterias que se le han ocurrido al tipo, sin saber muy bien qué interés pueden tener para ti.

Y así me encuentro con que de los cinco cuentos del libro, dos me han gustado mucho (El ruletista, El arquitecto), otro me ha resultado indiferente (El Mendébil) y los dos más largos me han aburrido (Los gemelos, REM). 

Lo más destacable del estilo de Cartarescu son sus intervenciones como narrador, muy en la línea de Thomas Mann, que tengo muy reciente porque mi lectura inmediatamente anterior ha sido su Doktor Faustus, Y por si me quedaba duda de su influencia, aquí tengo esta frase en El Ruletista: "una Babel de papel, un Bildungsroman de mil páginas, en el que yo, un humilde Serenus Zeitblom, seguiría con el corazón en un puño la demonización progresiva del nuevo Adrian."

Hay que tener en cuenta que muchas de estas incursiones de la narración se producen además en el terreno onírico a que me estoy refiriendo, añadiéndose un picante que Mann no tiene. Dejo algunos ejemplos:

"El Ruletista no podía vivir en el mundo, lo cual es en cierto modo una forma de decir que el mundo en el que él vivía era ficticio, que era literatura. Porque los personajes no mueren jamás, viven siempre que su mundo es «leído»"

"Ni siquiera yo mismo sé qué lugar de esta serie ocupo yo. En el momento en que os cuento todo esto, un rosario infinito de marionetas y marionetistas hablan en sus mundos a un infinito rosario de niños, utilizando las mismas palabras que yo utilizo."

"Aquí, querido lector, me temo que, sin querer, te voy a dejar a dos velas. Es decir, no voy a contarte nada de lo que veo que sucede en la cama rectangular; ahora que he salido del cerebro ardiente de Vali—he olvidado decirte que así se llama el joven rubio de barba dorada—, la veo en todo su esplendor, con sus formas en relieve, sus cráteres y sus seísmos."

"Si, siguiendo una buena costumbre de lector, habéis empezado el libro al revés, leed ahora mismo El Ruletista. Es lo mejor que podéis hacer en este paréntesis en el que ellos se aman." (Esta frase aparece en REM, el cuarto cuento del libro).

"¿Te has olvidado de mí, amado lector? Soy yo, el narrador. Es cierto que no he asomado mi graciosa cabecita, pero eso es porque he estado ocupado con un asunto completamente distinto."

Sin entrar a los argumentos concretos de cada cuento, cuyo descubrimiento dejo al lector interesado, me ha resultado especialmente onírico el pasaje en que los protagonistas, por alguna razón, recorren un museo en el cuento de "Los gemelos". De aquí rescato esta frase: "Avanzo por senderos estrechos en el bosque oscuro de su paleoencéfalo, me reflejo en las aguas de la epífisis (¿ pero viendo a quién?), paso sobre las fosas de recuerdos que aúllan en la brea fundida, me retuerzo bajo lluvias de copos de fuego, subo purificado al mesencéfalo lleno de reptiles y de pájaros dentados, perdido allí, entre helechos arborescentes." Suena muy bien su lectura, pero adolece del problema ya citado: ¿por qué se me cuenta esto?

Por último, un par de pasajes que me han hecho gracia, reveladores del potencial de imaginación que tiene Cartarescu:

"¿Eres politólogo, atomista, un biólogo con ideas originales, sociólogo o antropólogo? Pues derechito a «Ideas contemporáneas». Tienes derecho a elegir el color, del amarillo limón al violeta pensamiento. ¿Eres algo indefinido, un novelista desconocido o quizás demasiado conocido, un pedagogo? Volumen separado, con todas sus ventajas y sus desventajas. ¿Eres ingeniero, profesor de resistencia de los materiales, calderero, matemático? Lo sentimos. La señora que vive en este apartamento no te comprará jamás."

"la función fundamental del coche no era, como se considera habitualmente, la de recorrer distancias cortas, la de desplazar a un hombre de un lugar a otro del espacio. Esta es únicamente su función secundaria y, si lo piensas dos veces, es en último término inútil. La nobleza del coche radica precisamente en que se puede tocar el claxon, es decir, comunicar y comunicarse."

Por cierto, que esta referencia al coche, en concreto un Dacia, que se hace en El arquitecto es quizá el único punto del libro que el autor nos deja entrever la vida en la Rumanía comunista, cuando nos explica que "Así, los dos arquitectos habían reunido en su cuenta corriente, a lo largo de cinco años, una suma suficiente como para comprarse un Dacia, el sueño que siempre había albergado Elena." Cinco añitos antes de hacerse con el coche, dos arquitectos de éxito. 

La verdad es que me hubiera gustado que esta obra estuviera un poco más anclada en la realidad y fuera más costumbrista, quizá era lo que esperaba y me atraía. Pero no ha sido así, por lo que no me ha interesado demasiado este autor. Y estaba decidido a no volver a leer nada de él, pero en la lectura de la biografia final aparecía una referencia a El Levante, que me lo ha hecho apetecible, y sigo leyendo la señor Caraterescu, ahora esta otra obra, que no tardaré mucho en reseñar aquí.

jueves, 19 de febrero de 2026

Doktor Faustus, de Thomas Mann

Ha caído otro libro del gran Thomas Mann, otra de sus obras de esas que parece que nunca va a acabar cuando la empiezas, sobre todo a la vista del volumen de alemán que te espera. Pero sarna con gusto sigue sin picar: es el cuarto libro que leo de este autor, tras Buddenbrooks, Der Tod in Venedig y Der Zauberberg. Ah, me olvidaba de este cuentecito: Mario und der Zauberer,

Buddenbrooks me encantó y me dejó con sensaciones muy positivas de su autor, que me hicieron seguir hasta subir la complicada Montaña Mágica, y ahora este Dr. Faustus, de un estilo bastante parecido. Y es que Mann escribe muy bien en alemán, lo que suple que uno no acabe de enterarse de los detalles de todas las discusiones filosóficas y teológicas que plantean sus personajes. En este, además, hay largos pasajes dedicados a descripciones musicales, algo muy de autores alemanes, que aunque se entienden bien, no se aprecian si uno no tiene conocimiento de aquel arte, como es mi caso. Pero, da igual, nada de esto ha sido obstáculo para que concluyera y disfrutara esta lectura, aunque haya sido solo un 50% de lo que la podría haber disfrutado de entender todo lo que escribe.

Pero tampoco tengo claro que esto justifique la lectura de su traducción. Ya experimenté, precisamente con los Faustos de Goethe, que los traductores suprimen fragmentos y no son capaces de trasladar numerosos matices al español. Dicho de otra forma, la traducción también se carga un porcentaje alto de la obra, lo que no sé es si más o menos que mi lectura en alemán.

Dejando de lado estas inquietudes comunes cuando leo obras de esta magnitud, hablemos ya un poco de su contenido. Se trata de la biografia de un compositor (ficticio) de música, Adrian Leverkühn, escrita por su amigo de la infancia Serenus Zeitblom. Pero no me queda claro que sea el primero el protagonista, pues Serenus meterá continúamente sus observaciones personales sobre lo que narra ("Ist es genug? Dies ist kein Roman, bei dessen Komposition der Autor die Herzen seiner Personagen dem Leser indirekt, durch szenische Darstellung erschließt." "Ginge es also nach mir, so befänden wir uns immer noch im Kapitel XI, und nur meine Neigung zum Zugeständnis hat dem Doktor Schleppfuß die Ziffer XIII verschafft.") o sobre los acontecimientos que se están produciendo mientras escribe su obra, esto es el final de la Segunda Guerra Mundial con la derrota de Alemania: "Dennoch gibt es etwas, was einige von uns in Augenblicken, die ihnen selbst als verbrecherisch erscheinen, andere aber sogar frank und permanent, mehr fürchten als die deutsche Niederlage, und das ist der deutsche Sieg."

Estas reflexiones se producen al principio de cada capítulo. En estos lo que predominan son los diálogos, muy sesudos incluso desde pequeñitos, es que los alemanes son especiales, entre los personajes que acompañan a Adrian y Serenus. Es muy raro que participe el segundo, pero el primero tampoco se prodiga demasiado, salvo en los capítulos decisivos del libro. A grandes rasgos la estructura puede ser así: narración del cambio vital de Adrian (por ejemplo, se va a estudiar a Munich); presentación de sus nuevas amistades y conocidos; diálogos en reuniones, excuriones o fiestas. Son muy interesantes las presentaciones que hace de cada nuevo personajes, en que Mann se fija no solo en detalles físicos ("der Doktor, dem er sich anvertraute, so klein von Person war, daß eine Erwachsenenpraxis ihm, ganz wörtlich gesprochen, nicht angemessen gewesen wäre und er eben nur Kinderarzt hatte werden können."), sino también en las peculiaridades de su forma de hablar, en la tradición de Dickens o Galdós: "hatte sie doch die elegische Gewohnheit, beim Sprechen all ihre Sätze mit »Ach!« anzufangen. »Ach, ja«, »Ach, nein«, »Ach, glauben Sie mir«, »Ach, wie denn wohl nicht«, »Ach, ich will morgen nach Nürnberg fahren«, sagte sie mit tiefer, wüstenrauher und klagender Stimme, und sogar, wenn man sie fragte: »Wie geht es Ihnen?«, so antwortete sie: »Ach, immer recht gut.«"

Y tras estos decansos de comprensión, empiezan las reflexiones complicadas que uno sobrevive como puede. Dejo aquí una de esas reflexiones, bastante corta para las parrafadas que se marcan los personajes de esta obra: "Der Pietismus, seiner schwärmerischen Natur gemäß, wollte freilich eine scharfe Trennung von Frömmigkeit und Wissenschaft herstellen und behaupten, daß keine Bewegung, keine Veränderung im wissenschaftlichen Raum irgendwelchen Einfluß auf den Glauben ausüben könne."

A estos hay que añadir los pasajes propiamente musicales, en que se describen las obras de Adrian, o las de otros compositores, o la forma en que Adrian aprende o se interesa por la música. En algunos de estos caso es donde la sonoridad del alemán presenta todo su esplendor, y a uno le resulta difícil imaginar cómo se habrá traducido el pasaje, Por ejemplo: "Mit Ausnahme des Klaviers, das Adrians Pflegevater der Spezial- Industrie überließ, war dort alles ausgebreitet, was da klingt und singt, was näselt, schmettert, brummt, rasselt und dröhnt,– und übrigens war auch das Tasteninstrument, in Gestalt des lieblichen Glockenklaviers, der Celeste, immer vertreten."

Por cierto, uno de los lugares a los que se traslada la acción es la villa italiana de Palestrina, al sur de Roma y no muy lejos de Tivoli. Resulta que Mann estuvo allí en su juventud. A mí me ha llamado la atención porque también elegí esta ciudad como parada en mi último retorno de Napoles a Roma. Dejo la descripción de Mann, que me ha encantado: "Der Ort war Palestrina, die Geburtsstätte des Komponisten, Praeneste mit ihrem antiken Namen und als Penestrino, Trutzburg der Fürsten Colonna, von Dante im 27. Gesange des Inferno erwähnt,– eine pittoresk am Berge lehnende Siedlung, in welche vom unteren Kirchplatz eine von den Häusern beschattete, nicht eben reinliche Treppengasse hineinführte."

El acontecimiento histórico más presente en la obra es, por supuesto, la Primera Guerra Mundial, en la que Serenus participará brevemente hasta que una infección le devuelve al hogar. Mann aporta una visión muy alemena y propia de la época, coherente con películas y otras lecturas: "»Ah, monsieur, la guerre, quel grand malheur!« In unserem Deutschland, das ist gar nicht zu leugnen, wirkte er ganz vorwiegend als Erhebung, historisches Hochgefühl, Aufbruchsfreude, Abwerfen des Alltags, Befreiung aus einer Welt- Stagnation, mit der es so nicht weiter hatte gehen können, als Zukunftsbegeisterung, Appell an Pflicht und Mannheit, kurz, als heroische Festivität." Sin embargo, esta visión festiva se complementa con esta sobre el destino de Alemania que no había oído: "daß nach Spanien, Frankreich, England wir an der Reihe seien, der Welt unseren Stempel aufzudrücken und sie zu führen; daß das zwanzigste Jahrhundert uns gehöre" (y en la que se recuerda el imperio español, por cierto).

En cuanto a la propia biografia de Adrian que, como se ve, no parece lo más relevante de la obra, hay dos momentos decisivos. El fundamental ocurre por la mitad del libro, y Serenus lo recoge indirectamente de una carta que recibe de Adrian en la que le cuenta lo ocurrido: me refiero al encuentro con Mefistófeles, aunque no es el nombre que usa la contraparte de Adrián. Se trata de un largo diálogo del que no están exentos numerosos insultos que éste prodiga al primero. Desgraciadamente, no lo he entendido bien y seguramente lo tenga que releer para disfrutar todos sus matices, pero es en él que se produce el clásico pacto con el Demonio, tiempo para componer a cambio del alma y amor exclusivo.

El otro momento decisivo es el último, en que Adrian reune a todos sus conocidos, esto es, a los que aún viven, esos personajes que hemos ido conociendo durante la novela. Supuestamente es para que puedan escuchar en primicia su última obra, "Dr. Fausti Weheklag", pero lo que se encuentran es la confesión de los pecados de su compositor, y no todos son capaces de soportarla. Es fascinante el comienzo, cuando el narrador nos dice que la gente hablaba de Adrian mientras le esperaban, sin darse cuenta de que el tipo estaba sentado ya entre ellos en el salón.

Además de estos, yo destaco también la entrevista que tienen con un "impresario", Saul Fitelberg, que trata de dar a conocer su obra al mundo "Die Spitzen europäischer Erfahrung und des artistischen Experiments, sie alle sind meine Freunde, und sie sind bereit, die Ihren zu sein, Jean Cocteau, der Dichter, Massine, der Tanzmeister, Manuel de Falla, der Komponist, Les Six, die sechs Größen der neuen Tonkunst,– diese ganze hohe und amüsante Sphäre des Wagnisses und des Affronts, sie wartet nur auf Sie, Sie gehören dazu, sobald Sie nur wollen". 

Está construida como una especie de monólogo en que solo se narra lo que dice él, aunque se supone que hay respuestas por parte de Serenus y Adrian, que Mann opta por excluir. Dejo de este discurso también esta reflexión: "Die Deutschen sollten dem Juden erlauben, den médiateur zu machen zwischen ihnen und der Gesellschaft, den manager, den Impresario, den Unternehmer des Deutschtums"

Ha sido una lectura complicada, larga, pero fructífera y amena. Su lectura ha exigido disciplina, pero me ha llevado menos tiempo que Der Zauberberg, con la que me eternicé. ¿Recomendable? No es fácil responder, no es una novela típica y es muy larga. Pero a mí me anima a seguir leyendo en alemán, y ya tengo un par de obras que leeré en breve, entre ellas una del hijo de don Thomas.


miércoles, 4 de febrero de 2026

Emma, de Jean Austen

Sigo con mi lectura de las obras de Jane Austen, y en esta ocasión le toca el turno a Emma, la que para muchos parece ser su obra cumbre, e indiscutiblemente es la más larga de sus novelas. Tras esta lectura solo me queda Northanger Abbey, a la que precisamente califican como la peor.

Antes de Emma leí Persuasion, que me resultó bastante decepcionante. Había disfrutado, en cambio, enormemente con Mansfield Park, Pride and Prejudice y más recientemente con Sense and Sensibility, que fue la que me hizo embarcar en esta lectura completa de su obra, por lo demás bastante breve.

Emma se me ha quedado en medio: es mejor que la mediocre Persuasion, pero no me ha gustado tanto como las otras tres. Curiosamente, las cosas que cuenta son más interesantes y con más profundidad, pero el magnífico estilo. lo que más atractivo me resultaba de Austen, no llega al nivel de las precedentes. Y la pérdida de estilo no compensa la ganancia en interés de la trama, por lo que me he encontrado en bastantes ocasiones pensando en las musarañas en vez de en Emma y sus vecinos.

Lo más característico de la novela, y posiblemente lo que más ha atraído a los críticos literarios, es la subjetividad de la narración. Me explico, puesto que no es una narración de la protagonista, sino de un tercero observador. Y es que lo que se nos cuenta es, durante gran parte de la novela, una especie de mundo virtual que se ha construido la protagonista, sobre la que ella toma sus decisiones, pese a los intentos por traerla de vuelta a la realidad que hace especialmente sir George Knightley.

Por ello mismo, esta novela es más dramática que las anteriores, puesto que las decisiones basándose en una percepción errónea del mundo no pueden ser nada buenas para los afectados (como bien sabemos los que padecemos regulaciones basadas en el modelo de competencia perfecta). Que Emma vea, por ejemplo, a Robert Martin como de una clase inferior y, por tanto, no apto para casarse con su amiga Harriet Smith, tiene repercusiones negativas para ésta, y no se llega a explicar en ningún momento en que razones basa Emma su percepción ("“But there may be pretty good guessing. He will be a completely gross, vulgar farmer,— totally inattentive to appearances, and thinking of nothing but profit and loss.”"). 

Uno de los momentos interesantes del libro es la celebración de una fiesta por parte de los Cole, de las que pocas se dan en el entorno provinciano de la protagonista. He aquí las películas que se monta para entender por qué no le ha llegado invitación: "The Coles were very respectable in their way, but they ought to be taught that it was not for them to arrange the terms on which the superior families would visit them. This lesson, she very much feared, they would receive only from herself; she had little hope of Mr. Knightley, none of Mr. Weston." Invitación que, como se deduce del texto, planea en todo caso rechazar, por lo que remata Austen de forma espléndida: "her being left in solitary grandeur, even supposing the omission to be intended as a compliment, was but poor comfort."

Durante todo el transcurso de la novela lo que se constata una y otra vez es la falta de visión de la perspicaz protagonista, que se equivoca casi en todo. La resume Austen al principio en una brillante frase que presagia mejores cosas en esta novela: "The real evils indeed of Emma’s situation were the power of having rather too much of her own way, and a disposition to think a little too well of herself:" Y se complementa con esta frase, ya llegando al final del libro: "With insufferable vanity had she believed herself in the secret of every body’s feelings; with unpardonable arrogance proposed to arrange every body’s destiny. She was proved to have been universally mistaken; and she had not quite done nothing— for she had done mischief."

Por lo demás, estamos básicamente en una narración de parejitas, limitada a ver quién se casa con quién, siendo el principal interrogante si a Emma le tocará pareja y quién de los apuestos varones que aparecen en las páginas de la novela será el afortunado, si es el caso.

Aparte del aspecto psicológico antes explicado, aporta también al interés de la novela la figura del padre de Emma, el señor Woodhouse, que nos dejará frases y momentos divertidos. Sus apariciones se convierten en soplos de aire fresco en medio de las reflexiones de Emma y la vida campestre. Dejo para la posteridad un par de sus comentarios:

"I cannot deny that Mrs. Weston,— poor Mrs. Weston,— does come and see us pretty often; but then, she is always obliged to go away again.”"

Precisamente en relación con la fiesta antes aludida: "The folly of not allowing people to be comfortable at home— and the folly of people’s not staying comfortably at home when they can! "

Por último, no puedo evitar recoger algunas de esas frases que me hicieron engancharme a Austen, y que en esta novela se prodigan más bien poco. Pero revelan que se sentido de la ironía seguía intacto, aunque aquí optara por una aproximación más seria:

"Mr. Frank Churchill was one of the boasts of Highbury, and a lively curiosity to see him prevailed, though the compliment was so little returned that he had never been there in his life."

"“I have no hesitation in saying,” replied Mr. Elton, though hesitating a good deal while he spoke,—“ I have no hesitation in saying— at least if my friend feels at all as I do— I have not the smallest doubt that, could he see his little effusion honoured as I see it,..."

"To walk by the side of this child, and talk to and question her, was the most natural thing in the world, or would have been the most natural, had she been acting just then without design;"

En conclusión, mantengo vigente mi recomendación de leer a Austen, y mi intención de completar la lectura de su obra, pero a quién este pensando en introducirse a la gran escritora inglesa, hágalo con cualquiera de sus dos primeras obras (Sense and Sensibility, Pride and Prejudice) y siga luego con esta si se queda con hambre.