Estamos ante la gran obra del autor, de quien también tengo leído De ratones y hombres. Ya entonces afirmaba que leería la que ahora comento, aunque he tardado más de tres años en hacerlo, posiblemente porque la citada no me entusiasmo en demasía.
Sin embargo, esta novela sí cumple lo que promete, y justifica una vez más que los clásicos lo son por algo. No en vano, es ésta posiblemente el gran clásico norteamericano del siglo XX, con permiso quizá de Tom Wolfe. Y es que estamos ante una obra épica, de miserables, pero épica.
Lógicamente, la primera conexión que uno estable con la magna opus de Victor Hugo. Aunque los estilos son similares, el caso es que los personajes de Hugo no son en general tan miserables, en el sentido de gente que vive en la miseria, como los que nos presenta Steinbeck. La vida de la familia Joad es angustiosa, siempre pendiente del hilo de la comida y el cobijo, y no tiene pinta de que fuera mucho mejor antes de que comenzara su viaje a California, por mucho que entonces tuvieran un terruño en propiedad. Pero Steinbeck comienza la narración cuando los bancos se quedan con sus terrenos como consecuencia del impago de la deuda, a su vez causado por una mala cosecha.
Vamos, que los Joad son miserables de verdad. Su viaje tiene eco también en una conocida película, Little Miss Sunshine, que también es de gente miserable, aunque menos pobre por vivir en los 80. Los paralelismos resultarán evidentes a quien conozca ambas obras.
La otra conexión que establezco puede resultas más sorprendente, ya que es con un ensayo: la inefable Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. Ambas están escritas en un estilo sensacionalista que trata de conmover y apelar al lector. Pero son un cúmulo de mentiras, con el único proposito de agitar conciencias. Claro, Steinbeck no creo que dijera que su novela era realista, mientras que Galeano supuestamente sí hace un análisis serio.
La estructura de la novela es atípica: alterna dos tipos de capítulos. En una secuenca de capítulos se nos cuenta propiamente la historia de la familia Joad, con sus desventuras (iba a decir aventuras y desventuras, pero solo hay de las segundas). Se trata de una historia más o menos convencional, que llevará a nuestros amigos a darse cuenta de que el sueño californiano era mentira. Por el camino perderán familia y amigos, y al final prácticamente todo. Como decía antes, la tragedia no deja de mascarse capítulo a capítulo, aunque deje un final esperanzador.
Durante estos vericuetos, un personaje brilla con luz propia: la madre, Ma Joad. Mientras los varones se sumergen en sus grandiosos planes, es Ma la que lleva el día a día sin queja alguna, la que atiende a los pequeños, la que da de comer a los mayores, y la que mantiene los pies en el suelo. La que fuerza a tomar las decisiones difíciles y la que trata por todos los medios de seguir adelante, incluso cuando toda la esperanza parece haber desaparecido. El final, de hecho, es un contrapunto a la continúa caída en desgracia de los Joad, y deja una luz de esperanza, porque las mujeres de la familia no se rinden. En este sentido, contrasta con el final de la obra de Hugo, mucho más desesperanzado, cuando los dos hermanos pequeños toman el relevo a los miserables muertos en la obra.
Dentro de la narración del viaje de la familia, me quedo con la descripción que hace Steinbeck de la ruta 66. "Clarksville and Ozark and Van Buren and Fort Smith on 64, and there’s an end of Arkansas."
De todas formas, por muy bien que esté esta historia familiar, lo que hace a esta novela un clásico es la otra secuencia de capítulos, la más sensacionalista y que mejor conecta con la obra antes citada de Galdeano. En esta secuencia tenemos la perspectiva macro de lo que le ocurre a los Joad, y en ella Steinbeck busca las causas de lo que ocurre. Y, cómo no, el culpable es el capitalismo. Yo no me voy a entretener aquí rebatiendo las tonterias que dice Steinbeck, pero sí invito al lector a que disfrute de la lectura sin creersela.
Por ejemplo, los bancos como monstruos inhumanos, comparados con el pequeoño agricultor: "A man can hold land if he can just eat and pay taxes; he can do that. Yes, he can do that until his crops fail one day and he has to borrow money from the bank. But—you see, a bank or a company can’t do that, because those creatures don’t breathe air, don’t eat side-meat. They breathe profits; they eat the interest on money." "It happens that every man in a bank hates what the bank does, and yet the bank does it. The bank is something more than men, I tell you. It’s the monster. Men made it, but they can’t control it."
La explotación de los trabajadores: "The causes lie deep and simply—the causes are a hunger in a stomach, multiplied a million times; a hunger in a single soul, hunger for joy and some security, multiplied a million times; muscles and mind aching to grow, to work, to create, multiplied a million times."
La evolución de la granja, individual y no alienante, a una empresa más: "Then crop failure, drought, and flood were no longer little deaths within life, but simple losses of money."
"Then those farmers who were not good shopkeepers lost their land to good shopkeepers."
"These farms gave food on credit. A man might work and feed himself; and when the work was done, he might find that he owed money to the company. And the owners not only did not work the farms any more, many of them had never seen the farms they owned."
Con esta crítica, en cambio, estoy de acuerdo, cuando les reprochan a los Okies migrantes que quieran vivir de subsidios: "“No. They was a little fella, an’ he says, ‘What you mean, relief?’ “‘I mean relief—what us taxpayers puts in an’ you goddamn Okies takes out.’ “‘We pay sales tax an’ gas tax an’ tobacco tax,’ this little guy says. An’ he says, ‘Farmers get four cents a cotton poun’ from the gov’ment—ain’t that relief?’ An’ he says, ‘Railroads an’ shippin’ companies draws subsidies—ain’t that relief?’"
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