miércoles, 21 de febrero de 2024

Me alegraría de otra muerte ("No longer at ease"), de Chinua Achebe

Con este termino la lectura de la trilogía africana del autor, tras el excelente Things fall Apart y el menos sorprendente Arrow of God. Las novelas siguen una secuencia lógica, con una creciente integración de las tribus indígenas en la vida occidental que traen los ingleses a Nigeria. Y. según va creciendo la presencia del hombre blanco, decrece el interés de la lectura para un servidor, como ya puede apreciar en la segunda entrada de la serie.

Y es que dicha integración dinamita los modos de vida y las historias que tienen que contar los nativos, todas esas costumbres y sabiduría que empapaban principalmente esa maravillosa primera entrega. O sea, no hay pérdida en el talento narrativo de Achebe, que continúa con su estupendo estilo, solo un, por así decirlo, retorno a lo normal, a lo occidental, a lo que nos resulta familiar.

El protagonista, por cierto, es un descendiente de aquel rebelde Okonkwo que protagonizaba la primer aparte. Obi, que así se llama, es ya un producto híbrido de la sociedad nigeriana: de raíces en la tribu de Umuofia, los componentes de ésta hacen un esfuerzo colectivo para mandarle a estudiar a Inglaterra y que así pueda optar a un cargo administrativo de vuelta a casa. ("A university degree was the philosopher’s stone. It transmuted a third-class clerk on one hundred and fifty a year into a senior civil servant on five hundred and seventy, with car and luxuriously furnished quarters at nominal rent.")

Lo que pasa es que al retorno lo que espera al ingenúo Obi es una situación de corrupción rampante, de la que quienes primero esperan beneficiarse son sus colegas de tribu. Esto es lo que parece denunciar Achebe: que parece imposible que un Estado funcione con los nativos nigerianos, que aprenden la corrupción y la practican con absoluta normalidad ("There is no single Nigerian who is prepared to forgo a little privilege in the interests of his country. From your ministers down to your most junior clerk."). 

Ya algo así se apuntaba en el segundo libro. Y de hecho este tercero comienza con esta declaración: "The African is corrupt through and through."

Si bien Obi trataré de resistirse al ambiente, lo cierto es que entre su negligencia y su ingenuidad, acompañada por un amor con Clara, inglesa, mal visto en su familia, llevarán a Obi a una espiral en que termina entrando al juego de costumbre, si bien para él no terminará bien, como también se desvela en el primer capítulo.

Como decía, la narrativa es prácticamente en su totalidad sobre la vida en Lagos, y deja poco resquicio a costumbres y dichos tradicionales, de los que poblaban las anteriores novelas. Ello la deja en una novela bien escrita sin mayor interés para un español acostumbrado a los tejemanejes de sus gobiernos. Puede que a Achebe le escandalice o le apene la corrupción de los suyos, pero es peccata minuta comparado con lo que ocurre aquí, y vamos tirando.

Hay poco costumbrista, y lo que hay ya está mezclado con las costumbres traídas por los europeos.

"The second generation of educated Nigerians had gone back to eating pounded yams or garri with their fingers for the good reason that it tasted better that way. (...) Also for the even better reason that they were not as scared as the first generation of being called uncivilized."

Obsérvese la ironiá de esta frase, que solo se aprecia si se han leído las novelas anteriores: "“A Christian house where kola nut is not eaten?” sneered the man."

Sobre la visión de los Nigerianos de su gobierno, lo que parece causar pesar a Achebe, Yo le diría que fuera menos idealista sobre la visión que tienen en los países más desarrollados, que no es muy distinta: "In Nigeria the government was “they.” It had nothing to do with you or me. It was an alien institution and people’s business was to get as much from it as they could without getting into trouble."

Muy interesantes estas reflexiones sobre la escritura, algo que traen los blancos y de que los nativos carecían. Para Achebe, tiene unas consecuencias fundamentales, sobre todo debido a su indelebilidad:
"the symbol of the white man’s power was the written word, or better still, the printed word."
"If you go to the native court and look at the books which clerks wrote twenty years ago or more, they are still as they wrote them. They do not say one thing today and another tomorrow, or one thing this year and another next year."

Por último, extracto una pequeña broma, de las escasas que se permite Achebe en estas novelas. Se está refiriendo a lo que hace una chica que quiere conseguir una beca para estudiar en Inglaterra: "She put down her name and her age. But when she came to sex she wrote: ‘Twice a week.’”"

Esta novela es el colofón lógico a la trilogia africana del autor, que empezaba con los primeros contactos con los ingleses, y que ahora nos lleva a unos nativos adaptados al sistema y tratándolo de exprimir al máximo en lugar de utilizarlo para mejorar las condiciones de vida de sus congéneres. 

martes, 13 de febrero de 2024

La montaña mágica ("Der Zauberberg"), de Thomas Mann

 "La montaña mágica" es uno de esos libros que tenía que escalar, nunca mejor dicho, tarde o temprano. Su larga extensión y un alemán presumiblemente complicado hacían que fuera postponiendo el reto sine die. Pero estas Navidades por fin decidí que era el momento, y me puse con su lectura, sin prisa pero sin pausa.

A favor de leerlo está que se considera la obra cumbre de Mann, de quien ya había leído sus dos clásicos. Buddenbrooks y Der Tod in Venedig, habiéndome gustado bastante sobre todo el primero. Esas previas lecturas me hacían confiar en que el libro estaría bien escrito y no sería tan complicado de leer como a primera vista se podía pensar. Acerté parcialmente en esta apreciación, y esa es la razón por la que ya lo he terminado (pensaba que me llevaría un par o tres meses leerlo), con los intermedios de Chinua Achebe y Eduardo Mendoza por medio.

Como digo, Mann escribe bien y su alemán no es demasiado complicado. Eso no quiere decir que yo me haya enterado de todo lo que ocurre, mejor, de todo lo que se habla en esta novela. Los fragmentos descriptivos y costumbristas se entienden sin problemas, pero otra cosa son las conversaciones con Settembrino y Naphta, que elevan el nivel y son bastante filosóficas. Aquí, como siempre en alemán, empiezan a aparecer palabras raras intraducibles y que hacen que sea dificil seguir la discusión, por interesante que esté pareciendo.

La novela se desarrolla de principio a fin en una residencia hospitalaria en medio de los Alpes, más en concreto en Davos. Solo uno de los primeros capítulos se permite salir de tal escenario, para contarnos un poco sobre el pasado y familia del protagonista, el ingeniero Hans Castorp. Esto ya lo hace con Castorp en Davos, donde ha ido a visitar a su primo Joachim Ziemssen, quien lleva con curas una temporada.

La idea inicial de Castorp es permanecer tres semanas de visita a su primo, pero dicha idea se va a ser superada por los acontecimientos, y Castorp permanecerá 7 añitos más en Davos, viendo pasar el tiempo, nunca mejor dicho de nuevo. De estos primeros compases de la novela, me quedo con esa imagen de los pacientes cada uno con su termómetro, midiéndose la temperatura en los momentos prescritos. O con las técnicas para abrigarse cuando se toma el aire en los balcones de la habitación. Tiene aquí la novela una vertiente cómica que no se va a desarrollar mucho.

Una vez transcurren esas primeras tres semanas, Mann y el lector comienzan a perder la noción del tiempo, y las cosas que ocurren ya no parecen radicar en momentos concretos ni necesitar de cronología. Continuará el paso de las estaciones más bien para marcar los ritmos ("Kurz, es gibt Wintertage und Sommertage und Frühlings- und Herbsttage, aber so richtige Jahreszeiten, die gibt es eigentlich nicht bei uns hier oben.”"), pero lo cierto es que Mann va a aprovechar en muchas ocasiones para reflexionar sobre lo que significa el tiempo.

"Leere und Monotonie mögen zwar den Augenblick und die Stunde dehnen und “langweilig” machen, aber die großen und größten Zeitmassen verkürzen und verflüchtigen sie sogar bis zur Nichtigkeit."

"Denn in der Ordnung ist es und diesen Gesetzen entipricht es, daß uns die Zeit genau so lang oder kurz wird, für unser Erlebnis sich genau ebenso breit macht oder zusammenschrumpft, wie dem auf so unerwartete Art vom Schicksal mit Beschlag belegten Helden unserer Geschichte, demjungen Hans Castorp;"

"die Ewigkeit ist nicht ‘geradeaus, geradeaus’, sondern ‘Karussell, Karussell.” “Hör auf!”"

Quizá el momento culminante de esta relatividad del tiempo sea el extravío de Hans en una tormenta de nieve, que ocurre sobre los 2/3 de la novela cuando el protagonista se ha aficionado a salir con esquíes. La situación es angustiosa, magistralmente descrita por Mann, así como las alucinaciones del protagonista  ("Die blanken Regenschleier sanken: da lag das Meer - ein Meer, das Südmeer war das, tieftiefblau, von Silberlichtern blitzend, eine wunderschöne Bucht, dunstig offen an einer Seite, zur Hälfte von immer matter blauenden Bergzügen weit umfaßt, mit Inseln zwischenein, von denen Palmen ragten oder auf denen man kleine, weiße Häuser aus Zypressenhainen leuchten sah."). Sin embargo, al final resulta que solo han pasado unos minutos.

El personaje más destacado de la novela es, sin duda, el italiano Settembrini, que va a asumir el papel de tutor de los jóvenes, Hans y Joachimm. Serán numerosas las peroratas del cultivado caballero, sobre todo lo que le ocurra, y en particular sobre la muerte y la enfermadad. Un par de muestras de su discurso:
"Krank und dumm, - in Gottes Namen, das ist die Misere selbst, die Sache ist einfach, es bleibt nichts als Erbarmen und Achselzucken. Das Dilemma, mein Herr, die Tragik beginnt, wo die Natur grausam genug war, die Harmonie der Persönlichkeit zu brechen - oder von vornherein unmöglich zu machen -, indem sie einen edlen und lebenswilligen Geist mit einem zum Leben nicht tauglichen Körper verband."

"Nach Settembrinis Anordnung und Darstellung lagen zwei Prinzipien im Kampf um die Welt: die Macht und das Recht, die Tyrannei und die Freiheit, der Aberglaube und das Wissen, das Prinzip des Beharrens und dasjenige der gärenden Bewegung, des Fortschritts."

Complicadillo, ¿verdad? Pero jugoso, sin duda. Pasado el primer tercio de la novela, Mann introduce al contrapunto de Settembrini, Leo Naphta, al parecer antiguo jesuita. Los debates entre ambos sustituirán los monólogos del italiano, aunque darán lugar a un final trágico.

Aquí una muestra del pensamiento de Naphta: "Ein Individualismus dagegen, der von der kosmischen, der astrologischen Wichtigkeit der Einzelseele ausgeht, ein nicht sozialer, sondern religiöser Individualismus, der das Menschliche nicht als Widerstreit von Ich und Gesellschaft, sondern als den von Ich und Gott, von Fleisch und Geist erlebt, - ein solcher eigentlicher Individualismus verträgt sich mit bindungsvollster Gemeinschaft recht wohl ."

Sin estar muy seguro, creo que la posición de Settembrini es el individualismo y la libertad, mientras que Naphta se inclina más hacia el colectivisimo. Estamos a principios del siglo XX (1924), por lo que aún no se conocen los trágicos resultados que tendrán los estados totalitarios, expresión máxima del colectivismo.

El tercero en discordia de los personajes que influyen en nuestro protagonista no tiene mucho que ver con los dos filósofos: se trata más bien de un bon vivant, el autriaco millonario Mynheer Peperkorn, que introduce nuevas costumbres en el sanatorio, como bailes, fiestas y sesiones de espiritismo. De sus aportaciones hay que destacar el gramófono y los discos que nuestro héroe escuchará en solitario. Esta escena de la oportunidad a Mann de describir alguna obra musical, algo relativamente frencuente en los autores alemanes (me viene a la memoria el Mesias descrito por Zweig).

También aporta Peperkorn alguna sesión de cine, imagino que pionera para la época, y que Mann describe con originalidad: "Das Schweigen der Menge nach der Illusion hatte etwas Nervloses und Widerwärtiges. Die Hände lagen ohnmächtig vor dem Nichts. Man rieb sich die Augen, stierte vor sich hin, schämte sich der Helligkeit und verlangte zurück ins Dunkel, um wieder zu schauen, um Dinge, die ihre Zeit gehabt, in frische Zeit verpflanzt und aufgeschminkt mit Musik, sich wieder begeben zu sehen."

Hay dos momentos especialmente patéticos en la novela. los dos relacionados con el primo Joachim, y los dos son despedidas. Esta es la física cuando decide volver a la Flachland a ejercer su profesión militar, harto de no curarse; "Dann schwang er sich aufs Trittbrett. Die Tür schlug zu, es pfiff, die Wagen stießen aneinander, die kleine Lokomotive zog an, der Zug entglitt. Der Reisende winkte durchs Fenster mit dem Hut, der Zurückbleibende mit der Hand. Zerwühlten Herzens stand er noch lange, allein."

Recojo aquí también este párrafo magnífico con inventario de ruidos a la alemana:"Sie stürzten mit unsinnigem lärm, in welchem sich alle möglichen Geräuscharten und Lauthöhen zu mischen schienen, Donnern und Zischen, Gebrüll, Gejohle, Tusch, Krach, Geprassel, Gedröhn und Glockengeläut, - wahrhaftig wollten einem die Sinne davon vergehen."

Y cierro con la estupenda frase con la que termina la novela, ya con nuestro héroe vuelto del sanatorio ante el comienzo de la Primera Guerra Mundial, en la que tendrá que participar. "Lebe wohl, Hans Castorp, des Lebens treuherziges Sorgenkind! Deine Geschichte ist aus. Zu Ende haben wir sie erzählt; sie war weder kurzweilig noch langweilig, es war eine hermetische Geschichte." Lo que no queda claro es si muere o no en la batalla.

Obras clásicas como esta "Der Zueberberg" es absurdo recomendarlas o no. Cualquier lector que presuma de serlo la va a tener que leer tarde o temprano, porque es un verdadero clásico. Que te guste más o menos, es distinto, pero que disfrutarás con su lectura es innegable. La cuestión pasa a ser si conviene leerla en alemán o traducida. Yo ya he respondido: no creo que sea muy traducible la parte filosófico, y la parte costumbrista se lee bien en alemán. Eso sí, quizá se disfrute mucho más con una segunda lectura, como recomienda el propio Mann en el prefacio de la edición que he leído. Pero si es ese el precio a pagar por disfrutar plenamente de la obra, me cuesta mucho recomendarla. Denme unos años a ver si echo ganas para releerla. 







lunes, 12 de febrero de 2024

Growth Theory: An exposition, de Robert M. Solow

Leer este ensayo es como leer alguno de los físicos primitivos que explicaban el universos con las esferas celestiales, o la luz con el éter, yo qué sé. Con la única, pero importante, diferencia que muchos de los economistas actuales se siguen creyendo las cosas de Solow, mientras que ningún físico actual discutiría seriamente sobre las esferas celestiales como explicación de fenómenos físicos.

Más grave aún: no solo es que los economistas actuales se siguen tomando en serio a Solow, sino que encima muchas de sus propuestas las hacen suyas los políticos. Yo quiero pensar que Solow premio Nobel de Economía, por cierto, era honesto en sus trabajos, y si viviera en la actualidad hubiera aceptado y reconocido sus tremendos errores. Lo cual, por cierto también, les daría igual a los políticos, que seguirían actuando con sus postulados, porque en el fondo les conviene.

Lo que hace Solow en este ensayo es aportar una teoría matemática para explicar por qué crecen las economías de los países o, más bien, como se puede explicar dicho crecimiento a través de otras magnitudes. Él no se cansa de repetir que su modelo no va más allá de una parabola, y que haría falta un trabajo más riguroso antes de formulas políticas económicas con base en él. Pero, bueno, aquí estamos, y el marco de su discusión  es bastante frecuente en los macroeconomistas mainstrema.

Solow afirma que el crecimiento económico se puede explicar con el crecimiento de la población y el crecimiento del ahorro. Luego complica el modelo para introducir dinero o deuda, y aparecen otras variables que contribuyen, como es el gasto público o el crecimiento de la masa monetaria, ya en manos del Estado.

Lo que el muestra es que el crecimiento estable (steady) solo se produce en las condiciones de Harrod-Domar. Si no se cumple, o bien se está invirtiendo más de lo que se puede utilizar con el empleo disponible (y tenemos exceso de capacidad) o bien se está invirtiendo menos, y el desempleo tiende al infinito. 

Pero, claro, para eso tiene que hacer unas suposiciones irrealistas y ridículas, cuya ridiculez solo se aprecia en toda su magnitud cuando se analiza la posible intervención  del gobierno. De entrada, solo existe un bien en la economía, que se produce solo con capital y mano de obra. Y ese capital es completamente homogéneo, y además con una tecnología dada, que se hace exógena al modelo. Esto es, Solow no se pregunta quién ha inventado la tecnología, la da por buena, y asume (en uno de sus modelos) que se va mejorando y, en general, que se pueden añadir activos al capital homogéneo siempre con éxito (todo el ahorro va a inversión en capital rentable).

Con estos supuestos, de lo único que hay que preocuparse es que el otro recurso "case" con el capital homogéneo. Ya está, no da más de sí el modelo. Luego le metemos la componente del Estado, y entonces vemos cómo Solow echa de menos la planificación central que le permitiría fijar las variables directamente al Estado para alcanzar la senda de crecimiento que deseara. Es tan ridículo como indignante. Hay momentos especialmente llamativos, como cuando discute el papel de la inversión pública, y nos convence de que básicamente da igual qué inversión se haga si se fija adecuadamente la tasa de retorno, mejor, se manipula con los instrumentos que maneja el Estado.

Todo muy lamentable, y que no daría para mayor comentario sino fuera porque los economistas macro mainstream siguen razonando en estos términos.

No procede aquí refutar sistemáticamente el modelo de Solow. Solo un par de apuntes: 1) el capital disponible en una economía, los medios de producción (fábricas, vehículos, maquinaría...), distan de ser homogéneos; muchos de ellos solo se pueden usar para determinadas actividades y no para otras; 2) la adición de capital a la estructura productiva es una actividad sujeta a incertidumbre, que no va a dar automáticamente ninguna rentabilidad; ello implica que no puede haber un óptimo de inversión, no puede haber exceso de inversión como postula Solow mirando al factor complementario de su modelo; 3) la evolución tecnológica no aparece de la nada; requiere recursos, inversiones, que necesariamente habrán de salir de la economía, no se puede poner como factor exógeno del modelo si se quiere que este dé resultados serios.

Solow es un keynesiano impenitente a quien nadie debería de leer en la actualidad. Si yo lo he hecho ha sido como parte de un club de lecturas, en ningún otro contexto hubiera perdido tiempo con este bodrio. Normalmente, me conformo con no recomendar los libros que no me gustan, En esta ocasión, recomendaré activa y encarecidamente que nadie lea esto, puede terminar con ideas equivocadas y dañinas.


   

 

viernes, 9 de febrero de 2024

Bargaining and Market Behavior, de Vernon L. Smith

Vernon L. Smith ganó el premio Nobel de economía en 2002, junto a otro viejo conocido, el gran psicólgo Kahneman, del que también tengo algo leído. Esta es quizá su obra más representativas, aunque, por desgracia, no se trata de un libro de divulgación (como han hecho muchos premios Nobel a partir de sus trabajos), sino de una colección de artículos que, asumo, le parecieron especialmente relevantes.

Posiblemente, Smith sea el principal representante de lo que se llama economía experimental, que consiste, como el propio nombre indica, en llevar a cabo experimentos controlados con individuos reales, para ver si se cumplen las distintas predicciones de la teoría económica, especialmente la neoclásica del equilibrio así como los resultados de la teoría de juegos. 

Desde un punto de vista austriaco, los resultados de estos experimentos poco podrían hacer para validar teorías económicas, aunque no tengo tan claro que no sean útiles para refutarlas. Entre los trabajos que recoge este libro que más me han interesado están sus experimentos tratando de comprobar si un monopolista es capaz de alcanzar el precio de monopolio que predicen los neoclásicos con sus modelos (pero que los austriacos ponemos en duda, ya que el precio dependerá sobre todo de las preferencias de la demanda, por lo que nos cuesta creer que un monopolista tenga el poder de mercado que le atribuyen aquellos en un mercado libre). Los resultados experimentales parecen corroborar la visión austriaca, al observarse que los precios que surgen en los experimentos están más cerca del nivel competitivo que del nivel de monopolio.

La obra de Vernon Smith se mueve entre la economía teórica (como en el ejemplo que acabo de poner) y la psicología. Con sus experimentos también trata de poner en dificultades a los psicólogos, que prefieren ver al individuo sin su componente económica. Al respecto, es bastante conocida la polémica que tuvo con su co-premiado Kahneman por la falta de rigor que achacaba a algunos de sus experimentos (Vernon L. Smith criticaba a Kahneman).

La lectura de estos artículos es una verdadera tortura para el amateur. Smith es riguroso y científico, y la mayor parte del texto consiste en la descripción del experimento/s analizado, sus resultados, y el análisis estadístico de los mismos. El lector transita con dolor y sopor entre el comienzo del artículo, en que se exponen las cuestiones a estudiar, y el final en que resume las conclusiones obtenidas. Hay algún artículo que se hace más llevadero, pero son la excepción más que la regla. Entre aquellos, me parece especialmente recomendable el capítulo 11. "Experimental Methods in the Political Economy of Exchange", en que se explican los fundamentos metodológicos de la economía experimental y la forma en que se construyen las curvas de oferta y demanda que permiten identificar el precio de equilibrio teórico (básicamente, se le da a los vendedores un coste de producción del que el precio no puede bajar, y a los compradores una utilidad, que el precio pagado no puede superar; los participantes en el experimento se llevan al final dinerito, según lo que hayan conseguido ganar de más). De hecho, mi recomendación al lector que se interne en este libro es que comience su lectura por este capítulo.

Es más, quizá le convenga empezar por la parte III, que son los artículos más económicos, en que Vernon L Smith pone a prueba conceptos de teoría económica, incluyendo el básico de que el precio de mercado tienda al de equilibrio que predice la teoría. Hay también experimentos sobre precios máximos y mínimos, sobre evolución de precios según la forma en que se publiquen, sobre oligopolio Bertrand-Edgworth (tratando de resolver empíricamente algo que no se ha podido resolver teóricamente) y cosas similares.

Esta parte incluye dos artículos extremadamente complejos, pero quizá útiles en la práctica: el porqué de la existencia de operaciones off-floor en los mercados organizados, y la aparición de burbujas en los mismos y cómo conseguir atenuarlas. Sorprendentemente, el resultado experimental de que se producen burbujas en los mercados bursátiles parece robusto y aparece una y otra vez cuando se experimenta sobre ellos.

Las dos primeras partes recogen artículos sobre la interralación con la psicología, y son bastantes difíciles como iniciación. Se analiza experimentalmente el endowment effect identificado por Kahneman, así como la influencia que tiene la percepción de precios fair en el comportamiento del mercado. Su conclusión es que solo afecta al recorrido del precio en el corto plazo, pero no al precio de equilibrio. Tanto en estos artículos como en otros de los citados, es de interés ver cómo se diseña el experimento para simular las distintas hipótesis que se quieren contrastar. Grandes dosis de ingenio se requieren: ya lo había visto en Kahneman, constatando que el diseño de los experimentos es en muchos casos el principal reto de estas ramas científicas.

Por fin, la II parte se centra en dos sencillos juegos: el juego de ultimatum (en que un participante recibe una cantidad de dinero y la puede repartir como quiera con otro de los participantes; si éste acepta el reparto, los dos se llevan el dinero; si no, ninguno se lleva nada) y el del dictador (un participante reparte una cantidad de dinero con otro de la forma que desee; el segundo no tiene opción más que aceptarla).

Pese a su simpleza, estos juegos permiten poner a prueba hipótesis sobre el marco institucional en que funciona el mercado. Por ejemplo, qué ocurre si hay derechos de propiedad o no, o si el tamaño de la recompensa influye en el resultado de los experimentos (los experimentos psicológicos asumen que no hace falta recompensa), o si el hecho de que te estén observando influye en tus acciones. ¿Cómo explicar si no que en el juego del dictador no se produzca lo racionalmente esperado, esto es, que el dictador se quede siempre con todo?

Como se ve, el libro tiene algunas conclusiones interesantes, hasta apasionantes, pero es una lectura muy ardúa que seguramente no compense el fruto extraído. La verdad es que mi recomendación sería leer el capítulo 11 ya citado, y luego limitarse a la introducción y conclusión de cada capítulo. No sé si vale.


  

 

viernes, 2 de febrero de 2024

Tres enigmas para la Organización, de Eduardo Mendoza

Aunque leer a Mendoza no es garantía de satisfacción, no puedo evitar hacerme con sus novelas según se publican. Esta que aquí comento ha sido una excepción, pues creo que se lanzó la semana pasada, y ya estoy comentándola, lo que en mi caso significa que la he leído.

Así como resumen, estamos ante una obra normal del autor, ni entusiasma como otras, ni decepciona, como muchas de las recientes. El Mendoza más habitual, que ya no sorprende con su estilo, lo que resta interes a su lectura.

En esta ocasión, los protagonistas son nueve miembros de la llamada Organización: "Antes de empezar, pese a ser pocos y a tenerlos a todos delante, el jefe pasó lista: la señora Grassiela con su perrito, Monososo, el nuevo, el jorobado, Pocorrabo, la Boni e incluso Buscabrega, con un permiso escrito de su mujer. Sólo faltaba el taxista, al cual se había negado la entrada", Ya se observa el sello habitual del autor de no darnos el nombre de sus protagonistas (el jefe, el nuevo...) o de que constituyan en sí una broma (Monososo, Pocorrabo...).

Con estos personajes y tres misterios por resolver, que obviamente se conectarán, don Eduardo teje la historia con su estilo narrativo habitual: irónico, con un punto negro, oscuro o triste, según se mire. Extraigo algunas de las frases que en esta ocasión más me han llamado la atención:

"Según se deduce del atestado, la razón por la que el ya mencionado cliente no había dejado la habitación era porque colgaba del techo, suspendido de una soga, la cual, a su vez, estaba atada a una viga de madera.

"Un viudo con bigote me pareció una redundancia."

Aquí le mete un viaje al actual Papa, bien merecido por cierto: "El sacerdote dijo que había estado dudando entre guardar el secreto de confesión o comportarse como un buen ciudadano. Al final decidió que las enseñanzas pontificias iban en esta última dirección."

"A diferencia de los móviles y de internet, el fax era un medio seguro, porque los hackers eran jóvenes y ni siquiera sabían de su existencia."

"mi relación con esa señorita es estrictamente profesional.—¿ Profesional? ¿Te refieres a tu profesión o a la de ella?—dijo el jefe con retintín."

Sin embargo, la clave para entender bien esta novela la da esta frase: "—Las novelas, las películas y las series sólo cuentan tonterías para entretener a un público de subnormales"

En efecto, con esta novela Mendoza hace una parodia de las modernas series policíacas de TV, en que se mezclan los casos con las peripecias personales de los detectives o policías. Mendoza trazará la correspondiente vida complicada para cada uno de sus protagonistas. Por ejemplo, del japonés Monososo: "No se sabe cómo, por el instituto había corrido el rumor de que su madre había sido geisha, y sólo le salvó de recibir alusiones salaces, escarnios y quizá agresiones físicas el rumor concurrente de que su padre era yakuza y, si bien había abandonado a la madre y al hijo, cabía la posibilidad de que un buen día, sin previo aviso, se presentara en Sant Andreu con su catana e hiciera una escabechina en el instituto."

Y con estas y otras cosas nos tiene entretenidos Mendoza hasta que se resuelve el caso, algo que he de decir que hila muy bien, y a la perfección con el papel que juega la Organización en una España de poderes fragmentados y descoordinados, por las burocracias autonómicas y estatales. La verdad es que es un final excelente.

Claro, Mendoza no puede evitar dejarnos con su "Continuará", pues, ya lo dije, está parodiando una serie: "No importa: volverá el compañerismo a la hora de afrontar riesgos, de ayudarse mutuamente, de resolver con éxito un caso enrevesado. Luego, finalizada la investigación, se reanudarán las rencillas: los agentes no serían humanos si no adolecieran de estas y otras debilidades."

No quiero terminar sin referirme a una frase que pone el contrapunto y se mofa de una de Cervantes que a mí me encanta. "El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho". A esto responde el Mendoza más cínico: "El tiempo pasa con increíble celeridad, y si uno ha sabido enriquecer su entendimiento con lecturas sustanciosas, viajes instructivos y serenas reflexiones, al final recibe la recompensa del sabio, que consiste en comprobar que todo lo aprendido es inútil, toda experiencia es tardía y toda vida es de una vulgaridad sin paliativos."

Pues ya está. A los amantes de Mendoza esta novela les agradará. Y a quienes no le conozcan, puede que les sorprenda su estilo y les guste. Si optan por leer esta sin conocer a Mendoza, y no les convence, denle otra oportunidad con "El misterio de la cripta embrujada" o "Sin noticias de Gurb" antes de darlo por perdido.