miércoles, 17 de abril de 2019

El asesinato de Pitagoras, de Marcos Chicot

Este libro lleva un tiempo rodando por Amazon como uno de las mejores novelas de autores independientes, esos que se autoeditan. La verdad es que me cuesta dar oportunidades a este tipo de libros, pues creo que hay mucho clásico y libro importante que leer, y muy poco tiempo como para invertirlo en cosas que no estén consolidadas. Pero como este libro lleva en el candelero ya unos cuantos años, no me ha parecido descabellado darle una oportunidad.

Me he encontrado más o menos lo que me esperaba: una novelilla más o menos bien trazada, pero que no pasará a la historia, y que no puede competir con las novelas históricas de autores consolidados. El principal problema para mí es que no es capaz de llevarte a la época en que se desarrolla la trama, la de Pitágoras coincidente con el fin de Roma como reino y su paso a república.

No hay descripciones costumbristas, ni de las ciudades o lugares en que pasan las cosas. Solo acción y trama. A estas alturas de mi vida lectora, le pido algo más a las novelas que leo, y más si tienen márchamo histórico. Por ejemplo, la trama se desarrolla principalmente entre Crotona y Sibaris, pero apenas vemos cómo vive la gente en estas ciudades, salvo los protagonistas, o cuáles son sus costumbres, salvo el bastante anónimo Consejo de los Mil que gobierna Crotona, y este solo en lo que interesa a la trama.

Más atención presta el autor a las matemáticas que soportan la comunidad pitagórica y la trama, con pequeños capítulos dedicados a los conceptos matemáticos utilizados, para que nadie se pierda por el camino. Que nadie se asuste, no es una matemática difícil, ni siquiera demasiado importante para la trama. Se nos hablará del tetraktys, del pentáculo, de la sección aúrea y de como calcular el número Pi. Incluso, de los números irracionales, que de alguna forma ponen en crisis la comprensión que los pitagóricos tenían del mundo. Si Chicot fracasa en trasladarnos a la época de los hechos, no lo hace tan mal a la hora de hacernos ver la importancia que estos conceptos podían tener en la vida de los contemporáneos.

Aunque sin duda a todo los lectores les rechinará la enorme recompensa que uno de los protagonistas (Glauco, de Sibaris) ofrece a cambio del cálculo de Pi, sin aparentes implicaciones prácticas posteriores para su vida. Y el problema de que esta recompensa sea tan exagerada es que juega un papel bastante importante en la trama, por lo que esta naufraga en proporción a no entenderse dicha cuantía.

Respecto a la trama, bueno, no será una sorpresa a la vista del título, que diga que va de cómo un siniestro personaje, con ayuda voluntaria e involuntaria de otros enemigos de Pitágoras, trata de poner fin a la hermandad pitagórica. Ningún lector medianamente avezado en lecturas policíacas no tardará mucho en adivinar quién es el malo "enmascarado" (yo lo hice en el capítulo 80 de 140), por lo que por aquí no hay incentivo a la lectura.


Lo que me sorprende, a la vista de que el libro es pura trama y casi nada de descripción, es cómo le ha resultado tan extenso al autor. La respuesta está en que cuenta los mismos acontecimientos desde diversas perspectivas, y también de forma directa y luego a modo de flashback, completando aspectos del suceso que no se han detallado en la primera narración. Así, en determinada batalla, por ejemplo, nos repetirá 5 ó 6 veces que uno de los ejércitos tiene 2000 caballos. Me parece un cierto abuso, pero tampoco entorpece demasiado la lectura.

Entre las cosas más positivas de la novela, está el personaje de Bóreas, que me ha parecido bastante original. Se trata del típico coloso forzudo, del que uno espera que no tenga pensamientos propios, pero que resulta ser un sádico y nada tonto. Y me gusta también el contraste entre la ordenación social del círculo pitagórico y la de clases presente en la sociedad civil que le rodea: esto es, un esclavo "civil" puede ser un maestro "pitagórico". Por desgracia, Chicot no emplea apenas las posibilidades que esta situación da (en las que es magistral Ildefonso Falcones).

Y, por último, una cita para ver cómo pensaba Pitágoras (según el autor del libro), a ver qué os parece: "El poder nunca debe ser un fin, sino el instrumento con el que lograr que el mayor número de personas viva de acuerdo con los principios en los que creemos". Vamos, que Pitágoras ya tenía el marxismo en vena. Supongo que será una ocurrencia de Chicot.

sábado, 13 de abril de 2019

Serie: This time with Alan Partridge

Estaba esperando esta serie como agua de mayo desde que me enteré que Alan Partridge volvía a la pequeña pantalla hará un año. ¿Qué quien es Alan Partridge? Se trata de un personaje de ficción, interpretado por el conocido actor británico Steve Coogan. Partridge es un presentador/locutor que va realizando o participando en supuestos programas, algo que solo se les puede ocurrir a los ingleses. A ver si me explico.

La primera aparición de Alan Partridge se produjo en un programa de humor llamado The Day Today, especie de telediario de broma. En él, Coogan hacía varios personajes, uno de ellos el tal Partridge, el presentador de deportes. Tras esa serie, parece que Partridge se ganó el derecho a una serie/programa propio, y lanzó "Knowing you, knowing me", especie de parodia de los programas de entrevistas. En él, aparece ya el Partridge que todo el mundo odia y con el  /  del que todo el mundo se rie. Porque, aunque digo que el programa parodia los de entrevistas, realmente no es tal parodia, sino una oportunidad para que Partridge luzca sus defectos. Y es que Partridge es un presentador engreído, con nula empatía, y que se cree la caña, cuando realmente lo único que hace es el ridículo, además de dejar atónitos a sus compañeros y contertulios con sus salidas de tono.

Tras el supuesto "fracaso" de "Knowing you, knowing me" (que debió ser éxito en términos de audiencia de la BBC), la siguiente serie nos sitúa a Alan Partridge como locutor nocturno en una radio local, y a la caza de la esperada llamada de los medios para incorporarse a algún programa de más postín. El tipo de lo sigue creyendo, pese al evidente giro hacia abajo de su carrera; de hecho, mantiene una asistente personal. La serie se llama "I am Alan Partridge" y tuvo dos temporadas de 6 episodios.

Después, aún vino otra serie, en 2010, "Mid Morning matters with Alan Partridge", en que le vemos de nuevo en la radio local de Northfolk, pero ahora en un programa de mayor calado, aunque él consigue hacer sus barrabasadas habituales. Es algo peor que las anteriores.

Finalmente, ahora tenemos esta "This time", en que la BBC le vuelve a dar una oportunidad. Volvemos al formato de programa de variedades, pero esta vez acompañado por una co-presentadora, y en sustitución del creador del programa y recientemente fallecido John Baskell (lo que explica los títulos de crédito de la serie). Además, se acompaña de Simon, su sidekick Simon de Midmorning, que se encarga de la parte de redes sociales: es tan desastre como Partridge, pero sí tiene empatía, por lo que es un buen contrapunto.

A mí este estilo de humor me encanta. Ver a un inglés creídillo ser inconsciente del ridículo de sus actos, combinado con su impertinencia y autoconfianza, me resulta muy divertido. Pero entiendo que no a todo el mundo le guste. Yo, por mi parte, he disfrutado mucho de esta nueva entrega de las andanzas de Partridge (seis capítulos de 25 minutos), que además no será la última. Si alguien tiene curiosidad, le recomiendo que empiece por "Knowing you, knowing me"; aunque yo lo hice con "I am Alan Partridge", y me gustó tanto que me vi la primera temporada seguida (he de decir también que fue en un avión en pleno colapso de Heathrow por la nieve, mientras esperábamos a poder desembarcar).

viernes, 12 de abril de 2019

No duermas, hay serpientes ("Don't sleep: There are snakes"), de Daniel L. Everett

Este libro lo he conocido recientemente gracias a Tom Wolfe, que se refiere a él en The Kingdom of Speech. En él, el autor nos cuenta su experiencia conviviendo con una tribu del Amazonas (no estrictamente, el río es el Maici, un afluente de un afluente de un afluente del Amazonas), la famosa tribu de los Pirahãs (famosa, gracias a la investigación de Everett).
 
Allí se nos fue el amigo como misionero, con una misión clara: aprender el lenguaje Pirahã para poder traducir al mismo la Biblia. No solo eso, sino que se llevó a su familia (mujer-hija de misioneros, y tres niños, el menor de 2 años). Pues bien, esta es la experiencia que nos cuenta, aderezada por sus investigaciones sobre el tal lenguaje.
 
No hay que engañarse: las experiencias vitales de Everett con los Pirahã no son más que el reclamo para que leamos los resultados de sus estudios sobre el lenguaje en cuestión. Y estos son importantes, porque desmontaron la teoría consolidada hasta el momento, propugnada por Noam Chomsky, de que existía una gramática universal o un instinto del lenguaje (versión de Pinker), que había surgido evolutivamente con el homo sapiens. Pero para los detalles de esta trifulca, mejor leer el libro antes citado de Wolfe.
 
Así las cosas, no es de extrañar la estructura del libro. La primera parte es la más atractiva, dedicada a las costumbres de los Pirahã y a las experiencias de Everett en su convivencia con ellos. Entiendo que esta es la parte que hizo del libro un verdadero best-seller. La segunda parte es más ardua, aunque sigue siendo entretenida: aquí nos cuenta Everett su investigación lingüística, con sus problemas y dificultades en el caso concreto de los Pirahã, lo que le fuerza a introducir conceptos de dicha ciencia. Es en esta parte en la que se suceden las críticas al trabajo de Chomsky, críticas que a mí me parecen en general certeras. El libro se cierra con las conclusiones, en las que Everett se nos pone mesiánico, y en las que podremos comprobar de primera mano lo tontos que se vuelven algunos antropólogos.
 
Aunque en el caso de Everett, uno empieza a dudar de su inteligencia desde el principio. Es brutal lo de que se lleva a la familia a vivir en esas condiciones. Pero hay dos episodios que hacen sospechar especialmente de su capacidad intelectual. El primero es el de la malaria de su mujer y su hija mayor. Básicamente, tiene que llevarlas al hospital más cercano para que no mueran. Hay dos opciones: esperar a la semana siguiente al vuelo programado a tal ciudad, o embarcarse con toda la familia (los dos enfermos adultos, más los dos niños pequeños) por un río que no conocer, para luego trasladar a todos a un pueblo en otro río, en el que supuestamente podrá montar en otro barco, que le lleve a otra ciudad, desde la que ya será fácil acceder a la principal. En fin. El hecho de que el episodio aparezca en el libro permite adivinar cuál fue su opción. A mí me parece, no ya una estupidez, directamente una irresponsabilidad.

El otro episodio tiene que ver con un bebé Pirahã que nace muy débil. Le están alimentando y van consiguiendo que sobreviva, pese a la indiferencia del padre. ¿Y qué hacen cuando ya ven que el bebé se va fortaleciendo? Pues se van los dos, Everett y su mujer, a hacer footing al campo de aterrizaje y dejan al niño al cuidado del padre. Claro, a la vuelta, el bebé está muerto. O, mejor dicho, "eutanasiado".

Disculpad esta crítica inicial a Everett, pero es que no puedo evitar recordar estos episodios, y algún otro, cuando llego a sus conclusiones sobre la felicidad de los Pirahã. Everett se pregunta, a la vista de ésta (supuesta felicidad), si merece la pena la religión y, sobre todo, la verdad. "The Pirahãs have built their culture around what is useful to their survival. They don’t worry about what they don’t know, nor do they think they can or do know it all. " ("Los Pirahã han construido su cultura en torno a lo que es útil para sobrevivir. No se preocupan de lo que no saben , ni piensan que lo puedan saber todo.", traducción propia).
 
Genial, si no fuera porque, por el camino, nos hemos enterado de cosas como las siguientes:
- No piensan a futuro, solo disfrutan del día a día. 
- Solo trabajan 20 horas a la semana, eso sí todos, desde el niño recién destetado. Es un trabajo entretenido, por suerte. 
- Tener un poco de hambre no se considera un contratiempo para los Pirahã. De hecho, de vez en cuando la ejercen, en vez de irse a trabajar (o, en otras palabras, el día que no trabajan, no comen, maravilloso).
- Los niños destetados lloran mucho al principio, pero es bueno, porque se tienen que acostumbrar a pasar hambre. Textualmente "The child recently stopped from nursing will have to enter this adult world of work."
- Son indiferentes a la muerte de niños y adultos. Han aprendido a convivir con ella, y no hace que varíen su ritmo de vida. Así lo justifica Everett tras ver la nula ayuda que le dan sus vecinos en el fatídico episodio de la malaria, antes apuntado; eso sí, le insisten en que traiga cerillas y medicinas a su vuelta. 

En resumen, si el sufrimiento y la muerte de los demás te dan igual, como le pasa a los Pirahã, puedes ser el tío más feliz del mundo. Por suerte, no todos los grandes personajes del mundo son como Everett (y la prueba de lo contrario la tenemos en Bertha Suttner, cuyo libro comenté ayer).

Vuelvo a pedir perdón, porque estoy siendo demasiado crítico con algunas de las cosas de Everett, y no querría dar la impresión de que el libro es malo, porque no lo es. Es muy ilustrativo y muy entretenido, y su lectura muy reveladora de aspectos sobre los que raramente tenemos noción.

Al respecto del lenguaje, Everett hace un análisis muy brillante. Su punto de partida, nos cuenta, era muy hostil pues los Pirahã son monolinguales, o sea, se enfrenta a una situación en que no hay nadie que hable Pirahã y otra lengua, por lo que hay que empezar de cero. Lo primero que notó es que existen relativamente pocos fonemas, lo que hace que las palabras tiendan a ser comparativamente largas, y muy similares a los oídos occidentales. Descubrió asimismo que su gramática no tenía recursión (nada de pronombres o frases compuestas), que carecían de cuantificadores (no sabían ni siquiera contar, ni podían aprender) y que sus verbos admitían hasta 16 sufijos (compárarese con los cinco del español), o sea, aproximadamente 65.000 formas posibles para cada verbo, frente a las cinco que tiene un verbo inglés. También nos explica Everett el concepto del canal del discurso, y nos cuenta que los Pirahã tienen cinco: humming, yelling, music, whistle, junto al normal.
 
Estas formalidades aparte, lo más interesante es la teoría de Everett sobre el principio de la experiencia inmediata que, según él, gobierna el lenguaje Pirahã. Esto es, solo hablan de lo que han visto, o de lo que ha visto alguien a quien ellos conocen o que han conocido. Así pues, su lenguaje no les permite abstracciones (que no han visto), ni tienen cuentos, mitos o historia (porque no son hechos que ellos hayan visto, o que haya visto alguien que haya tenido contacto directo con ellos). Es por ello que los esfuerzos de evangelización habían sido infructuosos durante décadas. Cuando se les hablaba de Jesús, preguntaban al misionero si le había conocido, y al responder este que no, perdían completamente el interés.
 
A partir de aquí, entra el ataque a Chomsky. Para Everett, la experiencia de los Pirahã demuestra que la relación entre cultura y lenguaje es bidireccional, y que por tanto NO hay tal cosa como una gramática universal subyacente en el individuo. El lenguaje Pirahã es reflejo de su cultura, de ese principio de la experiencia inmediata. El hecho de que la gramática Pirahã no sea recursiva, no significa que los Pirahã, como cualquier otra persona, no sean capaces de razonar recursivamente. Tal recursividad se podrá observar en otras facetas de la vida Pirahã, como, por ejemplo, en sus discurso, que sí son recursivos. 
 
También hay una interesante digresión sobre la relación entre lenguaje y pensamiento. Siguiendo la hipótesis Sapir-Whorf, el lenguaje limita el pensamiento. Aplicado a los Pirahã, eso significaría que no pueden contar, porque su lenguaje no lo permite. A esto contesta Everett que, siguiendo este razonamiento, no habría ciencia. ¿Cómo se habría podido descubrir la mecánica cuántica sin tener para palabras para los fenómenos cuánticos?
 
En resumen, ameno e interesante libro, con valiosas reflexiones sobre lenguaje, cultura y pensamiento, junto a una apasionante experiencia vital en medio del Amazonas. Lo único que desmerece es esa visión idealizada que tiene Everett de la vida y esa crítica velada al modo de vida occidental, que en el fondo es el que le ha permitido a él tener esta experiencia. Y no creo que lo diga con cinismo, el tipo me parece sincero en todo lo que cuenta, es simplemente que no da más de sí.

jueves, 11 de abril de 2019

¡Abajo las armas! ("Die Waffen Nieder!"), de Bertha von Suttner

Bertha von Suttner fue la primera premio Nobel de la Paz, en gran parte gracias a este libro. Ya anticipo que me parece una lectura imprescindible, por varias razones que irán apareciendo a lo largo de esta entrada. La novela es autobiográfica, muy centrada en un periodo concreto de su vida, entre 1859 y 1871, aunque el epílogo lo data en 1889.

En ese periodo de 12 años, Bertha (o, mejor, su alter-ego en la novela, Marta), vivió tres guerras: la guerra austro-italiana de 1859, la austro-prusiana de 1866 por unas tierras danesas, y la franco-prusiana de 1871 (una cuyas causas-disculpas parece haber sido que se ofreciera el trono español a un  Hohenzollern). Dichas guerras se llevaron, directa o indirectamente, dos maridos de Marta, tres hermanos y a su padre. Y eso que la señora era de clase muy alta, baronesa austriaca, hija de un gran general, y muy rica, vamos, que no vivía en la calle.

Lo más valioso de la novela es que nos sumerge de primera mano en esa época de la historia, nos mete en los intríngulis sociales, y, sobre todo, nos hace sentir de primera mano cómo veía la sociedad los conflictos bélicos. Y es impresionante. La guerra se veía, en primer lugar, como algo natural, inevitable, que ocurriría lo quisiéramos o no, como un terremoto o una inundación. La perspectiva empezaba a cambiar, pero de forma muy incipiente, al aplicar métodos científicos a la historia: en concreto, un libro de Thomas Buckle tendría una gran influencia sobre el punto de inflexión en la visión de Marta sobre la guerra. Hasta ese momento, solo tiene su intuición; después de su lectura, sabrá que sus ideas tienen base científica.

Mucha gente vivía de la guerra. A los niños se les inculcaba en el colegio el amor patriótico y el heroísmo que suponía dar la vida en la guerra por la patria. Sus libros de referencia eran bélicos, la historia se relataba (y se sigue haciendo) en base a batallas y vencedores, y sus juguetes les orientaban en este sentido desde muy pequeños. Seguramente, la visión que se obtenía de la guerra era de algo parecido a un aventura gloriosa, y para los involucrados lo de la defensa de la patria pasaba a segundo plano, llega a opinar Marta.

La guerra se veía como oportunidad para la promoción y el avance. Y estar contra la guerra era algo, no solo impopular y socialmente mal visto, sino que podía llegar a considerarse como traición. Si hablabas contra la guerra es que eras un cobarde. La gente que escucha a Marta, y a su segundo marido, en el mejor caso les tenían por locos. El padre directamente descalifica los razonamientos de Marta como cosas de mujeres, aunque la mayoría también estaban en las opiniones pro-guerra.

Es en este contexto en el que Marta irá alcanzando y defendiendo sus convicciones. Y todo ello es muy chocante desde la perspectiva actual, en que los argumentos de Marta se dan por supuestos, pero el punto es que distaban de ser obvios en aquella época. En este sentido, Marta es una revolucionaria y una visionaria. Entre otros momentos, su propuesta de un gobierno europeo para solucionar los eternos conflictos entre naciones es recibida con general cachondeo; anticipando más de 100 años la creación de la UE.

En cuanto al propio relato, en general muy bien escrito, no se limita a las numerosas reflexiones y debates en torno a la guerra, en los que se aprecian las enormes contradicciones que ya entonces eran palpables. También incluye aspectos más costumbristas, como la propia historia de amor con su segundo marido, Friedrich Tilling, la asistencia a la ceremonia del lavado de pies por parte de los monarcas austriacos o los desmayos de la propia protagonista, algo extraño en una dama capaz de mantener sus convicciones contra viento y marea. Y que incluso se nos va al frente de Königgrätz para tratar de encontrar a su marido. Ello le dará oportunidad de describir escenas dantescas, similares a las que nos muestran algunas películas recientes. Escenas, tanto las que ella vive como las que le cuentan, que ya no hace falta imaginar, pero que en aquella época debían de ser desconocidas para la mayor parte de la gente, salvo que sufrieran directamente las batallas. Y que, en todo caso, se ocultaban púdicamente para no desmoralizar a la población.

La curiosidad de Bertha/Marta le lleva a investigar en profundidad las causas de los conflictos que se están gestando, y que normalmente terminarán en guerra. Aunque esta parte es más difícil de seguir, la autora es capaz de transmitir el absurdo que subyace en el relato patriotico y en los debates, permanentes, sobre la necesidad de ir a la guerra. "Diese Gefahr in der einen Wagschale, und in der andern? Österreichisches Ansehen im deutschen Bund; schleswig-holsteinische Befreiung – »frische Lorbeerblätter im Ruhmeskranze des Heeres« ("Ese peligro en un platillo de la balanza, ¿y en el otro? La posición de Austria en la alianza alemana, la liberación de Silesia y hojas de lauleres frescas en la corona de la fama del ejército", traducción propia).

Otra de sus reflexiones, mientras viaja al frente, tiene que ver con la tecnología: cómo el telégrafo y el tren son magníficas ideas durante la paz, y cómo, en cambio, en tiempos de guerra permiten multiplicar por cien la bestialidad del ser humano.

Sobre los argumentos a favor de la guerra, Bertha recoge los seis estándar, y como se entrelazan unos con otros, de forma que en un debate, aunque consigas desmontar alguno de ellos, siempre hay margen para retomar otro, y sucesivamente. Aquí los dejo, con mis traducciones libres:

1. Kriege sind von Gott, – dem Herrn der Heerscharen, – selber eingesetzt, siehe die heilige Schrift.
(La guerra es una institución divina) 
2. Es hat immer welche gegeben, folglich wird es auch immer welche geben 
(Siempre ha habido guerra, y siempre la habrá) 
3. Die Menschheit würde sich ohne diese gelegentliche Dezimierung zu stark vermehren. 
(Sin las muertes que produce la guerra, la humanidad crecería demasiado) 
4. Der dauernde Friede erschlafft, verweichlicht, hat – wie stehendes Sumpfwasser – Fäulnis, nämlich den Verfall der Sitten zur Folge. 
(Una paz duradera emponzoña la sociedad y hace que se relajen las costumbres) 
5. Zur Betätigung der Selbstaufopferung, des Heldenmuts, kurz zur Charakterstählung sind Kriege das beste Mittel. 
(La guerra es el mejor medio para construir el carácter y tener oportunidades de sacrificio y heroicidad) 
6. Die Menschen werden immer streiten, volle Übereinstimmung in allen Ansprüchen ist unmöglich, – verschiedene Interessen müssen stets aneinanderstoßen, folglich ewiger Friede ein Widersinn. 
(Los hombres siempre pelearan porque es imposible el acuerdo en todos aspectos) 

Al final de la guerra de 1966, los Altenhaus (el padre de Marta) tendrá que soportar la convivencia con los soldados prusianos, en su mismo palacio de Grumitz, allí estacionados a la espera del tratado de paz o la invasión de Viena. Ni aún así cambiara el parecer del viejo general respecto a la guerra. Para que lo haga, será necesario que la epidemia de cólera ocurrida a continuación se lleve por delante a casi toda su familia, y aún así solo lo hará en su lecho de muerte.

Tras estos luctuosos sucesos, el escenario se trasladará a Paris, donde Marta y su familia conocerán la última de las guerras narradas en el libro, la franco-prusiana de 1871, y última antes de la primera Guerra Mundial. Aquí tienen necesariamente un papel más neutro, pero podrá contarnos con todo lujo de detalles la rumorología parisiense y las actuaciones de los políticos, los mismos que han declarado la guerra, para proteger la ciudad ante el inminente avance alemán. Por desgracia para Marta, la paz no significará el final de sus problemas, como nos muestra el final del relato con un giro propio de la mejor serie de suspense, aunque en este caso sea pura realidad.
 
En el epílogo, Marta ha vivido ya 18 años de paz, algo que parecía imposible tras los 12 contados. Su mirada es optimista, aunque ya es consciente de algunos borrones en el panorama, come la institución del servicio militar obligatorio, al parecer idea originalmente de Prusia. Razona bien el marido cuando dice que así solo se multiplicarán por mil las víctimas, pues la ventaja disuasoria obtenida por el primero que lo haga (claro, al hacer enorme su ejército), se perderá en cuanto los demás países hagan lo mismo. Aquí tiene una frase digna de Bastiat y Hazzlitt:
"Alles, was man unternimmt, muß man bis zu seinen letzten Konsequenzen – wenigstens soweit, als der Geist reicht, auszudenken wagen. Wir verglichen vorhin den Krieg mit dem Schachspiel – auch die Politik ist ein solches, Exzellenz, und das sind gar schwache Spieler, welche nicht weiter denken als einen Zug, und sich schon freuen, wenn sie sich so gestellt haben, daß sie einen Bauer bedrohen"
("Todo lo que se pretende realizar, debe analizarse hasta sus últimas consecuencias. Hemos comparado la guerra con el ajedrez, también la política es así, Excelencia, y sería muy malo el jugador que no pensara más allá del siguiente movimiento, y se conformara, tras haber movido, con amenazar a un peón", traducción propia).

Otras frase de las que he rescatado de los diálogos entre Marta y marido con políticos y militares, preciosa por la metáfora: "Keinem vernünftigen Menschen wird es einfallen, Tintenflecken mit Tinte, Ölflecken mit Öl wegputzen zu wollen – nur Blut, das soll immer wieder mit Blut ausgewaschen werden!" ("A ninguna persona razonable se le ocurrirá limpiar una mancha de tinta con tinta, o una de aceite con aceite - solo la sangre parece que puede lavarse con sangre", traducción propia)

Y otra más, esta para ilustrar las contradicciones del ministro "Allerdings" en su relación con los prusianos:  "Ich hasse jene als Nation, nicht als Individuen" ("Les odio como nación, no como individuos",(!), traducción propia)
 
Como dije al principio, me ha entusiasmado esta novela. Si tengo que destacar algo, es lo bien que transmite ese ambiente generalizado, esa visión social de la guerra durante el siglo XIX, que sabemos que tendría su culmen al principio de la Primera Guerra Mundial, cuya declaración fue celebrada en las calles de todas las ciudades europeas involucradas, como bien se sabe. En ese entorno es el en que se desenvuelve la resistencia de la protagonista, su voz es la discordante, la heterodoxa, no la mainstream. 
 
Y yo me pregunto si llegará a pasar lo mismo con los que hemos visto los graves problemas que los mecanismos democráticos presentan para la sociedad, sobre todo en la medida en que erosionan los derechos de propiedad. Por supuesto, ahora mismo hablar mal de la democracia es anatema. Pero quizá en 100 años lo que sorprenderá a la gente será que hayamos estado tantos años bajo ese "yugo" y creyéramos que era libertad.

martes, 9 de abril de 2019

Serie: O Mecanismo (Túnel de Corrupción)

Se trata de una serie brasileña (!) de esas que Netflix coge y exporta al resto del mundo. Sino, ni nos enteraríamos de su existencia. La gracia que tiene esa serie es que refleja la trama con la que se descubrió el gran escándalo brasileño de los últimos años, y que se ha llevado por delante a sus dos últimos presidentes, el popular, pero corruptísimos, Lula da Silva, y a su sucesora, la no tan popular pero igualmente corrupta, Dilma Roussef. Ambos del Partido de los Trabajadores, claro, o sea, el PSOE brasileño.

La primera escena de la serie es como la de las grandes , y te engancha ipso facto. En ella, Ruffo, uno de los policias protagonistas, nos hace la típica reflexión honestidad policiaca-corrupción política que anuncia el fin de la república y del país. Luego, la serie no es para tanto, pero en todo caso se ve bien. Total, son ocho capítulos de 40 minutejos que se pasan volaos.

Los principales protagonistas son el tal Ruffo (Selton Mello) y su compañera Verena (Caroline Abras), pero al equipo policial pronto se unirán un par de agentes más, uno con conexiones misteriosas. También es fundamental para la trama el juez Paulo Rigo (Otto Jr,). Frente a ellos, se alzan dos malos, Roberto Ibrahim (Enrique Díaz), un libanés cambista en el centro de la trama, y el director de la compañía Petrobras João Pedro Rangel (Leonardo Medeiros), que son la verdadera llave para identificar al resto de corruptos, y ya hemos visto hasta donde llegó el lodo.

La serie, como digo, se ve bien y es entretenida, pero que nadie espere un documental riguroso o similar. La mayor parte de los sucesos se sacrifican a los efectos dramáticos de la trama (lo de que la policía no dejara vigilante en las oficinas del tal Rangel tras encontrarlas cerradas, es de traca, aunque también pudiera ser que la policía brasileña sea realmente así de negligente).

Tampoco hay una descripción seria de la trama de corrupción, o sea, ni cómo se montó, ni motivación. La serie solo se centra en cómo se descubrió, pero sin tampoco ser demasiado explícita, pues la cosa se resume en cómo hacer confesar a los dos malos arriba citados. Lo curioso es que tiene momentos de verdadera telenovela (sobre todo, en las escenas con la familia de Rangel) y también escenas subidas de tono sin venir mucho a cuento. En mi experiencia, los dos primeros capítulos de una serie siempre tienen alguna escena sexual, supongo que con el objetivo de hacerse interesante a determinado tipo de audiencia; luego, si la serie no va de sexo, estas escenas desaparecen, a menos que tengan que ver con la trama. En cambio, en O Mecanismo, tienes garantizada una escenita con tetas en todos los capítulos. Supongo que es que los brasileños tienen la sangre más caliente que el espectador medio.

Las mejores escenas se reservan para los dos últimos capítulos, en que se empieza a comprender cómo funciona "el mecanismo" que da título a la serie. Son excelentes las escenas con el fontanero de la alcantarilla, la espiral que le permite a Ruffo entender el mecanismo, y la escena casi al final con la misiva a su mujer.

Como he dicho, una serie entretenida, de buena factura, en la que se empiezan a describir las tramas burocráticas y políticas corruptas que han campado por Brasil, y que seguramente sigan campando, como han campado desde el mismo origen del país (así nos lo explica Rangel al comienzo de su declaración en el capítulo 6). Habrá segunda temporada, y la veré, y seguramente también me lea el libro de investigación periodística en que está inspirada la serie (Lava Jato, de Vladimir Netto).

lunes, 1 de abril de 2019

La hija de la española, de Karina Sainz Borgo

Segundo "fenómeno editorial" que leo consecutivamente. Lo comenzaba con cierto resquemor tras la relativa de decepción del recién leído "También esto pasará". Resquemor que se agudizaba cuando el relato empieza, también, con la muerte de la madre de la protagonista. Y que duró hasta aquí, porque a partir de eso momento la narrativa de Sainz Borgo te atrapa, te mastica y te escupe.

Madre mía, qué novela. La acción transcurre en la Venezuela de Chavez y Maduro, ese verdadero infierno de inflación, apagones y feudos, en el que gente como la protagonista, Adelaida Falcón, tiene que sobrevivir al día. Confieso que el interés de esta novela me venía inicialmente de conocer de primera mano estas condiciones de vida. Desgraciadamente, la imaginación se queda corta respecto a lo que allí pasa. He hablado de apagones, que al parecer son algo normal allí; aquí solo nos hemos enterado del último que ha durado varios días. Y de los Hijos de la Revolución alguna imagen he visto, pero no sabía que también hubiera Motorizados por la Patria, verdaderos ejércitos paramilitares de moteros, inicialmente viviendo del régimen, y ahora buscándose la vida con sus "habilidades".

Horroroso. Los asaltos son continuos, cualquier disculpa absurda puede dar con tus huesos en la cárcel o en el cementerio. Creo que esta situación caótica, de luchas de feudos, no la tenemos asociadas a otras repúblicas socialistas, como Corea del Norte, Cuba u otras ya desaparecidas. Debe de ser la aportación caribeña a las dictaduras comunistas.

En este entorno tan hostil no sumerge la autora gracias a un estilo sin igual, a un estilo descarnado, de metáforas sucias y violentas, que combinan vomito, sangre, fuero y lágrimas. Y que resulta tremendamente efectivo en transmitirnos lo que pueden sentir las personas normales que les toca vivir cosas así.

Sorprende especialmente la violencia de las mujeres. Ahora que acabo de leer a Pinker postulando la "feminización" como fuerza pacificadora de la humanidad a lo largo de los siglos, es chocante esa involución venezolana, mostrada en grupos de mujeres, típicas canis gordas, que no tienen reparos en corromperse para quedarse con los bienes de los pobres a los que dice proteger el régimen, ni en matar a sus oponentes y despojarles de su bienes. Es quizá esta escuadra de mujeres el más temible de los rivales que tendrá que confrontar Adelaida.

Sainz Borgo utiliza con gran eficacia también los flashbacks a su infancia y juventud. Aquí nos muestra una Caracas normal, llena de gente ilusionada, de emigrantes europeos, de riqueza y de electrodomésticos. Nos habla y nos canta los llamados cantos del Pilón que compartían las venezolanas mientras hacían sus tareas. El contraste es brutal, abismal. Lo que en un momento podría ser España, incluso Alemania, tan solo unos años después se ha transformando en un infierno. Solo por esta razón, deberían leer esta novela todos aquellos que tengan veleidades podemitas: si vas a votar a Podemos, lee primero este libro. Y si el pintado es el futuro que te gusta, entonces aciertas con tu voto.

Llama la atención que con este escenario de caos, sin alimentos, sin transporte, sin luz, lo único que parece funcionar razonablemente bien son las telecomunicaciones. Todos tienen su móvil y con él graban cosas; e Internet funciona con gran dignidad, y resultará fundamental en el devenir de la protagonista.

¿Y el título? Bueno, la hija de la española es Aurora Peralta, la vecina de Adelaida, hija de esos emigrantes ilusionados que jamás pudieron imaginar la Venezuela actual. Será instrumental en el desarrollo de la novela, pero esto no lo voy a contar. En parte, porque da igual: la trama argumental está bien hilada y es amena, pero no es lo importante de este libro.

La autora se muestra también bastante sutil en el análisis psicológico de los sufridores de la revolución. Creo que se puede resumir en este párrafo:
"Olvidamos la compasión, porque ansiábamos cobrar el botín de aquello que iba mal. En los rostros de aquellos hombres y mujeres se dibujaba un gesto que comencé a reconocer en el mío al mirarme al espejo: una hendidura en medio de los ojos. Los días se parecían más a la intendencia de una guerra que a la vida: algodón, gasas, medicamentos, camas sucias, bisturís sin filo, papel higiénico. Comer o curarse, nada más. El siguiente en la fila era siempre un potencial oponente, alguien que poseía algo más. Los que vivían luchaban a dentelladas por las sobras. En aquella ciudad sin desenlaces, peleábamos por un sitio para morir." 

Como también hay tiempo en esta novela para el amor, terminado trágicamente como no podía ser de otra forma, os dejo con una frase de esa parte de la trama:
"Si tuviera que elegir una de las fronteras que cruzamos, me quedaría con la de su piel.
 
 Muy recomendable esta lectura, merece mucho la pena, tanto por estilo como contenido. Ojalá la lea algún votante de Podemos antes de depositar su voto.