lunes, 20 de noviembre de 2017

El puente de los asesinos, de Arturo Pérez Reverte

No tardé demasiado en arrepentirme de haber comenzado este libro una vez hecho. Afortunadamente, no es largo, ya que soy de las personas que tienen que terminar los libros que empiezan. Pero ha sido un sufrimiento por aburrimiento.

Lejos están esos tiempos en que disfruté con la lectura de las primeras obras de Pérez Reverte: La tabla de Flandes, El maestro de esgrima, El club Dumas. Disfruté mucho con su lectura, aunque todas tenían en común que la apasionante trama se esfumaba al final, y el autor no conseguía darles un desenlace satisfactoria, a la altura de la magnífica historia.

Tras estos tres, no volví a leer nada, hasta que sacó El capitán Alatriste, con su hija Carlota como co-autora, en un claro intento de promocionar a la moza para la profesión paterna. El truco no le dió resultado, pero tampoco la novela era una gran cosas. Entretenida y poco más, desde luego nada suficiente para hacerme proseguir con la saga.

Y posiblemente así hubiera sido de no haber oído a gente generalmente fiable, recomendar este "El puente de los asesinos" como una excelente novela. Me dije, por qué no, Pérez Reverte me gustó en su momento, quizá ahora Alatriste haya madurado lo suficiente como para intesarme.

No fue así. Desde el principio se me atragantó el estilillo castellano clásico que utiliza Reverte en estas novelas. En su momento me parecía llamativo, ahora me parece cutre y poco verosimil. Obsérvese por ejemplo esta frase: "con buenas zancada hizo peñas y buen tiempo, tomando las de Villadiego". ¿Por qué tiene que decir con dos circunloquios que el tipo salió huyendo? ¿Quién escribía así? Lo único que parece es que el autor quiere hacer muestra de su erudición y conocimiento de la "parla" (como dice él) de la época.

A esto hay que unir que se combinan dos tipos de narración: una en primera persona, por el acompañante habitual de Alatriste, un tal Iñigo, y otra de narrador objetivo. No se entiende esta mixtura, salvo para justificar el uso de la parla de época. A mí me han resultado desconcertantes los cambios de narrador, y tampoco se justifica por la trama o como recurso narrativo para esta historia.

Pérez Reverte fracasa completamente en su empeño por trasladarnos a la época en que ocurren los sucesos. Sus intentos son patético, propios de un niño empollón que se sabe la lección sin entenderla. Las descripciones de Milán y Roma, por ejemplo, no dejan de ser una retahila de los monumentos y edificios del momento, pero completamente frías, no transmiten un mínimo atisbo de la vida del momento. Parecido ocurre con los personajes: no profundiza en ninguno de ellos. De los compañeros de aventura, poco conoceremos más que su región de procedencias; y de los notables que aparecen, tipo Quevedo, Saavedra Fajardo y Gonzalo Fernández de Córdoba, tampoco se nos llega a transmitir un mínimo sobre su personalidad. Qué diferencia con Posteguillo.

Se podría argumentar que se trata de una novela infantil. Pero, francamente, no me parece que lo sea, aunque la saga empezara como tal. Ni determinadas escenas ni el lenguaje utilizado hacen esta novela recomendable para niños.

Todo esto quizá se pudiera perdonar si la novela fuera entretenida. Pero tampoco es el caso. Es aburrida, prácticamente no ocurre nada. Solo hay diálogos más o menos relevantes, y muy poquita acción. Nada de aventura ocurre hasta pasado más de la mitad del libro, y lo que ocurre entonces tampoco es relevante para la trama. Solo se anima un poco al final (aunque quizá sea únicamente el lector el que se esté animando ante la perspectiva de terminar el libro), cuando cuenta en paralelo la actividad de dos grupos en la conjura que se nos cuenta. El otro momento que se puede salvar de este libro es la visita "turística" del Arsenal de Venecia que hace un grupo de protagonistas.

Sintiéndolo mucho, no puedo recomendar esta novela. Me hubiera gustado poder hacerlo, y seguramente de ser así ahora estaría planteándome recuperar las novelas no leídas del autor. Como no ha sido el caso, el señor Pérez-Reverte y yo partimos peras, y esta vez me temo que de forma definitiva.





viernes, 17 de noviembre de 2017

Limonov, de Emmanuel Carrère

No conocía ni al escritor ni al protagonista de esta obra, pero decidí leerla tras ver que la habían empezado a leer en un grupo de francés que conozco, y que además tenía el Premio Reanudot de la Lengua Francesa. Y siempre tengo curiosidad por leer éxitos contemporáneos tanto en alemán como en francés, que, al contrario que los que están en inglés, rara vez llegan a nuestro país.

Me he encontrado con una biografía, o sea, un libro histórico, de un estilo muy similar al recientemente leído HHhH. Esto es, una narración histórica aderezada por las "aventuras" del escritor para la construcción de la misma. Se trata de un género que me parecía nuevo con HHhH, pero que quizá no sea tan original. O que quizá esté poniéndose de moda. A priori resulta interesante, pues permite meter anecdotas o críticas que en una narración meramente histórica no tendrína cabida.

El tal Limonov es un personaje curioso, aunque quizá un poco marginal, aunque lo digo desde el desconocimiento casi absoluto de la realidad actual en Rusia. Su atractivo le viene, y en esto coincido con el autor, de su variedad de experiencias vitales, difícilmente alcanzables para los individuos convencionales, y coste que no estoy hablando de irse a vivir a la selva, sino de cosas mucho más convencionales.

Limonov fue integrante de un movimiento underground en el Moscú soviético, mayordomo de un rico-hombre de Manhattan, combatiente en las guerras de los balcanes. presidiario en la Rusia de Putin, lider de un partido político nacional-bolchevique y, principalmente, escritor y poeta. Vamos, que ha estado en posiciones de un rango difícilmente imitable, aunque la fama se la han dado sus obras literarias.

Pues bien, es esta la historia que nos cuenta Carrère, utilizando para ello los libros del propio protagonista, que sigue vivo en la actualidad. El resultado no es tan satisfactorio como el que obtuvo HHhH. Por un lado, cuenta una historia bastante menos interesante que la del complot contra Heydrich; por otro, el estilo narrativo de Carrère es peor, más imbricado y menos elegante; y, por último, los "apartes" que nos hace el autor son de escaso interés, y parecen a mayor gloria suya (¿para qué nos cuenta su estancia de dos años en Bali?), con el defecto de romper el hilo narrativo principal.

En cuanto a la vida de Limonov propiamente, me ha resultado especialmente interesante la parte referente a sus años iniciales en la URSS. Hay pocas oportunidades de conocer cómo era con un mínimo de objetividad, y lo sorprendente es que, incluso en las lamentables condiciones que todos conocemos, la gente llevaba una vida mínimamente normal: se cambiaban de casa, tenían sus amigos, sus novias, sus sueños...

El resto de la narración es más convencional, sobre cosas más conocidas: la vida en Nueva York en los 60 o su paso por Paris como escritor de relativo éxito. De allí nos trasladamos de vuelta a Moscú y luego como soldado a Serbia. Reflota algo el interés, pero ya no como al principio, y eso que a priori parece más interesante, pero es que para entonces Carrère ya nos ha roto el ritmo con sus aventurillas y con una interminable lista de nombres rusos a los que conocen ellos y su madre. Todo ello hace que al final del libro estemos pidiendo la hora, y eso que nos están contando sus años en prisión, la creación del partido NAZBOL y, en definitiva, su oposición a Putin, que parecía ser la principal razón para conocer a Limonov.

Por el libro desfilan algunos personajes notables (de verdad). Entre ellos destaca especialmente Solzhenitsyn, del impacto de cuyo libro "Archipiélago Gulag", tanto en la URSS como allende fronteras, nos podremos hacer una buena idea gracias a esta obra. Es curioso como su figura preside todo el preceso, precisamente hasta el momento en que se derrumba la URSS, y con ella su posición, hasta el punto de que su última novela pasó completamente desapercibida. Otros personajes interesantes son Brodsky, Tatiana Liberman,Gorbarchov, Yeltsin y Egor Gaidar, el tipo detrás de la reforma económica en Rusia, y que, atezado por algunos de los comentarios de Carrère, más ha atraído mi curiosidad.

Resulta que el tal Gaidar era un tipo bastante liberal (en sentido de libre mercado) y su reforma económica consistió básicamente en liberalizar toda la economía por vía directa, incluyendo servicios como la propia defensa. Así que podría ser que el mercado ruso fuera un ejemplo de este tipo, aunque no seré yo quien me ponga a estudiarlo. El caso es que esta liberalización es la que parece llevar mal el señor Carrère. Ya al principio nos endilga que "Rusia es un país que se preocupa poco por las libertades formales siempre que cada uno tenga derecho a enriquecerse". Claro, si no sabes teoría económica, no eres consciente de que es este último "derecho" (precisamente, sería una libertad) la única forma de garantizar las otras.

Cierro con observaciones cortas, para reflexión o lectura
- La obra más destacada de Limonov, según el autor, es el "Journal d'un raté", no traducido a español
- Limonov considera que para ser respetado tiene que dar la impresión a sus conocidos de ser capaz de matar. En el libro no que da claro si llegó a matar en alguna ocasión.
- Carrère llama la atención sobre el hecho de que Limonov toca fondo muchas veces, al contrario de lo que ocurre en las narrativas convencionales, donde el héroe remonta tras tocar fondo. Limonov se ve obligado a empezar de cero muchas veces.

Y una frase, la pongo traducida. "El hombre que se considera superior, inferior o igual a otro, no comprende la realidad". No es original de Carrère, la recoge de otro autor al que no recuerdo.

lunes, 13 de noviembre de 2017

La piedad peligrosa ("Ungeduld des Herzens"), de Stefan Zweig

¿Es Stefan Zweig el mejor escritor en lengua alemana? La verdad es que cada vez que leo alguna obra suya me lo pregunto. Y eso que de entrada me dan un poco de pereza, como esta "Ungeduld des Herzens", de título mal traducido (qué guay, ya sé suficiente alemán como para detectar problemas en las traducciones).

Pero es comenzar a leer algo suyo, y ahí salta el espectacular narrador Zweig para llevarte y traerte por las peripecias físicas y psicológicas de sus héroes. A quien no haya leído al señor Zweig, dos recomendaciones imprescindibles: El mundo de ayer (que yo leí en español en la que me pareció una magnífica traducción) y Los momentos estelares de la humanidad (esta ya sí en alemán, aunque con bastantes pérdidas). Y, entre estos últimos, el mejor sin duda el dedicado a la composición del Mesias por Haendel.

La novela que nos ocupa es eminentemente psicológica, un género en Zweig destaca por encima de ningún escritor por mí conocido (quizá Marias se le acerca; ¿Sandor Marai?). La sutileza con disecciona los sentimientos de los personajes es magistral, sin paragón. Una muestra es el ya citado capítulo dedicado a la composición del Mesias, que te hace saltar y vibrar con Haendel en su lecho.

Lo que se nos cuenta en esta novela es realmente sencillo: un militar de clase media acude a un baile organizado por el noble del lugar donde está su cuartel. Se lo pasa fenomenal, pero en un momento dado se acuerda de que sus deberes de educación le reclaman sacar a bailar a la hija del señor Kefelskava, que así se llama el noble.

No ha reparado en que la chica sufre invalidez en las piernas. Ello da lugar a un incómodo episodio, que a su vez trairá consigo nuevas visitas al palacio y una creciente relación de amistad/amor/compañía entre ambos. Eso da pie a Zweig para explorar y llevar a sus extremos el sentimiento de lástima o compasión (yo no diría piedad como se ha traducido), y su relación con el amor y la amistad.

La frase clave la proporciona el doctor que atiende a la recuperación de la dama, quien, por cierto, está casado con una señora ciega a la que no fue capaz de curar, y básicamente consiste en la diferenciación en dos tipos de compasión: aquella real, que está dispuesta al compromiso con la persona que sufre, y aquella otra a corto plazo que lo que trata es de apagar un fuego y huir, la "Impaciencia del corazón" que da título alemán a la novela. Obsérvese la fineza del análisis.

Por supuesto, estos son los momentos principales de la novela, especialmente cuando el protagonista lee determinado cuento de las Mil y unas Noches, y se identifica con el héroe del mismo que se ve atrapado y confinado a llevar a sus espaldas a un pobre pordiosero por el que tuvo lástima en un momento dado. En otro momento, hace introspección sobre la naturaleza de su compasión por la joven heredera, en comparación con la que "tiene" por su chofer al que inmisericordemente hace levantar de la cama para que le acerque al cuartel en una noche de invierno.

Hay otros momentos psicológicos dignos de mención, aunque no relacionados directamente con la compasión, como cuando hace una "lucha de sombras" con el doctor en el paseo a la estación de tren; las reflexiones de éste sobre lo que significa que una enfermedad sea incurable; la evolución de la visión que tiene Kefelskava del dinero en el momento en que muere su mujer; o el análisis introspectivo ya terminando la novela sobre la naturaleza del amor, la compasión y el desprecio de los colegas,

Como no solo de psicología vive el lector, Zweig también nos deleita con una escena digna del mejor cuento de hadas, que es el desfile con la antigua carroza por los dominios que fueron de la nobleza del pueblo. Aquí tendremos contacto con la vida rural de la época, eso sí, solo con su parte más festiva, ya que el paseo se hace un domingo.

Y para rematar y dejar claro el talento narrativo de Zweig, el mejor exponente es la filigrana que traza para contarnos el pasado de Kefelskava y cómo consiguió su riqueza, y en concreto el palacio en que transcurren los principales eventos de la obra. En efecto, para tal fin utiliza al doctor, que le está contando al protagonista (quien a su vez se lo cuenta a Zweig, que nos lo cuenta a nosotros) lo que en su moemento le contón Kefelskava, a quien a su vez se lo habían contado terceros que aparecen en su historia. Obsérvese que por momentos apacecen cinco narraciones "anidadas": Zweig nos cuenta lo que le cuenta el protagonista que le contó el doctor que le contó Kefelskava que le contó un tipo en el tren. Lo alucinante es que no te pierdes. Ese es el talento inigualable de Zweig.

Lo bueno es que tras esta novela he eliminado la pereza pre-Zweig, y ya tengo un par de libros del autor enfilados para próximas lecturas, uno de ellos la biografía de Fouché.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Sexual Desire: A philosophical Investigation, de Roger Scruton

Hace no mucho leí "Fools, Frauds and Firebrands", de Roger Scruton. Cuando indagaba sobre él, me encontré con que Scruton también tenía ensayos filosóficos sobre temas interesantes, como la música, la belleza o, por qué no, el sexo. Lógicamente, me apunté la posibilidad de leerlos una vez acabara con su libro-insignia. Y, como se puede ver, ya ha he empezado. Y lo he hecho por el relacionado con el sexo, que posiblemente sea el que menos me interesa, pero al mismo tiempo me parecía el más original: análisis filosófico del deseo sexual.

Y ya lo anticipo antes del rollo que viene (porque me temo que esta va a ser una entrada de las largas), que el libro me ha parecido magnífico, bastante mejor que el de los "Fools...", bastante más claro y bastante más constructivo. Creo que es en libros como éste donde Scruton demuestra que es un verdadero genio, un monstruo de la filosofía. Y, por supuesto, no tardaré en comenzar con los otros dos arriba referidos, empezando por "Understanding Music".

Breve referencia al estilo antes de empezar con el contenido. Scruton escribe de una forma muy didáctica y fácil de entender, aunque transmita conceptos complicados. El problema que puede tener esta lectura es el rigor con que Scruton se aplica a su tarea, llevándole a preguntarse y contestarse demasiadas cosas, quizás más de las que a uno le parecen necesarias o le gustarían. Quizá eso haga que el libro gane en entretenimiento, pero hace más difícil seguir la línea argumental básica. Por otro lado, a cualquier lector le llamará la atención la gran cantidad y variedad de citas literales que Scruton utiliza, lo que además hace en diversos idiomas, incluyendo alemán y griego, sin molestarse muchas veces en traducir. Es estas citas las que Scruton usa a modo de evidencia "científica" sobre lo que analiza.

Pero entremos ya en madera, que hay mucho que contar. El primer punto fundamental es la distinción entre la visión científica y la visión intencional del mundo (el Lebenswelt): este último es un mundo superficial, pero no por ello con menos causalidad que el científico (natural). Scruton considera que el deseo sexual es una manifestación del mundo intencional, y que por tanto no se puede explicar con las ciencias naturales, como trata de hacer Wilson a partir de su Sociobiología.
El otro punto básico de partida consiste en la aceptación de la existencia de un punto de vista privado, privativo, no compartible, sobre el que cada uno es la autoridad indiscutible (rule of authority). Scruton dedica a clarificar estos conceptos sendos anexos, que, por cierto, son lo más difícil de digerir de su ensayo.

Así pues, es en el Lebenswelt donde el "ser humano" animal, el analizable mediante la biología, pasa a ser "persona", y las personas constituyen el objeto de interpersonalidad en el Lebenswelt. De la misma forma, por ejemplo, se distingue entre sexo (visión científica, macho vs hembra en función de atributos físicos) y género (hombre y mujer, obviamente influido por los aspectos físico-biológicos, pero no coincidente con el sexo). O, y también es otro ejemplo con repercusiones en el ensayo, la visión de uno mismo como realidad presente (por tanto, guiado por los deseos existentes en cada momento) o como realidad vital (esto es, responsable no solo de lo presente, sino del pasado, de toda la vida de uno mismo). Como dice Scruton, esta visión "duradera" de las personas es un constructo que una vez más procede del Lebenswelt, y no se puede explicar científicamente por la biología.

Con estos mimbres, Scruton establece unua clasificación de los actitudes interpersonales en torno a 6 atributos, en los que luego tratará de encajar los tres conceptos que trata de explicar: arousal (excitación?), deseo y amor.

Las clasificaciones son: universal vs particular, transferible vs no transferible; con o sin propósito; mediata o inmediata; attentive o inattentive; basada en la razón, sin razón o "razonada" ex post. Aquí encaja Scruton el deseo sexual, caracterizándolo como una interacción particular, no transferible, sin propósito, inmediata, attentive, y razonada ex post (si no recuerdo mal). Esta caracterización serviría para diferenciar deseo de amistad o de amor erótico, por ejemplo.
 
Para Scruton el deseo sexual consiste en desear la unión con la persona concreta (del Lebenswelt), lo que se traduce en desear la unión física con su "embodiment", como única posibilidad real de conseguir tal unión. El autor llama repetidas veces la atención sobre la contradicción que supone el deseo sexual, al desear un sujeto pero donde la única posibilidad que existe de satisfacer tal deseo es transformarlo en objeto (deseo espiritual que solo se puede hacer en lo carnal). Es esta contradicción la que tratará de resolver posteriormente con su propuesta de moralidad sexual.
 
Armado con esta visión, es capaz de refutar (con éxito, a mi entender), tanto la teoría biológica del sexo (representada por Wilson y su Sociobiología) como la psicológica (aquí el rival es Freud). Respecto a la primera, es claro que la biología no puede explicar el sexo, por ser este un fenómeno del Lebenswelt y no puramente biológico. Más duro es el ataque contra Freud y el psicoanálisis en general. Me quedo aquí con que realmente Freud no explica nada sobre el sexo, sino que simplemente lo confina a una realidad intesteable, cual es el subconsciente. Para Freud el sexo no deja de ser un mito procedente del líbido y las zonas erotógenas, pero para él que no tiene explicación que ofrecer.

Y también con esta visión del deseo como relación interpersonal, y a modo de chequeo de sus hipótesis, Scruton dedica un capítulo a explicar, de nuevo satisfactoriamente a mi entender, aspectos de nuestra vida como la obscenidad, la vergüenza, la modestia, los órganos sexuales, los celos, o conductas como el donjuanismo, el tristanismo (querer morir por el ser amado) o el sadomasoquismo.
  
Una vez explicada la excitación y el deseo sexual, llega el momento de centrarse en el amor erótico (en oposición al amor a los hijos o a los padres), y en su relación con el deseo. La visión que tiene de esta relación me resulta muy atractiva. Para Scruton el amor supone una "integración" del deseo en el tiempo, el paso de una visión a corto plazo (satisfacción del deseo) a una a largo plazo (proyecto vital). Donde el arousal carece de razón y el deseo es se razona ex-post, la relación de amor es ya una decisión razonada, y quizá sea esta característica la que mejor permita distinguir entre estas tres relaciones interpersonales de una forma sistemática.

Lógicamente, esta visión del amor erótico es la que le lleva a proponer una moralidad sexual aristotélica, como veremos un poco más abajo. Pero previamente, Scruton analiza el concepto de perversión, para tratar de dar una visión más acorde de la misma con sus hipótesis filosóficas. Y eso le lleva a considerar como perversiones aquellas actitudes que pretenden al otro no como "persona" (del Lebenswelt) sino únicamente como objeto, como medio para su satisfacción personal. Con este criterio, analiza una serie de prácticas sexuales para ver si son perversas o no: bestialismo, necrofilia, pederastia, sadomasoquismo, incesto, homosexualidad, fetichismo, masturbación y castidad

Es este uno de los capítulos más apasionantes del libro. Y aunque predecible, no por ello merece menos la pena su lectura. Por supuesto, Scruton considera las tres primeras perversiones, pues se está tratando de satisfacer el deseo con versiones disminuidas de "personas" para poder dominarlas o evitar sus complejidades. Ni el sadomasoquismo ni la homosexualidad son, según Scruton, perversiones per se, aunque ambas (como el "amor" convencional) puedan tener versiones perversas, si alguna de las partes utiliza al otro no como persona.
 
Ya está Scruton en condiciones de proponer una moral sexual, que, por supuesto, partirá de la visión del ser humano como ente vital (el constructo de que somos todo lo que hacemos en nuestra vida). Por tanto la moral sexual, la educación sexual, ha de ser tal que permita al individuo conseguir el "amor erótico", esto es, que le posibilite trascender del mero deseo sexual (corto plazo) a un amor erótico pleno (largo plazo). Y con este criterio, una vez más Scruton se lanza a explicar aspectos tradicionales, empíricos, de la moral sexual tradicional, como puedan ser la castidad, el evitar la promiscuidad, el uso de la fantasia...

Por último, Scruton da el salto a la política, al afirmar que la implantación de una moralidad sexual como la propuesta (o cualquier otras) requiere de instituciones, pues no todo el mundo está en condiciones de leer o entender a los filósofos (la otra manera de adquirir moralidad). Aquí desliza un pequeño error respecto a Hayek, al considerar que las instituciones no pueden ser "espontáneas" y han de ser firmes, como el Estado. Parece que Scruton habría leído demasiado deprisa a Hayek, ya que cuando este autor se refiere a que las instituciones sean espontáneas, no lo está diciendo en el sentido de aleatorias , sino en su forma de aparición independiente de la voluntad de un individuo concreto.

Bueno, aquí dejo este pequeño resumen con lo que he entendido del magnífico ensayo de Scruton, que espero que os anime a su lectura. Yo, al menos, he aprendido un montón.
 
 

lunes, 6 de noviembre de 2017

El poker del mentiroso ("Liar's Poker"), de Michael Lewis

Sorpresa agradable esta lectura. Me tropiezo con él com recomendación para aquellos a los que les ha gustado "House of Lies". Esta novela, inspiradora de la serie homónima, es supuestamente una de burla de la consultoría estratégica. Y, claro, me atrae porque uno tiene un pasado tal.
 
Por su parte, el autor de "Liar's Poker" es Michael Lewis, que descubro es también el autor de "The big short" en que se basa la magnífica película homónima, con el título español "La gran apuesta". La conjunción de ambas circunstancias hace que inmediatamente me decante por la lectura, con la idea de que es una obra burla, en este caso, de los bancos de inversión.

No es así. Pero no por eso el libro desmerece, ni mucho menos. Aunque empieza como si fuera a ser paródica, tras un par de capítulos nos damos cuenta de que Lewis nos va a contar su experiencia en Solomon Brothers cuando trabajó allí en los años 80. A veces será con comentarios irónicos, a veces no, pero siempre será interesante y bien documentado.

¿Qué conclusiones de pueden extraer? Muchas y muy jugosas. La primera es que el oficio del trader no tiene nada que ver con ser inteligente o saber teoría económica o matemáticas. Es un oficio de matones, de gente que no tiene miedo a jugar con cosas muy importantes, que sigue sus instintos a morir. Esto no se adquiere estudiando, y casi el único factor relevante parece ser la juventud: esto es, no dar demasiadas vueltas a las cosas y lanzarse, las mismas razones por las que los soldados han de ser jóvenes también, si no no habría quien les arrastrara a a la guerra. Lo del master en Harvard es irrelevante, como lo prueba el background que nos explica Lewis para algunos de los principales triunfadores en la profesión, como Rainieri, o el comportamiento de muchos de estos tipos en los cursos de formación al entrar en a firma, cual si fueran niños de secundaria. Pero, vamos, se puede resumir en esta frase que dice alguno a sus compañeros:
"If you guys weren't trading bonds, you'd be driving a truck. Don't try to get intellectual in the marketplace. Just trade.'

El autor es muy crítico con métodos para invertir, como el chartismo, al parecer mucho más utilizado en Europa que los USA, y hace referencias al mismísimo pater del Value Investing, Benjamín Graham. Esto, junto a una de las frases de su epílogo "One of those beliefs is that the amount of money one earns is a rough guide to one's contribution to the welfare and prosperity of our society.", hace pensar que alguna simpatía por la economía austriaca debe de tener. 
 
Y para quien le dude, que chequee esta frase, clara crítica al mainstream estudiado por él y sus compañeros traders: 
"Studying economics was more a ritual sacrifice. I can't prove this, of course. It is bald assertion, based on what economists call casual empiricism. I watched. I saw friends steadily drained of life. I often asked otherwise intelligent members of the prebanking set why they studied economics, and they explained that it was the most practical course of study, even while they spent their time drawing funny little graphs. They were right, of course, and that was even more maddening. Economics was practical. It got people jobs." (obsérvese la ironía final)

Porque, como se ha dicho más arriba, Lewis tiene claro que lo que hacen los traders no tiene nada que ver con la economía, sino más bien con, bueno, los huevos. Dos citas al respecto:
"economic theory (which is, after all, what economics students were supposed to know) served almost no function in an investment bank" y más divertida aún, sobre la forma de reestructuras Solomon Brothers tras las primeras crisis: "The men who made the decision were practicing their favorite anatomical trick of thinking with their balls. In other words, they weren't thinking at all but trading." (subrayado mío)
 
Me llama la atención cómo Lewis describe la creación del mercado de cédulas hipotecarias, y sus famosas franjas (trenchs), detonante de la crisis de 2007, y que haga referencias a la Ginie Mae y Freddie Mac, que saltaron a la palestras en ese año. Y me llama la atención porque este libro es de 1989, pero ya ilumina con claridad las distorsiones que se estaban creando en esa parte del mercado, guiadas por las preclaras mentes de traders como los de Solomon.
 
Lewis es también crítico y se burla de aquellos pundits, periodistas, analistas, que pretenden ser capaces de explicar los movimientos de los mercados con un par de eventos ingeniosamente unidos. Y nos dice: "I spent much of my working life inventing logical lies like this. Most of the time when markets move, no one has any idea why. A man who can tell a good story can make a good living as a broker." (otro subrayado mío).
 
Lo que me lleva a otra de las frases estrella, con la que no puede estar más de acuerdo y que también  le he dicho a todo el que me ha querido oir cada vez que algún banco "alerta" de una crisis:
"(Note to members of all governments: Be wary of Wall Streeters threatening crashes. They are tempted to do this whenever you encroach on their turf. But they can't cause a crash any more than they can prevent one.)".
 
Lo cierto es que este libro, pese a su edad avanzada (en mercados bursátiles 1987 es un pasado muy lejano, se han sufrido al menos dos crisis gordas desde entonces), tiene muchas enseñanzas de actualidad, y señala errores y comportamientos que seguramente se estén repitiendo. Por eso, y porque es muy entretenido (en general, los capítulos más históricos, en que no está contando su experiencia personal, son más rollo), merece la pena leerlo.
 
Dejo algunas frases más de las que he ido rescatando de la lectura: 
"There are those who would have you think that a great deal of thought and wisdom is invested in each take-over. Not so." (en fin, mejor no pensarlo)
"A successful undergraduate investment banking interview sounded like a monastic chant." (Todos sabían lo que había que responder a cada pregunta que te hacían)
"At that time I hadn't had the education required to feel poor on forty-eight thousand dollars"
"But the traders did not become correspondingly more refined in their behavior. For each step forward in market technology they took a step backward in human evolution." (O sea que imaginemos como estarán ahora de involucionados con lo que ha cambiado la tecnología de los traders desde 1987, pensemos tan solo en Internet y los móviles)

viernes, 27 de octubre de 2017

El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín

Turno para los clásicos españoles. Esta obra, y su autor, comparten mi imaginario con don Benito (Pérez Galdós) y "La Regenta", de Leopoldo Alas Clarín, revelando con claridad que proceden de cuando estudiaba literatura en el instituto.

Tengo la sospecha de que ya la había leído. Pero, por si acaso, me la he vuelto a leer. Se trata de una obra de teatro, o sea que mal empezamos, que además está en prosa, lo que reduce aún más su interés como lectura. Y desgraciadamente, al ser un drama, tampoco hya momentos cómicos.

Por si fuera poco, su temática está completamente obsoleta: la imposición a las hijas por parte de los padres (en este caso, la madre) de un modo de vida, que aquéllas aceptaban sin rechistar, pues para ello se las había educado. No creo que en la actualidad haya muchas niñas/chicas/jóvenes que se puedan identificar con esta situación, por lo que la obra les resultara extraña. Quizá se pudiera a extrapolar a aquellos hijos que se ven frustrados en la vida por querer alcanzar el ideal que (piensan) esperan de ellos sus padres, pero me parece mucha disquisición psicológico para esta obrilla.

La historia es típica del teatro clásico: una chica (doña Paquita) se enamora de un chico (don Carlos, aunque para ella don Félix), pero su madre (doña Irene) la quiere casar con un señor (don Diego). La casualidad, siempre presente, hace que por supuesto don Diego sea el tio rico de don Carlos, lo que sienta las bases para un buen final de la obra. Por cierto, no os perdáis el momento en que, con toda naturalidad, doña Irene nos cuenta que ha tenido 20(!) hijos, de los que solo ha sobrevivido Francisca. Y no estamos hablando de hace tanto.

Pero lo importante en ella es la insistencia de don Diego por querer conocer los verdaderos sentimeintos que inspiran a doña Paquita, más allá de la educación recibida. Esto permite una cierta crítica a la educación que entonces se daba a las damas, lo que ocurre en el tercer acto, que es en el único que la obra se acerca a la dimensión de clásico que tiene. Aquí encontraremos, aparte del previsible desenlance, las frases clásicas de esta obra: "Esto es lo que se llama criar bien a una niña: enseñarla a que desmienta y oculte las pasiones más inocentes con una pérfida disimulación", "Todo se les permite, menos la sinceridad".

Y poco más. Como ya he dicho, me parece que es una obra que ha perdido vigencia y carece de interés. Quien quiera leer teatro clásico, que se vaya a la imprescindible "La vida es sueño" (de Calderón de la Barca, en honor de quien se bautiza don Carlos como don Felix, lo que revela que también Fernández de Moratín le tiene por uno de los grandes).

miércoles, 25 de octubre de 2017

Die Rezeptur des Bösen, de Birgit Jasmund

Una brevísima entrada para comentar este corto relato, que tenía en mi kindle a consecuencia de algún regalo de Amazon.de a sus suscriptores. Y es que a libro regalado...

Se trata de una precuela de un libro de la misma autora que quizá sea más conocido, "Der Duft des Teufels" (El aroma del demonio). Tiene pinta de ser un libro juvenil, y así espero que lo sea, porque para adultos resulta muy pobre. Se trata de cómo fuerza el demonio a un alquimista para la ejecución de unos planes que le permitan aparecer en Colonia (supongo que en la novela principal), para lo que nombra a la hija del alquimista algo así como su reina. Para tal empeño, el alquimista obligará a un chaval que se encuentra por el bosque a que le ayude.

No hay casi diálogos, no hay razonamientos, ni sutileza psicológica. El alquimista ordena a su aprendiz que el siga, y si no lo hace, le tortura. Poco más. Lo único interesante es la breve descripción que hace de Trier cuando llegan a esa ciudad en pos de materiales para su alquimia.

Evidentemente, la única razón para leer este relato es practicar el alemán. O, si te ha gustado la novela principal, que asumo no traducida, poder leer algo más de sus personajes antes de que llegue la inevitable siguiente entrega.

martes, 24 de octubre de 2017

Evangeline, de Henry Wadsworth Longfellow

No creo que este poema, calificado por algunos como epopeya, sea muy conocido fuera de Canadá, y eso que el autor es un clásico inglés. En cualquier caso, para mí era lectura obligada desde que conocí de él en visita a Grand Pré en Novas Scotia, Canadá.

Evangeline es una presencia constante entre los acadios, movimiento que ha conocido un resurgir reciente de la mano del padre Lefebvre, sí, el mismo del rito cristiano homónimo. En todo caso, los acadios eran colonos franceses que se instalaron en torno a la bahía de Fundy, entre Nova Scotia y New Brusnwick. Como tales, eran independientes de su Francia de origen. Pero cuando los ingleses vencieron a los franceses y les echaron de esas tierras, esta independencia no fue suficiente para borrar su ascendencia, y la desconfianza hizo que los ingleses los expulsaran de sus tierras (algunas ganadas al mar, como la de Grand Pré), en una deportación de escala épica.

Es esta precisamente la historia y el contexto de la obra que comento.

Como dije, se trata de un poema, aunque yo no diría que es épico. Y casi ni poema. Me desconcierta mucho el verso inglés éste que no rima al final, y supuestamente lo hace en el ritmo. Alguna vez leí sobre cómo se construía la poesía en inglés, pero no lo entendí demasiado, así que esta parte se escapa a mi disfrute. También he leído poesía en inglés que rima de verdad (por ejemplo, Lost Paradise, de Milton), por lo que no vale el truco de rimar por medio.

Por otro lado, la historia que narra tampoco es propiamente una epopeya en sentido clásico. De hecho, es muy simple: Evangeline acaba de comprometerse con su futuro marido, cuando se produce la deportación ordenada por los ingleses. Como consecuencia, los acadios son expulsados fuera de sus tierras sin orden ni concierto, terminando ambos amantes en barcos y destinos distintos. A partir de aqui se  nos cuenta la búsqueda de Evangeline por toda Norteamérica en pos de su amado, hasta que se vuelven a encontrar, ya a punto de morir, en Filadelfia.

Pero no nse entra al detalle de ninguna de las peripecias, prácticamente lo único que se hace es enumerar los lugares por los que pasa, por lo que no estamos ante algo similar a la Odisea. Y como no hay batalla con los ingleses, sólo orden de deportación, pues tampoco nos aproximamos a la Iliada.

¿Qué es lo más interesante que he encontrado? Las referencias a los lugares canadienses en que estuve y las descripciones que hace de los mismos en lo época de los acadios. Realmente, esto constituye la primera parte del libro, en que tenemos oportunidad también de asistir a algunas escenas costumbristas. Luego, ambos son deportados, y entramos en una segunda parte que básicamente en una descripción de los lugares a los que le lleva su búsqueda a Evangeline, empezando por Lousiana, y terminando con Filadelfia, pero pasando incluso por ciudades entonces españolas (y calificadas como tal propio Longfellow), como Adayes. Es en la descripción de estos sitios, en la riqueza de comparaciones y metáforas, donde más destaca esta obra.

En resumen, entiendo que esta obra sea un clásico para los Acadios, pero a mí me ha resultado mediocre. Cosa que ya me ha pasado, por cierto, con algunas otras obras clásicas en determinados países, como el Popol Vuh o "La hija del adelantado", en Guatemala, o "Bajo el Yugo", de Ivan Basov, en Bulgaria. Se trata de enternecedores clásicos locales que raramente alcanzan un nivel global, pero posiblemente porque no merecen tal atención, no porque sean locales.

lunes, 23 de octubre de 2017

Past Mortem, de Ben Elton

Segundo libro que leo del autor en este mes, en esta fase de recuperación que le estoy haciendo tras tenerlo años abandonado y acumulando sus obras. Esta lectura ha sido en libro físico, no en kindle, como son prácticamente todas las que hago.

Curiosamente, este libro lo compré nada más verlo publicado, y lo mantuve en bodega como a los buenos vino, para degustar su lectura en el momento más apropiado, pues Ben Elton es (era?) mi autor inglés contemporáneo preferido. Pero por el camino llegó el Kindle y el libro se quedó varado. Me ha costado Dios y ayuda dejar el kindle de lado, pero era justicia que tarte o temprano tenía que hacer a esta adquisición.

Y me he encontrado con posiblemente el peor libro de Ben Elton de los que he leído hasta el momento, y solo me quedan dos más, que preveo leer el próximo mes. Se trata de una novela policíaca al más puro estilo clásico, con asesino en serie e intriga hasta el final para saber quién es el asesino. El puro relato policíaco se adereza con los complejos sexuales del detective protagonista, tanto respecto a sus antiguas compañeras de cole como a la actual colega del trabajo.

El problema del libro es que no hay más. Por supuesto, se mantiene el estilo brillante y absorbente tan propio de Ben Elton, pero, esta vez no hay críticas sociales ni las disgresiones cómicas que aprendí a apreciar en sus libros. Apenas hay un chiste o dos en toda la novela. Pero lo peor es que es completamente predecible: el asesino se adivina prácticamente la segunda vez que aparece, y a partir de ahí la narración es bastante aburrida: lo único que quieres es que avance la secuencia de asesinatos para que se confirme la teoría que manejas. Como ocurre esto, también te esperas hasta las sorpresas y giros narrativos. Muy flojo y muy inverosimil por momentos. El tema principal es el bullying en los colegios, lo que tampoco ayuda a que se pueda bromear mucho con el tema.

Quizá lo mejor de la novela es la escena erótica dura en que el protagonista se relaciona con una de sus ex compañeras de cole, en que hacen mil guarrerías de esas que hemos oído hablar y cuya gracia, al menos un servidor, no entiende. Y Elton ratifica mi sospecha, al describir como se siente el protagonista al hacerlas: sucio, asqueroso, aunque su excitación le impide oponerse frontalmente a su desarrollo ante el entusiasmo de su compañera. Contrasta mucho esta escena con otro que habrá posteriormente con otra de las protagonistas. Como digo, tal vez lo más interesante de la novela, estas escenas y sobre todo su contraste.

En cuanto al momento más divertido, ocurre cuando inspeccionan el diario de una joven política conservadora, y está compuesto de la actividad habitual de un político: peluquería, maquillaje, TV, gimnasio, radio... La crítica a la actividad política es manifiesta aunque sutil. Por otro lado, los de mi generación disfrutarán de las constantes referencias a los 80, tanto a su música, como al cine ("Superdetective en Hollywood") o a las series.

Termino con un sintagma que me ha encantado:"untended unloved communitary garden". La tragedía de los Comunes en las palabras de Ben Elton.

lunes, 16 de octubre de 2017

La amante de Bolzano, de Sandor Marai

Vuelvo a leer a Sandor Marai después de más de 10 años. Entonces leí la que posiblemente sea su obra más conocida, "El último encuentro", y me gustó bastante (aunque por mi vida no recuerdo nada de ella).

Presumo que con ésta me pasará lo mismo (o me pasaría, si no fuera por esta entrada en el blog). Se disfruta mientras se lee, porque es una novela magníficamente escrita (o, al menos, traducida), muy al estilo Javier Marías. Pero en una obra en la que realmente no ocurre nada, y todo se queda en los diálogos, casi monólogos, de los tres personajes principales. Por eso, parece que lo importante será las reflexiones sobre la vida que estos te trasladan, pero tampoco uno tiene humor en una novela para meterse en reflexiones demasiado profundas. Para eso, leo a Scruton o a algún otro filósofo, no a Marai.

La historia, o más bien, la escena, transcurre en Bolzano, algo fácil de adivinar a tenor del título. Allí ha llegado Giacomo Casanova tras escaparse de Venecia con un compañero, el monje Balbi. Y es en Bolzano donde hace, por así decirlo, parada y fonda, para planificar su futuro.

Al principio, parece que el tema va a tener que ver con la libertad y la rebeldía contra el tirano. Hay en general excitación allá por donde circula Casanova, despertando emociones en la gente con la que tiene contacto más o menos indirecto. Por eso le dicen que "parece que en tu equipaje llevas emociones humanas". Pero el tema no se desarrolla más. Luego tenemos un magnífico diálogo (este sí), entre Casanova y el banquero que le va a prestar dinero, donde uno habla de crédito y otro de garantías.

Pero todo ello no es más que la preparación para los encuentros decisivos con el Conde de Parma y la esposa de éste, que fuera amante de Casanova hasta que éste perdió un duelo con el primero. Estos encuentros se solventan con otros tantos monólogos: primero el del conde, luego uno interno de Casanova mientras se disfraza para la fiesta, y uno final de Francesca, la amante de Bolzano.

En el primero, el conde entrega una misiva que ha interceptado de Francesca a Casanova, que únicamente tiene tres palabras "Te debo ver". La magistral disección de tan escueto mensaje le lleva al conde un montón de páginas, hasta llegar a su conclusión y encargo al protagonista. Eso sí, no queda claro si el conde está siendo simplemente sarcástico con lo magistral del mensaje. En cualquier caso, tendremos frases como ésta: "Sí, hijo, es más difícil escapar de un sentimiento que no ha llegado a su término que de los Plomos durante la noche", en referencia a la fuga de Casanova.

En el segundo, Casanova comparte sus reflexiones internas mientra se disfraza de dama para la fiesta en que ha de re-conquistar a la dama, acto que piensa consumar en su habitación. Sin embargo, estas reflexiones quedarán interrumpidas por la aparición de Francesca, disfrazada precisamente de caballero. Así que se produce la paradoja de la conquista al revés. Y ello en otro monólogo magnífico que esta vez realiza Francesca, puntuado por las emocionantes respuestas de Casanova. Ese "Es poco" con que responde a la primera tirada de su amanta es literalmente "breathtaking". También de éste quiero rescatar una frase: "Es un arma (la razón) sin fuerza ni posibilidad de victoria en el duelo de los sentimientos". Dedicado a los que quieren razonar con pensadores de izquierdas.

La obra se cierra con la rendición de cuentas de Casanova a su contratista, lo que permite a Maria otra de esas frases por las que merece la pena leerle: "La aventura ha sido nivea, excelencia, y no obstante ha encerrado en sí misma todos los colores que expresan y significan algo para las personas que vivimos en este mundo.". Se va y no hay más que la frase con que cierra la novela: "Solo a ti para siempre", muy de Javier Marias.

Ahora quedarían mis reflexiones al respecto, pero no las tengo nada claras. El conde está ofreciendo a Casanova una vida resuelta; Francesca, el amor indeleble, incluso algo agobiante. Entre ambos, Casanova opta por huir: ¿representa el miedo a madurar? ¿el miedo a sacrificar la libertad por el compromiso? Yo ni idea.

Marai es siempre una buena lectura, aunque no tengo tan claro ya que sea tan buena como me pareció en el pasado. Me resultan más interesantes novelas con acontecimientos históricos o ritmos más trepidantes, que éstas llenas de reflexiones.

sábado, 14 de octubre de 2017

Retrato del Colonizado ("Portrait du Colonisé"), de Albert Memmi

Cuando comenté Las 100 claves de África, ya dije que de las cosas más aprovechables de su lectura había sido la obtención de nuevas referencias de literatura africana. Este es el primer libro que leo de los que allí me resultaron atractivos.

Y comienzo con un ensayo, no propiamente literatura, pero que me ha resultado a la par ameno e informativo. Y eso que los comienzos no podían ser más desalentadores, con un prólogo de Jean Paul Sartre, a quien he tomado cierto miedo tras leer a Scruton, y un claro sesgo izquierdista del autor que se percibe nada más empezar a leer el ensayo. Y, no obstante, creo que se trata de una visión muy completa del tema y, paradójicamente, muy fácil de aplicar a situaciones actuales. El propio Memmi se plantea si su ensayo no debería de ser más bien un "retrato" del oprimido, en vez de solo del colonizado, pero no se atreve con la generalización, porque no quiere apartarse de su propia experiencia.

El ensayo propiamente tiene dos partes, o dos retratos: el del "Colonizado" le da el título, pero también hay un retrato del "Colonizador", que es con el que empieza el ensayo. Si bien Memmi circunscribe su experiencia a la de colonizado (en concreto, en Túnez), también se apresura a confesar que, dada la jerarquía impuesta en las sociedades colonizadas, él se puede ver como "colonizador" de otros grupos inferiores.

En cuanto al colonizador, Memmi explica su comportamiento en torno a tres parámetros: beneficio, usurpación, privilegio. Ello explica porque los "colonialistas" se corrompen en colonizadores por muy buenas intenciones que tuvieran al principio. Y también explica la incompatibilidad entre ser de izquierdas y ser colonizador, en uno de los pasajes más incómodos del libro: Memmi tiene una visión de los pensadores de izquierdas bastante distinta de la que tenemos en la actualidad, sobre todo cuando los pone como defensores de la libertad. En todo caso, su razonamiento le lleva a que un colonizador solo puede ser fascista. Y no está mal razonado, lo que falla es realmente la visión idealizada que tiene de la izquierda.

Porque Memmi sí parece tener claro que gran parte del problema del colonialismo es el Estado, aunque a veces lo agrupe con la economía. Es especialmente revelador el apartado dedicado a analizar cómo los ciudadanos de la metropoli son también explotador por el colonizador vía el Estado. O sea que los privilegios de los colonizadores los garantiza el Estado (no el mercado) mediante los impuestos de los ciudadanos, lo de siempre. Este se completa con un análisis hayekiano (Why worst get on top) explicando porque los colonizadores son normalmente gente muy mediocre.

Después de este primer retrato, el segundo, el del Colonizado, resulta un contrapunto, tanto en contenido como, sobre todo, en riqueza de ideas. Parece que Memmi se vacia en el primero, y se queda sin nada para el que da título al libro. Quizá la causa sea que Memmi no nos da tanto una visión del Colonizado, como la visión que el Colonizador tiene del Colonizado. Porque no me creo que los colonizados se ven a sí mismos como vagos o negligentes, como empieza describiendo Memmi.

No obstante, sigue habiendo ideas muy aprovechables. Por ejemplo, cómo el colonizado se ve constreñido a actuar como tal, tanto por las instituciones externas, impuestas por el Colonizador precisamente para subyugarle, como por la propia presión interna, que vienen de su grupo e incluso de su propia percepción psicológica.

Memmi a continuación analiza cómo puede el Colonizado alcanzar un statu quo similar al del hombre "normal", no necesariamente privilegiado, y concluye que la única posibilidad es la revolución. En efecto, la asimilación no es el camino, porque si el colonizador la acepta, destruira la propia relación colonial y se acabarán sus privilegios. Por tanto, es un imposible fáctico: la asimilación del colonizado supondría el fin de la colonia. Ello deja como único camino la revolución, y ello conlleva la vuelta a los valores tradicionales del colonizado (religión típicamente) pero de una forma radical, ya que para afirmarse a sí mismo necesita negar todos los valores del colonizador, incluso los que serían positivos. Se rechaza a todos los colonizadores y a todos sus valores.

La verdad es que este ensayo me ha sorprendido muy gratamente, pese a los inicios aparentemente izquierdistas. Y también me ha sorprendido, aún más, por su vigencia y actualidad. Me explico. Aunque es evidente que ya no existen colonias, el análisis que se realiza puede valer para cualquier grupo opresor en relación con sus oprimidos, con independencia del grado de opresión. Por ejemplo, puede valer para entender los comportamientos de los políticos en países como el nuestro, donde se han puesto por encima de la ley, y se les puede considerar como casta opresora, y sus votantes como oprimidos.

O también puede valer para analizar el caso que estamos viviendo en tiempo real en la cercana Cataluña. ¿De verdad son "colonizados"/oprimidos los catalanes? La verdad es que de la lectura de este ensayo, parece más bien que los "colonizados" seríamos el resto de españoles, y especialmente los que viven en Cataluña. Resulta estremecedor la coincidencia de la descripción.

Por último, y más interesante aún, creo que este ensayo proporciona claves para comenzar a entender lo que ocurre en países como Irak, Afganistán y otros países asiáticos y africanos. Sería muy interesante conocer qué hubiera dicho Memmi con la perspectiva actual. Pero yo diría que lo clavó, y nos ha aportado una explicación sobre las causas de ese fanatismo.

Ya sé que acabo de recomendar HHhH como lectura, pero me temo que me toca hacer otro tanto con este ensayo de Memmi. Además, este me parece imprescíndible.



viernes, 13 de octubre de 2017

HHhH, de Laurent Binet

Heydrich es uno de esos personajes oscuros que solemos asociar al Nazismo y a Hitler, sin saber a ciencia cierta (al menos un servidor) qué papel desempeñó en tal régimen. Esta novela de Binet nos da una oportunidad de conocer mejor al personaje, aunque, como bien dice el autor, no sea el protagonista de la misma.

HHhH nos cuenta la historia del atentado que dos paracaidistas checoeslovacos realizaron sobre el tal mandatario, y que eventualmente le costó la vida. Y lo hace de una forma espectacular, como más adelante contaré, una vez hable un poco más de Heydrich.

Heydrich fue un tipo muy importante en el esquema Nazi, y quizá lo hubiera llegado a ser mucho más, si no hubiera sido por este atentado. Su físico era el del ario prototipo, aunque se rumoraba ascendencia judia. Fue el segundo de Himmler, aunque para muchos era más brillante. De hecho, el extraño título de la novela son las siglas de la frase alemana "Himmler's Hirn heisst Heydrich" (el cerebro de Himmler se llama Heydrich).

Entre sus obras más importantes está el diseño la llamada Solución Final, tras constatar personalmente que soluciones más cercanas (tipo fusilamientos en masa) destruían psicológicamente a los encargados de llevarlas a cabo (sus SS). Asimismo, fue nombrado protector de Chequia (Eslovaquia era un país satélite independiente), y por eso es allí donde le encuentra su destino. Según Binet, Heydrich podría haber sido el candidato natural a suceder a Hitler, y seguramente lo hubiera hecho desde planteamientos más aceptables por el resto de las potencias mundiales, lo que quizá hubiera hecho el régimen y sus conquistas tolerables durante más tiempo. De ahí la importancia histórica del evento.

Evento que, junto con sus preparativos y contexto histórico, incluyendo muchas anecdotas macabras sobre el régimen nazi, nos cuenta Binet. Lo más llamativo de esta novela es, sin duda, el estilo con que Binet nos lo cuenta, pues no se limita a la narrativa histórica, ni mucho menos: la mitad de la obra son sus reflexiones, no sobre los hechos, sino sobre cómo contar la historia, o sobre las fuentes que ha utlizado, o sobre los sentimientos que le inspiran los distintos protagonistas. Y esto lo hace hasta el punto de reconocer errores en capítulos anteriores tras haber descubierto una nueva fuente. Sorprendente, pero le funciona a la perfección.

Ello le da oportunidad, por ejemplo, para referirse muchas veces a Praga, escenario de los hechos, a la que califica como la ciudad más bonita del mundo. No puedo estar más de acuerdo, y eso no hace más que acrecentar mi simpatía hacia él. O considerar que las chicas eslavas son muy guapas, en concreto las de Kosice, algo que también comparto. Ahí asi mismo varias referencias a la magnífica obra de Jonathan Little, Les Bienveillantes (Las Benevolas) cuya lectura es imprescindible para cualquiera que le guste leer: es un clásico de nuestro tiempo. Y también al soldado Svek, cuya lectura no me despierta tanto entusiasmo (lo leí precisamente este año, en las entradas de abril podéis encontrar la reseña).

Con todo y con eso, cuando monsieur Binet se pone en modo narrativo puramente, también resulta magnífico. Es buena la narración con la que nos cuenta el atentado y las acciones posteriores. Pero la escena que es realmente espectacular, la que por si sola puede justificar la lectura de esta novela, la que consigue que se te salten las lágrimas (como Posteguillo tras la batalla de Zama en Las Legiones Malditas), es la del asalto en la cripta de la iglesia de los Stos Cirilo y Metodio, en que se esconden los autores del atentado junto con otros compañeros infiltrados. Una escena épica, digna de la mejor novela. No quiero decir más, aparte de que hasta tiene un punto de humor negro cuando, al final, el soldado alemán encargado de verificar la situación en la cripta responde con una "voz literalmente de ultratumba".

No quiero terminar este comentario sin recoger una frase con la que Binet justifica la necesidad de esta novela, y que también en épica: "Ceux qui sont morts son morts, et il leur est bien égal qu'on leur rende hommage. Mais c'est pour nous, les vivants, que cela signifie quelque chose. La mémoire n'est d'aucune utilité à ceux qu'elle honore, mais elle sert celui qui s'en sert" (Los que están muertos, están muertos, y les da igual que les rindan homenaje. Pero es para nosotros, los vivos, que ello significa algo. La memoria no tiene ninguna utilidad para aquellos a que se honra, pero les sirve a aquellos que se sirven de ella. - la traducción es mía y no hace justicia al original).

Esta novela es magnífica y supone el descubrimiento de un escritor, Laurent Binet, del que ya tengo en cartera otra novela (La séptima función del lenguaje), que es por la que encontré su nombre. HHhH, además, creo que ha sido llevada recientemente al cine, o sea que aquí mi gusto es también el de las masas. No perdáis oportunidad de leerla.



martes, 10 de octubre de 2017

Time and time again, de Ben Elton

Aunque poco conocido por estos lares (creo que solo una de sus novelas se ha traducido a español), Ben Elton es mi autor inglés contemporáneo preferido. Aparte de novelas, también ha hecho guiones cinematográficos, de musicales y de series (las divertidísimas temporadas 2 a 4 de Black Adder, por ejemplo).

A mí me enganchó con su obra Gridlock (sobre los atascos en Londres), leyendo la cual me lo pasé cañón. Y tan cañón que me compré todas sus obras y me las traje en mi maletita de vuelta a España (estamos hablando de 1995). Desde entonces le he seguido y me he ido comprando sus novelas conforme me enteraba. Así fue hasta que llegó el Kindle, y al empezar a leer exclusivamente en electrónico, dejé reservada la última novela que de él tenía (Past Mortem). Hasta hace poco. Aún no he leído Past Mortem (la tengo en papel), pero hace poco actualicé mi colección y me compré para Kindle las últimas novelas que ha publicado. Y, claro, me puse a leer una, ésta, la más reciente.

Elton me enganchó porque sus novelas son divertidas, cómicas. Lo mejor en ellas eran las disgresiones, en que planteaba de forma irónica sus opiniones sobre diversos aspectos de moda en la sociedad. Pero, poco a poco, su estilo se fue haciendo más serio, sus novelas más enfocadas al relato, y desaparecieron estas maravillosas disgresiones. Eso sí, su estilo narrativo sigue siendo magistral, como también se mantiene la originalidad de sus enfoques e ideas. En suma, aunque no te ries tanto, siguen siendo novelas que merecen la pena y de muy amena lectura.

"Time and time again" encuentra sus raíces, ni más ni menos que, en el ilustre Newton. El punto de partida es un mensaje en el que explica que el tiempo también es relativo y realiza unos cálculos para estimar en qué lugar y momento se producirá el próximo cruce temporal, permitiendo por tanto volver atrás en el tiempo. Ello dará oportunidad para debatir sobre las causas de los sucesos históricos, y sobre cuál sería el suceso histórico a alterar para conseguir, por ejemplo, un mejor siglo XX. No creo que sea demasiado spoiler decir que el evento elegido es, por supuesto, el asesinato de Sarajevo que dio lugar a la Primera Guerra Mundial. Pero a partir de aquí si cuento algo más, sí habría elevado riesgo de spoiler, o sea que no hablaré más del argumento.

Aunque Elton se ha vuelto más serio desde hace tiempo, aún se pueden ver sus resquicios cómicos en algunos momentos. Aquí se podrán apreciar, por ejemplo, en el físico "star media" que explica los fundamentos científicos de la teoría de Newton, que es una clara parodia de los físicos y economistas divulgadores. O también en la conversación que tiene con una dama de 1914 en el tren camino de Viena sobre los gays, o el uso de expresiones contemporáneas en tal época.

Alguna frase que me ha gustado, al respecto de los centinelas que siempre aparecen fumando en las películas: "Smoking had been a kind of two-finger salute to the enemy. We are not scared of you. Look, we're killing ourselves anyway", que se puede traducir como "Fumar era como sacarle el dedo al enemigo. No te tenemos miedo. Mira, nos estamos matando nosotros mismos de todas formas".

O, para referirse a algún momento de paradoja temporal: "It was still there, he knew that. Or more accurately, already there". (Estaba todavía allí, eso lo sabía. O mejor dicho, ya allí).

El estilo de Elton es el de siempre, aunque quizá esta vez me ha parecido que abusa de las frases cortas colofón, que normalmente hace en contrapunto o matización o un párrafo previo. Pero, da igual, Elton consigue atraparte en la lectura con su estilo y la constante intriga. Y, por supuesto, con la traca final de sorpresas, que en este caso hay varias, algunas esperables, otras más sorprendentes. Y es que Elton siempre parece llevarte por derroteros conocidos, y siempre, siempre, es para dar la vuelta al marcador cuando menos te lo esperas. No es esta novela una excepción.

¿Recomendar esta  novela? Sin duda. Pero también sin duda recomendar al que no conozca a Elton que comience por otro sitio a recorrer su obra, pues ésta no es la mejor que ha escrito. ¿Gridlock? ¿Dead & Famous? O quizá Popcorn, la única traducida y que además se llevó al teatro, incluso aquí en Madrid (aunque no recuerdo que durara mucho; yo sí la vi). Leo un par de libros, y vuelvo con Ben Elton, aún me quedan tres sin leer.



lunes, 9 de octubre de 2017

Sapiens: De animales a dioses ("Sapiens: A brief history of humanity"), de Yuval Noah Harari

En este lamentable ensayo, que está cogiendo cierta fama, el autor nos cuenta su visión sobre la historia de la humanidad, desde la aparición de la especia hasta el momento actual. Es un libro de caracter divulgativo, bien escrito y fácil de leer, y repleto de razonamientos falaces, ignorancia épica y errores históricos. O sea, más peligro que un saco de bombas.

El primer punto que cabe destacar es la absoluta ignorancia del autor sobre economía, lo que no le impide hablar una y otra vez del mercado y el capitalismo, unas veces para bien, y la mayoría para certificar los males de este último. Solo dos apuntes al respecto: maneja la teoría del valor intrínseco de los bienes (abandonada desde hace 150 años) y atribuye el desarrollo del capitalismo a la reserva fraccionaria, que confunde con el funcionamiento del crédito. Y, claro, para él el dinero es una ficción, algo creado por los Estados en algún momento.

Con estos mimbres, mala historia del Sapiens cabe esperar. Si a ello unimos algunos flagrantes errores históricos, como decir que los numantinos eran celtas, o que Escipión Emiliano derrotó a Cartago, o afirmar que no había esclavitud en Europa antes del descubrimiento de América. Y eso los que le pillo cuando habla de aspectos históricos que conozco.

Por si fuera poco, incurre en constantes contradicciones metodológicas, como reconocer (correctamente) que los eventos históricos tienen muchas causas y no se ha de caer en la predicción ex-post, para a continuación hacerte una narración causal según su perspectivas de los eventos que le interesan.

A no mucho tardar, ya se da cuenta de lo que le espera a uno con este libro: cuando defiende que el estilo de vida de los "foragers" era mucho mejor que el de los agricultores. Y luego explica cómo los Sapiens nos vimos atrapados en la agricultura de tal forma que cuando nos dimos cuenta era demasiado tarde. Razonamiento que, por cierto, repite para explicar el triunfo del capitalismo. En fin. Tendría que haber dejado la lectura, pero no lo hice, por lo que ahora tengo que moderar mis exabruptos contra esta basura.

Dice que el hombre se tiene que ordenar siempre en jerarquías, pero para él son iguales las jerarquías impuestas por la fuerza (ie Estados, comunismo) que las que surgen de la libertad (ricos y pobres) o de las creencias libremente escogidas (religiones). Nos lleva a discusiones sobre que no hay más realidad que la biológica, pero no acepta que las creaciones del cerebro humano (también creación biológica) lo sean, insisto, el dinero no existe. Me suena a algunos autores a los que destripa Scruton en el recién leído Fools, Frauds and Firebrands.

Especialmente desinformado resulta el emparejamiento Estado-mercado que establece como causa de la destrucción de la familia y la comunidad. Esta opinión no está sustentada por ningún dato empírico, sobre todo la causalidad respecto al mercado, por lo que resulta muy tendenciosa. Resulta falaz agrupar como causas de un fenómeno entidades tan diversas como Estado (donde las relaciones son de imposición) con mercado (donde las relaciones son voluntarias). Hay muchísima evidencia histórica sobre los ataques del Estado a familias y comunidades (a las que ve como rivales), pero no hay ninguna sobre los supuestos "ataques" del mercado (¿quién es el mercado?) y, en todo caso, estos obedecerían a la libre voluntad de las personas. Pero nada, el caso es darle al mercado.

Y le arrea un par de viajes a las religiones monoteistas, y sobre todo al Cristianismo, que pasaba por allí. Lo dejo aquí, seré constructivo.

No obstante, creo que tiene algunas ideas aprovechables, como la importancia del lenguaje y la ficción en explicar el dominio del Homo Sapiens, al permitir a la especie niveles de cooperación muchos órdenes de magnitud por encima de los que se habían dado en otras especies, incluidas las humanas. También me ha resultado interesante la incardinación del nazismo dentro del humanismo, entendido éste como la ideología que considera al Homo Sapiens superior o especial respecto al resto de las especies.

Asimismo, resultan muy interesantes los dos últimos capítulos, aunque para entonces uno ya no se puede fiar demasiado de Harari, por lo que quizá sus contenidos habría que ponerlos en cuarentena. Uno es un resumen de los análisis sobre la felicidad del Homo Sapiens, las teorías biológicas y psicológicas al respecto, y la preocupación por Harari sobre hasta qué punto la historia ha contribuido a incrementar la felicidad (no el placer) del Homo Sapiens. Evidentemente, sus dudas son patentes desde el favoritismo expresado por el modo de vida de los foragers.

El otro capítulo final lo dedica a las tecnologías que pueden tomar el relevo a la biología en cuanto a la evolución del hombre: biotecnología, genética, software. Muy interesante, aunque tampoco se requieren grandes análisis teóricos para contarnos esto.

En suma: estamos ante un libro bien escrito, pero lleno de mentiras e inconsecuencias, que al quedar aderezadas por unas pizcas de verdad, resulta aún más traicionero de lo que aparenta. Solo puedo recomendar evitar su lectura. Lectores interesados en estos temas aprovecharán más su tiempo si lo dedican a Sowell: Conquest and Cultures, o a Deutsch: The Beginning of Infinity.

jueves, 5 de octubre de 2017

Los Versos Satánicos ("The Satanic Verses"), de Salman Rushdie

Esta novela es muy conocida, y muchos recordáreis que saltó a la fama porque su autor se tuvo que enfrentar a una persecución por parte de islamistas radicales. Es obvio que ello no es justificación para leer un libro, aunque algo de morbo le da. Quizá sea por ello que he tardado tanto en leerlo (es de 1988) y cuando lo he hecho, no ha sido por tenerlo en cartera, sino por razones mucho más prosaícas que no merece la pena escribir.

¿Qué me encontré? Pues la primera sorpresa es muy agradable, pues se trata de una novela magníficamente escrita. Y es que Rushdie es un buen escritor y su fama no debería obedecer a causas extraliterarias. De hecho, ha ganado varios premios y observo que lleva 11 novelas escritas, con menor fama que la que comento.

También se trata de una novela aparentemente divertida. Y digo aparentemente porque no tarda mucho uno en quedar desbordado por las cosas que cuenta, y entonces el humor pasa más desapercibido entre el berenjenal de enterarse de algo.

La historia orbita en torno a dos personajes, Gibreel Farishta y Saladin Chamchan. Ambos tienen que ver con el cine, uno es un actor famoso en India, el otro es un mago de las voces con un show famoso en Inglaterra.
El punto de partida es el ataque terrorista que padece el avión en que viajan, del que resultan ser los únicos supervivientes. Sin embargo, esta supervivencia tiene un precio, parece, y Gibreel queda convertido en el Ángel Gabriel, y Chamchan en Satán. Bueno, convertido es quizá demasiado fuerte para lo que realmente les pasa.

A partir de aquí Rushdie nos cuenta las evoluciones de cada uno por separado, hasta su reencuentro en las escenas finales.

Lo más destacado de esta novela es el estilo convoluto de Rushdie. Hay que estar alerta, pues las estructuras son complejas, así como el vocabulario y hasta la fonética en algún caso. Además, la historia se va continuamente por las ramas de los distintos personaje que aparecen, muchas veces de forma inesperada. Pero si uno no pierde de vista la metamórfosis arriba explicada se puede orientar razonablemente bien.

Especialmente llamativas son las incursiones, escasas, que hace el propio narrador en el texto, hasta el punto de que al principio te hace sospechar de si no será el narrador una divinidad. Sirva como ejemplo de estas incursiones la siguiente. En la escena se está investigando un crimen. Habla el investigador jefe, cuenta lo que han descubierta y termina: "That's all we have. The End"
Y entonces dice el narrador: "I have more". Y empieza a contar cosas que pasaron que no han sido descubiertas por los detectives. Chocante. Pero la verdad es que no juega ningún papel en la novela, aunque por momentos parece que sí lo va a hacer.

Entre los momentos más divertidos está aquel en que Gibreel decide que la solución para todos los problemas de Londres es que se vuelva una ciudad tropical, pues es imposible que haya claridad de ideas en una ciudad en que "la luz brilla igual que la oscuridad, la tierra es igual de húmeda que el mar, la noche igual de fría que el día".

¿De dónde sale la polémica que llevo a Rushdie a sufrir persecución religiosa? Pues posiblemente de una de las ensoñaciones/películas de Gibreel, en que aparece un profeta (Manmoud) que llega a Jahilia con su religión. Este profeta dicta a un escriba las cosas que le dice su Dios. El escriba queda muy decepcionador porque, por un lado, los dictados divinos parecen conformarse siempre a los intereses del Manmoud, y, por otro, al cambiar el escriba el literal del dictado y volverse a leer al profeta, éste no detecta las variaciones. Con lo que crece el escepticismo del escriba.
Además de esto, hay una escena en que las trabajadoras de un prostíbulo asumen el papel de las esposas del profeta, y dejan tal papel a un poeta que vive con ellas. Pero desconozco si esto puede hacer referencia a alguna faceta vital de Mahoma. Pero, vamos, ninguna de estas escenas me parece digna de escándalo, aunque, claro está, carezco del contexto religioso. También podría haberles mosqueado el cruce del Mar Arábigo para llegar a la Meca que se realiza en otra de las ensoñaciones/películas, con clara referencia al cruce del mar Rojo.

Destaco una frase con la que me identifico plenamente antes de concluir: "In the fastforward culture, classic status could be achieved in as little as six months, sometimes even overnight".

Sinceramente, no puede recomendar la lectura de este libro. La mayor parte del tiempo el lector tiene confianza en que los giros y desviaciones a que se somete la narración cobrarán sentido en algún momento, prefentemente al final, y quedará justificado el sufrimiento. Como en esas series extrañas tipo Mr Robot. Desgraciadamente, como ocurre en muchas de esas series, el final no termina de aclarar nada y deja demasiados flecos que hacen la lectura de esos extraños pasajes prescíndible. Y como casi todo el libro está compuesto por este tipo de pasajes, pues también se hace prescindible.
Empezó bien y hasta era divertido, y está bien escrito y con gran riqueza de vocabulario. Pero es un rollo con pocos pies y cabeza.


martes, 26 de septiembre de 2017

Die Bucht des Schweigens, de Bernadette Calonego

Calonego es una escritora alemana poco conocida, y de hecho este libro no ha sido traducido ni al inglés. Sin embargo, no puede evitar ser atraído por el escenario en que transcurren los hechos de esta novela: la isla de Terranova (Newfoundland). Esta isla ha sido objeto de mi visita durante este verano, lo que explicar mi repentino interés por tan lejanas tierras.

Y además justifica lo que iba buscando: no tanto una novela de trama apasionante, como una que describiera razonablemente el modo y condiciones de vida en la citada isla. Afortunadamente, creo que acerté con mi objetivo, pues ese parece ser también el objetivo de frau Calonego. Así pues, tenemos una novela de trama razonable, pero que se detiene sobre todo en la vida de los habitantes de la isla.

La protagonista, Lory, es una fotógrafa a la que la encargan un libro de fotos sobre Terranova, a donde por tanto se traslada desde su lugar de residencia, Vancouver. Por cierto, creo que Calonego es periodista y corresponsal de un medio alemán, en esta ciudad, o sea que no hay que desdeñar posibles ribetes autobiográficos de alguna visita suya a la isla.

La novela nos cuenta las vivencias (no sé si llegan a aventuras) de Lory en un pueblo pescador, aderezadas por algunos puntos de intriga y romance, y contextualizada en su pasado secreto y relaciones familiares. Sin embargo, como ya digo, no es esta la parte interesante de la novela: de hecho, es la parte final de la misma la que menos interés tiene, precisamente porque el desenlace se centra únicamente en la trama.

Lory nos cuenta sus safarís en pos de ballenas e icebergs, la conducción en invierno y el uso de motos de nieve, sus expediciones con los pescadores, las fiestas familiares, y los fiestorros en Terranova, los campeonatos de dardos, la general confianza, y las relaciones con las tumbas y arqueólogos. Estas juegan también un papel relevante en la trama, pues no hay que olvidar que Terranova es como el paraíso de la arqueología canadiense: aquí se encontraron los restos del famoso asentamiento vikingo de L'Anse aux Meadows, y también algunos enterramientos de los aborígenes. En todo caso, que Terranova sea el culmen para los arquéologos en Canadá dice mucho sobre los restos arqueológicos que se pueden encontrar en el resto del inmenso país.

El libro resulta entretenido sin más; no proporciona grandes reflexiones, ni grandes sorpresas, pero se lee bien. Recomendable para el interesado en remotas tierras y modos de vida; prescindible para el resto de lectores.

martes, 12 de septiembre de 2017

Fools, Frauds and Firebrands, de Roger Scruton

Scruton en un filósofo que tuvo la ocurrencia de escribir un ensayo describiendo y descubriendo las falacias, cuando no el completo vacio, que tienen las "teorías" de los filósofos de izquierdas. El problema es que esto lo hizo en 1989, con lo que fue sometido a ostracismo y hasta expulsado de la universidad en que daba clases.

Esto dice algo positivo de 2017, pues ha habido al menos una editorial que se ha atrevido a hacer reaparecer este libro pese a los antecedentes. Con razón tiene la izquierda tanto miedo a Internet: sus falacias son el ámbito abierto mucho más fáciles de desenmascarar por el público, algo que se dificultaba con su discurso arcano e incomprensible. Conste que pese a no me gustan nada las etiquetas (tipo "izquierda") la uso aquí para simplificar la nomenclatura, ya Scruton critica a los pensadores de izquierdas o, como aclara él mismo, los que se definen a sí mismos de izquierdas.

Bajo su trituradora pasan nombres bien conocidos, como Gramsci, Habermas, Sartre, Foucault o Galbraith, junto a otros no tanto, que quizá lo fueron en su momento, pero sobre los que quizá empiezan ya las brumas del tiempo a sumergirlos en esa nada de la que nunca debieron salir.

El principal mérito de Scruton consiste, seguramente, en haberse leído los truños de estos señores con la constructiva idea de sacar provecho de los mismos, o al menos un resumen que mostrar a la audiencia para su crítica. Es esto lo más útil del libro: conocer de forma resumida las "grandes" ideas que han catapultado a la fama a sus generadores. Porque lo cierto es que, una vez de expresan en un lenguaje entendible para el público, no hace falta crítica adicional para darse cuenta de lo absurdas y carentes de fundamento que son. Ello lleva a Scruton a dar explicaciones sobre por qué triunfaron en su momento e incluso se mantienen vigentes en la actualidad.

El lector que se adentre en este ensayo ha de ser consciente de que se enfrenta a un libro difícil. Es difícil porque las "teorías" expuestas son complejas de contar y de desentrañar, y porque sigue siendo difícil la lectura de tanta verborrea incluso con un guia. Y es difícil porque Scruton no renuncia a hacer literatura, y las metáforas que utiliza dificultan en cierta forma el seguimiento de sus razonamientos y explicaciones.

Siempre me queda la duda tras leer ensayos de este tipo (por ejemplo, las críticas de los austriacos a economistas de otras escuela, salvado las distancias): ¿debería leer las obras de los autores criticados para tratar de entenderles de primera mano, y así ver si las críticas tienen o no sustento? Y siempre tiendo a responderme que no: parece una pérdida de tiempo puesto que 1) ya conoces sus ideas a través del resumen; 2) Son ideas absurdas sobre las que no merece la pena profundizar.

Una de las mejores cosas del libro son las citas textuales que saca Scruton de los autores criticados a efectos que el lector se hada una idea de sus sufrimientos. Hay una de Sartre sobre la totalización que parece tal cual un trabalenguas, pero las más curiosas son las de Lacan, en la que el absurdo mezcla elementos de todo tipo, incluidas ecuaciones matemáticas.

¿Qué conclusión saco yo del pensamiento de izquierdas según lo traza Scruton? Pues algo que ya imaginaba sin haber leído a los autores, ni siquiera sus resúmenes: que es todo instrumental y nada científico, que construye sobre el vacio y no sobre hechos, y que proporcionan métodos (falaces) para conseguir que la verdad sea la que a ellos les interese en cada momento.

Como he dicho otras veces, esto es algo con lo que te tropiezas constantemente en teoría económica, y que te explicas por ser una ciencia que no se puede contrastar empíricamente, y por tanto sujeta a este tipo de maleabilidad. Pero que estos mismos métodos se puedan extender a ciencias naturales, y que encima con éxito de seguimiento por los filósofos, es ilustrativo de lo bajo que puede caer el ser humano.

En el epílogo, quizá la parte mejor y más comprensible del libro, Scruton se pregunta cómo es posible que este tipo de pensamiento sea el que haya dominado y domine las universidades de humanidades, y se extraña de que resucite una y otra vez con independencia de la palmaria evidencia empírica contra él mismo que ya se ha cobrado varias centenas de millones de víctimas. La única explicación que encuentra es que estos "ensayos" no se discuten, simplemente se creen, y que el ser humano siempre necesita una religión.

lunes, 21 de agosto de 2017

La elegancia del erizo ("L'Élégance du Hérisson"), de Muriel Barbery

Extraña novela de esta escritora francesa, que tuvo un relativo éxito hace unos años.

Y digo extraña porque más bien que un relato, parece una disculpa para canalizar sus reflexiones sobre temas tan diversos como la gastronomía, el arte, el cine o el sentido de la vida. Por supuesto, hay una secuencia de hechos que se nos cuentan, pero no es demasiado relevante y ni siquiera interesante.

La historia se centra en un bloque de apartamentos de lujo en Paris. Allí viven, entre los vecinos, la portera y la hija de una familia rica, cuyo padre lo es por ser diputado socialista (sin comentarios). Pues bien, la narración la hacen a dos manos entre ambos personajes. La primera, Renée, nos cuenta cosas mediante el formato de diario convencional, mientras que la niña, Paloma, redacta dos diarios de los que vamos leyendo alternativamente, uno de pensamientos profundos y otro de Movimientos.

Como digo, no hay apenas trama como tal. Ambas narradoras aprovechan los hechos, normalmente cotidianos, que les van ocurriendo para trasladarnos reflexiones varias, muchas de cierta profundidad, y en general sin demasiado atisbo de ironía No es un libro que fomente la sonrisa, ni mucho menos la risa. Y eso que tenemos a una portera que podría dedicarse a criticar a sus vecinos-clientes de clase alta, y una niña con una hermana un poco estúpida, que podría optar también por esa vía.

Pero no, de lo que se trata es más bien de mostrar que cualquier persona, aunque no lo parezca, puede haber leído, entendido y reflexionado sobre lo que lee, y que estas joyas se encuentran en los sitios más dispares. De hecho, Renée oculta activamente su condición intelectual para no alarmar a los vecinos del inmueble que, según ella, la tienen como una portera convencional. De ahí, por cierto, el título de la novela: La elegancia del erizo, oculta bajo las puas.

Como no me voy a entretener sobre las reflexiones, interesantes pero no demasiado originales para mí, poco más me quedaría por decir. Un último apunte se refiere a la influencia japonesa que se percibe en toda la obra, desde la descripción del Go hasta la gastronomía o el cine japonés; es claro que la autora está fascinada por esta cultura, algo que transmite mediante las dos narradoras. También, como curiosidad, hay que decir que la hermana de Paloma (Colombe, claramente redundante) hace su tesis doctoral sobre Guillermo de Ockham, sí, el del principio de la navaja. Ello dará una oportunidad a Renée de criticar la carencia de foco de la universidad (francesa), con una bonita reflexión sobre los impuestos.

En resumen, lectura interesante y amena, pero no ligera, como quizá el título podría dar a entender. Recomendable en todo caso.



jueves, 17 de agosto de 2017

Finis Germania, de Rolf Peter Sieferle

En algún lugar leí que este libro había sido quitado de las listas de ventas por algún periódico alemán, pese a ser de los más vendido en el país germano. Las razones que se intuían para tal eliminación apuntaban más a su "incorrección" política que al racismo o similares, por lo que me picó la curiosidad. Por otro lado, tras haber comenzado a leer a Scruton (Frauds, Fools and Firebrands) y descubrir cómo este libro le costó su puesto en la Universidad por la presión de los izquierdistas, no puede uno dejar de sospechar que algo similar le pudiera pasar a Sieferle. Me apresuro a anticipar que no es el caso.

Finis Germania es un libro relativamente breve en que se recogen una serie de ensayos cortos del autos sobre diferentes temas, aunque predominan algunos como la culpabilidad por el nazismo y reflexiones sobre la responsabilidad, y la mediocridad de los nuevos políticos surgidos de la democracia.

Es un libro complicado de leer. Aunque me ufano de dominar el alemán (leído) lo suficiente como para leer perfectamente novelas, el paso a la lectura de ensayos es bastante complejo. De repente, las frases y, sobre todo, las palabras se alargan, y uno empieza a perderse. Además, cuando las palabras alemanas se alargan, los diccionarios empiezan a ser de poca ayuda, pues no las recogen. Sin contar con que en un cierto número de ocasiones son palabras construidas por el ensayista, lo que puede ser obvio para un alemán nativo, pero dista de serlo para un aprendiz de la lengua.

El caso es que, una vez más tras leer un libro de ensayo, no tengo claro de si me he enterado bien de las cosas.

Sieferle reflexiona en primer lugar sobre el concepto de responsabilidad, y cómo éste ha evolucionado de ser individual a ser colectivo. El problema que tiene la responsabilidad colectiva es que no está nada claro como hacerle frente; así como en la individual hay un causante claro y una forma de trazar los actos, lo que permite el castigo y la eventual redención, ¿cómo se hace eso con la responsabilidad / culpabilidad colectiva?

Es evidente que Sieferle prepara el terreno para el tema que más le preocupa: ¿cómo se puede redimir Alemania del nazismo y de Hitler? Los crímenes contra los judios por parte de los alemanes tuvieron lugar en una época y circunstancias concretas. ¿Hasta qué momento tendrá Alemania y los alemanes que pagar por algo que hicieron unas personas concretas? De aquí Sieferle reflexiona que la humanidad necesita siempre tener a los "malos" que de alguna forma les vuelvan a ellos buenos. Este papel fue desempeñado por los judíos desde la crucifixión de Jesús, y ahora habría pasado a los alemanes como consecuencia del holocausto.

Si esto es así, dice Sieferle, la única posibilidad de redención para el pueblo alemán es su desaparición. Pero, se pregunta, ¿quién asumirá entonces el papel del malvado?

Junto a esta línea argumental, por así decirlo, central, Sieferle trata otros temas, como el sentimiento socialdemócrata de los alemanes, la naturaleza del artista (que atribuye principalmente a su carisma) o la mediocridad de la clase política surgida de la democracia, y sus consuencias estéticas.

La verdad es que la relevancia del libro se me escapa un poco, ya que no vivo en Alemania ni conozco alemanes. La sensación que me da es que habla de temas que parecen poco actuales y que  yo creía superados, al menos visto desde España. ¿De verdad siguen los alemanes jóvenes sintiendo algo de culpabilidad por lo que hicieron (algunos de) sus abuelos? Y, por otro lado, Alemania es un país riquísimo, con una clase política relativamente controlada, que ha sido capaz de superar una reunificación de una sociedad muy pobre con otra muy rica.

Vamos, Alemania es un país envidiable, con una capacidad de generar riqueza que solo puede explicarse en el alto grado de libertad relativa en que viven. ¿De verdad tienen esas obsesiones?






lunes, 14 de agosto de 2017

Ofrenda a la tormenta, de Dolores Redondo

Esta novela cierra la trilogía del valle de Baztán, que vengo leyendo en las últimas semanas. Mi afán por la completitud me impide psicológicamente abandonar la lectura de un libro aunque no me esté gustando, ni en este caso de una trilogia, aunque me dé la sensación de estar perdiendo el tiempo.

Ofrenda a la tormenta no presenta ningún elemento nuevo a los ya apuntados en las dos primeras entregas, pero sí opta por abandonar uno de sus aspectos más interesantes, cual era la relación con la mitología vasco-navarra. Las dos entregas anteriores tienen como referentes, respectivamente, al basajaun y al tarttalo. Aquí la referencia es Inguma, pero tiene un papel mucho menos relevante que los anteriores seres fanstásticos. Quizá sea esto así porque el síndrome de muerte súbita del lactante es algo demasiado horrible por si solo, una verdadera pesadilla para todos los padres, y no necesita monstruos mitológicos añadidos para causar miedo.

En cambio, la trama se centra mucho más en la vida personal de la detective, algo que francamente a mí me sobra. Incluso me resulta cargante, como la relación con su marido James, personaje de cartón-piedra siempre paciente y siempre amoroso, cuyo único papel parece ser dar tensión la latente relación con el juez Markina.

Lo único que se salva de James es una de sus reflexiones, la primera digna de mención y casi única en toda la trilogía: "de todos los derechos que tiene un hombre, el más importante es el derecho a equivocarse, a ser consciente de ello, a ponerlo en valor y a que eso no sea una condena de por vida." Ya quisieran el reconocimiento de tal "derecho" muchos emprendedores de nuestro país, y no lo digo precisamente por la ley de segunda oportunidad. Más bien lo digo por lo mal visto que está el fracaso empresarial en nuestro país, sin entender que el error de un emprendedor no es un fracaso ni debería tener sus connotaciones negativas.

Lo positivo de esta novela es que cierra la serie (no pun intended) entrelazando los argumentos de las dos primeras novelas con lo que ocurre en esta última. Hay que agradecerle tal esfuerzo a la autora, pero también es cierto que la resolución dista de ser satisfactoria y es demasiado compleja e inverosimil, incluso dentro de sus propias premisas. Si ya es difícil imaginar la actuación de un inductor como ocurría en la segunda novela, la resolución planteada de inductor de inductores es un rizo demasiado rizado.

Un comentario crítico final: ¿cómo es posible que los jueces y policías franceses hablen español? ¿Es verosímil esto? Resulta muy llamativo en las escenas que transcurren en Francia que los díalogos sean en español. El recurso típicamente usado por otros escritores es hacer hablar en francés al personaja la primera vez que aparece, aclarando que se entienden de alguna forma, y luego seguir todo en castellano. Pero que hablen en español TODOS de buenas a primeras es chocante.


jueves, 10 de agosto de 2017

La filósofa ("Die Philosophin"), de Peter Prange

Empieza a dar reditos el duro esfuerzo de aprender alemán. Así lo constato en la lectura de esta novela, cuya existencia no creo que hubiera llegado a conocer si no buscara literatura en la lengua germana (y eso que se tradujo al español).

Sin llegar a ser de esas novelas que uno no puede olvidar, La filósofa es un libro magnífico, con momentos espléndidos, y cuya lectura es ciertamente recomendable.

La narración nos sitúa en la época de la Ilustración, bajo los dominios del rey Luis XV y de su amante favorita, Madame de Pompadour, en pleno vigor de todos los lujos y depravaciones versallescas. En este contexto, nace la protagonista, Sofia, en las afueras de Paris. Pronto tendrá que hacer frente a las injusticias de la vida, pero lo relevante empieza cuando se traslada a vivir a Paris y comienza a trabajar en el Café Procope.

Esto le dará oportunidad de conocer, ni más ni menos, que a Denis Diderot, el gran filosofo francés cuya figura quedará realzada por esta novela. A través de Diderot, aparecen en la novela un sinnúmero de eximias figuras, como Voltaire, Rousseau, d'Alembert y tantos otras luminarias de la Ilustración francesa. Y es que esta novela va principalmente del nacimiento y desarrollo de la Enciclopedia. En torno a ella, se desenvuelven los protagonistas y se desarrollan las tramas, en muchos casos al estilo Ken Follet.

Sin embargo, sobre estas intrigas predomina siempre una lírica historia de amor, entre la protagonista y Diderot, romance emotivo en muchos momentos. Pero no es Diderot la única celebridad con que se tropieza Sofía: también habrá de trabajar para madame de Pompadour, se casará con el comisario Antonio Sartine (que parece también un personaje histórico) y será amante de Malesherbes (censor y sin embargo gran protector de la Enciclopedia).

Sobre esta magnífica historia, ya de por sí atractiva, se suceden escenas dignas de Victor Hugo o de los Momentos Estelares de la Humanidad, de Zweig. Por ejemplo, la discusión en que Diderot y D'Alembert definen el árbol de la ciencia para clasificar la Enciclopedia, es reminescente de este último. Por su parte, las descripciones que hace de Paris en sendos momentos, una con base en sus profesiones, la otra a partir de sus ¡olores! recuerdan al jorobado viendo la capitar francesa desde la torres de Notre Dame. Como también lo hacen algunos de los capítulos del libro en que se nos describe la tortura y ejecución del asesino fallido del rey, y otro en que se describe con todo lujo de detalles una de las fiestas de Versalles.

En un ámbito más filosófico, es espectacular el diálogo que mantienen Diderot y el padre Radominsky, incansable perseguidor de los filosofos, sobre el concepto de la verdad, con el primero en la carcel.

He de decir que mis preferencias pueden estar sesgadas, puesto que me encanta Diderot. Y siempre me había sorprendido la cortedad de su obra, algo que gracias a esta novela creo entender mejor: Diderot se dedicó en cuerpo y alma a la Enciclopedia, lo que le dejó muy poco tiempo para otro tipo de escritos.

Creo que cualquier lector disfrutará enormemente de esta novela de Peter Prange, e imagino que a muchos su lectura les despertará el interés por los ilustrados franceses. Si es así, que lean a Voltaire y a Diderot. Rousseau también escribe bien. pero su Contrato Social es una burrada tal que prefiero no recomendarlo.