miércoles, 12 de abril de 2017

Del buen salvaje al buen revolucionario, de Carlos Rangel

Interesantísimo (y clásico) ensayo sobre las causas de los problemas económicos y sociales de Latinoamérica, sobre todo en comparación con el bienestar de sus vecinos del norte, los EEUU. El autor es Carlos Rangel, de origen venezolano, y está escrito en los 70. Sorprendentemente, pese a la pérdida de vigencia de los acontecimientos referidos (especialmente llamativa en lo referente a Venezuela o quizás Bolivia), no pierde un ápice de interés su lectura y análisis.

He sacado montones de ideas interesantes de esta lectura, que parecía en principio el rutinario análisis liberal sobre las causas del "subdesarrollo" latinoamericano, tratando de desvincularlo del imperialismo, sea español o americano. Y puede que sea así, pero lo cierto es que Rangel describe con gran claridad y agudeza muchos de los acontecimientos que han conformado la Lationamérica actual, y sobre todo sus causas.

A grandes rasgos, el libro tiene dos partes: una, por así decirlo, teórica, en que Rangel revisa los mitos que se han usado para explicar la situación Latinoamericana, y otra, más empírica, en que se nos cuenta la evolución en el gobierno de determinados países, para confrontarlos con dichos mitos. En esta segunda parte, Rangel se centrá en el caso de México como ejemplar, aunque también habla de Brasil y Argentina. Luego dedica espacio a Cuba, cómo no, a Perú y a Chile, siendo el capítulo dedicado al gobierno de Allende el que más esclarecedor me ha resultado. Lectura imprescindible, incluso tras el tiempo transcurrido.

Comenzamos con el mito del buen salvaje, que Rangel vincula con la búsqueda del Dorado y de la fuente de la eterna juventud, perseguidas por los descubridores originarios. Según el autor, sería un mito también impulsado por los rivales de España en la conquista de América. Obvio es decir que los "salvajes" americanos eran igual de buenos o malos que los conquistadores que llegaban.

Por su parte, el mito del buen revolucionario se vincula sobre todo al comunismo. Rangel explica de forma magnífica las relaciones del comunismo con Latinoamérica y cómo el mito de la revolución comunista cobra aspectos propios en Latinoamérica, donde en efecto la revolución se podría liberar de los defectos del stalinismo ocurrido en Europa y Asia. A ello se responde desde Latinoamérica con el fenómeno del APRIsmo, que básicamente viene a decir que Latinoamérica no puede pasar a la revolución proletaria sin haber alcanzado previamente el estadio del capitalismo, por lo que son primero necesarias reformas en la mayor parte de los países, para superar el régimen oligárquico y llegar al citado capitalismo. Según Rangel, esto no sería tomado positivamente por los comunistas.

Con antelación al APRIsmo, Rangel nos descubre también la ideología del Telurismo, según la cual había un hombre nuevo latinoamericano que superaría a las razas preexistentes. Entre sus principales representantes, destacan Vasconcelos y Rodó. Entiendo que este fenómeno latino-nacionalista es similar a los que se producían en la época en todo el mundo occidental previo a la primera Guerra Mundial.

La verdad es que el libro tiene una cantidad enorme de ideas interesantes, que no podría agotar es esta entrada. No obstante, sí quiero inventariar algunas cosas, aunque sea para futuras exploraciones:
- La figura del Precursor Francisco de Miranda, contándonos sus experiencias viajeras y en especial la de sus viajes por los EEUU. La anecdota que cuenta de cómo el sheriff de un pueblo americano cobra el alquiler de un general francés que ha aposentado su ejército en un prado, a requerimiento del dueño de éste, es impresionante. Y dice mucho sobre la justicia, las leyes y las gentes de aquel país.

- La reflexión de Hegel sobre el impacto del arado en el bienestar de la humanidad.

- La figura y, sobre todo, la mutación de Fidel Castro, desde unas posiciones más APRIstas hacia comunismo puro para granjearse el apoyo de la URSS y consolidar así su poder en Cuba.

- El caudillismo como régimen adecuado para los países de Latinoamérica, ejemplificado en el caso de México.

- La invectiva que hace contra la universidad en Latinoamérica, quizá desmesurada y quizá también a causa de algunas decepciones personales. Es un ataque brutal que no deje títere con cabeza, y demasiado general tal vez.

- La descripción de la llegada al poder de Allende en Chile, y sus tres años de gobierno, que culminan y tienen como consecuencia el golpe de Estado y dictadura de Pinochet. Al parecer, Allende estaba muy lejos de una mayoría para poder gobernar, pero las instituciones chilenas posibilitaban su gobierno por decisión parlamentaria. Pues bien, una vez presidente, se dedicó a tratar de desmantelar esas mismas instituciones que le habían llevado contra natura al poder, con el objetivo de montar una dictadura comunista, y ello contra una mayoría de la población chilena. Alucinante, pero un atisbo de lo que podría llegar a pasar en nuestro país mientras se mantengan las medias tintas con Podemos.

Se me quedan muchas cosas en el tintero, aunque espero que no se me olviden. Este es un libro en el que se puede aprender mucho, y que ayuda a comprender mejor muchas cosas ocurridas, no solo en Latinoamérica sino en el resto del mundo. No sé qué hacer, si recomendar su lectura, o su estudio.

martes, 11 de abril de 2017

Fausto I ("Faust I"), de Johann W, von Goethe

Bueno, bueno, bueno. He aquí uno de los grandes clásicos de la literatura alemena, uno de esos libros que pueden, o no, justificar las horas invertidas en aprender alemán. Y ya lo puedo anunciar, prueba superada, libro leído, ahora hablaré de mis impresiones.

Pero lo primero es explicar que, dada la importancia de la obra, no me he atrevido con ella a pelo, y la he leído en paralelo a una traducción al español y con sus anotaciones. Y la primera observación relevante es que es una obra casi intraducible. No es que yo comprendiera 100% el alemán, pero sí lo suficiente para darme cuenta de que hay mucha elipse, y que el traductor tiene que hacer virguerías para completar el sentido en español, sentido que muchas veces no está claro.

O sea que este Fausto I es bastante difícil, no por el alemán en sí, sino por el estilo elíptico utilizado por Goethe. El vocabulario no es especialmente rico y las frases son cortas (para ser alemán), aunque es cierto que desordenadas y con mucha elipse. Pero es que estamos hablando de poesía, claro.

Pero lo que más me ha chocado es que no se trata de una obra de teatro al uso. Tras haber leído Guillermo Tell, obra convencional, pensaba que Fausto sería una obra de teatro con sus actos, su trama y sus reflexiones. Pero no es así. Esta obra de teatro es muy rara (aunque no tanto como Fausto II, que ya he comenzado a leer) y nada convencional.

No se estructura en actos, sino es escenas sucesivas, que además cambian completamente de escenario. Tiene al comienzo una especie de prólogo en que debaten un poeta, un director y un empresario, sobre las condiciones para que el teatro triunfe. A continuación, le sigue otro nuevo prólogo, este con Dios, los arcángeles y Mefistopheles, en que éste es autorizado a actuar con Fausto. Y solo entonces empieza propiamente la obra.

Y empiezan pasar cosas sin aparente hilazón. Tenemos un monólogo inicial de Fausto en que éste se queja de que ninguno de sus esfuerzos filosóficos o científicos le valen para nada, lo que dará pie a que Mefistopheles le tiente con el mundo exterior. Y este consistirá básicamente en tres escenas: una en una taberna con estudiantes, otra en una cueva con brujas, y la última en que se desarrolla su relación con Margaret ("Gretchen"). Nadie nos explica el paso de una a otra, ni por qué son estas las muestras del mundo real escogidas por Mefisto.

Es por supuesto en la última de las escenas donde tienen lugar los momentos más brillantes de la obra, y los que, supongo, serán los que le han dado fama. Dos son los que yo destacaría: el discurso sobre la honra de Valentine, hermano de Margaret, antes de morir, y la escena final de la obra, en que Gretchen pasa de la esperanza del rescate de la prisión cuando aparece Fausto, a darse cuenta de que su caída es ya irremediable con indepencia de que huya o no. En ambos casos, Fausto es un mero espectador.

Así pues, curiosamente, la obra de Goethe no es la arquetípica sobre el mito de Fausto. De hecho, este mito antecede a Goethe, y el poeta alemán únicamente lo usa como pretexto para sus fines, que tampoco tengo muy claros, aunque sí hay algo burlarse de algunos de sus rivales.

La mayor parte de las referencias de la obra son a la alquimía y a Paracelso, no ha simbología mitológica extraña, como sí ocurre con nuestros poetas complicados, tipo Góngora. Por tanto, tampoco es por esto que no la acabo de entender. El caso es que esta primera parte la he devorado con gran interés, y al final no he encontrado demasiado para comprender por qué es un clásico.

Y ahora he empezado con la segunda, también apoyándome en traducción, y he de decir que es mucho más rara que la primera, y que encima, de momento, ni siquiera parece haber una trama. Así que no sé muy bien a qué atenerme. Sigo leyéndola de todas formas.

lunes, 10 de abril de 2017

Viaje a Italia ("Voyage en Italie"), de René de Chateaubriand

Los relatos de viajes de escritores del siglo XIX son apasionantes, sobre todo si son Europa. Y no por la descricpción de los monumentos en esa época, sino sobre todo por la forma en que se viajaba no hace tanto por estos lares.

Por ello, me resulto apasionante el magnífico "Voyage en Espagne" de Gautier, que, sí, nos describe sus impresiones de la Alhambra, pero también la verdadera aventura que constituía en la época viajar de Granada a Málaga (por ejemplo), algo que en la actualidad es cuestión de un par de horas.

Así que algo similar esperaba encontrarme en este relato de Chateaubriand, en esta ocasión referido a Italia. Pero, desafortundamente, no es así, ni en forma ni en contenido.

Empezando por el aspecto formal, esta obra no parece acabada. De hecho, numerosos fragmentos de la misma parecen simplemente anotaciones de las impresiones del autor, para posteriormente desarrollarlas en forma de relato. Supongo que serán de interés para los estudiosos, pero a mí me parecen innecesarias en lo que presumiblemente es un relato.

Desde el punto de vista de contenido, Chateaubriand se centra en describirnos los paisajes y monumentos que visita, pero para nada habla de sus recorridos o sus estancias, y muy poco de las costumbres de los paisanos. Por tanto, aún teniendo interés (¿cómo se conservaba la villa de Adriano en la época?), no tiene todo el que me suscitaron las "aventuras" de Gautier en España. Su relato se ciscunscribe a tres lugares: Roma, Tivoli y el área de Napoles, junto con algunas notas breves sobre la travesía de Francia y de los Alpes.

Sus comentarios son en general de gran candidez y poco interés. Por ejemplo, la propuesta que tiene para la conversación de Pompeya, consistente en mantener todos los hallazgos de las excavaciones en su sitio de forma que se puede experimentar de forma cercana cómo podía ser la vida en la época de las erupciones.

Nos cuenta su visita a las museos Vaticanos, donde lo que llama la atención es la ausencia de visitantes. Supongo que si don René se acercara ahora por el área le daría un patatús. También respecto a Roma es muy llamativo que califique ruinas como las del Coliseo, como situadas a las afueras de la ciudad. Y respecto a la visita a Tivoli, llama mucho la atención que no habla para nada de las fuentes de la Villa d'Este, imagino que no estarían restauradas.

Un fragmento rescatable: la reflexión que hace sobre la contemplación de montañas, al hilo de una visita al Montblanc, que no queda claro si es o no parte de este viaje a Italia. Una última observación, más en la línea de lo que yo buscaba en este relato: Chateaubriand dice que las hospederías en Italia son magníficas, bastante mejores que en Francia y que, de hecho, solo ha encontrado peor nivel que en Francia en.... yeah, España. ¿Habría sufrido lo de "media con limpio"?

Tenía en cartera Voyage en America, del mismo autor, pero tras la decepción sufrida en esta lectura, ha perdido prioridad y su lectura queda postpuesta sine die.

martes, 28 de marzo de 2017

El laberinto de los espíritus, de Carlos Ruiz Zafón

Ocurrió hace ya unos cuantos años: en aquel entonces, mis lecturas eran predominantemente clásicas. Había decidido que hay demasiado por leer y que uno no tendrá tiempo para leer todo, así que mejor concentrarse en las lecturas consolidadas. Esto es, los clásicos (no solo griegos y latinos, sino de todas las épocas).

Y entonces llegó La sombra del viento, del señor Ruiz Zafón, y comprobé que la gente lo seguía leyendo y comentando un par de años después de publicado. O sea, que si era un best-seller, no era un best-seller al uso. Así que rompiendo mi hábito del momento, decidí dedicar algo de tiempo a su lectura. Qué novela! Impresionante: me reconcilió con la literatura contemporánea en castellano, algo que nunca pensé que podría ocurrir. Desde entonces, no le hago ascos, y menos mal, me hubiera perdido a Posteguillo o Falcones entre otros. Todo ello, gracias a Carlos Ruiz Zafón.

El caso es que la novela me impresionó, me resulto impactante. Pero no recuerdo prácticamente nada de su trama argumental, y no podría nombrar quienes eran sus protagonistas ni siquiera recién leída esta cuarta parte de la tetralogía, si es que se puede considerar tal. Sí recuerdo el estilo dickensiano de que hacía gala Ruiz Zafón en ella, el estilo similar era evidente y sobre todo notorio en la distinta forma de hablar de cada personaje.

Lógicamente, leí las continuaciones, que no lo son: El juego del Ángel y El prisionero del Cielo, e incluso compré para los niños El palacio de la medianoche. Y, por supuesto, he leído casi nada más salir esta cuarta entrega, El laberinto de los espíritus.

Las tres resultaron buenas novelas, pero mucho más convencionales (ie, prescíndibles) que la primera. En esta, además, parecen entrelazarse las historias de las tres anteriores para actuar a modo de colofón, pero como no recuerdo nada de ellas (¿cómo puede ser?) no soy capaz de apreciar las sutilezas del intríngulis.

En cambio, lo que sí se aprecia con claridad es que la cualidad dickensiana se ha perdido: no hay forma de distinguir a los protagonistas por su forma de hablar, ni siquiera de distinguir a los sucesivos narradores (hay dos partes escritas por dos personajes distintos) del propio Zafón. Una pena.

Con este factor fuera de juego, nos queda una trama razonablemente hurdida en la que participan varios de los personajes que ya aparecieron en novelas anteriores, y que, como novedad, sale de Barcelona en un par de momentos para instalarse en Madrid. Pero no es una trama intrigante ni especialmente llamativa.

Nos queda también el amor por la lectura y los libros que constantemente muestra el autor, sobre todo cuando nos lleva a ese Cementerio de los Libros Olvidados que constituye el verdadero núcleo de la saga, y en donde tiene la oportunidad de homenajear a sus libros preferidos.

Nos quedan bastantes comentarios sobre la situación actual disfrazados de glosas sobre la época, como cuando habla de la voracidad recaudatoria de las instituciones (en una época en que no existía ni el IRPF!), o como cuando uno de los personajes afirma que "el índice de tertulianismo de una sociedad es inversamente proporcional al de su solvencia intelectual". Se nota que a Zafón no le invitan, o no se deja, a muchas tertulias.

Nos quedan magníficas metáforas, de las que Zafón es casi uno de los últimos usuarios, como cuando dice que las Ramblas son los intestinos para la flora nocturna barcelonesa. O como cuando nos dice que el relojero "lucía modales de precisión". Me encanta también cuando dice que las tres encarnaciones más socorridas del destino son las de "chorizo, furcia y lotero".

Pero las reflexiones más interesantes vuelven a ser las referidas a las novelas y a la escritura, traicionando de nuevo la pasión de Zafón por este oficio. Así, nos dice que las historias no tienen ni principio ni fin, solo puertas de entrada. O que las obras nunca terminan, el truco es saber dónde hay que dejarlas inacabadas.

El único problema de esta novela es realmente que es muy larga, demasiado larga para la trama y para lo que quiere contar. Ello se nota en momentos de altibajo, que no aburrimiento, y también en el prolongado final que parece que no acaba nunca.

miércoles, 22 de marzo de 2017

The Flame Bearer, de Bernard Cornwell

Décima y última entrega hasta el momento de la saga del Último Reino de Bernard Cornwell.
Por fin se quita de mi vista el intrépido Uhtred, por fin puedo descansar de esta saga inicialmente histórica pero rápidamente devenida en pura novela de aventuras.

En esta última pocas sorpresas esperan: no hay temas nuevos, no hay reflexiones nuevas, no hay sucesos originales. A la gresca se une en esta ocasión un señor escocés, el rey Constantin, pero eso es todo. La situación está estabilizada en Wessex, Mercia y East Anglia, todos en manos de sajones. Por supuesto, Northumbria está en poder de un nórdico, el marido de Stiorra, hija de Uhtred, aunque en una situación bastante débil de momento.

Así las cosas, en este libro aumenta si cabe el protagonismo del héroe, pues ya no es que solo se cuenten sus hazañas, es que ahora también la historia de fondo es la reconquista de su bienamada Babbanburgh, por lo que ya no hay cuartel alguno para otros posibles protagonistas.

Se ha de reconocer a Cornwell su habilidad narrativa, de la misma forma que se le puede achacar que haya sido capaz de construir una saga de 10 libros a partir de tan magros indicios históricos, consumidos además en las primeras entregas. Y aquí lo cierto es que es capaz de llevar a Uhtred a su record histórico, pues en las escenas decisivas se tiene que enfrentar prácticamente con todo el mundo y simultáneamente. Para conseguir Babbanburgh tendrá que luchar contra la propia guarnición del castillo, contra un ejército de escoceses que lo asedian, contra una armada de sajones que pretenden ayudar al señor del castillo contra el asedio escocés, y contra otra flota de vikingos, aliada con los escoceses para evitar que puedan llegar suministros a la fortaleza. Ahí es nada.

En fin, no diré que no he disfrutado de la saga. Sobre todo, lo hice en las primeras entregas, cuando había resquicios históricos a los que acogerse entre tanta heroicidad de Uhtred. Esa fue la llama que me llevó, como al Flame Bearer del título, a leer hasta el final, aunque decepcionado cada vez un poquito más en cada sucesiva novela. Pues, eso no diré que no he disfrutado, pero sí diré que me alegro de haberla terminado. Porque para mí aquí termina, aunque Cornwell promete nuevas entregas, pues para él la historia de Uhtred es la de la creación de Inglaterra. Y esto nos lo dice al final de una supuesta Nota Histórica que comienza con el reconocimiento del propio autor de que no tiene sentido dicha Nota en esta novela en la que se ha inventado todos los acontecimientos. En fin.

Mi recomendación global: leánse los dos o tres primeros libros, que son más de novela histórica, y no se deje nadie atrapar por la supuesta intriga si lo que se busca es la historia de Inglaterra, pues poca encontrará aquí una vez superados los mismos.

martes, 21 de marzo de 2017

Guillermo Tell ("Wilhelm Tell"), de Friedrich Schiller

Esta es la primera obra de teatro que leo en alemán, y además una de sus obras cumbre. Y he de decir que, contrariamente a la reciente lectura de Goethe, sí estoy satisfecho con la lectura, en el sentido de que sí me he enterado en general, y he podido disfrutar bastante de diálogos y monólogos. De hecho, me ha parecido hasta una lectura fácil, sobre todo si la comparamos con el teatro clásico español, más repleto de referencias que hay que conocer para disfrutar. Y eso que en esta versión, que asumo la original, se apocopan palabras y también se utilizan grafías obsoletas, lo que dificulta la identificación de la palabra alemana actual, y no digamos ya el uso de diccionario cuando es necesario combatir el desconocimiento.

Pero todos estos obstáculos son pocos cuando se trata de una obra sobre la libertad y las leyes, el señor y el abuso de poder. Y este es el caso del clásico de Schiller: el conflicto de libertad y tiranía, en este caso materializado en el enfrentamiento entre tres cantones suizos y el señor austriaco asignado para su mandato.

La historia de Guillermo Tell es sobradamente conocida, al menos la de su episodio central: Tell disparando a una manzana situada sobre la cabeza de su hijo, como condena por no haberse inclinado ante el sombrero que el señor austriaco ha puesto en la plaza de Altdorf (si no recuerdo mal). Primera sorpresa: si Tell no se inclina ante el sombrero, no es como acto de rebeldía, sino por mero desconocimiento, algo que tampoco hace su hijo. Es solo la mala suerte del que el señor (Vogt) esté presente la que desencadena el conocido episodio. Tell es ciertamente un héroe (como lo prueba la primera escena con el rescate que hace de un barco), pero no uno en busca de problemas.

El caso es que el famoso disparo se produce (algo que supongo no aparece explícito en la representación de la obra, pues sucede mientras el Vogt habla de otras cosas con la gente del pueblo), Tell acierta en la manzana y no llega a utilizar la segunda flecha que ha cogido del carcaj. El Vogt le pregunta a quién iba destinada la misma, tras garantizarla la libertad por haber cumplido el castigo de disparar a su hijo, y Tell, todo candor, le responde que al propio Vogt. Este dejará de cumplir su palabra y aprisiona al protagonista, que es lo que al final motiva el acto de venganza-justica de Tell.

 Pero, como digo, esta es solo la escena más conocida de la obra, que tiene otras muchas magníficas e includo más emotivas. Por ejemplo, me resultó fascinante el discurso de Staffaucher en el segundo acto, cuando razona poéticamente que los habitantes de Suiza no son siervos, pues con sus propias manos dominaron la naturaleza y la tierra de sus territorios. Esto les convierte en hombres libres, que libremente han elegido al rey de Austria como juez para sus asuntos. Contra este contexto, se explica la rebeldía que les inspiran los hechos arbitrarios del Vogt Gessler, que no está actuando en Suiza como juez, sino como propietario y tirano.

Otro tema importante y recurrente en la obra es el del señorío y la protección. La gente ordinaria busca protección en los nobles, que a su vez solo se pueden proteger gracias a la gente ordinaria. Como dice uno de los nobles: "Ihr sollt meine Brust, ich will die eure schützen" (Vosotros mi pecho, yo el vuestro protegeré). Y es que los nobles suizos parecen haber dejado en la estacada al pueblo ante los abusos del señor austriaco, algo que se resuelve durante la obra de forma satisfactoria.

Por último, Schiller nos llama la atención sobre la justificación del tiranicidio, pues al mismo tiempo que Tell abate al Vogt, uno de los hijos acaba con la vida del rey austriaco. Cuando el parricida busca refugio en la casa de Tell, tiene lugar un magnífico diálogo en que Tell esclarece la completamente distinta naturaleza de ambos actos: Tell ha remediado un acto de patente injusticia y eliminado un tirano, y su casa es de inocentes. El parricida ha matado al rey en un acto de venganza, para su beneficio, no porque se le haya cometido una injusticia, incluso si el rey había dejado a los suizos abandonados ante el tirano.

En resumen, Guillermo Tell es una obra clásica con todo merecimiento, con su historia de folklore y su canto a la libertad, y sus momentos inolvidables. Pero, si he de decir la verdad, está a considerable distancia de nuestro Calderón (La vida es sueño), Shakespeare (El mercader de Venecia, Hamlet), los franceses clásicos Corneille y Racine y, por supuesto, el Edipo Rey, de Sofocles, mi preferida de todos los tiempos.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Las penas del joven Werther ("Die Leiden des jungen Werthers"), de Johann W. von Goethe

La motivación inicial que tuve para aprender alemán tenía dos nombres propios: poder leer a Goethe y a Schiller en su lengua original. Desde entonces el objetivo ha cambiado (ahora es poder leer Der Mann ohne Eigenschaften, de Robert Musil), pero ello no desmerece el hito que acabo de culminar.

En efecto, uno de los dos autores clásicos que eran mi objetivo ha "caído". Además, lo ha hecho mediante la que tal vez sea su obra más representativa (aunque admito opiniones de los lectores, dudo con Fausto).

¿Y cuál es la sensación? Hombre, pues no diré que de fiasco, pero tampoco de gran entusiasmo. Me apresuro a añadir que mi alemán dista de ser perfecto, incluso para la lectura, y que sus deficiencias se notan más cuando la obra trata de sentimientos, pensamientos o, en general, es más abstracta. Ello se debe a que el alemán tiene mucho más vocabulario al respecto que otros idiomas (al menos, que los que yo conozco), y resulta muy difícil captar los matices entre las distintas palabras que se utilizan. A su vez, ello dificulta enormemente que la obra te impacte tanto, pues siempre lo hace de forma más indirecta o, si si quiere, dubitativa.

Y resulta que Werther es una novela eminentemente de sentimientos. No es una novela difícil, no tiene estructuras complicadas ni vocabulario raro, pero sí mucho léxico sobre lo que siente el protagonista y autor (de la mayor parte del texto). Como es sabido, se trata de una novela epistolar en que que Werther describe sus sentimientos respecto a una damisela (Lotte) a su amigo suyo, Wilhelm. Claro, como en las buenas cartas, tienen cabida otras reflexiones del joven, pero poco a poco crece la obsesión, hasta que llega un punto en que se hacen monotemáticas.

La parte que más me ha gustado es la final, curiosamente aquella en que el estilo epistolar deja paso al más narrativo para que el tal Wilhelm nos cuente los últimos momentos de Werther. Ésta arranca con una extensa lectura de una obra de, a ver quién lo adivina, un tal Ossian. (Ja, en la vida había oído hablar de él, y resulta que aparece extensamente aquí, tras haberme tropezado por primera vez con él en Venus im Pelz) (Añado que Ossian es el autor de romances relacionados con la mitología céltica, que debían de gustarle mucho a los románticos alemanes).

Decía que arranca con la lectura de una obra de Ossian, que desemboca en un rapto de pasión del joven Werther quien se lanza a los pies de su amada, solo para recibir de ésta un correctivo en términos poco ambiguos, y a continuación desaparecer de su vista. Ello impulsará a Werther al final que (asumo) todo el mundo conoce, su suicidio.

Los últimos pensamientos del protagonista también los conocemos merced a las notas que va dejando. Pero lo mejor es, sin duda, que pida el arma para su sucidio a Albert (el marido de Lotte), para lo que envía a su sirviente. Pero a éste quien entrega el arma es precisamente Lotte, evento que es leído por Werther de la forma que es fácil imaginar, aunque en la narración se nos cuenta que es simplemente casualidad.

En resumen, no he disfrutado demasiado de esta lectura, aunque lo achaco a mis deficiencias y no a las de la novela. Ello implica que volveré con Goethe, y lo haré pronto: me esperan Fausto y Wilhelm Meister. Pero, de momento, voy a ir con el otro autor clásico que me había planteado como objetivo: Schiller y su Guillermo Tell. En breve, os cuento.

martes, 14 de marzo de 2017

Los guerreros de la tormenta ("Warriors of the Storm"), de Bernard Cornwell

Otro más de la saga del Último Reino, y van 9. Afortunadamente, este ya es el penúltimo de los que lleva publicados, y el penúltimo de los que me pienso leer del autor. Y es que no soy capaz de resistirme a terminar algo que empiezo, incluso aunque se note que me están tomando el pelo.

Empecé leyendo esta serie porque me interesaba como novela histórica. En esta entrega, Cornwell renuncia ya explícitamente a que su novela sea considera como tal, por lo que ya es simplemente de aventuras. Digo esto porque el apéndice histórico que siempre acompaña a estas novelas, queda ya jibarizado a unos párrafos. Y más aún, porque de estos, el primero es para confesar que ninguno de los hechos narrados en la novela tiene base histórica, porque no se sabe qué estaba pasando en Inglaterra en esa época. Los demás párrafos son para contextualizar lo que el seguidor de la serie ya sabe: que los eventos ocurren en la reunificación de Inglaterra iniciada por el rey Alfredo el Grande.

¿Qué ocurre aquí? (Ojo, todo spoilers) Pues que llegan noruegos expulsados de Irlanda por los aborígenes, con la intención de conquistar Mercia, pero primero North Umbria. Al rey de los noruegos, un tal Ragnall, que viene acompañado por un contingente irlandés, se le unirá una amiga de la niñez del Uhtred, Briga, ya envejecida y vuelta fea y, como le pasa a todos los enemigos de Uhtred, tonta.

Con esta disculpa, Cornwell nos lleva en un breve viaje a Irlanda, y más en concreto a lo que parece la bahía de Dublin, donde rescatará a su hija y al marido de la misma, que resulta ser hermano del antes citado Ragnall. Así que tenemos batallas, viajes marítimos y más batallas, hasta que Uhtred coloca a su yerno como rey de Northumbria y así facilita la paz y el consiguiente desarrollo de Mercia. Además, por el camino se le despeja el terreno para recuperar su tierra prometida, Babbanburgh.

¿Cosas interesantes? Cada vez menos. Hay una reflexión sobre la Pascua y su origen en la sacralización de una fiesta pagana (Eoster). Hay un obispo que nos inicia en la doctrina social de la Iglesia, pero dura poco. Tenemos las habituales reflexiones sobre el muro de escudos y los preparativos de la batalla, los insultos y bravatas previos, y demás ceremonia. Esta Brida que utiliza a unas niñas ciegas (más bien, cegadas) como heraldos para hacer propaganda entre sus subditos.

Esto último se encuadra dentro de una línea de reflexión que plantea la novela al respecto del liderazgo bélico. En efecto, se contraponer el liderazgo por el terror de Ragnall (que se garantiza el servicio de sus secuaces mediante el uso de rehenes) y el liderazgo por el respeto de Uhtred (del que los hombres se fían y no necesita acudir a estas amenazas). Dado que el primer liderazgo solo se sostiene mientras haya triunfos, es fundamental que su aliada Brida mantenga la ilusión de la victoria entre todos los seguidores de Ragnall, sobre todo de aquello más desinformados, y esto es lo que consigue con las falsas videntes. De todas formas, esto es algo que, obviamente, no engaña ni un momento a Uhtred.

El último aspecto de interés se refiere al ligero desarrollo que da al personaje de Finan en este entrega. Por fin cede un poco de protagonismo el héroe de estas novelas, en favor de su eterno escudero, el irlandés Finan. Es cierto que no cede mucho, y además es compartido con los hijos y el yerno de Uhtred. Pero algo es algo.

Leo The Flame Bearer y a otra cosa mariposa.

lunes, 6 de marzo de 2017

El trono vacío ("The Empty Throne"), de Bernard Cornwell

Sigo leyendo la saga del Último Reino, de la que esta novela constituye la octava entrega. Ya no hay ninguna duda de que Cornwell quiere transformar esta serie en su particular gallina de los huevos de oro, y la prueba más evidente es la reseña histórica que suele poner al final de sus novelas.

En efecto, esta reseña se ha acortado significativamente desde los primeros libros, hasta quedar casi reducida a una página, que se podría reducir casi hasta el primer párrafo. Cuando antes Cornwell trataba de incardinar sus novelas en la historia de Inglaterra y así contárnosla, ahora se limita a coger un acontecimiento con ciertos visos históricos, y construir la novela en torno a él, dando todo el protagonismo al inconsumible Uhtred. Con esta técnica, es evidente que la saga puede durar hasta el infinito y más allá, y la unificación de Inglaterra convertirse en Aquiles corriendo contra la tortuga.

Esto no quiere decir que la novela esté mal. Mi queja se refiere simplemente a que se ha abandonado la novela histórica para dedicarse a la novela de aventuras, y yo confieso estar un poco mayorcito para perder mucho tiempo con ese género. Por cierto, también se nota que ha acortado notablemente la longitud de las novelas, por lo que se tardan menos tiempo en leer.

¿Cosas interesantes en esta entrega? Pues alguna hay, pero ya no hay nada que nos sorprenda en reflexiones o costumbres históricas, que era lo que más me atraía. Ya conocemos las técnicas bélicas, lo que piensa Uhtred de religión y monarquía, los vaivenes de la política de la época...No hay nada nuevo aquí.

Lo que sí ocurre es que, por primera vez en la saga, el enfrentamiento parece ser entre los propios reinos cristianos, una vez pacificados suficientemente Wessex y Mercia, y con Northumbria y East Anglia divididos en taifas vikingas. El principal hilo conductor de esta novela es, de hecho, la herencia del trono de Mercia una vez muerto EathelXXXX (es que todos los personajes parecen llamarse igual, así que no recuerdo cuál EathelXXXX era el rey).

También aparece de forma más activa el reino de Gales. Es quizá la presencia de Gales y Escocia lo que diferencia la situación inglesa de la española en la época. Ambos reinos eran también cristianos, pero pre-existían a la entrada de los sajones y las posterior conquista vikinga, que deja reducida (lo que luego sería) Inglaterra a Wessex. En España, en cambio, los musulmanes arrasaron con toda la estructura territorial previa, por lo que todos los reinos cristianos españoles surgen de la misma semilla: el de Asturias.

También aparecen en escena unos nórdicos (supongo que noruegos) venidos de Irlanda, con lo que tenemos un enfrentamiento que involucra a galeses, noruegos y sajones de dos bandos.

Lo demás es lo ya sabido: Uhtred anticipándose a todos los demás, por muy fuertes y listos que sean. Siempre les gana y siempre es él quien adivina las trampas que le están tendiendo, y quien las tiende de foma inevitable para sus rivales. Y eso que esta vez empieza malherido y dolorido, y de hecho al inicio de la novela es su hijo homónimo quien nos relata los acontecimientos.

Sigo con la novena entrega. Ésta y otra, y acabo con Cornwell.

jueves, 2 de marzo de 2017

Brújula ("Boussole"), de Mathias Énard

Albricias, lo terminé, por fin soy libre, Este es uno de esos libros que uno termina de leer no se saber muy bien por qué, y a cuyo final se llega resoplando y casi sin aliento, cuando uno está ya a punto de abandonar.

Le dieron el premio Goncourt en 2015, y esa es una de las razones por las que leí recientemente otro de los libros del mismo autor, "Habladles de batallas, reyes y elefantes". Como éste no me entusiasmó, debí anticipar lo que me esperaba en "Boussole", libro considerablemente más largo.

Y el caso es que el libro está bien escrito, y resulta ameno por partes. El problema es que le falta un hilo conductor, una historia de fondo que ligue con cierta solvencia el cúmulo de erudición con que nos azota el autor. O puede que sí exista, en esa relación epistolar con Sarah, pero es tan tenúe, y sin embargo tan voluminoso el anecdotario, que se nos pierde.

Así pues, nos queda una novela que es un alarde de la sabiduría del autor sobre orientalismo (que no el Oriente), esto es, sobre los personajes europeos que han investigado o vivido el Oriente reciente. A esto tópico ya de por si estrecho, hay que añadir que encima  lo que más le preocupa son las relaciones musicales de los músicos clásicos con las corrientes orientales. Toma tópico de interés general.

Así, por las páginas de esta novela circulan músicos sobradamente conocidos, como Wagner, Mendelsohn, Beethoven o Liszt, junto a escritores de fama mundial, como Balzac, Musil o Zweig, y junto a personajes bastante menos conocidos, pero que de alguna forma abrieron la ruta cultural de oriente a los europeos, tipo Lady Hester Stanhope, Felicien Davud o Marga d'Andurain.

El interés de las historias que se nos cuentan es bastante desigual, pero el cúmulo de información hace que resulta fácil perderse y entender por qué el autor te cuenta lo que te cuenta (si es que no es otra cosa que mero alarde, como quizá sea el caso).

Episodios interesantes hay varios: la descripción de la revolución en Irán, las relaciones de Alemania con Oriente en las dos Guerras Mundiales (en que básicamente los teutones buscaban declarar la Yihad contra sus enemigos) o los museos morbosos de Viena.

En cuanto a reflexiones, Énard nos propone una clasificación de los artistas europeos en tuberculosos y sifilíticos, supongo que atendiendo a su mayor afición prohibida. Por cierto, a Picasso lo pone entre los tuberculosos. Al Quijote le dedica espacio al final del libro, para decir que quizá sea la primera novela oriental de Europa (no olvidéis a quién identifica Cervantes como autor de la obra, al gran Cide Hamete Benengeli).

Una frase interesante sobre la percepción que tenemos de lo oriental (traducción mía): "Aquello que nosotros identificamos en esas atroces decapitaciones como 'otro', 'diferente', 'oriental', es completamente también 'otro', 'diferente' y 'oriental' para un arabe, un turco o un iraní". Y se refiere al efecto de Disney en nuestra visión de lo oriental, y por tanto en la visión que de ellos mismos tienen los orientales.

Por último, como curiosidad, el libro se llama "Brújula" por las brújulas que, al parecer, hay en los hoteles de Oriente para permitir a los musulmanes orientar sus rezos a La Meca.

Lo mejor de este libro, de todas formas, son las interesantes referencias para futuras  lecturas que en él se descubren. Yo me he quedado al menos con cuatro. Ya las descubriréis.

lunes, 27 de febrero de 2017

La Venus de las Pieles ("Venus im Pelz"), de Leopold von Sacher-Masoch

Esta novelita y, sobre todo, el apellido de su autor, es la causa de que la masoquismo se llame masoquismo (viene de Masoch). La lectura era obligada aunque solo fuera como la dual del marqués de Sade y su Justine, que leí ya hace muchos años. Afortunadamente, además, he sido capaz de leerla en su lengua original, algo de lo que no hubiera sido capaz cuando leí Justine.

¿Qué me he encontrado? Pues un relato razonablemente bien escrito, de estilo galante por así decirlo, y con claras reminiscencias de la literatura francesa. La novela es eminentemente romántica, con algunos episodios puntuales de lo que podríamos llamar masoquismo. Pero no estamos hablando de un estilo ni de lejos similar al de Sade. En Justine, hay básicamente dos tipos de episodios: los de violencia sádica, que alcanzan extremos difícilmente imaginables desde la perspectiva de sofisticación del siglo XXI, y los filosóficos, en que Sade explica en boca de su personaje masculino la base de tal violencia. No hay romanticismo ni amor en Sade, y los episodios sádicos son intensos y largos. Está claro que son el foco de la obra.

Esto NO es lo que encontramos en Sacher-Masoch. A quien le gusta la literatura masoquista, deberá buscar en otro sitio. En La Venus de las Pieles nos encontramos un señor, el tal Severin, locamente enamorado de la citada Venus, una tal Wanda de pieles blancas. Aunque tampoco está claro si Severin está enomarado de Wanda o de la diosa del Amor, Venus, cuya estatua tiene en el jardín.

Y por ahí va la historia: encuentro casual de la imagen idealizada, declaraciones mutúas de amor hasta la saciedad, e insistencia del tal Severin en actuar como esclavo de Wanda, pues es como él tal Severin entiende el amor. Para él, no hay posible relación de iguales entre hombre y mujer, no pueden ser compañeros, la única alternativa es que uno o una sea el amo, y el otro su esclavo. De hecho, Sacher-Masoch lanza algunas invectivas contra el sexo femenino, como por ejemplo cuando dice que el hombre actúa por principios y la mujer por pasiones, por lo que nunca te puedes fiar de una mujer. Glups.

Con esta perspectiva, y aceptado el papel de esclavo por Severin, hasta el punto de firmarlo en contrato, nos encontramos con un par de episodios masoquistas, de gran brevedad y escasa relevancia: se limitan a un par o tres sesiones de latigazos, y otra de actuar de mulo de arar. A ellos habría que añadir algunos episodios que se podrían considerar de tortura psicológica. Pero no hay que engañarse, no es lo relevante del libro, por mucho que pudiera ser lo chocante en su momento.

Ah, una cosilla más: lista de autores que un intelectual austriaco del siglo XIX considera clásicos, de boca de Herr Severin: Goethe, Schiller, Homero, Virgilio, Shakespeare, Molière, Voltaire, Cervantes y un tal Ossias. Hala, para quien no tuviera lista de lecturas. A mí solo me quedan los alemanes, pero planeo solucionar el problema en breve.

martes, 21 de febrero de 2017

Uhtred, el Pagano ("The Pagan Lord"), de Bernard Cornwell

Séptima entrega de la saga del Último Reino, ya solo me quedan tres para terminarla, al menos, para terminar las entregas ya realizada por el autor. Pero como éste parece haber descubierto en esta saga la gallina de los huevos de oro, todavía está por ver cuántas entregas le quedan en mente. La culpa en el fondo la tenemos los que seguimos leyéndole, pero bueno, es lo que hay.

En este séptimo capítulo, el protagonista, que ya ronda los cincuenta añitos, se ve sometido a otra ración de lo habitual: batallas desesperada en las que es protagonista para una casi imposible victoria; intrigas de todo tipo que rara vez le sorprenden, pero en las que resulta un maestro; y hazañas de gran arrojo e incierto resultado, de las que rara vez sale mal parado. Más de lo mismo.

Sigue siendo el protagonista absoluto, aunque en el coro se le unen en esta ocasión dos de sus hijos, ya creciditos para tener sus propias aventuras. Parece mentira a estas alturas de la saga que sepamos tan poco de sus compañeros del alma, tipo el irlandés Finan o el colosal Steapa, que solo son comparsas para momentos determinados. Si Cornwell leyera a Posteguillo descubriría el gran valor añadido que le pueden dar a una novela los secundarios, incluso si han de morir.


¿Qué ocurre en esta entrega? Pues todo se construye en torno a una batalla histórica ocurrida entre dos señores daneses y los reyes de Mercia y Wessex, saldada a favor de estos últimos, y que expulsó a aquellos de los reinos más meridionales de la futura Inglaterra. Hasta que llegue esta batalla, Uhtred se entretiene de diversas formas. Primero, al descubrir que uno de sus hijos se ha metido a cura, monta en cólera, le deshereda y, accidentalmente, mata a un sacerdote, lo que hace valedor de la persecución de la iglesia cristiana, aprovechando que la paz reinante hace innecesarios los servicios de Uhtred.

En esta tesitura, el protagonista opta, por primera vez en la saga, por tratar de reconquistar su reino y castillo, el actual Bamburgh, algo que casi consigue por un cúmulo de casualidades, pese a la inexpuganabilidad tantas veces reiterada por Cornwell del lugar, y a la evidente falta de efectivos militares. Pero, bueno, qué esperábamos, estamos hablando de Uhtred. Desde aquí, el resto de la novela nos cuenta el viaje accidentato de Uhtred y sus crecientes huestes hasta encontrar al elusivo enemigo, pasando entre otros sitios por el actual Manchester. Por en medio, mucha intriga de rapto familiar e hijo rehen.

Pese al tono irónico utilizado por un servidor, no quiero decir que la novela sea mala. Si lo fueran, haría tiempo que habría dejado la saga. Está bien escrita y es entretenida. Y sigue habiendo elementos cuya presencia justifica mi interés. Por ejemplo, me resultan interesantes las reflexiones que hace sobre la caída del imperio romano, cuyos restos y ruinas son una constante en el escenario de las aventuras. ¿Cómo pudo caer una sociedad que hacía las cosas que él ve, muy superiores a las que saben hacer sus coetáneos en estos momentos?

También es interesante la estrategía bélica seguida por los sajones para conseguir detener y eventualmente expulsar a los daneses, estrategia concebida y puesta en marcha por el rey Alfredo el Grande, y que básicamente consistía en fortificar las ciudades y crear una línea de Burhs o fortalezas. Digamos que el business plan de los daneses no salía si tenían que pararse a asediar pueblos para conseguir sus tesoros. Y dichos burhs resultan una prueba más del espíritu emprendedor del hombre y de cómo puede superar cualquier obstáculo, por difícil que parezca en un momento dado. En este caso, la evidente superioridad bélica de los daneses sobre los sajones.

Y, por último, siguen teniendo su gracia y picante los diálogos de amenazas e insultos previos a cada batalla, combate o reto, en los que la imaginación de Cornwell parece inagotable, como también en las invectivas contra la Iglesia, algunas igualmente graciosas.

Seguiré leyendo la saga hasta terminarla: total, solo me quedan tres entregas y encima son las más cortas.

lunes, 20 de febrero de 2017

El descubrimiento de la lentitud ("Die Entdeckung der Langsamkeit"), de Sten Nadolny

Novela prácticamente biográfica de John Franklin, un tipo relativamente desconocido, al menos para mí, conocido por sus dos intentos por encontrar el llamado "Pasaje Noroeste". Esto es, el trayecto que permitiría pasar de Europa a Asia por el norte de Canadá, a través de los hielos del océano polar Ártico.

La principal característica del personaje, según nos lo pinta el autor, es fácil de imaginar: su lentitud o, en términos positivos, su paciencia. Mr. Franklin desde pequeñito muestra escasa propensión a la acción, y en cambio una excepcional para la observación, hasta el punto que destaca entre sus compañeros por su capacidad para sujetar durante horas los cordones del juego que practican.

Sin embargo, John tiene también una pasión, los viajes marinos, que le harán superarse a sí mismo y sus problemas, para ser un marinero eficaz y eventualmente excepcional, hasta que le lleguen a encargar la primera misión de búsqueda del citado pasaje Noroeste. Hasta entonces habrá de superar algunas batallas marítimas (se nos cuentan con cierto detalle una ocurrida en Copenhague y otra contra los franceses cerca de Cádiz), y también un viaje de exploración por el mar Australis y las costas de Australia.

Su obsesión con la lentitud le exige constantemente prepararse para desempeñarse como un marinero normal, siendo estas acciones las partes más interesantes al principio del libro. El tema de la lentitud llega hasta a preocupar a uno de sus profesores, que elaborará un ensayo al respecto.

Sin embargo, la historia empieza a cobrar verdadero interés cuando por fin Franklin se embarca para explorar el océano Ártico y buscar el pasaje Noroeste. Aquí la novela se transforma en puro género de aventuras, y se nos narra una verdadera odisea por aquellas desoladas y deshabitadas tierras, en que hay cierta colaboración de los indígenas, pero hostilidad de los esquimales. La tripulación tiene que invernar, sufrir mosquitos, y eventualmente comer líquenes de las rocas como único alimento accesible. Lógicamente, Franklin casi no consique sobrevivir a la expedición, de la que vuelve con unos pocos compañeros.

De vuelta a Londres, se encuentra con que está lleno de relojes (han mejorado mucho en la medida del tiempo), pero sin embargo la gente ya no tiene tiempo para nada. Típica reflexión de alguien obsesionado por la lentitud. Como él si lo tiene, escribo un relato con su periplo canadiense, y de la noche a la mañana se encuentra famoso, reconocido y elevado a la categoría de Sir.

Pese al casi trágico desenlace de su primer intento, seguirá persiguiendo la difícil meta. Y, por fin, tras un periodo como gobernador de Tasmania, conseguirá el apoyo para dirigir una segunda expedición a las tierras árticas, que en esta ocasión sí tendrá un fin trágico, y siento el spoiler.

Aparte de sus aventuras y andanzas, Franklin comparte con los lectores reflexiones acerca de cómo debe de ser el gobierno o la educación, y sus intentos de avances tecnológicos en relación con imágenes en movimiento, o colaborando con Babbage para desarrollar la primera calculadora. Son más interesantes las primeras. Así, al respecto de la educación, la teoría de Franklin es que los profesores deben ser "descubridores" y ayudar a sus alumnos a descubrir el mundo, más que explicársel o contárselo.

Y en relación con la forma de gobernar, su visión es la misma que ha aplicado como capitán de barcos (el Sistema) y precisamente en respuesta a su lentitud-paciencia. Es necesario que haya dos perfiles: uno rápido que tome las decisiones tácticas y operativas, combinado con uno lento, que sea capaz de observar pacientemente y dirigir a largo plazo. A ello le responden que precisamente es eso lo que hace la Monarquía, donde el rey se preocupa del largo plazo, y el gobierno y los políticos, del corto. Yo a eso añadiría que el Sistema es una extrapolación o generalización de la mente humana tal como la entiendo Kahneman en "Thinking fast and slow".

La novela no está mal, aunque tampoco es el libro más apasionante de la historia (cómo podría serlo si la lentitud está hasta en el título). Lo más curioso resulta leer cómo un alemán te cuenta la vida de un inglés, es chocante ver palabras inglesas (nombres de las ciudades y calles, por ejemplo) en un libro en alemán: estamos muy acostumbrados a lo contrario (palabras alemanas en un libro en inglés), pero no tanto a esto. Y, por supuesto, la reivindicación de un personaje relativamente desconocido como Sir John Franklin.

martes, 14 de febrero de 2017

Conquests and Culturs: An International History, de Thomas Sowell

Se me queda un sabor agridulce tras leer este ensayo de Sowell. La parte dulce del sabor viene de lo entretenido, absorbente y en cierto modo provocador que resulta el libro. La parte agri viene de que sabe a poco y de que me ha parecido poco riguroso e incluso poco informado en algunos lances.

Pero vayamos por partes. Este ensayo culmina una trilogía del autor cuyo tema de fondo es la cultura, las mutuas influencias entre las distintas culturas, y los efectos de ésta en el desarrollo económico de las sociedades, esto es, su bienestar. Las dos entregas previas están dedicadas a la raza ("Race and Culture: A World View") y a las migraciones ("Migrations and Cultures: A World View"). Conste que no he leído ninguno de ellos, aunque las conclusiones de ambos las recoge Sowell en las conclusiones globales de la trilogia que aparecen en este volumen.

La principal conclusión de Sowell a partir de su revisión histórica de los fenómenos arriba citados (raza, migraciones, conquistas) es que es lo que el llama "capital humano" el factor que mejor explica el desarrollo de las sociedades. El capital humano es un concepto amplio, que englobaría aspectos como la religión, las ideas y valores, las normas, la tecnología, el racismo o la inteligetsia (esto es, la clase alta).

Así pues, cuando las sociedades entran en contacto, sea por conquista o por emigraciones, lo hacen sus culturas. En la medida que de este contacto suponga la transmisión del "capital humano" adecuado, así se podrán desarrollar más o menos las sociedades afectadas. Al respeco, es fundamental la influencia de la geografia (sobre todo al principio), pues sus condiciones son las que hará más o menos difícil la citada transmisión. Aparece aquí una idea muy interesante, que ya me había encontrado, al respecto de que es más fácil dicha transmisión de este a oeste (longitudinalmente) que de norte a sur, por las diferencias climáticas que supone el segundo traslado. De hecho, Sowell propone una ilustración muy gráfica cuando nos cuenta cómo los ingleses, en sun enfrentamiento con los nativos americanos, tenían a su disposición toda la tecnología de Asia y Europa, mientras que éstos no podían disponer de la de los aztecas, situados mucho más próximos.

El libro consiste en seis capítulos. Hay una introducción y una conclusión, que al lector poco avisado resultarán virtualmente idénticas, parecen repetidas. Habría que hacer el test de si se pueden leer en orden inverso y el resultado no cambia. Los otros cuatro son donde de verdad está la miga y donde la lectura es más apasionante, pues constituyen historas en miniatura de las áreas/culturas afectadas.

Hay un capítulo dedicado a Inglaterra y sus pueblos, y también a su expansión internacional. Es el mejor capítulo de la obra, el que me ha parecido más riguroso y mejor informado. Pero claro, es que para Sowell Inglaterra es la cuna de la libertad y del concepto, por tres eventos históricos: la Carta Magna, la independencia de los jueces algo más tarde, y la lucha contra la esclavitud.

Otro capítulo se dedica a África, con especial foco en Nigeria, Tanzania, Ghana y Costa de Márfil. El tercero lo dedica a los eslavos, a los que compara en desarrollo con el resto de sociedades europeas, que sí conocieron las instituciones romanas. Aquí hace un recorrido por los principales países eslavos: Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Asia Central y, por supuesto, Rusia. Finalmente, el último capítulo histórico está dedicado al hemisferio occidental, ie, América, con foco en Mayas, Incas y Aztecas por el sur, e Iroqois, Cherokee e indios normales por el norte.

Siendo, como son, apasionantes, no está nada clara la metodología que sigue Sowell. ¿Por qué nos cuenta unas cosas y no otras? ¿Por qué unos países y no otros? ¿Por qué no le resultan tan relevantes los vikingos o los turcos, como los ingleses o los eslavos? No se sabe.

A mi entender se centra desproporcionadamente en la esclavitud, sus problemas y sus consecuencias, respecto a otros temas. Ello le lleva también a detenerse mucho en el tema de la raza y el racismo, en comparación con aspectos como la tecnología o las normas. Quizá sea porque él es negro, pero claro, quedan como estrambotes en el flujo del razonamiento.

Una cosa que no me ha gustado es el análisis comparativo Sudamérica-Norteamérica. Es aquí, precisamente donde yo estoy un poquito más informado, donde me parece que mete algunos gambazos de impresión. Por otro lado, nuevamente es desproporcionado dedicar menos espacio a civilizaciones como Incas o Aztecas, que a los Iroqois, aunque solo sea por el número de individuos afectados en cada caso.

Voy a ir parando. Este libro da mucho que pensar, proporciona mucha información, y es apasionante. Es difícil recoger en un post todas las ideas que me ha inspirado, tanto por su cantidad por su heterogeneidad. No obstante, sí quiero añadir un comentario, que es la duda más acuciante que me ha surgido.

Tras la caída del Imperio Romano, Inglaterra abandona sus instituciones, como harán otras áreas europeas más adelante, lo que les sume en una situación de involución, de la que tardarán mucho en recuperars. Sowell no especifica las causas de tal abandono de las instituciones, que no tendría por qué haber pasado. Simplemente se refiere a que el "capital humano" se dilapida. Sin embargo, yo creo que no puede ser un proceso tan espontáneo como parece. ¿Por qué abandonar algo que funciona? Mi hipótesis iría en el sentido siguiente: esas instituciones eran costosas de mantener en términos de recursos; el colapso del imperio Romano realmente se produce porque ya no es capaz de mantenerlas, posiblemente porque la sociedad romana no es capaz de generar los recursos suficientes, lo que a su vez posiblemente se debiera a algún tipo de intervención regulatoria en los mercados (ie, precios máximos del trigo). De la misma forma que ya no se podían mantener las villas y las grandes obras públicas, que así caen en el abandono, tampoco se puede mantener, no sé, la justicia romana.

Dicho de otra forma, no es se abandone el "capital humano", es que  no se puede mantener con los recursos disponibles. Me pregunto hasta qué punto sería una situación similar la ocurrida en las colonias africanas tras su abando por las metrópolis. Como digo, mucho que pensar.

lunes, 6 de febrero de 2017

¡Estamos desbordados! ("Absolument dé-bor-dée"), de Zoé Shepard

Tengo dudas sobre si todos los libros que leo merecen un comentario, siquiera en este modesto blog. El libro que acabo de leer es de los que suscitan estas dudas. Es un libro mediocre e insulso, sin nada destacable, pero al que de todas formas dedicaré unas líneas. Quieras que no, la autora consiguió que se publicara, algo que muchos envidiamos.

El libro me atraía por consistir en una parodia de la vida funcionarial, algo con gran tradición literaria en Francia, con notables obras de Honoré de Balzac o el imprescindible "Messieurs, les rond-de-cuir", de Georges Courteline. Desafortunadamente, este librito no está ni de lejos a esa altura.

Básicamente, la autora nos cuenta alguna de sus experiencias al incorporarse a la vida funcionarial en una administración territorial del país galo. Dicha narración la adereza de comentarios agudos sobre las situaciones, tratando de buscar la sonrisa.

Los problemas son muy variados. En primer lugar, las anecdotas que nos cuenta no tienen nada de especial, es una serie de sucesos normales dentro de la vida laboral de cada uno, que igual a ella le resultan extraños porque, claro, se acaba de incorporar al curro.

En segundo lugar, la gracia la busca tratando de dejar a las personas que se encuentra como si fueran tontos, todos son tontos en este libro menos ella. O sea, que se trata de recoger anécdotas en las que se pueda burlar de sus compañeros, jefes y, en general, de la gente con que trata. Al respecto, por ejemplo, es muy revelador el viaje a China: ¿qué ocurre, que el taxista es también funcionario? Ello termina causando que uno tome manía a la autora.

A esto hay que añadir que ni siquiera se trata de una funcionaria con experiencia. Es el primer año de trabajo de una joven de 27 años recién salida de su oposición. Y, sin embargo, tiene maneras de saberlo todo ya sobre el mundo y la vida.

Por último, el libro ni siquiera cuestiona la estructura funcionarial o administrativa. Se da por supuesto que todo lo que hace (lo poco que según ella hace) es necesario. No se mete con la posible corrupción de la administración, y le parece maravilloso lo de las 35 horas de jornada, o poderse coger una excedencia de 6 meses más dos de vacaciones (!) para irse con una ONG a Senegal.

Nada recomendable, salvo para practicar un poco el francés contemporáneo. Y espero que la autora tenga ya la suficiente experiencia como para saber que hay que respetar a los compañeros, aunque no sean tan listos como ella.

martes, 31 de enero de 2017

Silas Marner, de George Eliot

Qué placer resulta siempre la lectura de los clásicos ingleses. Y mira que da pereza de entrada, pero en cuanto te metes, la experiencia suele ser magnífica. Personalmente, me encanta el estilo, el vocabulario y en general la forma que tienen contar las cosas, con esos retruécanos y esas expresiones.

De George Eliot ya había leído "The Mill on the Floss", con sensaciones parecidas a las obtenidas de la lectura de Silas Marner: deliciosa ironía, entrañables personajes, magníficos diálogos. En Silas Marner, Eliot nos cuenta una pequeña y sencilla historia, la del protagonista, lo que le da excusa para extenderse en lo que realmente es el objetivo de su relato: una descripción precisa e irónica de la sociedad rural de la época. Estamos ante a una novela costumbrista, como lo revelan los extensos capítulos dedicados al baile del pueblo (en el que Silas solo aparece al final), la velada en la posada (ídem) o los rezos comunitarios.

Tampoco soy capaz de identificar alguna moraleja en la historia, aunque si la hay tendrá que ver con las vueltas que da el destino, y de lo que te puede parecer que ha arruinado tu vida, visto en pespectiva de transforma en lo que te ha dado la felicidad. Así, el relato comienzo con dos episodios trágicos a los ojos del protagonista: la falsa acusación de un delito, consecuente expulsión de su comunidad religiosa y pérdida del matrimonio con su amada, en la que seguramente tiene un papel activo el que cree su mejor amigo; y, posteriormente y ya instalado en su destierro, la pérdida del oro atesorado y que, como para Gollum, iba haciéndose con el control de su vida.

Sin embargo, serán estas desgracias las que le permitan incardinarse en una nueva vida social, y proporcionarle en algún momento la felicidad con la aparición en escena de Eppie. Pero basta de spoilers. Que tampoco son tales, porque, insisto, no es lo importante la trama o su moraleja, sino la forma en que la cuenta. En este sentido, posiblemente el capítulo más memorable del libro es la conversación que los lugareños mantienen en la posada mientras se están produciendo los infaustos sucesos que conducen a Silas a perder su oro. Todos los temas se tocan, y todos en un constante toma-y-daca entre los protagonistas. No hay que perdérsela, aunque ciertamente es difícil de leer en inglés, pues Eliot lleva a grafía la dicción de cada protagonista.

Poco más que decir. Dejo aquí algunas de las frases que más me han gustado, para dar una muestra del estilo que puede esperar el lector.
- Después de discutir sobre fantasmas, y tras la inesperada aparición de Silas Marner, Eliot nos explica que los tertulianos quedaron "well pleased that the reality of ghosts remained still an open question"

- Sobre el juez: "Justice Malam was naturally regarded in Tarley and Raveloe as a man of capacious mind, seeing that he could draw much wider conclusions without evidence than could be expected of his neighbours who were not on the Commission of the Peace."
- Sobre los consejos de las madres para Marner y el cuidado del bebé: "the notable chiefly telling him what he had better do, and the lazy ones being emphatic in telling him what he would never be able to do."
- Y finalmente, sobre los consejos a Marner de que fumara:  "this advice was sanctioned by Dr. Kimble, on the ground that it was as well to try what could do no harm—a principle which was made to answer for a great deal of work in that gentleman's medical practice."

Como vemos, con gran elegancia, pero sin dejar títere con cabeza.

lunes, 30 de enero de 2017

Muerte de Reyes ("Death of Kings"), de Bernard Cornwell

Retomo la saga del Último Reino, pese a que creo recordar que había decidido no proseguir su lectura. Supongo que tras la agotadora lectura de Penrose necesitaba un descanso mental, y esta saga lo garantiza.

No obstante, sea por ello o por haber dejado descansar la saga, este libro lo he leído sin demasiado pesar y los fantamas que me hicieron abandonar la lectura en el quinto, aqui parecen bastante atenuados.

Death of Kings transcurre durante un periodo de relativa paz, por lo que en la novela no abundan las escenas de acción en que ver al protagonista triunfar una y otra vez contra todo lo imposible, lo que es de agradecer. La trama orbita en torno a la esperada muerte del rey Alfred the Great, que, como indica el título, sucede en algún momento. La cuestión es que pasará en el reino tras el fallecimiento de tan insignie monarca, y cómo se solventara el vacio de poder.

Pese a los malos augurios en que insiste Uhtred una y otra vez, lo cierto es que solo se producen dos acciones bélicas en la novela, una al principio, y la batalla final. En ambas tendrá tiempo nuestro héroe de brillar, pero al menos ya no es el continúo de escenas a que nos sometieron anteriores entregas.

Y es que nuestro héroe envejece, algo que le recuerdan sus enemigos al comienzo de la batalla final, 45 años le contemplan ( y aún quedan cuatro entregas, mínimo, de la saga). Así pues, coherentemente, parece que Cornwell empieza a dar más peso en su narración a las intrigas y estrategia militar, que a las propias batallas. Ya veremos si eso es así en las siguientes entregas.

¿Qué destaca en esta novela? Algunos apuntes.
En primer lugar, hay un par de diálogos muy brillantes, desde luego más que en las anteriores novelas. No hay que perderse el primer encuentro entre Uhtred y un monje llamado Cuthbert, que irá pasando por diversos atributos de santo conforme avance la novela. Lo que me recuerda que también vuelve el sentido del humor de Cornwell, muchas veces a costa de la religión.

En esta línea, muy interesante la maniobra que hace Uhtred para contrarrestar los efectos en la moral del pueblo de las sibilas que proclaman la caída de Wessex. Aunque no el autor no le dedica demasiada atención, es claramente irónica.

Por último, me ha llamado la atención la escena con los comerciantes de esclavos en Londres, que es algo atípico dentro de la narrativa de Cornwell. Me refiero a que el autor suele ser objetivo en la relación de sus personajes con el cumplimiento de las normas, dicho de otra forma, que no las pone en duda y alaba, quizá es el punto fuerte que ve en el rey Alfred, que se centre en hacerlas cumplir. La rule of law, sumarizada cuando en la reseña histórica dice que Alfred pretendía que los comerciantes defendieran libremente su Estado, precisamente porque era el más beneficio para ellos.

Volviendo sobre el tema de los tratantes de esclavos, en esta escena Uhtred y Finan asaltan y matan sin provocación al tratante con que están negociando para comprar esclavas. Simplemente porque se indignan al recordar su pasado como esclavos (¿en la tercera entrega?). Y, sin embargo, el autor es complaciente con esta acción, que no encuentra castigo de ninguna clase, pese a la asistencia de la "policia" londinense y la denuncia de los otros tratantes. Se trata de una violación clarísima de la propiedad privada y de la ley de Alfred por tanto, que requeriría un castigo ejemplar (mucho más de otras de las acciones por las que Alfred ha considerado oportuno castigas a Uhtred).

Y, sin embargo, Cornwell es cómplice de Uhtred en su narrativa, y acepta que que se pueda robar y asesinar impunemente a un comerciante, solo por serlo de esclavos, algo que entonces era normal y no ofrecía a la sociedad demasiadas dudas morales.

Bueno, descanso con otro libro, y vuelvo luego con la saga.

jueves, 26 de enero de 2017

El increíble caso de Barnaby Brocket ("The Terrible Thing That Happened to Barnaby Brocket"), de John Boyne

John Boyne saltó a la fama por su novelita "El niño del pijama a rayas". Un servidor pensaba que era flor de un día, pero resulta que el señor Boyne tiene bastantes libros, e incluso se ha vuelto a oír su nombre con la públicación del último, "El niño en la cima de la montaña". Boyne es irlandés, y no deja de ser curiosa la extraordinaria cuota de escritores irlandeses de éxito respecto a su población. De allí nos vienen Oscar Wilde, James Joyce o más recientemente Frank McCourt.

El caso es que como el primer libro citado me gustó bastante, al ver que tenía otras obras, decidí leer algo más de él. Y opté por este sobre Barnaby Brocket como podría haber escogido cualquier otro. Tras su lectura, entiendo mejor por qué el resto de libros de Boyne han pasado sin pena ni gloria.

Boyne escribe fácil y bien, el libro se lee en un soplo. Pero no por ello deja de ser menos prescindible. Es un libro sin nada interesante que aportar, ni siquiera algún requiebro final para sorprendernos. Supuestamente es una reflexión sobre lo que significa ser "normal". Pero tiene un punto de partida tan absurdo, que pierde la gracia toda posible reflexión sobre una base tan cenagosa.

Y es que el tal Barnaby Brockett resulta ser que es un niño flotante! Vamos, que si lo sueltas sube como un globo. Muy verosimil para tener empatía con él. Vive con sus padres y sus dos hermanos, y el problema es que los primeros, por sendos "traumas" infantiles que nos explica el autor, tienen horror a llamar la atención, esto es, a no ser considerados normales. Ello hará que en un momento de la novela tomen una decisión expeditiva sobre el paradero de su hijo "raro", y esa es la terrible cosa que le pasa en un sitio de Sidney llamado Mrs. Macquarie's Chair.

Ello le lleva de viaje a través del Pacífico hasta Brasil, de allí a Nueva York, luego Canadá, África y finalmente al espacio, sitios en los que irá conociendo a gente especial, algunos más normales (el par de lesbianas brasileñas) y otros menos (el tipo con patas de pato o el amigo con garfios en vez e manos).

No hay lógica alguna en los trayectos que se explique ex post, ni en los personajes que encuentra, ni realmente en nada de lo que le pasa. Así que termina siendo una narración bien hecha pero insulsa, que no invita a la reflexión porque se asienta en bases arbitrarias.

Alguien me podría acusar de estar pidiendo demasiado de un libro que parece infantil. Yo le diría que parece extraño meter lesbianas en la narración si el cuento es realmente infantil. Pero que, en todo caso, los niños se merecen un respeto, como bien nos muestran las novelas de Kästner, y este libro no se lo tiene: ¿de verdad los padres pueden ser tan unidimensionales en este caso? ¿Y eso de quedarse dormido en el viaje en tren Sao Paulo-Rio de Janeiro y despertar en Nueva York? Al menos se trata de un libro corto.
 

miércoles, 25 de enero de 2017

La nueva mente del emperador ("The Emperor's New Mind"), de Roger Penrose

En pedazo de líos me estoy metiendo últimamemte. ¿Quién me mandará a mí ponerme a leer libracos como el del título? Sin embargo, aquí estoy, y encima con el interés por la física espoleado. Quién me ha visto y quién me ve.

Empecemos por el principio: ¿por qué leer este libro? Tiene relación con mi interés por el desarrollo de la ciencia, sobre todo referido a la ciencia económica y en comparación con las ciencias naturales. Entonces se supone que este libro te ayuda a entender cómo funciona el cerebro humano y de dónde proceden los axiomas, que son el punto de partida de la teoría económica entendida a la austriaca, y también de las matemáticas, y, siguendo a Kuhn y sus paradigmas, incluso las ciencias naturales.

Pues allá que me voy. La verdad es que el prefacio invita mucho a la lectura: en este libro se va a tocar de todo, desde la máquina de Turing hasta la teoría de la relatividad, desde los números complejos hasta la física cuántica, y todo para tratar de explicar el cerebro.

Desgraciadamente, es mera venta de moto. Me voy explicando. La tesis principal de Penrose es sencilla: el cerebro humano no funciona según un algoritmo, y por tanto no se puede remedar su funcionamiento con otro tipo de hardware, en concreto, con ordenadores. No se trata de un tema de complejidad o de computabilidad (ie, que las operaciones sean tan complejas y costosas en tiempo que sea imposible replicar el funcionamiento en tiempo real), sino algo completamente estructural.

Es una tesis relativamente sencilla de explicar y exponer, ¿verdad? Entonces me pregunto para qué se embarca el señor Penrose en explicarnos todas las matemáticas que en el mundo han sido (hasta los números complejos) y a continuación hacer lo propio con la física, desde la física clásica a la cuántica pasando por las teorías especial y general de la relatividad. La única explicación que encuentro es que hay que llenar páginas para llegar al volumen mínimo digno de un académico.

El problema, además, es que Penrose no es especialmente didáctico, casi más bien al contrario, con lo cual estas secciones pretendidamente introductorias se vuelven un bolo bastante difícil de digerir. Y digo "pretendidamente" porque ocupan el 90% del libro. Por ejemplo, uno de los aspectos más relevantes para la tesis de Penrose es el teorema de Godel, por el que se demuestra que ningún sistema teórico para el desarrollo de las matemáticas es autocontenido, lo que significa que en él se han de incorporar axiomas o verdades no demostrables dentro del propio sistema. Muy bien. Lo que no entiendo es la necesidad que tiene de demostrarlo de forma rigurosa a base de vectores y matrices.

Entre las partes más interesantes (y que mejor explica, todo hay que decirlo) está la dedicada a la relación entre la entropía y el tiempo. Según Penrose, las leyes fisicas que conocemos son reversibles, en el sentido de que no presuponen que el tiempo avance únicamente. Penrose entonces razona que nuestra percepción del paso del tiempo se puede deber a la observación del paso de estados de menor a mayor entropia (por ejemplo, cuando se cae un vaso de una mesa y se rompe). Siguiendo por esta vía, el autor trata de explicar que el estado del Universo previo al Big Bang habría de ser el de menor entropía, mientras que los agujeros negros suponen la mayor entropía.

En cuanto al tema del cerebro y la inteligencia, Penrose dedica comparativamente muy poco espacio, y además de forma bastante decepcionante. Básicamente, explica las partes del cerebro y las reacciones químicas que se conocen en su funcionamiento. Luego procede a defender la imposibilidad de que funcione como algoritmo basándose en la existencia de axiomas y de ideas felices (por cierto, todos tenemos ideas felices, aunque no sean tan brillantes como las que Penrose elige como ilustración; en fin, que para ver cómo se gesta una idea feliz no hace falta utilizar como ejemplo no sé qué historias de los agujeros negros). Y finalmente concluye que quizá esas ideas felices surjan de la consecución de estados de mínima entropía entre los reactivos del cerebro (o del cerebelo), para lo que sería necesario desarrollar una teoría cuántica de la gravedad, en la que el presume que habrá elementos de irreversibilidad temporal.

Y francamente, no sé por qué ha necesitado contarnos la ley de Lorentz para llegar a esta conclusión.
En fin. Yo no me he perdido demasiado porque, quieras que no, estudié muchas de estas cosas cuando hice ingeniería, y algo se ha debido de quedar rondando entre mis neuronas. Por ejemplo, todo el tema de transformadas de Fourier para mí es relativamente directo, pero no creo que lo sea para el lector convencional. Pero aún así, he sufrido la lectura. Así que vienes de nuevas, prepárate a sufrir, innecesariamente.

Como aspecto positivo, para mí, es que me ha despertado inexplicablemente un interés por entender de una vez y bien la teoría de la relatividad y la física cuántica. No sé por qué, pero se ha suscitado. Así que es posible que haya nuevas reseñas sobre este tipo de libros en el futuro.



viernes, 20 de enero de 2017

Patria, de Fernando Aramburu

Patria es el libro que parece estar de moda en estos momentos. Las razones me parecen obvias: es la primera novela, hasta donde yo sé, sobre la vida en el País Vasco durante la época dura de ETA y el terrorismo. Y, claro, a ver quien se resiste a su lectura.

Todos hemos vivido, muchos de lejos, esa terrible época, que aún sigue en muchas memorías. Esta es la oportunidad de acercarse a lo que debían de vivir y sentir los protagonistas, desde el confort de la lectura, eso sí.

La novela de Aramburu se puede calificar en este sentido como de costumbrista. Para contarnos esa vida cotidiana, el autor utiliza como vehículo la vida de dos familias. Ambas familias son vascas de pura cepa y de pueblo, e íntimas amigas. Pero, como es perfectamente previsible, una de ellas es abertzale y tiene un etarra en su seno, y la otra es, por así decirlo, apolítica, y sufre un asesinato en sus carnes. Aparte de estas características especiales, las familias en cuestión "sufren" eventualidades como las de cualquier otra familia convencional: enfermedades, rupturas matrimoniales, incomprensión, soledad...

En cuanto a la narración, el estilo de Aramburo es arriesgado. Dos cosas llaman la atención. En primer lugar, se trata de una narración desordenada, que avanza por así decirlo en espiral. Los capítulos se suceden sin orden aparente, ni en el tiempo, ni en el espacio, ni en los protagonistas. Todos, padres e hijos, reciben sus dosis de atención. El caso es que el esquema funciona: no sé si estamos ante un caso como Rayuela (en que según Cortázar el orden de lectura de los capítulos cambiaba el relato) o de verdad el autor se ha currado este orden por algún motivo especial. Pero, insisto, funciona.

Como también le funciona el recurso de las frases cortadas, algo que  nunca había visto en castellano. Al principio resulta chocante, pero luego te acostumbras, y también funciona. En estas frases está claro que al autor no le importa tanto lo concreto como el concepto. Por ejemplo "No vayas tan, un poco hacia", reflejando las cosas que se dicen cuando vas en coche con otra persona, pero sin concretar.

Como digo, ambas técnicas funcionan y el libro se lee bien. Pero lo que hace a este libro digno de lectura no es ese estilo, ni los avatares de la fortuna que suceden a la familia. Lo que merece la pena es la descripción del ambiente en un pueblo nacionalista, por un lado, y la visión cercana de un terrorista etarra.

En cuanto a lo primero, resulta terrible ver como, de la noche a la mañana, se altera completamente la convivencia en el pueblo en torno a uno de sus habitantes, hasta entonces perfectamente integrado, el Txato, querido por casi todos. Nadie le va a dar aire, ni siquiera sus mejores amigos de toda la vida. El aislamiento es absoluto y casi inexplicable para los sufridores. No puedo saber si esto esa así o no, pero parece verosimil. Sigue siendo sorprendente como unos pocos pueden imponerse por el terror a todo un pueblo.

En cuanto a lo segundo, entramos en terreno cenagoso. La imagen que da Aramburu del terrorista es muy humana, tratando de explicar/comprender que podía impulsar a muchos jóvenes a embarcarse en esa lucha armada que les privaba de su juventud, su vida y sus relaciones. Y encima todo el sacrificio para hacer el "mal", como es matar a inocentes, algo de lo que no parece que quepa duda, incluso para los terroristas. Se nos traza desde la perspectiva del etarra también lo que podía significar la captura y esas posibles torturas en el cuartel. Aramburu hace un gran esfuerzo para que podamos empatizar con el terrorista, y creo que lo consigue, aunque a muchos les pueda doler.

La novela termina con las partes quizá menos interesantes y previsibles de la historia, esa reconciliación entre ambas familias en la figura del abrazo de ambas madres. No obstante, es algo emocionante, y la vez amargo, porque queda constancia de la pérdida de tiempo y vidas que todo el episodio supuso, al menos desde la perspectiva actual.

Inevitablemente, se trata de un libro que invita a la reflexión. Es cierto e indiscutible que el asesinato es un delito, y el terrorista debe pagar por ello. A la vez, es cierto también que errar es humano, y que el propio terrorista puede llegar en algún momento a aceptar que se equivocó, aunque sea en su fuero interno. Sin embargo ¿no debería existir margen para que la víctima, o su familia, que es la que sigue en el mundo, pueda perdonar y reconciliarse? ¿Pues el Estado usurpar este papel a la víctima, sea en la condena o en el perdón (como parece estar haciendo en los últimos años)?

Lo que sí se echa de menos en el libro es un pozo de zoom en los políticos vascos y en los posibles culpables de que esto llegara a producirse. Sí, aceptemos que muchos jóvenes se veían impulsados a la lucha armada, pero, ¿quién creaba este caldo de cultivo? ¿Eran realmente algunos curas?¿Anónimos de las Arrico Tabernas? No sé, se echa de menos algo más concreto, porque me resulta difícil aceptar la tesis de que, una vez empiezan las acciones, tienen que mantenerse para que ETA sobreviva. Y, por otro lado, ¿no hubo unos cuantos mafiosos que se forraron con el tema? Sería interesante encontrar al cui bono de toda esta historia, porque Aramburu en su libro solo nos presenta victimas, y digo yo que alguien tiraría la primera piedra.

lunes, 2 de enero de 2017

El problema de los tres cuerpos ("The Three-Body Problem"), de Liu Cixin

Liu Cixin es el autor chino de ciencia ficción más leído y conocido, aunque creo que poco allende sus fronteras. Cuando me interesé por este libro, no lo sabía, y pensaba que Cixin era un autor chino pero que estaría afincando en los EEUU o Inglaterra, y escribiría en inglés. No es así: Liu Cixin escribe en chino, y el libro que he leído es su traducción al inglés.

Soy bastante reacio a leer libros de autores chinos, japoneses o indios. Como no sé su idioma, pero sé qué es complicado, siempre tengo muchas dudas sobre qué tendrá que ver la traducción  que estoy leyendo con lo que haya escrito el autor. El fenómeno es especialmente acusado con los Haikus, que tan de moda estuvieron hace unos años. Pero, bueno, qué se le va a hacer. Al menos este libro está traducido (al inglés) por un chino bilingüe que ademas ha escrito cuentos de ciencia ficción. La nota del traductor parece tranquilizadora sobre el grado de aproximación que pueda tener la versión traducida a la original. En todo caso, me temo que esto es lo más que me voy a poder aproximar a leer en chino.

Por otro lado, he de decir que opté por leer la traducción inglesa, aunque existe una española, por creer que ésta igual era una traducción de la versión inglesa, y no directamente del chino. Esto pasa con muchas obras asiáticas, cuyas traducciones al español son en realidad traducción de la versión (típicamente) francesa al español. Si no me gusta leer traducciones, ya las traducciones de segunda mano os podéis imaginar. En todo caso, conste que la española es también directa, y seguramente merezca la pena.

Ya entrando en el libro, estamos ante una novela de ciencia ficción pura, esto es, de las que no tienen demasiada aventura y sí mucha ciencia. Vamos, lo que es el género clásico. De hecho, todo el relato e incluso el estilo parecen supeditados a las ideas "científicas" sobre las que el autor construye la trama. Por ello, me ha resultado una novela demasiado ingenúa, y aparte de las ideas científicas que ahora comentaré, y alguna reflexión al hilo, no me ha resultado atractiva.

En cuanto a las ideas científicas, Cixin juega con la nanotecnología, el manejo las partículas atómicas y subatómicas, y la física clásica. Es un problema de esta última el que da título a la novela: el problema de los tres cuerpos, consistente en resolver cómo funciona un sistema gravitatorio formado por tres sólidos similares. Se demuestra que este sistema es impredecible y muy dependiente de las condiciones iniciales. Ello se utilizar para explicar la evolución de la civilización de un planeta sujeto a tres soles, inicialmente en un videojuego.

La historia transcurre en China, pero apenas hay referencias a la vida cotidiana, por lo que poco podemos aprender de las costumbres actuales en el gigante asiático. Más información se proporciona sobre los sucesos de la Revolución Cultural, que es cuando empieza el relato, y es quizá esta parte la más interesante del libro, por lo menos, hasta las partes finales.

En estas, el foco está en el "desdoble" de las partículas atomicas y en su proyección sobre nuestro mundo tridimensional. Es apasionante la descripción que hace Cixin de ambos fenómenos, proporcionando una intución de los mismos que no creo que se pueda adquirir simplemente estudiando física cuántica. Cixin describe el desdoblamiento como una multiplicación del tamaño al pasar de una dimensión superior a una inferior (algo parece a cómo se multiplica el tiempo al soñar que estás soñando, véase Inception de Chistopher Nolan).

Así, si se asume que un protón tiene 11 dimensiones, Cixin imagina como un plano colosal, capaz de cubrir un planeta, su desdoblamiento hasta la segunda dimensión; o como una línea infinita, su desdoblamiento hasta la primera dimensión. Si luego se pliega, va reduciendo su tamaño, aunque a partir de la cuarta dimensión ya no seríamos capaces de percibirlo, solo detectariamos su proyección en tres dimensiones.

Son estos pasajes sin duda lo mejor del libro, donde la imaginación y visión de Cixin luce en todo su esplendor. El resto es basurilla narrativa con más agujeros que un Gruyere, pero que sirve como disculpa a Cixin para estas pajas mentales.

Parece que este libro es el primero de una trilogía, pero me temo que mi entusiasmo por él no alcanza para que dé más cancha al autor. Eso sí, fue bonito mientras duró.

Cierro con un par de citas llamativas (traducción, del inglés, mía)
"El propio universo era transparente; conforme más aguda fuera tu visión, podías ver tan lejos como quisieras"
"La obtención del despertar moral requirió una fuerza externa a la raza humana".