viernes, 14 de julio de 2017

Las 100 claves de África ("Les 100 clés de l'Afrique"), de Philippe Leymarie y Thierry Perret

África es una gran desconocida, y quizá le quede todavía mucho tiempo de serlo. En nuestras lecturas, viajes, películas y series, nos tropezamos constantemente con los otros continentes, pero rara vez con África. Tenemos una vaga idea de la historia de muchos países de todos los continentes, pero escasísima de lo que pasó y pasa en África (con la excepción los países mediterráneos, claro, con los que compartimos legado romano).

Es por ello que de vez en cuando me fuerzo a leer cosas sobre África, para no dejarla descolgada en el conocimiento que voy adquiriendo de otros continentes. Hubo un libro que me encantó, "Ébano", de Ryszard Kapuściński, y confieso que tenía alguna esperanza de redescubrir éste en el que ahora comento. Evidentemente, no iba a ser el caso, como el título revela fácilmente al lector más atento que yo.

Y es que este libro es en realidad una colección de breves monografías sobre distintos aspectos del continente africano, obviamente hasta alcanzar las 100 que le dan título. La mayor parte de las monografías corresponden a los países africanos, habiendo un artículo por cada país. También hay unas cuantas dedicadas a personajes, perdón, políticos relevantes en el devenir del continente africano. Por último, hay una tercera categoría de "Varios" en que se habla de aspectos generales, como pueda ser el cine, el petróleo, los diamantes o el SIDA.

Estas monografías se complementan con unas cuantas tablas cronológicas de sucesos recientes (bueno, del siglo XX hasta 2005) en el continente, y con una selección de discursos de, sí, políticos en determinados momentos relevantes, como por ejemplo el de Mandela al ser nombrado presidente de Sudáfrica.

El libro es interesante, sobre todo para el amateur que sabe poco de África, como es mi caso. Las monografías de cada país incluyen un breve esbozo de su historia, lo que me ha resultado lo más interesante del libro. Y eso que esa historia está necesariamente obsoleta, ya que solo llega hasta 2005, momento de publicación de la obra. En todo caso, es en estos párrafos donde más potencial de aprendizaje hay. Por ejemplo, así he sabido que Etiopía es el único país de África que no ha sufrido nunca colonización por países europeos, pese al intento de Italia antes de la 2ª Guerra Mundial, y es al único país al que se reconoce una victoria sobre los colonizadores.

Por su parte, las biografías de personajes relevantes, siempre politicos, resultan un tanto redundantes con las historias de los países en que ejercieron, por lo que son bastante menos interesantes. Por último, la sección de varios adolece de una visión socialista y estatista de la vida (ya apuntada al seleccionar únicamente políticos como "claves" de África), que hace su lectura en muchos casos insufrible cuando no directamente irrelevante. Los autores son periodistas, no tienen por qué saber de economía, claro. Pero resulta estresante que habiendo los problemas que hay en África, denuncien cosas como que el cine está poco desarrollado, o que los medios de comunicación no reciben ayudas. La capacidad de disociación de la gente no parece tener límites: a ver, si África es un continente pobre, ¿cómo esperas que se puedan gastar recursos en colegios u otras de las infraestructuras que tienen los países ricos?

Por ejemplo, me resulta insoportable la continúa confusión entre deuda de país y gobierno. Los países no se endeudan, África no se endeuda, no tiene capacidad para hacerlo. Los que se endeudan son los gobiernos de cada país, los políticos, contra el crédito de los individuos de sus países, pero sin contar con ellos. Habida cuenta del grado de corrupción que tienen muchos de estos gobiernos, la condonación de estas deudas o su renegociación, o lo que sea, solo puede ocurrir a consta de los ciudadanos y a favor de los políticos. Por ello, resulta un poco cansino leer a los señores Perret y Leymarie una y otra vez sobre el tema, al mismo tiempo que denuncian casi en cada país los elevados índices de pobreza.

Otro tema para la reflexión es el de los impulsores de las distintas instituciones políticas africanas. Pensar que gente como Gadaffi o los distintos dictadores estaban interesados en impulsar este tipo de organizaciones da mucho que pensar. Por ejemplo, sobre la ONU y la declaración de derechos humanos en que estuvo involucrada esa gran garante de los mismos que era la URSS.

Este libro es ciertamente interesante para quienes quieran conocer un poquillo sobre la historia de los países de África y sobre algunos fenómenos que afectan al continente. Está razonablemente bien escrito, y llega a ser hasta emotivo en algunos momentos. En su contra tiene su excesivo foco estatista-socialista, así como el foco francés (perfectamente explicable por la nacionalidad de los autores), y por otro lado su redundancia y obsolescencia. Si alguien está intersado en su lectura, quizá deba mirar primero si hay alguna versión más reciente.

Con todo, lo más interesante que van a encontrar los lectores empedernidos como un servidor es la lista de posibles nuevas lecturas de autores puramente africanos que se nos concede en el capítulo dedicado a la literatura. Yo me he apuntado Wole Soyinka y Albert Memmi, del que leeré sin duda "Portrait du Colonisé".

martes, 4 de julio de 2017

El quinto en discordia ("Fifth Business"), de Robertson Davies

Los derroteros literarios me llevan en esta ocasión hasta Canadá, país del que pocas recuerdos de lectura, si alguno, tengo. Y lo hacen de forma inesperada, porque desconocía que el autor fuera canadiense, y ni siquiera que Deptford, el pueblo que da nombre a la trilogía que se inicia con esta novela, fuera de tal país. Es más, ni siquiera cuando empiezan las primeras referencias a Toronto, caí en la cuenta de que no solo el entorno, sino que también el escritor podía ser del país de la hoja de roble.

Pero una vez superado este punto, se acaban las diferencias con otras obras literarias inglesas o americanas. Estamos ante una novela bien escrita, estilo alta novela inglesa, con buen vocabulario y la perenne ironía británica que contribuye una y otra vez al lector a esbozar sonrisas cómplices. El libro está narrado en primera persona, y forma un triángulo con dos conocidos de la infancia del narrador/autor. El evento traumático que condiciona el desarrollo de la historia es el que establece la relación entre los tres: el mejor amigo del protagonista le lanza un bola de nieve, que impacta en la que será madre del tercer vértice del triángulo, provocando su parto anticipado.

A partir de aquí, el protagonista, Dunstan Ramsey, nos cuenta su vida, puntuándola con los momentos en común con cada uno de los otros dos caracteres. En el caso del primero, una relación frecuente y constante, en la que se contempla la exitosa carrera empresarial y politica. En el caso del segundo, una relación mucho más esporádica, pues el niño prematuro se hace mago y viaja por todo el mundo. Por cierto, no os perdáis la descripción del magnífico espectáculo de magia que se nos cuenta en un determinado momento de la historia.

De hecho, la magia es uno de los temas que mantiene el hilo en la novela. El otro tema es aún más sorprendente, si cabe: la hagiografía o vida de santos. Nuestro héroe cree ver una imagen de la Virgen durante su participación en la primera Guerra Mundial, y dedica el resto de sus días a buscarla. Ello le fuerza a visitar iglesias en pos de imágenes, y lógicamente se convierte en un experto en los iconos cristianos y sus santos. De las partes más interesantes del libro resulta su relación con la sociedad de bolandistas, los jesuitas que se dedican a investigar a los santos para ver si son dignos de canonización.

Se presta también atención a la política en Canadá y a sus relaciones con la monarquía británica, con base en la figura del amigo. Personalmente, no he podido evitar fijarme en la referencia que hace al London School of Economics y su papel en la diseminación del socialismo, algo imposible de hacer a todos los que hemos leído el Camino de Servidumbre de Hayek.

Y, para tener de todo, la novela tiene también un giro inesperado en que todo queda relacionado/explicado y que desemboca en un suceso trágico, pero que libera, aparentemente, el trauma del protagonista.

En cuanto a la parte más irónica, me quedo con la respuesta que da la madre del parto anticipado, y esposa del reverendo de una de las iglesias de Deptford, y de mente un poco transrtornada, cuando a poco de empezar la novela la encuentran acostada con un vagabundo, y le preguntan que por qué lo ha hecho. La respuesta es antológica: "He was very civil. And he wanted it so badly" (Fue muy educado. Y tenía tantas ganas").

No sé si leeré algún libro más de esta trilogía o de este autor, pero esta lectura ha estado lo suficientemente bien como para considerarla provechosa y hasta recomendable.

sábado, 17 de junio de 2017

Liquidación Final, de Petros Markaris

Markaris es un conocido autor griego de novelas policíacas, más en concreto, por la saga del detective Kostas Jaritos. A estas alturas de mi vida, me resulta algo extraño ponerme a leer este género, pero lo he hecho por recomendación de una compañera, con el interés sobre todo de la descripción de la vida en Grecia durante estos años de crisis.

Markaris acaba de publicar una entrega del conocido detective, llamada Offshore, y con esa disculpa me he enterado de que los cuatro libros previos conforman la llamada "tetralogía de la crisis". Como uno es un poco cuadrado, decidí leerme por orden estos libros antes de acometer el más reciente. Pero me equivoqué, y este que leí es realmente el segundo de la tetralogía, no el primero. En fin.

Se trata de una lectura ligera, sin demasiadas pretensiones, aunque entretenida y, como cabe esperar, con algunos trazos costumbristas de interés. El estilo de Markaris (o de su traductor al español) es descarnado hasta el extremo. Como prueba definitiva del grado de "ejecutividad" que tiene, basta ver cómo termina la novela: no cuándo se captura al malo, como suele ser el caso, sino simplemente cuando se descubre quién es y Jaritos se lo comunica a su superior. ¿Para qué entretenerse con dramas finales?

Como digo, la búsqueda del asesino tiene en esta novela el transfondo de la crisis económica en Grecia. Así, nos encontramos con una Atenas continuamente atascada por manifestaciones de unos u otros grupos de interés, hay continúas referencias a los recortes sufridos por los funcionarios (no en vano Jaritos es uno de ellos) y en general a la desesperada situación de muchos trabajadores y empresarios. Ello da lugar a algunos suicidios que se entremezclan con los asesinatos de la trama. En el plano personal, también la trama se va por la crisis, en este caso en torno a la posible emigración de la hija para buscar otras oportunidades. Es curioso que en plena crisis y recortes, sigan apostando la mayor parte de los protagonistas por el empleo público.

La disquisición moral la ofrece el asesino, quien se dedica a reclamar deudas fiscales a sus eventuales víctimas, que pasan a serlo si no regularizan su situación con el fisco. Conforme avanza la novela, pasará también a asesinar a "empresarios" bien conectados políticamente. Lo cierto es que el método del asesino, quien se autodenomina Recaudador Final, termina teniendo éxito, por lo que empieza a vérsele como una especie de héroe por el pueblo griego: alguien que puede hacer "justicia" impositiva allí donde el estado griego fracasa o simplemente está corrupto.

Desgraciadamente, esta disquisición pierde sentido a ojos de un libertario, puesto que no parece justificable ni mucho menos asesinar a alguien simplemente porque impide que le roben lo suyo, aunque la mayoría del pueblo griego esté de acuerdo con ese robo. Por supuesto, la cosa cambia cuando el Recaudador empieza a ir a por los políticos y muestra su lado corrupto.

Bueno, pues eso tenemos, lectura ligerita de verano, no exenta de interés y desde luego entretenida, pero que no tan enjundiosa como para dedicar más tiempo a las andanzas del tal Jaritos. Encantado de haberles conocido.

lunes, 12 de junio de 2017

Una historia de Venecia ("A history of Venice"), de John Julius Norwich

La principal motivación para leer este libro viene de la teoría económica. Me explico, de forma breve: de acuerdo a la teoría económica, la única forma de generar riqueza y progreso es teniendo libertad. La libertad en la sociedad depende muy directamente de las instituciones con que se dote, o sea, del poder real que esas instituciones tengan sobre el resto de los ciudadanos, o, dicho de otra forma, de los contrapesos existentes sobre las decisiones de las instituciones.

Por otro lado, una sociedad u organización que ha llegado a ser poderosa y además durante bastante tiempo, necesariamente tiene que haber construido su base sobre una generación inicial de riquera, que a su vez se basaría en la libertad y por ende en las instituciones. Para contrastar empíricamente la teoría descrita, hay por tanto que conocer las instituciones originales de las grandes naciones que durante la historia han sido: el imperio romano, el imperio chino, el español o el turco, por ejemplo, pero también las ciudades hanseáticas, Florencia o, como el caso que nos ocupa, Venecia.

Con este objeto, en cuanto supe de esta obra de Norwich me hice con ella, con la intención de tarde o temprano leerla. Y le llegó el momento. El libro no me ha decepcionado en ningún sentido: ni por contenido, ni por forma de contarlo, ni por rigor, ni tampoco por la permanente atención a las instituciones que gobernaban Venecia. He leído excelentes libros de historia que, sin embargo, apenas se refieren a las instituciones, con lo que no cubren la necesidad teórica planteada. Pero, como digo, no es el caso de la obra de Norwich.

La historia de Venecia, per se, es apasionante. Una ciudad-estado metida durante unos mil años en todos los lios europeos, y en muchos casos con la voz cantante. Por las páginas del libro transitan los longobardos, los turcos, papas corruptos y papas santos, los piratas croatas, los imperios germánicos, los reyes hungaros (y hasta algún polaco), los normandos, Génova, Florencia y Milan... pero sobre todo Francia, España y Bizancio. No sé si muchos conocerán que Venecia fue en algún momento de la historia la cabeza de facto del imperio bizantino. O que la península italiana solo quedó pacificada con la llegada del poderoso imperio español bajo el mando de Felipe II. De hecho, uno de los escasos aspectos que me resultan un poco sospechosos en la historia que cuenta Norwich es lo tarde que aparece algún reino de la península ibérica involcucrado en el destino de Venecia.

Norwich construye la historia tomando como marco los sucesivos mandatos de los Dogos, de la misma forma que Tito Livio en su Ad urbe condita la describe basándose en los mandatos de los consules. Es sistemático, pero a veces algo aburrido, porque no con todos los dogos suceden cosas de importancia, pero sin embargo este sistema obliga a citarlos a todos.

Pese a su foco esencialmente histórico, Norwich no pierde de vista la evolución urbanística y arquitectónica de la ciudad. Al fin y al cabo, según confiesa en el prólogo, fue la belleza de la ciudad la que le atrapó en esta narrativa. El estilo de Norwich, por lo demás, es fluido y atrapa al lector, que raramente se verá obligado a interrumpir la lectura por cansancio o aburrimiento. Me atrevería a decir que, pese a ser un libro largo, y no novelístico, se podría leer de una sentada. Por destacar un capítulo, me quedaría con el de la batalla de Lepanto, que describe magistralmente, aunque sin llegar al tono dramático que un Posteguillo habría conseguido insuflar para mayor goce del lector.

Y, por último, lo más importante: en cada momento relevante, Norwich se detiene en las instituciones políticas de la República, y nos cuenta cómo funcionaban y cómo evolucionaron, así como las causas de dichos cambios. Es más, dicho análisis es parte integral del trabajo realizado por Norwich, como lo prueba el extenso espacio que dedica en las conclusiones a relacionar la longevidad de Venecia con el funcionamiento de las instituciones, y a desmontar el mito de que era un estado policial por no ser democrático.

No es este el sitio para realizar un análisis en profundidad de las mismas (eso es algo que dejo a mi segunda tesis doctoral, jajajaja). Pero sí quiero dejar escritas algunas ideas al respecto:
- El Dogo casi siempre era una persona de mucha edad (70-80 años) y generalmente reconocido como con gran prestigio. Y aún así, apenas se le dejaba poder. Apasionante la descripción que se hace de su sistema de elección conforme avanza el tiempo.
- Cuando Venecia fracasaba en alguna empresa, una de las cosas que se revisaba era el sistema de checks & balances para ver si estaba funcionando bien. La cuestión no era tanto quién había cometido el error (todos nos podemos equivocar), sino si la decisión errónea había progresado sin obstáculos en las instituciones debido a ausencia de contrapesos.
- Los derechos reconocidos a los ciudadanos venecianos eran envidiados por los ciudadanos de otras repúblicas, como también sus gobernantes, hasta el punto de que muchas ciudades contrataban ciudadanos venecianos para su gobierno.
- Es especialmente interesante la figura del Consejo del Diez, investido de grandes poderes, pero con importantes contrapesos en su propia formación: imposibilidad de repetir mandato, imposibilidad de dos miembros de una misma familia, la forma de tomar decisiones, el requisito de ampliación en sus componentes para las decisiones más graves...

En resumen, un libro apasionante casi desde todos los puntos de vista, e imprescindible para los amantes de la historia de Europa, de la libertad y, por supuesto, de Venecia.

viernes, 9 de junio de 2017

La sala de profesores ("Das Lehrerzimmer"), de Markus Orths

Este es uno de esos libros que escojo aleatoriamente de mi biblioteca en alemán, para ver si hay suerte y hago algún descubrimiento. Luego he visto que estaba traducido al español, lo que revela un cierto grado de éxito en lugar aborigen de la obra.

Dos cosas me atraían a priori de él: que es muy breve, y que supuestamente es un relato sarcástico, en este caso de las aventuras de los profesores del instituto del pueblo alemán Goppinger. Se trata de un libro extraño (¿humor alemán? ¿no es una contradicción en los propios términos?), pero con un cierto atractivo, e innegables momentos de humor.

Una cosa que llama mucho la atención es la longitud de los párrafos. Kafka también utiliza párrafos super-largos. Pero, claro, lo suyo no es literatura de humor. Uno asocia ésta con párrafos cortos y ligeros (sin ir más lejos, Mieses Karma), pero nada de eso en este relato. Creo que algunos de los capítulos solo tienen uno de estos párrafos eternos.

Contrariamente a otros libros de humor sobre colegios, éste apenas se refiere a las relaciones de los alumnos con los profesores, que es donde suele estar la mina de anecdotas. Como el propio título indica, aquí solo hay relaciones entre profesores, y de estos con sus superiores y, en general, la burocracia educativa.

El libro comienza con toda una declaración de intenciones: el director del colegio recibe al autor con un discurso lleno de consejos, en él que le deja claro que toda la vida académica se construye sobre cuatro pilares: Angst (Miedo), Schein (Apariencia), Lüge (Mentira) y Jammer (Misería). Y eso se lo dice el director al novato. Hala, para evitar que nadie se haga ilusiones desde el principio.

Lo cierto es que el relato, sin ser desternillante, y encima tener un estilo ciertamente complicado, el autor consigue algunas imágenes ciertamente hilarantes, casi cercanas a Tom Sharpe. Por ejemplo, la escena del lío de las llaves que hay a poco de empezar, cuando hacen al recién llegado cambiar de aula con todo su grupo de alumnos, o las reflexiones sobre el profesor que tiene llegar antes que sus alumnos a la puerta del patio (para abrirla con la llave) pero tiene que salir el último del aula (para cerrarla).

Tampoco hay que perderse la descripción que da un formador de profesores sobre cómo dos compañeros triunfaron en su clase de inglés sobre el verbo to kill. O esa escena con los profesores afectados por la inspección del Ministerio, que un magistral Orths transforma con un par de toques en una situación post-apocalípctica.

Este librito es un relato curioso. Como es muy corto, creo que puedo recomendar su lectura, y asegurar al que la acometa que un par de veces se reirá.

lunes, 29 de mayo de 2017

Objetivo 4, de Germán Castro Caycedo

Este libro parece ser un best-seller en Colombia, donde el autor es bastante conocido. Se trata de un escritor muy centrado en temas locales, casi periodista, por lo que su fama no ha trascendido las fronteras del país americano. Vamos, que existen escritores colombianos que no son García Márquez.

En este libro se nos cuentan cuatro operaciones policiales contra bandidos colombianos, esto es, narcotraficantes, guerrilleros y del estilo. Y es que Colombia parece terreno abonado para esta clase de bandas, sobre todo por la orografía, por lo que no tengo muy claro qué recorrido tendrá el ultimo tratado de paz. O sea, cuánto tiempo tardarán en aparecer otros FARC o lo que sea.

La narración se estructura a base de relatos de diversos de los participantes en cada operación. Esta técnica me ha resultado muy confusa, y creo que impide al lector hacerse una idea global de lo que está pasando en la operación y por qué ocurre lo que ocurre. Al mismo tiempo, supongo que le confiere realismo, pues es fácil imaginar los problemas de coordinación que pueden surgir entre instancias gubernamentales en operaciones de este tipo. Y, al fin y al cabo, ninguno de los relatores tiene toda la información en ningún momento. Por otro lado, la confusión se incrementa al no estar claro muchas veces si el episodio que está contando alguno de los personajes ya ha sido contado por otro desde su punto de vista, o es uno completamente nuevo.

De las cuatro operaciones que dan título a la novela, las dos primeras son más de infiltración, mientras que las dos segundas son contra grandes jefes y rebosan la acción que cabe esperar en una película. Así, en estas dos últimas se involucran 100 de efectivos, contando con todo tipo de medios, como aviones, helicópteros, comandos, "Hombres Jungla". Se trata de operaciones de acoso y persecución por el accidentado territorio colombiano. Es apabullante el despliegue de medios que se hace para capturar a estos criminales, cuyo principal delito normalmente se relaciona con el tráfico de drogas. Una razón más para abogar por su legalización: ¿cómo puede un gobierno relativamente pobre como el colombiano tener que dedicar tantísimo recurso a atrapar a estos tipos, en vez de dedicarlo a educación o carreteras, o simplemente dejarlo en el bolsillo de los ciudadanos? Entiendo que el tráfico de drogas va muchas veces acompañado de verdaderos delitos, pero habría que ver hasta qué punto son consecuencia de la propia ilegalidad de aquel.

En estas dos operaciones hay una interesante reflexión final, que también se aparece a quién haya visto la serie Narcos: sí, estos bandidos son gente muy rica, pero... ¿pueden realmente disfrutar de su fortuna? La única forma de mantener su libertad ante el acoso gubernamental es vivir itinerantemente y en muchos casos en condiciones lamentables, y siempre preocupados por la aparición del enemigo.

Las dos primeras operaciones son más de infiltración. Por cierto, en una de ellas se persigue a un tal Martín Sombra, al parecer involucrado en el secuestro de Ingrid Betancourt. Lo más interesante de éstas es el episodio en que uno de los agentes se ha de caracterizar y vivir una larga temporada como vagabundo; muy curiosa la "formación" psicológica que se le ha de dar para que haya una posibilidad de que aguante estas circunstancias sin traicionarse.

Por último, no me puedo resistir a hacer una referencia a las llamadas "prepago", de las que los capos bandidos parecen disfrutar a menudo. Creo que estas "prepago" son un fenómeno colombiano, nunca me he tropezado con algo parecido, aunque allí parecen frecuentes, según se deduce de la lectura de este libro. Son chicas que ofrecen sus servicios por catálogo, y que, imagino, exigen que se pague por adelantado antes de trasladarse para la provisión pactada.

Objetivo 4 no es un buen libro, pero sí es una curiosidad, y nada aburrido al estar repleto de acción. Un entretenimiento ligero entre novelas de mayor enjundia.

jueves, 25 de mayo de 2017

Maldita Karma 2 ("Mieses Karma Hoch 2"), de David Safier

"Maldita Karma" fue un fenómeno editorial en Alemania y me atrevería a decir que incluso en España. El mero hecho de que una novela alemana se haya traducido y publicado en España es ya de por sí excepcional. Por su parte, David Safier es un escritor bastante mediocre, que dio la campanada de una forma que incluso para él debió de resultar sorprendente. Hay que reconocer que la idea era original y además la novela tiene un arranque muy bien planteado.

No creo que reviente mucho a estas alturas, pero, por si acaso, aviso que viene spoiler. En esta novela lo que ocurre es que la protagonista muere en los primeros capítulos, y se reencarna en hormiga. A partir de aqui, se nos cuenta la historia de sus sucesivas reencarnaciones hasta que, bueno, ya sería demasiado reventar. Los primeros capítulos de la primera novela son los mejores, sin duda: nos presenta a la protagonista, y nos cuenta sus últimos momentos de vida, pero de una forma en que no sabemos realmente que son los últimos. Cuando, de repente, revive como hormiga, pilla al lector tan desprevenido como a la protagonista.

Desgraciadamente, a partir de aquí la trama se desinfla, y poco a poco sale a relucir la mediocridad del escritor, que nos plantea situaciones crecientemente absurdas e inverosímiles, incluso en el contexto de aceptar que alguien reencarnado en hormiga u otro animal pueda narrar su vida. Uno termina de leer Maldita Karma con cierto agotamiento y aburrimiento.

El problema de la segunda parte es que se pierde la originalidad y la frescura, pero no sabéis hasta qué punto. De hecho, cuando empecé a leerlo, pensé que me había equivocado de libro y que había empezado de nuevo con la primera parte. Tuve que volver a abrir éste para cerciorarme de que era otra novela. Es que me parece alucinante que utilice otra vez el mismo recurso de describir los peores momentos del último día de su vida para comenzar el relato. Tratando de hacer la misma gracia, pero sin darse cuenta de que el recurso ya no sorprende al lector de la primera parte.

Y no cesan aquí los paralelismos: las mismas secuencias entre reencarnaciones, los mismos consejos de Buda, y para remate, el proceso de reencarnación vuelve a empezar como hormiga. Safier ha hecho una segunda parte que básicamente replica el esquema de la primera, incluso en las características de los personajes, y en las notas al pie sobre las memorias de otras personas reencarnadas en animales (¿por qué usar otra vez la reencarnación de Casanova?). Insisto en que me parece alucinante, aunque revelador de la mediocridad del escritor, que se limita a explotar la gallina de los huevos de oro sin demasiado esfuerzo creativo.

Dicho esto, la novela tiene algunos momentos divertidos y frescos, aunque son la excepción más que la norma. Uno de ellos ocurre cuando se reencarna en cigüeña, en concreto el momento en que mamá cigüeña enseña a volar a sus polluelos. Y también son muy divertidos sus momentos iniciales como caracol, sobre todo en relación a la velocidad de movimientos que cabe esperar.

Destaco también un par de frases-reflexiones, ambas extraidas del cine. En una, la protagonista nos comenta que en sus momentos malos le gusta ver Alien, porque así no ve gente feliz, y nadie puede tener envidida de congéneres a los que les salen bichos de la tripa. La otra, casi terminando la novela, es cuando "derrotan" al "malo final" (por así decirlo), y nos dice que en las pelis de terror el malo se levantaría cuando estuvieran celebrándolo los buenos. Pero, añade, no en esta ocasión, y concluye que, si bien la vida no es una comedia romántica en que todos terminan felices (una reflexión que aparece varias veces en la novelsa), tampoco es una película de terror.

Bueno, poco más. Si no has leído Maldita Karma, quizá esta novela te resulte atractiva por su originalidad. Si la las leído, esto es más de lo mismo, o sea que ya sabes a qué atenerte.






miércoles, 17 de mayo de 2017

Querido Lider: Vida cotidiana en Corea del Norte ("Nothing to Envy"), de Barbara Demick

Segundo libro que leo sobre las condiciones de vida en Corea del Norte. No sé si es que soy morboso o que me atrae lo desconocido, pero quizá lea aún alguno más, pues éste tampoco ha apagado completamente mi sed sobre el tema.

La autora, Barbara Demick, es una periodista destacada en Corea del Sur, ha tenido numerosos tratos con refugiados del norte, y ha viajado varias veces al país de sus desvelos. La narración se estructura en torno a la vidad de seis coreanos del norte, básicamente desde su infancia hasta su huída e integración en Corea del Sur. Dichas narraciones se ven aderezadas puntualmente por informaciones y datos que ponen en contexto lo que les está ocurriendo. Entre otras, se nos cuenta la historia de la separación de las dos Coreas.

La principal crítica que se puede hacer al libro es que realmente hay poco espacio dedicado a lo que sería la vida normal en Corea del Norte. Esto es, a menos que se considere normal vivir en una hambruna. Claro que bien puede ser que ese sea el caso, sobre todo porque según se nos informa en el epílogo, vuelven a estar de hambruna a mediados de los años 2000.

Por lo demás, el libro se lee en un soplo. Es apasionante y está muy bien escrito y narrado. Demick resuelve perfectamente el reto de entrelazar con interés las vidas de los seis protagonistas, de forma que se mantiene una cierta homogeneidad narrativa en la evolución de la historia.

Una de las cosas que más me llama la atención es cómo puede soportar nadie vivir en un regimen así sin suicidarse o tratar de escaparse por todos los medios, y encima estar agradecidos al dictador por cuya causa están así. Creo que la narración aporta una explicación: esta gente cree que su situación es la normal en el mundo, e incluso que están mejor que los residentes en países vecinos. De hecho, al principio del régimen, Corea del Norte era más rica, cuatro veces más, que Corea del Sur, y también estaba mejor que China. Sobre esa situación de partida, y debido a la concepción estática que tendemos a tener del mundo, cuesta imaginar que la situación esté cambiando en aquellos sitios que no conocemos (y sobre los que no tenemos información). Así pues, a menos que haya flujo de información del exterior, uno tiende a pensar que si estaba mejor que Corea del Sur, la situación sigue siendo similar, y que encima ellos están un poco mejor, porque el gran líder les da caramelos en su cumpleaños.

Como ya he dicho, lo cierto es que hay poca narrativa de lo que alguien consideraría vida cotidiana, porque rápidamente se produce la hambruna de los noventa, y la vida de los protagonistas se ve decisivamente condicionada por ella. Para ese momento, se ha obtenido una ligera visión de cómo funcionan escuelas, hospitales, trenes o la clasificación de castas en Corea, pero poco más. Es quizá ésta la parte sobre la que más me interesaría seguir leyendo.

La descripción de la hambruna es sobrecogedora e incluso agobiante. Al final se va saliendo de ella gracias al crecimiento del mercado negro, que el Gran Líder deja desarrollar durante unos años. Por suerte o desgracia, tal desarrollo incrementa los contactos de los coreanos del norte con China y otros países, con lo que empieza a ser generalizado el conocimiento de situación real en comparación con el mundo, y aumentan las defecciones. A éstas también se dedica parte del libro, y una vez más con una absorbente narración, pero sigue sin poder considerarse vida cotidiana.

El epílogo muestra un cuadro bastante pesimista para los ciudadanos de Corea del Norte, lo que les deja casi con la única alternativa de huir del país. En efecto, una vez estabilizada la situación de la hambruna, allá por 2005 Kim-Jong-Il decidió volver a ser estricto con las prohibiciones de comerciar y se cargó de la noche a la mañana el mercado negro en que se abastecían sus sufridos súbditos. No solo eso, sino que también hizo una renovación de la monea de forma que se cargó completamente los ahorros que habían conseguido durante el breve periodo de libertad. Así que de nuevo se produjeron episodios de hambruna, que supongo que solo se habrán resuelto si se ha relajado de nuevo la prohibición del mercado negro. En otro caso, parece increíble que en un país fronterizo con una potencia económica como Corea del Sur, se puedan producir casos masivos de gente que se muere de hambre. Cortesía de las ideologías comunistas-socialistas que siguen practicándose y, por increible que parezca, proponiéndose como alternativas de Gobierno incluso en un país como España.

En suma, un libro esclarecedor, que ayuda a comprender algunos casos de pasividad ante las dictaduras, y que a la vez ilustra de forma espectacular las grandezas del libre mercado, que es capaz de resolver en cortos periodos todo aquello que la desidía, negligencia e incapadidad de los gobiernos ocasiona. En este caso, en términos de vidas humanas.

Por cierto, el título (original) del libro está extraido del himno nacional de Corea del Norte, que viene a decir que no tienen nada que envidiar de ningún país. Qué penilla.




viernes, 12 de mayo de 2017

Las aventuras del buen soldado Svejk, de Jaroslav Hasek

Pensaba que con este libro echaría unas risas, pero han sido bastantes menos de las que su extensión invitaba a pensar. Se trata de un libro clásico de la literatura checa, en el que se nos narran las aventuras del protagonista al comienzo de la primera Guerra Mundial. Ello permite al autor trazar un cuadro costumbrista, siempre desde una perspectiva sarcástica, de la sociedad del imperio Austrohungaro antes del citado conflicto, a través de las andanzas de Svejk en el territorio del mismo.

Lo cierto es que cuesta mucho reirse en esta novela, no porque las anecdotas no sean graciosas, sino sobre todo por la traducción, que no parece hacer justicia al original. Éste está escrito en checo, y ha sido traducido al alemán, desde el cual se vierta a la versión en español que he leído.

El protagonista, Svejk, es un soldado de cierta veteranía, pero de una ingenuidad a prueba de bombas, por lo que una gran parte de los momentos comicos proceden de Svejk tratando de cumplir sus encargos contra viento y marea, y viéndose una y otra vez en circunstancias comprometidas por imprevistos. La otra parte de los momentos cómicos lo constituyen las numerosas anécdotas que constantemente fluyen de los labios del protagonista para amenizar las veladas de sus compañeros en cada momento.

Pero el problema es que no hacen demasiada gracia, sea porque están mal traducidas, sea porque no compartimos el sentido del humor de los checos. Como temas de fondo, hay dos principales: por un lado, la multirracialidad del imperio. Hay constantes puyas y cruces entre personajes de todas las procedencias: checos (como el protagonistas), húngaros, polacos, rusos, austriacos, moldavos, bosnios. Sobre todo domina el enfrentamiento checo-hungaro.

El otro tema de fondo y quizá el más interesante es el de las corruptelas administrativas en la guerra y su preparación. Hasek no trata de grandes escándalos de corrupción, sino de los pequeños robos que hacen todos los que tienen oportunidad, y que resultan igual de desastrosos en sus consecuencias que los primeros. Al respecto, es muy ilustrativo el lío que ocurre con los trenes en el episodio en que el protagonista llega a Budapest. Y lo más patético es las corruptelas ocurren incluso en el frente.

También hay que decir que el libro es marcadamente anticlerical, sobre todo en los primeros compases. Dicho de otra forma, tampoco los sacerdotes escapan del dardo irónico de Hasek. Confieso que a mí la escena que más hilarante me ha parecido de todo el libro, y con diferencia, es la misa de campaña que se describe a poco de empezar, y en que el sacerdote utiliza un trofeo deportivo como caliz. No os perdáis la descripción del retablo de campaña.

La novela está inconclusa. El plan del autor se extendía a 6 partes, pero solo llegó a hacer cuatro, esta última sin terminar. Además, termina bruscamente, por lo que supongo que algo le pasó al autor. Eso sí, le da tiempo a meter una última desagradable anecdota sobre un carnicero que hacía morcillas con insecticida.

Me temo que no puede recomendar esta lectura. Se trata de un libro largo, que pocas veces nos hará reir o sonreir, y en que la mera descripción costumbrista no acaba de justificar por si sola tanta lectura.



jueves, 27 de abril de 2017

El comienzo del infinito ("The Beginning of Infinity"), de David Deutsch

Muy interesante y variado este libro de David Deutsch, físico reciclado en filósofo. Quien lo lea puede aprender muchas cosas de muchos temas, y seguro que tendrá muchas cosas sobre las que reflexionar. Ya adelanto que de lo que no parece que va a aprender mucho es de economía, pero Deutsch está muchas veces muy cerca de lo que un economista diría sobre los temas que trata.

La tesis fundamental del ensayo es que el conocimiento es el principal factor distintivo del ser humano, y lo que nos permite cambiar el medio y hasta el universo. Con este punto de partida, es lógico que Deutsch dedique mucho espacio a la forma correcta de generar conocimiento, a la epistimiología, análisis que culmina con una especie de diálogo estilo Platón entre Socrates y el dios Hermes, en el que eventualmente llega a participar el propio Platon.

Desde el principio se muestra contrario con la hipótesis de que todo el conocimiento tiene su origen en la observación empírica (es curioso que mientras los economistas busquen para su ciencia ese contraste empírica de forma obsesiva y errónea, los físicos sean cada vez más escépticos del método científico; no es a Deutsch al primero que leo al respecto). Para Deutsch el conocimiento se genera a partir de la creatividad del ser humano y la generación de conjeturas, las cuales tienen que ser probadas críticamente, por el método que corresponda según el conocimiento que pretendan generar, y desechadas o corregidas en función del resultado de la prueba. Las buenas teorías no son fáciles de cambiar para explicar un determinado fenómeno, al contrario que las malas (Deutsch pone como ejemplos de éstas los mitos clásicos). Pero lo que es fundamental para que haya conocimiento es que éste sea explicable, que su aplicación se haga desde la razón.

Deutsch da gran importancia a los sistemas universales de expresión de conocimiento, que son los que permiten apuntar a ese infinito que da título al libro. Entre ellos, identifica los alfabetos, la numeración, los ordenadores o el ADN. Dedica un capítulo a contarnos cómo se desarrollaron algunos de ellos mediante un proceso de emprendimiento, y cómo su universalidad se obtuvo casi de casualidad (ver sobre todo el ejemplo de la numeración).

Para Deutsch, solo existen dos formas de generar conocimiento en el universo: el cerebro y la evolución genética. Pero la segunda forma es mucho más costosa y lenta que la primera. Por ello, desde el momento en que la primera fue capaz de generar un "explicador general" (que así nos tilda a los seres humanos), la acumulación de conocimiento en el universo se ha multiplicado exponencialmente. Es mucho más fácil hacer evolucionar los memes que los genes (también hay un interesante capítulo dedicado a aquellos). Al respecto, yo diría que hay una tercera forma de generar conocimiento, bien identificada por Hayek, que es la que procede de procesos espontáneos pero no dirigidos, como son las leyes, los precios y demás. No parece que Deutsch piense en estos fenómenos al referirse al conocimiento generado por el cerebro.

Entre otros con lo que uno pueda estar o no de acuerdo, Deutsch propone un original análisis sobre los sistemas democráticos, en cuanto que generadores de conocimiento para la mejora del bienestar social. Así, tras recordarnos como Arrow demuestra la imposibilidad de expresar el consenso de un grupo, o los problemas de la democracia de los EEUU al respecto de la representatividad del Congreso (en general, de los sistemas representativos), se centra en cómo ha de ser un sistema democrático para facilitar la generación de conocimiento para el propio gobierno de los ciudadanos.
El foco lo pone en la identificación y corrección de errores, donde los partidos tendrían el papel de proponer conjeturas para "solucionar" los problemas de la sociedad: ¿es fácil para el sistema corregir esas conjeturas en caso de que sean erróneas? Deutsch concluye que el sistema de mayorías tipo inglés es más apto para esta tarea, al ser más sensible a cambios de opinión del público.

Mis principales objeciones al ensayo de Deutsch tienen que ver con la explicación que da al retraso entre la aparición de la especie humana y el momento en que ésta empieza a generar conocimiento, algo que él sitúa en la época de la Ilustración (otro punto con el que no puedo estar de acuerdo). En todo caso, este análisis, muy entroncado desde mi punto de vista en teoría económica, lo dejo para mi próximo comentario en el Instituto Juan de Mariana.

Estas son solo unas pocas de las reflexiones que me ha inspirado la lectura de este libro. Como dije, mucho que aprender, mucho que reflexionar, mucho que discutir: mucho que aprovechar, en suma, de la lectura de este libro. Y no es difícil de leer: al contrario, Deutsch hace un esfuerzo tras cada capítulo por resumirlo, recoger los conceptos introducidos, y las principales ideas discutidas.

En resumen: estamos en universo en que la generación de conocimiento es open-ended. Por esos las teorías presentes en cada momento son siempre erróneas y siempre lo serán. En todo caso, cada vez serán mejores y darán lugar a problemas "mejores". En este contexto, para avanzar en el conocimiento lo importante no tener una teoría correcta, sino métodos robustos para localizar y corregir sus errores, métodos que dependerán del conocimiento que se esté generando. Por último, es la creatividad humana la fuente original tanto de conjeturas como de problemas y herramientas de prueba. Es precisamente por dicha creatividad por lo que el conocimiento es open-ended.


miércoles, 26 de abril de 2017

Fausto II, de Johann W. von Goethe

Lo cierto es que no tengo palabras, ni en español ni en alemán, para describir esta obra clásica de Goethe. Si sobre la primera parte ya confesé que me había resultado muy extraña, de esta he de decir que es alucinante. Y no digo alucinante en el sentido de que sea muy buena, no, sino en el sentido quizá originario del término. Es una obra para alucinar.

Sí, parece que es una obra de teatro, pero tengo mis dudas de que se haya podido representar alguna vez. No creo siquiera que Goethe la concibiera como tal, salvo en el aspecto formal de tener cinco actos. Ocurre que cada acto es de su padre y de su madre, que el número de hipotéticos actores es enorme, y que además los escenarios varían como por arte de magia en cada uno, requiriendo de todo tipo de elementos.

Yo creo más bien que el teatro y el propio tema de Fausto es la disculpa que usa Goethe para trasladarnos sus pensamientos sobre temas de la época, pero sobre todo para mostrarnos su virtuosismo a la hora de hacer versos, y su dominio de un sinfín de materias, que aparecen reflejadas en la obra. Así, tenemos desde la mitología clásica menos conocida (semidioses y tal), construcciones germánicas medievales o una referencia a la Bula de Oro y los Electores del Sacro Imperio Germánico.

Recuerdo al lector de este post, que esta lectura la he llevado a cabo en alemán, pero muy apoyado en una traducción al español con anotaciones. Si bien en la primera parte estas últimas no eran muy necesarias, en la segunda son completamente imprescindibles si uno se quiera aproximar algo a lo que nos cuenta Goethe y por qué, y a tratar también de apreciar las virguerías que al parecer hace el autor con los versos.

La obra consta de cinco actos, débilmente entrelazados, entre ellos y con la primera parte de Fausto.
El primero consiste en un carnaval o desfile realizado ante un rey o emperador, al que no se sabe muy bien por qué Fausto y Mefistófeles deciden dar servicio (y no se olvide que sería la continuación del final de la primera parte, que termina con la muerta de Margaret). En el segundo, Goethe nos hace una noche de Walpurgis (de las Brujas en tradición germánica) pero ambientada en la tradición clásica (o sea, en vez de monstruos, nos salen faunos y sirenas). En el tercero, se nos cuenta la relación de Fausto con Helena, según parece simbolizando la unión entre la tradición germánica y la belleza clásica, de la que Fausto se ha enamorado en el segundo acto.

En el cuarto acto, volvemos con el rey-emperador del primer acto, y asistimos a una batalla contra unos aspirantes a derrocarlo... y nos olvidamos de todo el trasunto clásico de los actos dos y tres. Por último, en el quinto acto se nos cuentan las últimas acciones y la muerte de Fausto, así como una especie de epílogo en que Mefisto trata de llevar el alma a los infiernos, pero los ángeles celestiales se la arrebatan en el último momento. Todo revuelve, según dice la anotación a la edición en español, en torno al tema de la incomprensión por parte del Diablo de comprender las ambiciones humanas. Trata de conceder sus deseos a Fausto, pero lo hace forma chapucera por qué no las entiende.

En el segundo acto, aparece la figura del Homúnculo, hombrecillo artificial en busca de su nacimiento, y eso da pié a Goethe para meter una discusión filosófica entre Tales de Mileto y Anaxágoras, sobre el origen de la vida. Ello, entre ondinas, nereidas, tritones, Proteo y Anteo, Solo lo pongo como ejemplo del tipo de cosas que nos esperan en esta obra.

Por cierto, para los interesados en la economía y en el tema del dinero, Goethe también tiene algo que ofrecer, En efecto, en el primer acto, Mefistófeles ayuda al rey con sus problemas, al sugerirle el simple expediente de crear papel-dinero respaldado por los bienes enterrados en el reino (de la misma forma que se había hecho recientemente en Francia contra las tierras expropiadas a los nobles). Evidentemente, Goethe adopta una visión irónica de la solución, que posiblemente es la que lleva al reino a los problemas que habrán de resolverse en el cuarto acto, una vez vuelvan Fausto y Mefistófeles de su ensoñación clásica.

También sorprenderá al lector la escasa presencia relativa de los dos protagonistas principales, Fausto y Mefistófeles, que están desaparecidos en combate durante largos momentos de la obra. Es más, aún es menor el tiempo que están en el escenario con su identidad, pues muchas veces aparecen asumiendo otra personalidad. Por ejemplo, Mefistófeles se pasa el tercer acto haciendo de Fórcida, el ama de llaves de Helena en su fortaleza al retorno de éste de Troya.

He disfrutado leyendo esta obra, más de lo que pensaba que iba a hacer cuando empecé con ella. Pero también he de decir que es una obra que cuesta mucho trabajo disfrutar, por lo que no sé si debo de recomendarla. Sinceramente, no creo que se pueda leer en español solo. El español es necesario para captar las ideas y conceptos que quiere transmitir Goethe con la ayuda de un traductor especialista y conocedor del tema. Mi alemán ha sido suficiente para seguir el léxico y muchas estructuras, pero no me ha permitido una comprensión correcta en muchos casos.

Pero es que sin el alemán al lado la traducción es enrevesada, las construcciones en español son rarísimas, y encima se pierde toda la rima, el ritmo y el sonido. Hay que leerlo en alemán, entenderlo en español, y volver a leerlo en alemán para aproximarte un poco al efecto que Goethe pretendía. Sin ello, no creo que sea posible, Además de ello, las anotaciones son imprescindibles, en algunos casos por las referencias mitológicas, pero sobre todo para entender por qué usa Goethe cada tipo de verso en cada momento, Eso, ni aún sabiendo todo el alemán del mundo lo pillas. Por ejemplo, en el tercer acto el uso de versos de métrica concreta es fundamental, pues simboliza la convergencia entre el clasicismo griego y el romanticismo germánica, que hará al final que los versos de Helena rimen, lo que no ocurría en la poesía clásica.

No sé si con esto animo o desanimo, pero hay queda para la posteridad.


miércoles, 12 de abril de 2017

Del buen salvaje al buen revolucionario, de Carlos Rangel

Interesantísimo (y clásico) ensayo sobre las causas de los problemas económicos y sociales de Latinoamérica, sobre todo en comparación con el bienestar de sus vecinos del norte, los EEUU. El autor es Carlos Rangel, de origen venezolano, y está escrito en los 70. Sorprendentemente, pese a la pérdida de vigencia de los acontecimientos referidos (especialmente llamativa en lo referente a Venezuela o quizás Bolivia), no pierde un ápice de interés su lectura y análisis.

He sacado montones de ideas interesantes de esta lectura, que parecía en principio el rutinario análisis liberal sobre las causas del "subdesarrollo" latinoamericano, tratando de desvincularlo del imperialismo, sea español o americano. Y puede que sea así, pero lo cierto es que Rangel describe con gran claridad y agudeza muchos de los acontecimientos que han conformado la Lationamérica actual, y sobre todo sus causas.

A grandes rasgos, el libro tiene dos partes: una, por así decirlo, teórica, en que Rangel revisa los mitos que se han usado para explicar la situación Latinoamericana, y otra, más empírica, en que se nos cuenta la evolución en el gobierno de determinados países, para confrontarlos con dichos mitos. En esta segunda parte, Rangel se centrá en el caso de México como ejemplar, aunque también habla de Brasil y Argentina. Luego dedica espacio a Cuba, cómo no, a Perú y a Chile, siendo el capítulo dedicado al gobierno de Allende el que más esclarecedor me ha resultado. Lectura imprescindible, incluso tras el tiempo transcurrido.

Comenzamos con el mito del buen salvaje, que Rangel vincula con la búsqueda del Dorado y de la fuente de la eterna juventud, perseguidas por los descubridores originarios. Según el autor, sería un mito también impulsado por los rivales de España en la conquista de América. Obvio es decir que los "salvajes" americanos eran igual de buenos o malos que los conquistadores que llegaban.

Por su parte, el mito del buen revolucionario se vincula sobre todo al comunismo. Rangel explica de forma magnífica las relaciones del comunismo con Latinoamérica y cómo el mito de la revolución comunista cobra aspectos propios en Latinoamérica, donde en efecto la revolución se podría liberar de los defectos del stalinismo ocurrido en Europa y Asia. A ello se responde desde Latinoamérica con el fenómeno del APRIsmo, que básicamente viene a decir que Latinoamérica no puede pasar a la revolución proletaria sin haber alcanzado previamente el estadio del capitalismo, por lo que son primero necesarias reformas en la mayor parte de los países, para superar el régimen oligárquico y llegar al citado capitalismo. Según Rangel, esto no sería tomado positivamente por los comunistas.

Con antelación al APRIsmo, Rangel nos descubre también la ideología del Telurismo, según la cual había un hombre nuevo latinoamericano que superaría a las razas preexistentes. Entre sus principales representantes, destacan Vasconcelos y Rodó. Entiendo que este fenómeno latino-nacionalista es similar a los que se producían en la época en todo el mundo occidental previo a la primera Guerra Mundial.

La verdad es que el libro tiene una cantidad enorme de ideas interesantes, que no podría agotar es esta entrada. No obstante, sí quiero inventariar algunas cosas, aunque sea para futuras exploraciones:
- La figura del Precursor Francisco de Miranda, contándonos sus experiencias viajeras y en especial la de sus viajes por los EEUU. La anecdota que cuenta de cómo el sheriff de un pueblo americano cobra el alquiler de un general francés que ha aposentado su ejército en un prado, a requerimiento del dueño de éste, es impresionante. Y dice mucho sobre la justicia, las leyes y las gentes de aquel país.

- La reflexión de Hegel sobre el impacto del arado en el bienestar de la humanidad.

- La figura y, sobre todo, la mutación de Fidel Castro, desde unas posiciones más APRIstas hacia comunismo puro para granjearse el apoyo de la URSS y consolidar así su poder en Cuba.

- El caudillismo como régimen adecuado para los países de Latinoamérica, ejemplificado en el caso de México.

- La invectiva que hace contra la universidad en Latinoamérica, quizá desmesurada y quizá también a causa de algunas decepciones personales. Es un ataque brutal que no deje títere con cabeza, y demasiado general tal vez.

- La descripción de la llegada al poder de Allende en Chile, y sus tres años de gobierno, que culminan y tienen como consecuencia el golpe de Estado y dictadura de Pinochet. Al parecer, Allende estaba muy lejos de una mayoría para poder gobernar, pero las instituciones chilenas posibilitaban su gobierno por decisión parlamentaria. Pues bien, una vez presidente, se dedicó a tratar de desmantelar esas mismas instituciones que le habían llevado contra natura al poder, con el objetivo de montar una dictadura comunista, y ello contra una mayoría de la población chilena. Alucinante, pero un atisbo de lo que podría llegar a pasar en nuestro país mientras se mantengan las medias tintas con Podemos.

Se me quedan muchas cosas en el tintero, aunque espero que no se me olviden. Este es un libro en el que se puede aprender mucho, y que ayuda a comprender mejor muchas cosas ocurridas, no solo en Latinoamérica sino en el resto del mundo. No sé qué hacer, si recomendar su lectura, o su estudio.

martes, 11 de abril de 2017

Fausto I ("Faust I"), de Johann W, von Goethe

Bueno, bueno, bueno. He aquí uno de los grandes clásicos de la literatura alemena, uno de esos libros que pueden, o no, justificar las horas invertidas en aprender alemán. Y ya lo puedo anunciar, prueba superada, libro leído, ahora hablaré de mis impresiones.

Pero lo primero es explicar que, dada la importancia de la obra, no me he atrevido con ella a pelo, y la he leído en paralelo a una traducción al español y con sus anotaciones. Y la primera observación relevante es que es una obra casi intraducible. No es que yo comprendiera 100% el alemán, pero sí lo suficiente para darme cuenta de que hay mucha elipse, y que el traductor tiene que hacer virguerías para completar el sentido en español, sentido que muchas veces no está claro.

O sea que este Fausto I es bastante difícil, no por el alemán en sí, sino por el estilo elíptico utilizado por Goethe. El vocabulario no es especialmente rico y las frases son cortas (para ser alemán), aunque es cierto que desordenadas y con mucha elipse. Pero es que estamos hablando de poesía, claro.

Pero lo que más me ha chocado es que no se trata de una obra de teatro al uso. Tras haber leído Guillermo Tell, obra convencional, pensaba que Fausto sería una obra de teatro con sus actos, su trama y sus reflexiones. Pero no es así. Esta obra de teatro es muy rara (aunque no tanto como Fausto II, que ya he comenzado a leer) y nada convencional.

No se estructura en actos, sino es escenas sucesivas, que además cambian completamente de escenario. Tiene al comienzo una especie de prólogo en que debaten un poeta, un director y un empresario, sobre las condiciones para que el teatro triunfe. A continuación, le sigue otro nuevo prólogo, este con Dios, los arcángeles y Mefistopheles, en que éste es autorizado a actuar con Fausto. Y solo entonces empieza propiamente la obra.

Y empiezan pasar cosas sin aparente hilazón. Tenemos un monólogo inicial de Fausto en que éste se queja de que ninguno de sus esfuerzos filosóficos o científicos le valen para nada, lo que dará pie a que Mefistopheles le tiente con el mundo exterior. Y este consistirá básicamente en tres escenas: una en una taberna con estudiantes, otra en una cueva con brujas, y la última en que se desarrolla su relación con Margaret ("Gretchen"). Nadie nos explica el paso de una a otra, ni por qué son estas las muestras del mundo real escogidas por Mefisto.

Es por supuesto en la última de las escenas donde tienen lugar los momentos más brillantes de la obra, y los que, supongo, serán los que le han dado fama. Dos son los que yo destacaría: el discurso sobre la honra de Valentine, hermano de Margaret, antes de morir, y la escena final de la obra, en que Gretchen pasa de la esperanza del rescate de la prisión cuando aparece Fausto, a darse cuenta de que su caída es ya irremediable con indepencia de que huya o no. En ambos casos, Fausto es un mero espectador.

Así pues, curiosamente, la obra de Goethe no es la arquetípica sobre el mito de Fausto. De hecho, este mito antecede a Goethe, y el poeta alemán únicamente lo usa como pretexto para sus fines, que tampoco tengo muy claros, aunque sí hay algo burlarse de algunos de sus rivales.

La mayor parte de las referencias de la obra son a la alquimía y a Paracelso, no ha simbología mitológica extraña, como sí ocurre con nuestros poetas complicados, tipo Góngora. Por tanto, tampoco es por esto que no la acabo de entender. El caso es que esta primera parte la he devorado con gran interés, y al final no he encontrado demasiado para comprender por qué es un clásico.

Y ahora he empezado con la segunda, también apoyándome en traducción, y he de decir que es mucho más rara que la primera, y que encima, de momento, ni siquiera parece haber una trama. Así que no sé muy bien a qué atenerme. Sigo leyéndola de todas formas.

lunes, 10 de abril de 2017

Viaje a Italia ("Voyage en Italie"), de René de Chateaubriand

Los relatos de viajes de escritores del siglo XIX son apasionantes, sobre todo si son Europa. Y no por la descricpción de los monumentos en esa época, sino sobre todo por la forma en que se viajaba no hace tanto por estos lares.

Por ello, me resulto apasionante el magnífico "Voyage en Espagne" de Gautier, que, sí, nos describe sus impresiones de la Alhambra, pero también la verdadera aventura que constituía en la época viajar de Granada a Málaga (por ejemplo), algo que en la actualidad es cuestión de un par de horas.

Así que algo similar esperaba encontrarme en este relato de Chateaubriand, en esta ocasión referido a Italia. Pero, desafortundamente, no es así, ni en forma ni en contenido.

Empezando por el aspecto formal, esta obra no parece acabada. De hecho, numerosos fragmentos de la misma parecen simplemente anotaciones de las impresiones del autor, para posteriormente desarrollarlas en forma de relato. Supongo que serán de interés para los estudiosos, pero a mí me parecen innecesarias en lo que presumiblemente es un relato.

Desde el punto de vista de contenido, Chateaubriand se centra en describirnos los paisajes y monumentos que visita, pero para nada habla de sus recorridos o sus estancias, y muy poco de las costumbres de los paisanos. Por tanto, aún teniendo interés (¿cómo se conservaba la villa de Adriano en la época?), no tiene todo el que me suscitaron las "aventuras" de Gautier en España. Su relato se ciscunscribe a tres lugares: Roma, Tivoli y el área de Napoles, junto con algunas notas breves sobre la travesía de Francia y de los Alpes.

Sus comentarios son en general de gran candidez y poco interés. Por ejemplo, la propuesta que tiene para la conversación de Pompeya, consistente en mantener todos los hallazgos de las excavaciones en su sitio de forma que se puede experimentar de forma cercana cómo podía ser la vida en la época de las erupciones.

Nos cuenta su visita a las museos Vaticanos, donde lo que llama la atención es la ausencia de visitantes. Supongo que si don René se acercara ahora por el área le daría un patatús. También respecto a Roma es muy llamativo que califique ruinas como las del Coliseo, como situadas a las afueras de la ciudad. Y respecto a la visita a Tivoli, llama mucho la atención que no habla para nada de las fuentes de la Villa d'Este, imagino que no estarían restauradas.

Un fragmento rescatable: la reflexión que hace sobre la contemplación de montañas, al hilo de una visita al Montblanc, que no queda claro si es o no parte de este viaje a Italia. Una última observación, más en la línea de lo que yo buscaba en este relato: Chateaubriand dice que las hospederías en Italia son magníficas, bastante mejores que en Francia y que, de hecho, solo ha encontrado peor nivel que en Francia en.... yeah, España. ¿Habría sufrido lo de "media con limpio"?

Tenía en cartera Voyage en America, del mismo autor, pero tras la decepción sufrida en esta lectura, ha perdido prioridad y su lectura queda postpuesta sine die.

martes, 28 de marzo de 2017

El laberinto de los espíritus, de Carlos Ruiz Zafón

Ocurrió hace ya unos cuantos años: en aquel entonces, mis lecturas eran predominantemente clásicas. Había decidido que hay demasiado por leer y que uno no tendrá tiempo para leer todo, así que mejor concentrarse en las lecturas consolidadas. Esto es, los clásicos (no solo griegos y latinos, sino de todas las épocas).

Y entonces llegó La sombra del viento, del señor Ruiz Zafón, y comprobé que la gente lo seguía leyendo y comentando un par de años después de publicado. O sea, que si era un best-seller, no era un best-seller al uso. Así que rompiendo mi hábito del momento, decidí dedicar algo de tiempo a su lectura. Qué novela! Impresionante: me reconcilió con la literatura contemporánea en castellano, algo que nunca pensé que podría ocurrir. Desde entonces, no le hago ascos, y menos mal, me hubiera perdido a Posteguillo o Falcones entre otros. Todo ello, gracias a Carlos Ruiz Zafón.

El caso es que la novela me impresionó, me resulto impactante. Pero no recuerdo prácticamente nada de su trama argumental, y no podría nombrar quienes eran sus protagonistas ni siquiera recién leída esta cuarta parte de la tetralogía, si es que se puede considerar tal. Sí recuerdo el estilo dickensiano de que hacía gala Ruiz Zafón en ella, el estilo similar era evidente y sobre todo notorio en la distinta forma de hablar de cada personaje.

Lógicamente, leí las continuaciones, que no lo son: El juego del Ángel y El prisionero del Cielo, e incluso compré para los niños El palacio de la medianoche. Y, por supuesto, he leído casi nada más salir esta cuarta entrega, El laberinto de los espíritus.

Las tres resultaron buenas novelas, pero mucho más convencionales (ie, prescíndibles) que la primera. En esta, además, parecen entrelazarse las historias de las tres anteriores para actuar a modo de colofón, pero como no recuerdo nada de ellas (¿cómo puede ser?) no soy capaz de apreciar las sutilezas del intríngulis.

En cambio, lo que sí se aprecia con claridad es que la cualidad dickensiana se ha perdido: no hay forma de distinguir a los protagonistas por su forma de hablar, ni siquiera de distinguir a los sucesivos narradores (hay dos partes escritas por dos personajes distintos) del propio Zafón. Una pena.

Con este factor fuera de juego, nos queda una trama razonablemente hurdida en la que participan varios de los personajes que ya aparecieron en novelas anteriores, y que, como novedad, sale de Barcelona en un par de momentos para instalarse en Madrid. Pero no es una trama intrigante ni especialmente llamativa.

Nos queda también el amor por la lectura y los libros que constantemente muestra el autor, sobre todo cuando nos lleva a ese Cementerio de los Libros Olvidados que constituye el verdadero núcleo de la saga, y en donde tiene la oportunidad de homenajear a sus libros preferidos.

Nos quedan bastantes comentarios sobre la situación actual disfrazados de glosas sobre la época, como cuando habla de la voracidad recaudatoria de las instituciones (en una época en que no existía ni el IRPF!), o como cuando uno de los personajes afirma que "el índice de tertulianismo de una sociedad es inversamente proporcional al de su solvencia intelectual". Se nota que a Zafón no le invitan, o no se deja, a muchas tertulias.

Nos quedan magníficas metáforas, de las que Zafón es casi uno de los últimos usuarios, como cuando dice que las Ramblas son los intestinos para la flora nocturna barcelonesa. O como cuando nos dice que el relojero "lucía modales de precisión". Me encanta también cuando dice que las tres encarnaciones más socorridas del destino son las de "chorizo, furcia y lotero".

Pero las reflexiones más interesantes vuelven a ser las referidas a las novelas y a la escritura, traicionando de nuevo la pasión de Zafón por este oficio. Así, nos dice que las historias no tienen ni principio ni fin, solo puertas de entrada. O que las obras nunca terminan, el truco es saber dónde hay que dejarlas inacabadas.

El único problema de esta novela es realmente que es muy larga, demasiado larga para la trama y para lo que quiere contar. Ello se nota en momentos de altibajo, que no aburrimiento, y también en el prolongado final que parece que no acaba nunca.

miércoles, 22 de marzo de 2017

The Flame Bearer, de Bernard Cornwell

Décima y última entrega hasta el momento de la saga del Último Reino de Bernard Cornwell.
Por fin se quita de mi vista el intrépido Uhtred, por fin puedo descansar de esta saga inicialmente histórica pero rápidamente devenida en pura novela de aventuras.

En esta última pocas sorpresas esperan: no hay temas nuevos, no hay reflexiones nuevas, no hay sucesos originales. A la gresca se une en esta ocasión un señor escocés, el rey Constantin, pero eso es todo. La situación está estabilizada en Wessex, Mercia y East Anglia, todos en manos de sajones. Por supuesto, Northumbria está en poder de un nórdico, el marido de Stiorra, hija de Uhtred, aunque en una situación bastante débil de momento.

Así las cosas, en este libro aumenta si cabe el protagonismo del héroe, pues ya no es que solo se cuenten sus hazañas, es que ahora también la historia de fondo es la reconquista de su bienamada Babbanburgh, por lo que ya no hay cuartel alguno para otros posibles protagonistas.

Se ha de reconocer a Cornwell su habilidad narrativa, de la misma forma que se le puede achacar que haya sido capaz de construir una saga de 10 libros a partir de tan magros indicios históricos, consumidos además en las primeras entregas. Y aquí lo cierto es que es capaz de llevar a Uhtred a su record histórico, pues en las escenas decisivas se tiene que enfrentar prácticamente con todo el mundo y simultáneamente. Para conseguir Babbanburgh tendrá que luchar contra la propia guarnición del castillo, contra un ejército de escoceses que lo asedian, contra una armada de sajones que pretenden ayudar al señor del castillo contra el asedio escocés, y contra otra flota de vikingos, aliada con los escoceses para evitar que puedan llegar suministros a la fortaleza. Ahí es nada.

En fin, no diré que no he disfrutado de la saga. Sobre todo, lo hice en las primeras entregas, cuando había resquicios históricos a los que acogerse entre tanta heroicidad de Uhtred. Esa fue la llama que me llevó, como al Flame Bearer del título, a leer hasta el final, aunque decepcionado cada vez un poquito más en cada sucesiva novela. Pues, eso no diré que no he disfrutado, pero sí diré que me alegro de haberla terminado. Porque para mí aquí termina, aunque Cornwell promete nuevas entregas, pues para él la historia de Uhtred es la de la creación de Inglaterra. Y esto nos lo dice al final de una supuesta Nota Histórica que comienza con el reconocimiento del propio autor de que no tiene sentido dicha Nota en esta novela en la que se ha inventado todos los acontecimientos. En fin.

Mi recomendación global: leánse los dos o tres primeros libros, que son más de novela histórica, y no se deje nadie atrapar por la supuesta intriga si lo que se busca es la historia de Inglaterra, pues poca encontrará aquí una vez superados los mismos.

martes, 21 de marzo de 2017

Guillermo Tell ("Wilhelm Tell"), de Friedrich Schiller

Esta es la primera obra de teatro que leo en alemán, y además una de sus obras cumbre. Y he de decir que, contrariamente a la reciente lectura de Goethe, sí estoy satisfecho con la lectura, en el sentido de que sí me he enterado en general, y he podido disfrutar bastante de diálogos y monólogos. De hecho, me ha parecido hasta una lectura fácil, sobre todo si la comparamos con el teatro clásico español, más repleto de referencias que hay que conocer para disfrutar. Y eso que en esta versión, que asumo la original, se apocopan palabras y también se utilizan grafías obsoletas, lo que dificulta la identificación de la palabra alemana actual, y no digamos ya el uso de diccionario cuando es necesario combatir el desconocimiento.

Pero todos estos obstáculos son pocos cuando se trata de una obra sobre la libertad y las leyes, el señor y el abuso de poder. Y este es el caso del clásico de Schiller: el conflicto de libertad y tiranía, en este caso materializado en el enfrentamiento entre tres cantones suizos y el señor austriaco asignado para su mandato.

La historia de Guillermo Tell es sobradamente conocida, al menos la de su episodio central: Tell disparando a una manzana situada sobre la cabeza de su hijo, como condena por no haberse inclinado ante el sombrero que el señor austriaco ha puesto en la plaza de Altdorf (si no recuerdo mal). Primera sorpresa: si Tell no se inclina ante el sombrero, no es como acto de rebeldía, sino por mero desconocimiento, algo que tampoco hace su hijo. Es solo la mala suerte del que el señor (Vogt) esté presente la que desencadena el conocido episodio. Tell es ciertamente un héroe (como lo prueba la primera escena con el rescate que hace de un barco), pero no uno en busca de problemas.

El caso es que el famoso disparo se produce (algo que supongo no aparece explícito en la representación de la obra, pues sucede mientras el Vogt habla de otras cosas con la gente del pueblo), Tell acierta en la manzana y no llega a utilizar la segunda flecha que ha cogido del carcaj. El Vogt le pregunta a quién iba destinada la misma, tras garantizarla la libertad por haber cumplido el castigo de disparar a su hijo, y Tell, todo candor, le responde que al propio Vogt. Este dejará de cumplir su palabra y aprisiona al protagonista, que es lo que al final motiva el acto de venganza-justica de Tell.

 Pero, como digo, esta es solo la escena más conocida de la obra, que tiene otras muchas magníficas e includo más emotivas. Por ejemplo, me resultó fascinante el discurso de Staffaucher en el segundo acto, cuando razona poéticamente que los habitantes de Suiza no son siervos, pues con sus propias manos dominaron la naturaleza y la tierra de sus territorios. Esto les convierte en hombres libres, que libremente han elegido al rey de Austria como juez para sus asuntos. Contra este contexto, se explica la rebeldía que les inspiran los hechos arbitrarios del Vogt Gessler, que no está actuando en Suiza como juez, sino como propietario y tirano.

Otro tema importante y recurrente en la obra es el del señorío y la protección. La gente ordinaria busca protección en los nobles, que a su vez solo se pueden proteger gracias a la gente ordinaria. Como dice uno de los nobles: "Ihr sollt meine Brust, ich will die eure schützen" (Vosotros mi pecho, yo el vuestro protegeré). Y es que los nobles suizos parecen haber dejado en la estacada al pueblo ante los abusos del señor austriaco, algo que se resuelve durante la obra de forma satisfactoria.

Por último, Schiller nos llama la atención sobre la justificación del tiranicidio, pues al mismo tiempo que Tell abate al Vogt, uno de los hijos acaba con la vida del rey austriaco. Cuando el parricida busca refugio en la casa de Tell, tiene lugar un magnífico diálogo en que Tell esclarece la completamente distinta naturaleza de ambos actos: Tell ha remediado un acto de patente injusticia y eliminado un tirano, y su casa es de inocentes. El parricida ha matado al rey en un acto de venganza, para su beneficio, no porque se le haya cometido una injusticia, incluso si el rey había dejado a los suizos abandonados ante el tirano.

En resumen, Guillermo Tell es una obra clásica con todo merecimiento, con su historia de folklore y su canto a la libertad, y sus momentos inolvidables. Pero, si he de decir la verdad, está a considerable distancia de nuestro Calderón (La vida es sueño), Shakespeare (El mercader de Venecia, Hamlet), los franceses clásicos Corneille y Racine y, por supuesto, el Edipo Rey, de Sofocles, mi preferida de todos los tiempos.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Las penas del joven Werther ("Die Leiden des jungen Werthers"), de Johann W. von Goethe

La motivación inicial que tuve para aprender alemán tenía dos nombres propios: poder leer a Goethe y a Schiller en su lengua original. Desde entonces el objetivo ha cambiado (ahora es poder leer Der Mann ohne Eigenschaften, de Robert Musil), pero ello no desmerece el hito que acabo de culminar.

En efecto, uno de los dos autores clásicos que eran mi objetivo ha "caído". Además, lo ha hecho mediante la que tal vez sea su obra más representativa (aunque admito opiniones de los lectores, dudo con Fausto).

¿Y cuál es la sensación? Hombre, pues no diré que de fiasco, pero tampoco de gran entusiasmo. Me apresuro a añadir que mi alemán dista de ser perfecto, incluso para la lectura, y que sus deficiencias se notan más cuando la obra trata de sentimientos, pensamientos o, en general, es más abstracta. Ello se debe a que el alemán tiene mucho más vocabulario al respecto que otros idiomas (al menos, que los que yo conozco), y resulta muy difícil captar los matices entre las distintas palabras que se utilizan. A su vez, ello dificulta enormemente que la obra te impacte tanto, pues siempre lo hace de forma más indirecta o, si si quiere, dubitativa.

Y resulta que Werther es una novela eminentemente de sentimientos. No es una novela difícil, no tiene estructuras complicadas ni vocabulario raro, pero sí mucho léxico sobre lo que siente el protagonista y autor (de la mayor parte del texto). Como es sabido, se trata de una novela epistolar en que que Werther describe sus sentimientos respecto a una damisela (Lotte) a su amigo suyo, Wilhelm. Claro, como en las buenas cartas, tienen cabida otras reflexiones del joven, pero poco a poco crece la obsesión, hasta que llega un punto en que se hacen monotemáticas.

La parte que más me ha gustado es la final, curiosamente aquella en que el estilo epistolar deja paso al más narrativo para que el tal Wilhelm nos cuente los últimos momentos de Werther. Ésta arranca con una extensa lectura de una obra de, a ver quién lo adivina, un tal Ossian. (Ja, en la vida había oído hablar de él, y resulta que aparece extensamente aquí, tras haberme tropezado por primera vez con él en Venus im Pelz) (Añado que Ossian es el autor de romances relacionados con la mitología céltica, que debían de gustarle mucho a los románticos alemanes).

Decía que arranca con la lectura de una obra de Ossian, que desemboca en un rapto de pasión del joven Werther quien se lanza a los pies de su amada, solo para recibir de ésta un correctivo en términos poco ambiguos, y a continuación desaparecer de su vista. Ello impulsará a Werther al final que (asumo) todo el mundo conoce, su suicidio.

Los últimos pensamientos del protagonista también los conocemos merced a las notas que va dejando. Pero lo mejor es, sin duda, que pida el arma para su sucidio a Albert (el marido de Lotte), para lo que envía a su sirviente. Pero a éste quien entrega el arma es precisamente Lotte, evento que es leído por Werther de la forma que es fácil imaginar, aunque en la narración se nos cuenta que es simplemente casualidad.

En resumen, no he disfrutado demasiado de esta lectura, aunque lo achaco a mis deficiencias y no a las de la novela. Ello implica que volveré con Goethe, y lo haré pronto: me esperan Fausto y Wilhelm Meister. Pero, de momento, voy a ir con el otro autor clásico que me había planteado como objetivo: Schiller y su Guillermo Tell. En breve, os cuento.

martes, 14 de marzo de 2017

Los guerreros de la tormenta ("Warriors of the Storm"), de Bernard Cornwell

Otro más de la saga del Último Reino, y van 9. Afortunadamente, este ya es el penúltimo de los que lleva publicados, y el penúltimo de los que me pienso leer del autor. Y es que no soy capaz de resistirme a terminar algo que empiezo, incluso aunque se note que me están tomando el pelo.

Empecé leyendo esta serie porque me interesaba como novela histórica. En esta entrega, Cornwell renuncia ya explícitamente a que su novela sea considera como tal, por lo que ya es simplemente de aventuras. Digo esto porque el apéndice histórico que siempre acompaña a estas novelas, queda ya jibarizado a unos párrafos. Y más aún, porque de estos, el primero es para confesar que ninguno de los hechos narrados en la novela tiene base histórica, porque no se sabe qué estaba pasando en Inglaterra en esa época. Los demás párrafos son para contextualizar lo que el seguidor de la serie ya sabe: que los eventos ocurren en la reunificación de Inglaterra iniciada por el rey Alfredo el Grande.

¿Qué ocurre aquí? (Ojo, todo spoilers) Pues que llegan noruegos expulsados de Irlanda por los aborígenes, con la intención de conquistar Mercia, pero primero North Umbria. Al rey de los noruegos, un tal Ragnall, que viene acompañado por un contingente irlandés, se le unirá una amiga de la niñez del Uhtred, Briga, ya envejecida y vuelta fea y, como le pasa a todos los enemigos de Uhtred, tonta.

Con esta disculpa, Cornwell nos lleva en un breve viaje a Irlanda, y más en concreto a lo que parece la bahía de Dublin, donde rescatará a su hija y al marido de la misma, que resulta ser hermano del antes citado Ragnall. Así que tenemos batallas, viajes marítimos y más batallas, hasta que Uhtred coloca a su yerno como rey de Northumbria y así facilita la paz y el consiguiente desarrollo de Mercia. Además, por el camino se le despeja el terreno para recuperar su tierra prometida, Babbanburgh.

¿Cosas interesantes? Cada vez menos. Hay una reflexión sobre la Pascua y su origen en la sacralización de una fiesta pagana (Eoster). Hay un obispo que nos inicia en la doctrina social de la Iglesia, pero dura poco. Tenemos las habituales reflexiones sobre el muro de escudos y los preparativos de la batalla, los insultos y bravatas previos, y demás ceremonia. Esta Brida que utiliza a unas niñas ciegas (más bien, cegadas) como heraldos para hacer propaganda entre sus subditos.

Esto último se encuadra dentro de una línea de reflexión que plantea la novela al respecto del liderazgo bélico. En efecto, se contraponer el liderazgo por el terror de Ragnall (que se garantiza el servicio de sus secuaces mediante el uso de rehenes) y el liderazgo por el respeto de Uhtred (del que los hombres se fían y no necesita acudir a estas amenazas). Dado que el primer liderazgo solo se sostiene mientras haya triunfos, es fundamental que su aliada Brida mantenga la ilusión de la victoria entre todos los seguidores de Ragnall, sobre todo de aquello más desinformados, y esto es lo que consigue con las falsas videntes. De todas formas, esto es algo que, obviamente, no engaña ni un momento a Uhtred.

El último aspecto de interés se refiere al ligero desarrollo que da al personaje de Finan en este entrega. Por fin cede un poco de protagonismo el héroe de estas novelas, en favor de su eterno escudero, el irlandés Finan. Es cierto que no cede mucho, y además es compartido con los hijos y el yerno de Uhtred. Pero algo es algo.

Leo The Flame Bearer y a otra cosa mariposa.

lunes, 6 de marzo de 2017

El trono vacío ("The Empty Throne"), de Bernard Cornwell

Sigo leyendo la saga del Último Reino, de la que esta novela constituye la octava entrega. Ya no hay ninguna duda de que Cornwell quiere transformar esta serie en su particular gallina de los huevos de oro, y la prueba más evidente es la reseña histórica que suele poner al final de sus novelas.

En efecto, esta reseña se ha acortado significativamente desde los primeros libros, hasta quedar casi reducida a una página, que se podría reducir casi hasta el primer párrafo. Cuando antes Cornwell trataba de incardinar sus novelas en la historia de Inglaterra y así contárnosla, ahora se limita a coger un acontecimiento con ciertos visos históricos, y construir la novela en torno a él, dando todo el protagonismo al inconsumible Uhtred. Con esta técnica, es evidente que la saga puede durar hasta el infinito y más allá, y la unificación de Inglaterra convertirse en Aquiles corriendo contra la tortuga.

Esto no quiere decir que la novela esté mal. Mi queja se refiere simplemente a que se ha abandonado la novela histórica para dedicarse a la novela de aventuras, y yo confieso estar un poco mayorcito para perder mucho tiempo con ese género. Por cierto, también se nota que ha acortado notablemente la longitud de las novelas, por lo que se tardan menos tiempo en leer.

¿Cosas interesantes en esta entrega? Pues alguna hay, pero ya no hay nada que nos sorprenda en reflexiones o costumbres históricas, que era lo que más me atraía. Ya conocemos las técnicas bélicas, lo que piensa Uhtred de religión y monarquía, los vaivenes de la política de la época...No hay nada nuevo aquí.

Lo que sí ocurre es que, por primera vez en la saga, el enfrentamiento parece ser entre los propios reinos cristianos, una vez pacificados suficientemente Wessex y Mercia, y con Northumbria y East Anglia divididos en taifas vikingas. El principal hilo conductor de esta novela es, de hecho, la herencia del trono de Mercia una vez muerto EathelXXXX (es que todos los personajes parecen llamarse igual, así que no recuerdo cuál EathelXXXX era el rey).

También aparece de forma más activa el reino de Gales. Es quizá la presencia de Gales y Escocia lo que diferencia la situación inglesa de la española en la época. Ambos reinos eran también cristianos, pero pre-existían a la entrada de los sajones y las posterior conquista vikinga, que deja reducida (lo que luego sería) Inglaterra a Wessex. En España, en cambio, los musulmanes arrasaron con toda la estructura territorial previa, por lo que todos los reinos cristianos españoles surgen de la misma semilla: el de Asturias.

También aparecen en escena unos nórdicos (supongo que noruegos) venidos de Irlanda, con lo que tenemos un enfrentamiento que involucra a galeses, noruegos y sajones de dos bandos.

Lo demás es lo ya sabido: Uhtred anticipándose a todos los demás, por muy fuertes y listos que sean. Siempre les gana y siempre es él quien adivina las trampas que le están tendiendo, y quien las tiende de foma inevitable para sus rivales. Y eso que esta vez empieza malherido y dolorido, y de hecho al inicio de la novela es su hijo homónimo quien nos relata los acontecimientos.

Sigo con la novena entrega. Ésta y otra, y acabo con Cornwell.

jueves, 2 de marzo de 2017

Brújula ("Boussole"), de Mathias Énard

Albricias, lo terminé, por fin soy libre, Este es uno de esos libros que uno termina de leer no se saber muy bien por qué, y a cuyo final se llega resoplando y casi sin aliento, cuando uno está ya a punto de abandonar.

Le dieron el premio Goncourt en 2015, y esa es una de las razones por las que leí recientemente otro de los libros del mismo autor, "Habladles de batallas, reyes y elefantes". Como éste no me entusiasmó, debí anticipar lo que me esperaba en "Boussole", libro considerablemente más largo.

Y el caso es que el libro está bien escrito, y resulta ameno por partes. El problema es que le falta un hilo conductor, una historia de fondo que ligue con cierta solvencia el cúmulo de erudición con que nos azota el autor. O puede que sí exista, en esa relación epistolar con Sarah, pero es tan tenúe, y sin embargo tan voluminoso el anecdotario, que se nos pierde.

Así pues, nos queda una novela que es un alarde de la sabiduría del autor sobre orientalismo (que no el Oriente), esto es, sobre los personajes europeos que han investigado o vivido el Oriente reciente. A esto tópico ya de por si estrecho, hay que añadir que encima  lo que más le preocupa son las relaciones musicales de los músicos clásicos con las corrientes orientales. Toma tópico de interés general.

Así, por las páginas de esta novela circulan músicos sobradamente conocidos, como Wagner, Mendelsohn, Beethoven o Liszt, junto a escritores de fama mundial, como Balzac, Musil o Zweig, y junto a personajes bastante menos conocidos, pero que de alguna forma abrieron la ruta cultural de oriente a los europeos, tipo Lady Hester Stanhope, Felicien Davud o Marga d'Andurain.

El interés de las historias que se nos cuentan es bastante desigual, pero el cúmulo de información hace que resulta fácil perderse y entender por qué el autor te cuenta lo que te cuenta (si es que no es otra cosa que mero alarde, como quizá sea el caso).

Episodios interesantes hay varios: la descripción de la revolución en Irán, las relaciones de Alemania con Oriente en las dos Guerras Mundiales (en que básicamente los teutones buscaban declarar la Yihad contra sus enemigos) o los museos morbosos de Viena.

En cuanto a reflexiones, Énard nos propone una clasificación de los artistas europeos en tuberculosos y sifilíticos, supongo que atendiendo a su mayor afición prohibida. Por cierto, a Picasso lo pone entre los tuberculosos. Al Quijote le dedica espacio al final del libro, para decir que quizá sea la primera novela oriental de Europa (no olvidéis a quién identifica Cervantes como autor de la obra, al gran Cide Hamete Benengeli).

Una frase interesante sobre la percepción que tenemos de lo oriental (traducción mía): "Aquello que nosotros identificamos en esas atroces decapitaciones como 'otro', 'diferente', 'oriental', es completamente también 'otro', 'diferente' y 'oriental' para un arabe, un turco o un iraní". Y se refiere al efecto de Disney en nuestra visión de lo oriental, y por tanto en la visión que de ellos mismos tienen los orientales.

Por último, como curiosidad, el libro se llama "Brújula" por las brújulas que, al parecer, hay en los hoteles de Oriente para permitir a los musulmanes orientar sus rezos a La Meca.

Lo mejor de este libro, de todas formas, son las interesantes referencias para futuras  lecturas que en él se descubren. Yo me he quedado al menos con cuatro. Ya las descubriréis.

lunes, 27 de febrero de 2017

La Venus de las Pieles ("Venus im Pelz"), de Leopold von Sacher-Masoch

Esta novelita y, sobre todo, el apellido de su autor, es la causa de que la masoquismo se llame masoquismo (viene de Masoch). La lectura era obligada aunque solo fuera como la dual del marqués de Sade y su Justine, que leí ya hace muchos años. Afortunadamente, además, he sido capaz de leerla en su lengua original, algo de lo que no hubiera sido capaz cuando leí Justine.

¿Qué me he encontrado? Pues un relato razonablemente bien escrito, de estilo galante por así decirlo, y con claras reminiscencias de la literatura francesa. La novela es eminentemente romántica, con algunos episodios puntuales de lo que podríamos llamar masoquismo. Pero no estamos hablando de un estilo ni de lejos similar al de Sade. En Justine, hay básicamente dos tipos de episodios: los de violencia sádica, que alcanzan extremos difícilmente imaginables desde la perspectiva de sofisticación del siglo XXI, y los filosóficos, en que Sade explica en boca de su personaje masculino la base de tal violencia. No hay romanticismo ni amor en Sade, y los episodios sádicos son intensos y largos. Está claro que son el foco de la obra.

Esto NO es lo que encontramos en Sacher-Masoch. A quien le gusta la literatura masoquista, deberá buscar en otro sitio. En La Venus de las Pieles nos encontramos un señor, el tal Severin, locamente enamorado de la citada Venus, una tal Wanda de pieles blancas. Aunque tampoco está claro si Severin está enomarado de Wanda o de la diosa del Amor, Venus, cuya estatua tiene en el jardín.

Y por ahí va la historia: encuentro casual de la imagen idealizada, declaraciones mutúas de amor hasta la saciedad, e insistencia del tal Severin en actuar como esclavo de Wanda, pues es como él tal Severin entiende el amor. Para él, no hay posible relación de iguales entre hombre y mujer, no pueden ser compañeros, la única alternativa es que uno o una sea el amo, y el otro su esclavo. De hecho, Sacher-Masoch lanza algunas invectivas contra el sexo femenino, como por ejemplo cuando dice que el hombre actúa por principios y la mujer por pasiones, por lo que nunca te puedes fiar de una mujer. Glups.

Con esta perspectiva, y aceptado el papel de esclavo por Severin, hasta el punto de firmarlo en contrato, nos encontramos con un par de episodios masoquistas, de gran brevedad y escasa relevancia: se limitan a un par o tres sesiones de latigazos, y otra de actuar de mulo de arar. A ellos habría que añadir algunos episodios que se podrían considerar de tortura psicológica. Pero no hay que engañarse, no es lo relevante del libro, por mucho que pudiera ser lo chocante en su momento.

Ah, una cosilla más: lista de autores que un intelectual austriaco del siglo XIX considera clásicos, de boca de Herr Severin: Goethe, Schiller, Homero, Virgilio, Shakespeare, Molière, Voltaire, Cervantes y un tal Ossias. Hala, para quien no tuviera lista de lecturas. A mí solo me quedan los alemanes, pero planeo solucionar el problema en breve.

martes, 21 de febrero de 2017

Uhtred, el Pagano ("The Pagan Lord"), de Bernard Cornwell

Séptima entrega de la saga del Último Reino, ya solo me quedan tres para terminarla, al menos, para terminar las entregas ya realizada por el autor. Pero como éste parece haber descubierto en esta saga la gallina de los huevos de oro, todavía está por ver cuántas entregas le quedan en mente. La culpa en el fondo la tenemos los que seguimos leyéndole, pero bueno, es lo que hay.

En este séptimo capítulo, el protagonista, que ya ronda los cincuenta añitos, se ve sometido a otra ración de lo habitual: batallas desesperada en las que es protagonista para una casi imposible victoria; intrigas de todo tipo que rara vez le sorprenden, pero en las que resulta un maestro; y hazañas de gran arrojo e incierto resultado, de las que rara vez sale mal parado. Más de lo mismo.

Sigue siendo el protagonista absoluto, aunque en el coro se le unen en esta ocasión dos de sus hijos, ya creciditos para tener sus propias aventuras. Parece mentira a estas alturas de la saga que sepamos tan poco de sus compañeros del alma, tipo el irlandés Finan o el colosal Steapa, que solo son comparsas para momentos determinados. Si Cornwell leyera a Posteguillo descubriría el gran valor añadido que le pueden dar a una novela los secundarios, incluso si han de morir.


¿Qué ocurre en esta entrega? Pues todo se construye en torno a una batalla histórica ocurrida entre dos señores daneses y los reyes de Mercia y Wessex, saldada a favor de estos últimos, y que expulsó a aquellos de los reinos más meridionales de la futura Inglaterra. Hasta que llegue esta batalla, Uhtred se entretiene de diversas formas. Primero, al descubrir que uno de sus hijos se ha metido a cura, monta en cólera, le deshereda y, accidentalmente, mata a un sacerdote, lo que hace valedor de la persecución de la iglesia cristiana, aprovechando que la paz reinante hace innecesarios los servicios de Uhtred.

En esta tesitura, el protagonista opta, por primera vez en la saga, por tratar de reconquistar su reino y castillo, el actual Bamburgh, algo que casi consigue por un cúmulo de casualidades, pese a la inexpuganabilidad tantas veces reiterada por Cornwell del lugar, y a la evidente falta de efectivos militares. Pero, bueno, qué esperábamos, estamos hablando de Uhtred. Desde aquí, el resto de la novela nos cuenta el viaje accidentato de Uhtred y sus crecientes huestes hasta encontrar al elusivo enemigo, pasando entre otros sitios por el actual Manchester. Por en medio, mucha intriga de rapto familiar e hijo rehen.

Pese al tono irónico utilizado por un servidor, no quiero decir que la novela sea mala. Si lo fueran, haría tiempo que habría dejado la saga. Está bien escrita y es entretenida. Y sigue habiendo elementos cuya presencia justifica mi interés. Por ejemplo, me resultan interesantes las reflexiones que hace sobre la caída del imperio romano, cuyos restos y ruinas son una constante en el escenario de las aventuras. ¿Cómo pudo caer una sociedad que hacía las cosas que él ve, muy superiores a las que saben hacer sus coetáneos en estos momentos?

También es interesante la estrategía bélica seguida por los sajones para conseguir detener y eventualmente expulsar a los daneses, estrategia concebida y puesta en marcha por el rey Alfredo el Grande, y que básicamente consistía en fortificar las ciudades y crear una línea de Burhs o fortalezas. Digamos que el business plan de los daneses no salía si tenían que pararse a asediar pueblos para conseguir sus tesoros. Y dichos burhs resultan una prueba más del espíritu emprendedor del hombre y de cómo puede superar cualquier obstáculo, por difícil que parezca en un momento dado. En este caso, la evidente superioridad bélica de los daneses sobre los sajones.

Y, por último, siguen teniendo su gracia y picante los diálogos de amenazas e insultos previos a cada batalla, combate o reto, en los que la imaginación de Cornwell parece inagotable, como también en las invectivas contra la Iglesia, algunas igualmente graciosas.

Seguiré leyendo la saga hasta terminarla: total, solo me quedan tres entregas y encima son las más cortas.

lunes, 20 de febrero de 2017

El descubrimiento de la lentitud ("Die Entdeckung der Langsamkeit"), de Sten Nadolny

Novela prácticamente biográfica de John Franklin, un tipo relativamente desconocido, al menos para mí, conocido por sus dos intentos por encontrar el llamado "Pasaje Noroeste". Esto es, el trayecto que permitiría pasar de Europa a Asia por el norte de Canadá, a través de los hielos del océano polar Ártico.

La principal característica del personaje, según nos lo pinta el autor, es fácil de imaginar: su lentitud o, en términos positivos, su paciencia. Mr. Franklin desde pequeñito muestra escasa propensión a la acción, y en cambio una excepcional para la observación, hasta el punto que destaca entre sus compañeros por su capacidad para sujetar durante horas los cordones del juego que practican.

Sin embargo, John tiene también una pasión, los viajes marinos, que le harán superarse a sí mismo y sus problemas, para ser un marinero eficaz y eventualmente excepcional, hasta que le lleguen a encargar la primera misión de búsqueda del citado pasaje Noroeste. Hasta entonces habrá de superar algunas batallas marítimas (se nos cuentan con cierto detalle una ocurrida en Copenhague y otra contra los franceses cerca de Cádiz), y también un viaje de exploración por el mar Australis y las costas de Australia.

Su obsesión con la lentitud le exige constantemente prepararse para desempeñarse como un marinero normal, siendo estas acciones las partes más interesantes al principio del libro. El tema de la lentitud llega hasta a preocupar a uno de sus profesores, que elaborará un ensayo al respecto.

Sin embargo, la historia empieza a cobrar verdadero interés cuando por fin Franklin se embarca para explorar el océano Ártico y buscar el pasaje Noroeste. Aquí la novela se transforma en puro género de aventuras, y se nos narra una verdadera odisea por aquellas desoladas y deshabitadas tierras, en que hay cierta colaboración de los indígenas, pero hostilidad de los esquimales. La tripulación tiene que invernar, sufrir mosquitos, y eventualmente comer líquenes de las rocas como único alimento accesible. Lógicamente, Franklin casi no consique sobrevivir a la expedición, de la que vuelve con unos pocos compañeros.

De vuelta a Londres, se encuentra con que está lleno de relojes (han mejorado mucho en la medida del tiempo), pero sin embargo la gente ya no tiene tiempo para nada. Típica reflexión de alguien obsesionado por la lentitud. Como él si lo tiene, escribo un relato con su periplo canadiense, y de la noche a la mañana se encuentra famoso, reconocido y elevado a la categoría de Sir.

Pese al casi trágico desenlace de su primer intento, seguirá persiguiendo la difícil meta. Y, por fin, tras un periodo como gobernador de Tasmania, conseguirá el apoyo para dirigir una segunda expedición a las tierras árticas, que en esta ocasión sí tendrá un fin trágico, y siento el spoiler.

Aparte de sus aventuras y andanzas, Franklin comparte con los lectores reflexiones acerca de cómo debe de ser el gobierno o la educación, y sus intentos de avances tecnológicos en relación con imágenes en movimiento, o colaborando con Babbage para desarrollar la primera calculadora. Son más interesantes las primeras. Así, al respecto de la educación, la teoría de Franklin es que los profesores deben ser "descubridores" y ayudar a sus alumnos a descubrir el mundo, más que explicársel o contárselo.

Y en relación con la forma de gobernar, su visión es la misma que ha aplicado como capitán de barcos (el Sistema) y precisamente en respuesta a su lentitud-paciencia. Es necesario que haya dos perfiles: uno rápido que tome las decisiones tácticas y operativas, combinado con uno lento, que sea capaz de observar pacientemente y dirigir a largo plazo. A ello le responden que precisamente es eso lo que hace la Monarquía, donde el rey se preocupa del largo plazo, y el gobierno y los políticos, del corto. Yo a eso añadiría que el Sistema es una extrapolación o generalización de la mente humana tal como la entiendo Kahneman en "Thinking fast and slow".

La novela no está mal, aunque tampoco es el libro más apasionante de la historia (cómo podría serlo si la lentitud está hasta en el título). Lo más curioso resulta leer cómo un alemán te cuenta la vida de un inglés, es chocante ver palabras inglesas (nombres de las ciudades y calles, por ejemplo) en un libro en alemán: estamos muy acostumbrados a lo contrario (palabras alemanas en un libro en inglés), pero no tanto a esto. Y, por supuesto, la reivindicación de un personaje relativamente desconocido como Sir John Franklin.