martes, 12 de septiembre de 2017

Fools, Frauds and Firebrands, de Roger Scruton

Scruton en un filósofo que tuvo la ocurrencia de escribir un ensayo describiendo y descubriendo las falacias, cuando no el completo vacio, que tienen las "teorías" de los filósofos de izquierdas. El problema es que esto lo hizo en 1989, con lo que fue sometido a ostracismo y hasta expulsado de la universidad en que daba clases.

Esto dice algo positivo de 2017, pues ha habido al menos una editorial que se ha atrevido a hacer reaparecer este libro pese a los antecedentes. Con razón tiene la izquierda tanto miedo a Internet: sus falacias son el ámbito abierto mucho más fáciles de desenmascarar por el público, algo que se dificultaba con su discurso arcano e incomprensible. Conste que pese a no me gustan nada las etiquetas (tipo "izquierda") la uso aquí para simplificar la nomenclatura, ya Scruton critica a los pensadores de izquierdas o, como aclara él mismo, los que se definen a sí mismos de izquierdas.

Bajo su trituradora pasan nombres bien conocidos, como Gramsci, Habermas, Sartre, Foucault o Galbraith, junto a otros no tanto, que quizá lo fueron en su momento, pero sobre los que quizá empiezan ya las brumas del tiempo a sumergirlos en esa nada de la que nunca debieron salir.

El principal mérito de Scruton consiste, seguramente, en haberse leído los truños de estos señores con la constructiva idea de sacar provecho de los mismos, o al menos un resumen que mostrar a la audiencia para su crítica. Es esto lo más útil del libro: conocer de forma resumida las "grandes" ideas que han catapultado a la fama a sus generadores. Porque lo cierto es que, una vez de expresan en un lenguaje entendible para el público, no hace falta crítica adicional para darse cuenta de lo absurdas y carentes de fundamento que son. Ello lleva a Scruton a dar explicaciones sobre por qué triunfaron en su momento e incluso se mantienen vigentes en la actualidad.

El lector que se adentre en este ensayo ha de ser consciente de que se enfrenta a un libro difícil. Es difícil porque las "teorías" expuestas son complejas de contar y de desentrañar, y porque sigue siendo difícil la lectura de tanta verborrea incluso con un guia. Y es difícil porque Scruton no renuncia a hacer literatura, y las metáforas que utiliza dificultan en cierta forma el seguimiento de sus razonamientos y explicaciones.

Siempre me queda la duda tras leer ensayos de este tipo (por ejemplo, las críticas de los austriacos a economistas de otras escuela, salvado las distancias): ¿debería leer las obras de los autores criticados para tratar de entenderles de primera mano, y así ver si las críticas tienen o no sustento? Y siempre tiendo a responderme que no: parece una pérdida de tiempo puesto que 1) ya conoces sus ideas a través del resumen; 2) Son ideas absurdas sobre las que no merece la pena profundizar.

Una de las mejores cosas del libro son las citas textuales que saca Scruton de los autores criticados a efectos que el lector se hada una idea de sus sufrimientos. Hay una de Sartre sobre la totalización que parece tal cual un trabalenguas, pero las más curiosas son las de Lacan, en la que el absurdo mezcla elementos de todo tipo, incluidas ecuaciones matemáticas.

¿Qué conclusión saco yo del pensamiento de izquierdas según lo traza Scruton? Pues algo que ya imaginaba sin haber leído a los autores, ni siquiera sus resúmenes: que es todo instrumental y nada científico, que construye sobre el vacio y no sobre hechos, y que proporcionan métodos (falaces) para conseguir que la verdad sea la que a ellos les interese en cada momento.

Como he dicho otras veces, esto es algo con lo que te tropiezas constantemente en teoría económica, y que te explicas por ser una ciencia que no se puede contrastar empíricamente, y por tanto sujeta a este tipo de maleabilidad. Pero que estos mismos métodos se puedan extender a ciencias naturales, y que encima con éxito de seguimiento por los filósofos, es ilustrativo de lo bajo que puede caer el ser humano.

En el epílogo, quizá la parte mejor y más comprensible del libro, Scruton se pregunta cómo es posible que este tipo de pensamiento sea el que haya dominado y domine las universidades de humanidades, y se extraña de que resucite una y otra vez con independencia de la palmaria evidencia empírica contra él mismo que ya se ha cobrado varias centenas de millones de víctimas. La única explicación que encuentra es que estos "ensayos" no se discuten, simplemente se creen, y que el ser humano siempre necesita una religión.

lunes, 21 de agosto de 2017

La elegancia del erizo ("L'Élégance du Hérisson"), de Muriel Barbery

Extraña novela de esta escritora francesa, que tuvo un relativo éxito hace unos años.

Y digo extraña porque más bien que un relato, parece una disculpa para canalizar sus reflexiones sobre temas tan diversos como la gastronomía, el arte, el cine o el sentido de la vida. Por supuesto, hay una secuencia de hechos que se nos cuentan, pero no es demasiado relevante y ni siquiera interesante.

La historia se centra en un bloque de apartamentos de lujo en Paris. Allí viven, entre los vecinos, la portera y la hija de una familia rica, cuyo padre lo es por ser diputado socialista (sin comentarios). Pues bien, la narración la hacen a dos manos entre ambos personajes. La primera, Renée, nos cuenta cosas mediante el formato de diario convencional, mientras que la niña, Paloma, redacta dos diarios de los que vamos leyendo alternativamente, uno de pensamientos profundos y otro de Movimientos.

Como digo, no hay apenas trama como tal. Ambas narradoras aprovechan los hechos, normalmente cotidianos, que les van ocurriendo para trasladarnos reflexiones varias, muchas de cierta profundidad, y en general sin demasiado atisbo de ironía No es un libro que fomente la sonrisa, ni mucho menos la risa. Y eso que tenemos a una portera que podría dedicarse a criticar a sus vecinos-clientes de clase alta, y una niña con una hermana un poco estúpida, que podría optar también por esa vía.

Pero no, de lo que se trata es más bien de mostrar que cualquier persona, aunque no lo parezca, puede haber leído, entendido y reflexionado sobre lo que lee, y que estas joyas se encuentran en los sitios más dispares. De hecho, Renée oculta activamente su condición intelectual para no alarmar a los vecinos del inmueble que, según ella, la tienen como una portera convencional. De ahí, por cierto, el título de la novela: La elegancia del erizo, oculta bajo las puas.

Como no me voy a entretener sobre las reflexiones, interesantes pero no demasiado originales para mí, poco más me quedaría por decir. Un último apunte se refiere a la influencia japonesa que se percibe en toda la obra, desde la descripción del Go hasta la gastronomía o el cine japonés; es claro que la autora está fascinada por esta cultura, algo que transmite mediante las dos narradoras. También, como curiosidad, hay que decir que la hermana de Paloma (Colombe, claramente redundante) hace su tesis doctoral sobre Guillermo de Ockham, sí, el del principio de la navaja. Ello dará una oportunidad a Renée de criticar la carencia de foco de la universidad (francesa), con una bonita reflexión sobre los impuestos.

En resumen, lectura interesante y amena, pero no ligera, como quizá el título podría dar a entender. Recomendable en todo caso.



jueves, 17 de agosto de 2017

Finis Germania, de Rolf Peter Sieferle

En algún lugar leí que este libro había sido quitado de las listas de ventas por algún periódico alemán, pese a ser de los más vendido en el país germano. Las razones que se intuían para tal eliminación apuntaban más a su "incorrección" política que al racismo o similares, por lo que me picó la curiosidad. Por otro lado, tras haber comenzado a leer a Scruton (Frauds, Fools and Firebrands) y descubrir cómo este libro le costó su puesto en la Universidad por la presión de los izquierdistas, no puede uno dejar de sospechar que algo similar le pudiera pasar a Sieferle. Me apresuro a anticipar que no es el caso.

Finis Germania es un libro relativamente breve en que se recogen una serie de ensayos cortos del autos sobre diferentes temas, aunque predominan algunos como la culpabilidad por el nazismo y reflexiones sobre la responsabilidad, y la mediocridad de los nuevos políticos surgidos de la democracia.

Es un libro complicado de leer. Aunque me ufano de dominar el alemán (leído) lo suficiente como para leer perfectamente novelas, el paso a la lectura de ensayos es bastante complejo. De repente, las frases y, sobre todo, las palabras se alargan, y uno empieza a perderse. Además, cuando las palabras alemanas se alargan, los diccionarios empiezan a ser de poca ayuda, pues no las recogen. Sin contar con que en un cierto número de ocasiones son palabras construidas por el ensayista, lo que puede ser obvio para un alemán nativo, pero dista de serlo para un aprendiz de la lengua.

El caso es que, una vez más tras leer un libro de ensayo, no tengo claro de si me he enterado bien de las cosas.

Sieferle reflexiona en primer lugar sobre el concepto de responsabilidad, y cómo éste ha evolucionado de ser individual a ser colectivo. El problema que tiene la responsabilidad colectiva es que no está nada claro como hacerle frente; así como en la individual hay un causante claro y una forma de trazar los actos, lo que permite el castigo y la eventual redención, ¿cómo se hace eso con la responsabilidad / culpabilidad colectiva?

Es evidente que Sieferle prepara el terreno para el tema que más le preocupa: ¿cómo se puede redimir Alemania del nazismo y de Hitler? Los crímenes contra los judios por parte de los alemanes tuvieron lugar en una época y circunstancias concretas. ¿Hasta qué momento tendrá Alemania y los alemanes que pagar por algo que hicieron unas personas concretas? De aquí Sieferle reflexiona que la humanidad necesita siempre tener a los "malos" que de alguna forma les vuelvan a ellos buenos. Este papel fue desempeñado por los judíos desde la crucifixión de Jesús, y ahora habría pasado a los alemanes como consecuencia del holocausto.

Si esto es así, dice Sieferle, la única posibilidad de redención para el pueblo alemán es su desaparición. Pero, se pregunta, ¿quién asumirá entonces el papel del malvado?

Junto a esta línea argumental, por así decirlo, central, Sieferle trata otros temas, como el sentimiento socialdemócrata de los alemanes, la naturaleza del artista (que atribuye principalmente a su carisma) o la mediocridad de la clase política surgida de la democracia, y sus consuencias estéticas.

La verdad es que la relevancia del libro se me escapa un poco, ya que no vivo en Alemania ni conozco alemanes. La sensación que me da es que habla de temas que parecen poco actuales y que  yo creía superados, al menos visto desde España. ¿De verdad siguen los alemanes jóvenes sintiendo algo de culpabilidad por lo que hicieron (algunos de) sus abuelos? Y, por otro lado, Alemania es un país riquísimo, con una clase política relativamente controlada, que ha sido capaz de superar una reunificación de una sociedad muy pobre con otra muy rica.

Vamos, Alemania es un país envidiable, con una capacidad de generar riqueza que solo puede explicarse en el alto grado de libertad relativa en que viven. ¿De verdad tienen esas obsesiones?






lunes, 14 de agosto de 2017

Ofrenda a la tormenta, de Dolores Redondo

Esta novela cierra la trilogía del valle de Baztán, que vengo leyendo en las últimas semanas. Mi afán por la completitud me impide psicológicamente abandonar la lectura de un libro aunque no me esté gustando, ni en este caso de una trilogia, aunque me dé la sensación de estar perdiendo el tiempo.

Ofrenda a la tormenta no presenta ningún elemento nuevo a los ya apuntados en las dos primeras entregas, pero sí opta por abandonar uno de sus aspectos más interesantes, cual era la relación con la mitología vasco-navarra. Las dos entregas anteriores tienen como referentes, respectivamente, al basajaun y al tarttalo. Aquí la referencia es Inguma, pero tiene un papel mucho menos relevante que los anteriores seres fanstásticos. Quizá sea esto así porque el síndrome de muerte súbita del lactante es algo demasiado horrible por si solo, una verdadera pesadilla para todos los padres, y no necesita monstruos mitológicos añadidos para causar miedo.

En cambio, la trama se centra mucho más en la vida personal de la detective, algo que francamente a mí me sobra. Incluso me resulta cargante, como la relación con su marido James, personaje de cartón-piedra siempre paciente y siempre amoroso, cuyo único papel parece ser dar tensión la latente relación con el juez Markina.

Lo único que se salva de James es una de sus reflexiones, la primera digna de mención y casi única en toda la trilogía: "de todos los derechos que tiene un hombre, el más importante es el derecho a equivocarse, a ser consciente de ello, a ponerlo en valor y a que eso no sea una condena de por vida." Ya quisieran el reconocimiento de tal "derecho" muchos emprendedores de nuestro país, y no lo digo precisamente por la ley de segunda oportunidad. Más bien lo digo por lo mal visto que está el fracaso empresarial en nuestro país, sin entender que el error de un emprendedor no es un fracaso ni debería tener sus connotaciones negativas.

Lo positivo de esta novela es que cierra la serie (no pun intended) entrelazando los argumentos de las dos primeras novelas con lo que ocurre en esta última. Hay que agradecerle tal esfuerzo a la autora, pero también es cierto que la resolución dista de ser satisfactoria y es demasiado compleja e inverosimil, incluso dentro de sus propias premisas. Si ya es difícil imaginar la actuación de un inductor como ocurría en la segunda novela, la resolución planteada de inductor de inductores es un rizo demasiado rizado.

Un comentario crítico final: ¿cómo es posible que los jueces y policías franceses hablen español? ¿Es verosímil esto? Resulta muy llamativo en las escenas que transcurren en Francia que los díalogos sean en español. El recurso típicamente usado por otros escritores es hacer hablar en francés al personaja la primera vez que aparece, aclarando que se entienden de alguna forma, y luego seguir todo en castellano. Pero que hablen en español TODOS de buenas a primeras es chocante.


jueves, 10 de agosto de 2017

La filósofa ("Die Philosophin"), de Peter Prange

Empieza a dar reditos el duro esfuerzo de aprender alemán. Así lo constato en la lectura de esta novela, cuya existencia no creo que hubiera llegado a conocer si no buscara literatura en la lengua germana (y eso que se tradujo al español).

Sin llegar a ser de esas novelas que uno no puede olvidar, La filósofa es un libro magnífico, con momentos espléndidos, y cuya lectura es ciertamente recomendable.

La narración nos sitúa en la época de la Ilustración, bajo los dominios del rey Luis XV y de su amante favorita, Madame de Pompadour, en pleno vigor de todos los lujos y depravaciones versallescas. En este contexto, nace la protagonista, Sofia, en las afueras de Paris. Pronto tendrá que hacer frente a las injusticias de la vida, pero lo relevante empieza cuando se traslada a vivir a Paris y comienza a trabajar en el Café Procope.

Esto le dará oportunidad de conocer, ni más ni menos, que a Denis Diderot, el gran filosofo francés cuya figura quedará realzada por esta novela. A través de Diderot, aparecen en la novela un sinnúmero de eximias figuras, como Voltaire, Rousseau, d'Alembert y tantos otras luminarias de la Ilustración francesa. Y es que esta novela va principalmente del nacimiento y desarrollo de la Enciclopedia. En torno a ella, se desenvuelven los protagonistas y se desarrollan las tramas, en muchos casos al estilo Ken Follet.

Sin embargo, sobre estas intrigas predomina siempre una lírica historia de amor, entre la protagonista y Diderot, romance emotivo en muchos momentos. Pero no es Diderot la única celebridad con que se tropieza Sofía: también habrá de trabajar para madame de Pompadour, se casará con el comisario Antonio Sartine (que parece también un personaje histórico) y será amante de Malesherbes (censor y sin embargo gran protector de la Enciclopedia).

Sobre esta magnífica historia, ya de por sí atractiva, se suceden escenas dignas de Victor Hugo o de los Momentos Estelares de la Humanidad, de Zweig. Por ejemplo, la discusión en que Diderot y D'Alembert definen el árbol de la ciencia para clasificar la Enciclopedia, es reminescente de este último. Por su parte, las descripciones que hace de Paris en sendos momentos, una con base en sus profesiones, la otra a partir de sus ¡olores! recuerdan al jorobado viendo la capitar francesa desde la torres de Notre Dame. Como también lo hacen algunos de los capítulos del libro en que se nos describe la tortura y ejecución del asesino fallido del rey, y otro en que se describe con todo lujo de detalles una de las fiestas de Versalles.

En un ámbito más filosófico, es espectacular el diálogo que mantienen Diderot y el padre Radominsky, incansable perseguidor de los filosofos, sobre el concepto de la verdad, con el primero en la carcel.

He de decir que mis preferencias pueden estar sesgadas, puesto que me encanta Diderot. Y siempre me había sorprendido la cortedad de su obra, algo que gracias a esta novela creo entender mejor: Diderot se dedicó en cuerpo y alma a la Enciclopedia, lo que le dejó muy poco tiempo para otro tipo de escritos.

Creo que cualquier lector disfrutará enormemente de esta novela de Peter Prange, e imagino que a muchos su lectura les despertará el interés por los ilustrados franceses. Si es así, que lean a Voltaire y a Diderot. Rousseau también escribe bien. pero su Contrato Social es una burrada tal que prefiero no recomendarlo.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Legado en los huesos, de Dolores Redondo

Segunda entrega de la trilogía de Baztan de la autora. Ninguna sorpresa en esta novela, aparte de las derivadas del propio contenido, que alguna sí hay.

Volvemos a tener los mismos ingredientes que en la primera entrega: serie de asesinatos relacionados con un personaje de la mitología vasco-navarra, explicaciones de procedimientos policiales, relaciones complejas entre los distintos personajes de la narración. En esta ocasión, el personaje mítico es el "tarttalo", especie de cíclope de las Vascongadas y con una historia muy similar a la del cíclope clásico.

Poco más se puede decir sin entrar a desvelar la historia, algo a lo que no estoy dispuesto. Sí quiero referirme en cambio a la riqueza de tramas que presenta esta novela, algo que ya apuntaba en la anterior, pero que en ésta es especialmente llamativa: tenemos, junto a la trama asociada al tarttalo, profanaciones asociadas a la antigua secta de los agotes, desapariciones de bebés, tramas internas familiares y al inefable agente Dupree desde Nueva Orleans, quien también parece ocultar un secreto.


Como en las buenas series, todas estas tramas tienden a confluir e hilarse en una sola cuerda, lo que da un gran atractivo a la novela. Es más, yo diría que uno de los aspectos más originales y destacados de esta autora es cómo liga las sucesivas novelas de la trilogía. Cuando uno empieza a leer cada novela, no tiene claro cómo enlazará con la anterior, pero esto se hace magistralmente a través de una de las tramas que parecía resuelta, pero de la que quedaba algún fleco. Y por ahí se empieza a tirar. Lo digo con conocimiento de causa, pues ya estoy inmerso en la tercera y última entrega que, espero, enlazará todos los sucesos ocurridos y los empaquetará en un lindo y práctico final.

Una última observación, que alguien puede considerar spoiler: la trama del tarttalo orbita en torno a la figura del asesino inductor. Esto es, como puede comprobar rápidamente el lector, los asesinatos investigados tienen evidentes rasgos en común, pero también es evidente que los ejecutores han sido personss diferentes, que también han seguido un patrón similar de comportamiento. Ante esta evidencia, cobra fuerza la posibilidad de que exista un asesino inductor.

Pues bien, lo que se echa mucho de menos en la novela es haber visto en acción al tal asesino inductor, una escena en que se viera u oyera cómo conseguía que sus víctimas llevaran a cabo sus deseos. Creo que eso hubiera hecho mucho más creíble tal figura, que parece un poco de ciencia ficción. Dicho esto, no descarto que tal defecto sea a propósito, por alguna razón que se explique en la trama global (por ejemplo, porque realmente no era un asesino inductor).

Como ya he escrito, estoy ya inmerso en la tercera entrega, aunque con ganas de terminar y liberarme de esta serie para leer alguna cosa de más enjundia.

lunes, 31 de julio de 2017

Bajarse al moro, de José Luis Alonso de Santos

En un momento de aburrimiento, encuentro este libro en el kindle. Está aquí posiblemente tras su lectura escolar por alguno de mis hijos. El caso es que como no es largo y guardo buen recuerdo de la película homónima, me arranco a leerlo.

Tres días después y en tres ratos muertos lo he terminado. Ni fu ni fa, no entiendo cómo esta obra de teatro captó la atención de alguien con posibles para llevarla al cine. No es que sea mala, es simplemente que es anodina, no tiene nada.

La historia se centra en cuatro jóvenes: dos, Chusa (interpretada en la pelí por Verónica Forqué, magnífica) y Jaimito, son un poco tarambanas y viven en el desorden y cerca del delito. Bueno, para ser sincero, el "delito" es el tráfico de drogas, o sea, que estamos hablando de "delito" político, no moral. Los otros dos, Elena y Alberto, son jóvenes supuestamente más formales, que solo transitoriamente se ven en compañía de los dos primeros, en los que se apoyarán de forma inmisericorde para volver a flote.

Y poco más da de sí el tema. Poca reflexión, poca trama, ninguna sorpresa. Hay monólogos en lengua cañí del tal Jaimito que harán llorar de pena al que haya leído recientemente La vida es sueño y medite sobre la evolución del teatro en nuestro país. Hay alguna broma graciosilla, referencias a desfalcos y políticos, y a los grupos neocatecumenales. Lo más chocante, leer a la Chusa decirle a Alberto que "no sea facha". Hacía siglos que no oía ese insulto.

En fin, dejo de escribir, que como me descuide haré esta reseña tan larga como una de las siete escenas de la obra.

jueves, 27 de julio de 2017

El guardián invisible, de Dolores Redondo

Este libro entró en mi radar a raiz de la película homónima. Se trata del primero de una trilogia de la autora, centrada en el valle del río Baztan y en su capital, Elizondo. Imagino que si ha llegado a película será porque la novela resultó en best-seller, pero tampoco he indagado sobre el tema.

Se trata de una novela policíaca en la línea actual de esas series en que se entrelazan los casos con las vidas personales de los detectives, hasta el punto de formarse un totum revolotum. Estoy pensando en series como Happy Valley, River o True Detective. Pues bien, esta es la versión española, más bien vasco-navarra, de esas series.

La protagonista, Amaia, es natural de Elizondo, aunque ahora trabaja como policía en Pamplona. Sin embargo, el crimen que tiene que investigar en esta ocasión le lleva de vuelta al citado pueblo, donde le esperan sus dos hermanas y su tía, para recuperar viejos traumas infantiles.

Poco más puedo decir sin desvelar la trama, algo que no voy a hacer, porque tampoco merece la pena. El libro se lee bien, aunque no está especialmente bien escrito. La trama no te atrapa ni te absorbe, la lectura puede detenerse, pero es razonablemente atractiva. Se trata, pues, de una novela del montón.

¿Cuál es su atractivo para mí? La mezcla que hace con la mitologia vasco-navarra, cuyos personajes pululan a lo largo de las páginas de la novela, empezando por el llamado basajaun, cuya personalidad da título a la novela. Para quien no la conozca, resulta ciertamente llamativa. Por cierto, a quien haya visto esa serie clásica Twin Peaks no se le debería escapar el paralelismo. En el mismo sentido, también me resultan atractivas las escenas en que se utiliza el tarot y se describe su funcionamiento.

Otros puntos de interés son, por un lado, las descripciones que hace determinados procedimientos polícíacos (por ejemplo, las autopsias), siempre desmitificando los conocimientos adquiridos en series televisivas. Y, por otro, las explicaciones psicológicas que proporciona, tanto en el ámbito policial como en otros.

Me ha extrañado, en otro orden de cosas, la referencia que hace a Euskalherria (textualmente) en el siglo XVII, diciendo que el juego de laxoa era dominante en aquella época. Tengo para mí que Euskalherria no existía en aquella época ni tal conciencia, y que Euskalherria es un concepto moderno creado por el nacionalismo vasco (pero puedo estar equivocado). Es más, estoy seguro de que Navarra nunca ha sido parte de Euskalherria, porque algo de historia de España sé. Dicho esto, bien podría ser que el valle del Baztán no hay sido parte de Navarra históricamente, y sí de lo que llaman ahora Euskalherria.

En todo caso, le traiciona en esta referencia el nacionalismo (¿o solo la ignorancia?) a la autora. Por suerte, es el único ramalazo que se le ha escapado, y no desmerece la lectura.

Resumiendo, entretenida lectura para el verano con puntos formativos, y que deja abierta la trama para la segunda novela de la trilogía, cuya lectura ya he empezado.

viernes, 14 de julio de 2017

Las 100 claves de África ("Les 100 clés de l'Afrique"), de Philippe Leymarie y Thierry Perret

África es una gran desconocida, y quizá le quede todavía mucho tiempo de serlo. En nuestras lecturas, viajes, películas y series, nos tropezamos constantemente con los otros continentes, pero rara vez con África. Tenemos una vaga idea de la historia de muchos países de todos los continentes, pero escasísima de lo que pasó y pasa en África (con la excepción los países mediterráneos, claro, con los que compartimos legado romano).

Es por ello que de vez en cuando me fuerzo a leer cosas sobre África, para no dejarla descolgada en el conocimiento que voy adquiriendo de otros continentes. Hubo un libro que me encantó, "Ébano", de Ryszard Kapuściński, y confieso que tenía alguna esperanza de redescubrir éste en el que ahora comento. Evidentemente, no iba a ser el caso, como el título revela fácilmente al lector más atento que yo.

Y es que este libro es en realidad una colección de breves monografías sobre distintos aspectos del continente africano, obviamente hasta alcanzar las 100 que le dan título. La mayor parte de las monografías corresponden a los países africanos, habiendo un artículo por cada país. También hay unas cuantas dedicadas a personajes, perdón, políticos relevantes en el devenir del continente africano. Por último, hay una tercera categoría de "Varios" en que se habla de aspectos generales, como pueda ser el cine, el petróleo, los diamantes o el SIDA.

Estas monografías se complementan con unas cuantas tablas cronológicas de sucesos recientes (bueno, del siglo XX hasta 2005) en el continente, y con una selección de discursos de, sí, políticos en determinados momentos relevantes, como por ejemplo el de Mandela al ser nombrado presidente de Sudáfrica.

El libro es interesante, sobre todo para el amateur que sabe poco de África, como es mi caso. Las monografías de cada país incluyen un breve esbozo de su historia, lo que me ha resultado lo más interesante del libro. Y eso que esa historia está necesariamente obsoleta, ya que solo llega hasta 2005, momento de publicación de la obra. En todo caso, es en estos párrafos donde más potencial de aprendizaje hay. Por ejemplo, así he sabido que Etiopía es el único país de África que no ha sufrido nunca colonización por países europeos, pese al intento de Italia antes de la 2ª Guerra Mundial, y es al único país al que se reconoce una victoria sobre los colonizadores.

Por su parte, las biografías de personajes relevantes, siempre politicos, resultan un tanto redundantes con las historias de los países en que ejercieron, por lo que son bastante menos interesantes. Por último, la sección de varios adolece de una visión socialista y estatista de la vida (ya apuntada al seleccionar únicamente políticos como "claves" de África), que hace su lectura en muchos casos insufrible cuando no directamente irrelevante. Los autores son periodistas, no tienen por qué saber de economía, claro. Pero resulta estresante que habiendo los problemas que hay en África, denuncien cosas como que el cine está poco desarrollado, o que los medios de comunicación no reciben ayudas. La capacidad de disociación de la gente no parece tener límites: a ver, si África es un continente pobre, ¿cómo esperas que se puedan gastar recursos en colegios u otras de las infraestructuras que tienen los países ricos?

Por ejemplo, me resulta insoportable la continúa confusión entre deuda de país y gobierno. Los países no se endeudan, África no se endeuda, no tiene capacidad para hacerlo. Los que se endeudan son los gobiernos de cada país, los políticos, contra el crédito de los individuos de sus países, pero sin contar con ellos. Habida cuenta del grado de corrupción que tienen muchos de estos gobiernos, la condonación de estas deudas o su renegociación, o lo que sea, solo puede ocurrir a consta de los ciudadanos y a favor de los políticos. Por ello, resulta un poco cansino leer a los señores Perret y Leymarie una y otra vez sobre el tema, al mismo tiempo que denuncian casi en cada país los elevados índices de pobreza.

Otro tema para la reflexión es el de los impulsores de las distintas instituciones políticas africanas. Pensar que gente como Gadaffi o los distintos dictadores estaban interesados en impulsar este tipo de organizaciones da mucho que pensar. Por ejemplo, sobre la ONU y la declaración de derechos humanos en que estuvo involucrada esa gran garante de los mismos que era la URSS.

Este libro es ciertamente interesante para quienes quieran conocer un poquillo sobre la historia de los países de África y sobre algunos fenómenos que afectan al continente. Está razonablemente bien escrito, y llega a ser hasta emotivo en algunos momentos. En su contra tiene su excesivo foco estatista-socialista, así como el foco francés (perfectamente explicable por la nacionalidad de los autores), y por otro lado su redundancia y obsolescencia. Si alguien está intersado en su lectura, quizá deba mirar primero si hay alguna versión más reciente.

Con todo, lo más interesante que van a encontrar los lectores empedernidos como un servidor es la lista de posibles nuevas lecturas de autores puramente africanos que se nos concede en el capítulo dedicado a la literatura. Yo me he apuntado Wole Soyinka y Albert Memmi, del que leeré sin duda "Portrait du Colonisé".

martes, 4 de julio de 2017

El quinto en discordia ("Fifth Business"), de Robertson Davies

Los derroteros literarios me llevan en esta ocasión hasta Canadá, país del que pocas recuerdos de lectura, si alguno, tengo. Y lo hacen de forma inesperada, porque desconocía que el autor fuera canadiense, y ni siquiera que Deptford, el pueblo que da nombre a la trilogía que se inicia con esta novela, fuera de tal país. Es más, ni siquiera cuando empiezan las primeras referencias a Toronto, caí en la cuenta de que no solo el entorno, sino que también el escritor podía ser del país de la hoja de roble.

Pero una vez superado este punto, se acaban las diferencias con otras obras literarias inglesas o americanas. Estamos ante una novela bien escrita, estilo alta novela inglesa, con buen vocabulario y la perenne ironía británica que contribuye una y otra vez al lector a esbozar sonrisas cómplices. El libro está narrado en primera persona, y forma un triángulo con dos conocidos de la infancia del narrador/autor. El evento traumático que condiciona el desarrollo de la historia es el que establece la relación entre los tres: el mejor amigo del protagonista le lanza un bola de nieve, que impacta en la que será madre del tercer vértice del triángulo, provocando su parto anticipado.

A partir de aquí, el protagonista, Dunstan Ramsey, nos cuenta su vida, puntuándola con los momentos en común con cada uno de los otros dos caracteres. En el caso del primero, una relación frecuente y constante, en la que se contempla la exitosa carrera empresarial y politica. En el caso del segundo, una relación mucho más esporádica, pues el niño prematuro se hace mago y viaja por todo el mundo. Por cierto, no os perdáis la descripción del magnífico espectáculo de magia que se nos cuenta en un determinado momento de la historia.

De hecho, la magia es uno de los temas que mantiene el hilo en la novela. El otro tema es aún más sorprendente, si cabe: la hagiografía o vida de santos. Nuestro héroe cree ver una imagen de la Virgen durante su participación en la primera Guerra Mundial, y dedica el resto de sus días a buscarla. Ello le fuerza a visitar iglesias en pos de imágenes, y lógicamente se convierte en un experto en los iconos cristianos y sus santos. De las partes más interesantes del libro resulta su relación con la sociedad de bolandistas, los jesuitas que se dedican a investigar a los santos para ver si son dignos de canonización.

Se presta también atención a la política en Canadá y a sus relaciones con la monarquía británica, con base en la figura del amigo. Personalmente, no he podido evitar fijarme en la referencia que hace al London School of Economics y su papel en la diseminación del socialismo, algo imposible de hacer a todos los que hemos leído el Camino de Servidumbre de Hayek.

Y, para tener de todo, la novela tiene también un giro inesperado en que todo queda relacionado/explicado y que desemboca en un suceso trágico, pero que libera, aparentemente, el trauma del protagonista.

En cuanto a la parte más irónica, me quedo con la respuesta que da la madre del parto anticipado, y esposa del reverendo de una de las iglesias de Deptford, y de mente un poco transrtornada, cuando a poco de empezar la novela la encuentran acostada con un vagabundo, y le preguntan que por qué lo ha hecho. La respuesta es antológica: "He was very civil. And he wanted it so badly" (Fue muy educado. Y tenía tantas ganas").

No sé si leeré algún libro más de esta trilogía o de este autor, pero esta lectura ha estado lo suficientemente bien como para considerarla provechosa y hasta recomendable.

sábado, 17 de junio de 2017

Liquidación Final, de Petros Markaris

Markaris es un conocido autor griego de novelas policíacas, más en concreto, por la saga del detective Kostas Jaritos. A estas alturas de mi vida, me resulta algo extraño ponerme a leer este género, pero lo he hecho por recomendación de una compañera, con el interés sobre todo de la descripción de la vida en Grecia durante estos años de crisis.

Markaris acaba de publicar una entrega del conocido detective, llamada Offshore, y con esa disculpa me he enterado de que los cuatro libros previos conforman la llamada "tetralogía de la crisis". Como uno es un poco cuadrado, decidí leerme por orden estos libros antes de acometer el más reciente. Pero me equivoqué, y este que leí es realmente el segundo de la tetralogía, no el primero. En fin.

Se trata de una lectura ligera, sin demasiadas pretensiones, aunque entretenida y, como cabe esperar, con algunos trazos costumbristas de interés. El estilo de Markaris (o de su traductor al español) es descarnado hasta el extremo. Como prueba definitiva del grado de "ejecutividad" que tiene, basta ver cómo termina la novela: no cuándo se captura al malo, como suele ser el caso, sino simplemente cuando se descubre quién es y Jaritos se lo comunica a su superior. ¿Para qué entretenerse con dramas finales?

Como digo, la búsqueda del asesino tiene en esta novela el transfondo de la crisis económica en Grecia. Así, nos encontramos con una Atenas continuamente atascada por manifestaciones de unos u otros grupos de interés, hay continúas referencias a los recortes sufridos por los funcionarios (no en vano Jaritos es uno de ellos) y en general a la desesperada situación de muchos trabajadores y empresarios. Ello da lugar a algunos suicidios que se entremezclan con los asesinatos de la trama. En el plano personal, también la trama se va por la crisis, en este caso en torno a la posible emigración de la hija para buscar otras oportunidades. Es curioso que en plena crisis y recortes, sigan apostando la mayor parte de los protagonistas por el empleo público.

La disquisición moral la ofrece el asesino, quien se dedica a reclamar deudas fiscales a sus eventuales víctimas, que pasan a serlo si no regularizan su situación con el fisco. Conforme avanza la novela, pasará también a asesinar a "empresarios" bien conectados políticamente. Lo cierto es que el método del asesino, quien se autodenomina Recaudador Final, termina teniendo éxito, por lo que empieza a vérsele como una especie de héroe por el pueblo griego: alguien que puede hacer "justicia" impositiva allí donde el estado griego fracasa o simplemente está corrupto.

Desgraciadamente, esta disquisición pierde sentido a ojos de un libertario, puesto que no parece justificable ni mucho menos asesinar a alguien simplemente porque impide que le roben lo suyo, aunque la mayoría del pueblo griego esté de acuerdo con ese robo. Por supuesto, la cosa cambia cuando el Recaudador empieza a ir a por los políticos y muestra su lado corrupto.

Bueno, pues eso tenemos, lectura ligerita de verano, no exenta de interés y desde luego entretenida, pero que no tan enjundiosa como para dedicar más tiempo a las andanzas del tal Jaritos. Encantado de haberles conocido.

lunes, 12 de junio de 2017

Una historia de Venecia ("A history of Venice"), de John Julius Norwich

La principal motivación para leer este libro viene de la teoría económica. Me explico, de forma breve: de acuerdo a la teoría económica, la única forma de generar riqueza y progreso es teniendo libertad. La libertad en la sociedad depende muy directamente de las instituciones con que se dote, o sea, del poder real que esas instituciones tengan sobre el resto de los ciudadanos, o, dicho de otra forma, de los contrapesos existentes sobre las decisiones de las instituciones.

Por otro lado, una sociedad u organización que ha llegado a ser poderosa y además durante bastante tiempo, necesariamente tiene que haber construido su base sobre una generación inicial de riquera, que a su vez se basaría en la libertad y por ende en las instituciones. Para contrastar empíricamente la teoría descrita, hay por tanto que conocer las instituciones originales de las grandes naciones que durante la historia han sido: el imperio romano, el imperio chino, el español o el turco, por ejemplo, pero también las ciudades hanseáticas, Florencia o, como el caso que nos ocupa, Venecia.

Con este objeto, en cuanto supe de esta obra de Norwich me hice con ella, con la intención de tarde o temprano leerla. Y le llegó el momento. El libro no me ha decepcionado en ningún sentido: ni por contenido, ni por forma de contarlo, ni por rigor, ni tampoco por la permanente atención a las instituciones que gobernaban Venecia. He leído excelentes libros de historia que, sin embargo, apenas se refieren a las instituciones, con lo que no cubren la necesidad teórica planteada. Pero, como digo, no es el caso de la obra de Norwich.

La historia de Venecia, per se, es apasionante. Una ciudad-estado metida durante unos mil años en todos los lios europeos, y en muchos casos con la voz cantante. Por las páginas del libro transitan los longobardos, los turcos, papas corruptos y papas santos, los piratas croatas, los imperios germánicos, los reyes hungaros (y hasta algún polaco), los normandos, Génova, Florencia y Milan... pero sobre todo Francia, España y Bizancio. No sé si muchos conocerán que Venecia fue en algún momento de la historia la cabeza de facto del imperio bizantino. O que la península italiana solo quedó pacificada con la llegada del poderoso imperio español bajo el mando de Felipe II. De hecho, uno de los escasos aspectos que me resultan un poco sospechosos en la historia que cuenta Norwich es lo tarde que aparece algún reino de la península ibérica involcucrado en el destino de Venecia.

Norwich construye la historia tomando como marco los sucesivos mandatos de los Dogos, de la misma forma que Tito Livio en su Ad urbe condita la describe basándose en los mandatos de los consules. Es sistemático, pero a veces algo aburrido, porque no con todos los dogos suceden cosas de importancia, pero sin embargo este sistema obliga a citarlos a todos.

Pese a su foco esencialmente histórico, Norwich no pierde de vista la evolución urbanística y arquitectónica de la ciudad. Al fin y al cabo, según confiesa en el prólogo, fue la belleza de la ciudad la que le atrapó en esta narrativa. El estilo de Norwich, por lo demás, es fluido y atrapa al lector, que raramente se verá obligado a interrumpir la lectura por cansancio o aburrimiento. Me atrevería a decir que, pese a ser un libro largo, y no novelístico, se podría leer de una sentada. Por destacar un capítulo, me quedaría con el de la batalla de Lepanto, que describe magistralmente, aunque sin llegar al tono dramático que un Posteguillo habría conseguido insuflar para mayor goce del lector.

Y, por último, lo más importante: en cada momento relevante, Norwich se detiene en las instituciones políticas de la República, y nos cuenta cómo funcionaban y cómo evolucionaron, así como las causas de dichos cambios. Es más, dicho análisis es parte integral del trabajo realizado por Norwich, como lo prueba el extenso espacio que dedica en las conclusiones a relacionar la longevidad de Venecia con el funcionamiento de las instituciones, y a desmontar el mito de que era un estado policial por no ser democrático.

No es este el sitio para realizar un análisis en profundidad de las mismas (eso es algo que dejo a mi segunda tesis doctoral, jajajaja). Pero sí quiero dejar escritas algunas ideas al respecto:
- El Dogo casi siempre era una persona de mucha edad (70-80 años) y generalmente reconocido como con gran prestigio. Y aún así, apenas se le dejaba poder. Apasionante la descripción que se hace de su sistema de elección conforme avanza el tiempo.
- Cuando Venecia fracasaba en alguna empresa, una de las cosas que se revisaba era el sistema de checks & balances para ver si estaba funcionando bien. La cuestión no era tanto quién había cometido el error (todos nos podemos equivocar), sino si la decisión errónea había progresado sin obstáculos en las instituciones debido a ausencia de contrapesos.
- Los derechos reconocidos a los ciudadanos venecianos eran envidiados por los ciudadanos de otras repúblicas, como también sus gobernantes, hasta el punto de que muchas ciudades contrataban ciudadanos venecianos para su gobierno.
- Es especialmente interesante la figura del Consejo del Diez, investido de grandes poderes, pero con importantes contrapesos en su propia formación: imposibilidad de repetir mandato, imposibilidad de dos miembros de una misma familia, la forma de tomar decisiones, el requisito de ampliación en sus componentes para las decisiones más graves...

En resumen, un libro apasionante casi desde todos los puntos de vista, e imprescindible para los amantes de la historia de Europa, de la libertad y, por supuesto, de Venecia.

viernes, 9 de junio de 2017

La sala de profesores ("Das Lehrerzimmer"), de Markus Orths

Este es uno de esos libros que escojo aleatoriamente de mi biblioteca en alemán, para ver si hay suerte y hago algún descubrimiento. Luego he visto que estaba traducido al español, lo que revela un cierto grado de éxito en lugar aborigen de la obra.

Dos cosas me atraían a priori de él: que es muy breve, y que supuestamente es un relato sarcástico, en este caso de las aventuras de los profesores del instituto del pueblo alemán Goppinger. Se trata de un libro extraño (¿humor alemán? ¿no es una contradicción en los propios términos?), pero con un cierto atractivo, e innegables momentos de humor.

Una cosa que llama mucho la atención es la longitud de los párrafos. Kafka también utiliza párrafos super-largos. Pero, claro, lo suyo no es literatura de humor. Uno asocia ésta con párrafos cortos y ligeros (sin ir más lejos, Mieses Karma), pero nada de eso en este relato. Creo que algunos de los capítulos solo tienen uno de estos párrafos eternos.

Contrariamente a otros libros de humor sobre colegios, éste apenas se refiere a las relaciones de los alumnos con los profesores, que es donde suele estar la mina de anecdotas. Como el propio título indica, aquí solo hay relaciones entre profesores, y de estos con sus superiores y, en general, la burocracia educativa.

El libro comienza con toda una declaración de intenciones: el director del colegio recibe al autor con un discurso lleno de consejos, en él que le deja claro que toda la vida académica se construye sobre cuatro pilares: Angst (Miedo), Schein (Apariencia), Lüge (Mentira) y Jammer (Misería). Y eso se lo dice el director al novato. Hala, para evitar que nadie se haga ilusiones desde el principio.

Lo cierto es que el relato, sin ser desternillante, y encima tener un estilo ciertamente complicado, el autor consigue algunas imágenes ciertamente hilarantes, casi cercanas a Tom Sharpe. Por ejemplo, la escena del lío de las llaves que hay a poco de empezar, cuando hacen al recién llegado cambiar de aula con todo su grupo de alumnos, o las reflexiones sobre el profesor que tiene llegar antes que sus alumnos a la puerta del patio (para abrirla con la llave) pero tiene que salir el último del aula (para cerrarla).

Tampoco hay que perderse la descripción que da un formador de profesores sobre cómo dos compañeros triunfaron en su clase de inglés sobre el verbo to kill. O esa escena con los profesores afectados por la inspección del Ministerio, que un magistral Orths transforma con un par de toques en una situación post-apocalípctica.

Este librito es un relato curioso. Como es muy corto, creo que puedo recomendar su lectura, y asegurar al que la acometa que un par de veces se reirá.

lunes, 29 de mayo de 2017

Objetivo 4, de Germán Castro Caycedo

Este libro parece ser un best-seller en Colombia, donde el autor es bastante conocido. Se trata de un escritor muy centrado en temas locales, casi periodista, por lo que su fama no ha trascendido las fronteras del país americano. Vamos, que existen escritores colombianos que no son García Márquez.

En este libro se nos cuentan cuatro operaciones policiales contra bandidos colombianos, esto es, narcotraficantes, guerrilleros y del estilo. Y es que Colombia parece terreno abonado para esta clase de bandas, sobre todo por la orografía, por lo que no tengo muy claro qué recorrido tendrá el ultimo tratado de paz. O sea, cuánto tiempo tardarán en aparecer otros FARC o lo que sea.

La narración se estructura a base de relatos de diversos de los participantes en cada operación. Esta técnica me ha resultado muy confusa, y creo que impide al lector hacerse una idea global de lo que está pasando en la operación y por qué ocurre lo que ocurre. Al mismo tiempo, supongo que le confiere realismo, pues es fácil imaginar los problemas de coordinación que pueden surgir entre instancias gubernamentales en operaciones de este tipo. Y, al fin y al cabo, ninguno de los relatores tiene toda la información en ningún momento. Por otro lado, la confusión se incrementa al no estar claro muchas veces si el episodio que está contando alguno de los personajes ya ha sido contado por otro desde su punto de vista, o es uno completamente nuevo.

De las cuatro operaciones que dan título a la novela, las dos primeras son más de infiltración, mientras que las dos segundas son contra grandes jefes y rebosan la acción que cabe esperar en una película. Así, en estas dos últimas se involucran 100 de efectivos, contando con todo tipo de medios, como aviones, helicópteros, comandos, "Hombres Jungla". Se trata de operaciones de acoso y persecución por el accidentado territorio colombiano. Es apabullante el despliegue de medios que se hace para capturar a estos criminales, cuyo principal delito normalmente se relaciona con el tráfico de drogas. Una razón más para abogar por su legalización: ¿cómo puede un gobierno relativamente pobre como el colombiano tener que dedicar tantísimo recurso a atrapar a estos tipos, en vez de dedicarlo a educación o carreteras, o simplemente dejarlo en el bolsillo de los ciudadanos? Entiendo que el tráfico de drogas va muchas veces acompañado de verdaderos delitos, pero habría que ver hasta qué punto son consecuencia de la propia ilegalidad de aquel.

En estas dos operaciones hay una interesante reflexión final, que también se aparece a quién haya visto la serie Narcos: sí, estos bandidos son gente muy rica, pero... ¿pueden realmente disfrutar de su fortuna? La única forma de mantener su libertad ante el acoso gubernamental es vivir itinerantemente y en muchos casos en condiciones lamentables, y siempre preocupados por la aparición del enemigo.

Las dos primeras operaciones son más de infiltración. Por cierto, en una de ellas se persigue a un tal Martín Sombra, al parecer involucrado en el secuestro de Ingrid Betancourt. Lo más interesante de éstas es el episodio en que uno de los agentes se ha de caracterizar y vivir una larga temporada como vagabundo; muy curiosa la "formación" psicológica que se le ha de dar para que haya una posibilidad de que aguante estas circunstancias sin traicionarse.

Por último, no me puedo resistir a hacer una referencia a las llamadas "prepago", de las que los capos bandidos parecen disfrutar a menudo. Creo que estas "prepago" son un fenómeno colombiano, nunca me he tropezado con algo parecido, aunque allí parecen frecuentes, según se deduce de la lectura de este libro. Son chicas que ofrecen sus servicios por catálogo, y que, imagino, exigen que se pague por adelantado antes de trasladarse para la provisión pactada.

Objetivo 4 no es un buen libro, pero sí es una curiosidad, y nada aburrido al estar repleto de acción. Un entretenimiento ligero entre novelas de mayor enjundia.

jueves, 25 de mayo de 2017

Maldita Karma 2 ("Mieses Karma Hoch 2"), de David Safier

"Maldita Karma" fue un fenómeno editorial en Alemania y me atrevería a decir que incluso en España. El mero hecho de que una novela alemana se haya traducido y publicado en España es ya de por sí excepcional. Por su parte, David Safier es un escritor bastante mediocre, que dio la campanada de una forma que incluso para él debió de resultar sorprendente. Hay que reconocer que la idea era original y además la novela tiene un arranque muy bien planteado.

No creo que reviente mucho a estas alturas, pero, por si acaso, aviso que viene spoiler. En esta novela lo que ocurre es que la protagonista muere en los primeros capítulos, y se reencarna en hormiga. A partir de aqui, se nos cuenta la historia de sus sucesivas reencarnaciones hasta que, bueno, ya sería demasiado reventar. Los primeros capítulos de la primera novela son los mejores, sin duda: nos presenta a la protagonista, y nos cuenta sus últimos momentos de vida, pero de una forma en que no sabemos realmente que son los últimos. Cuando, de repente, revive como hormiga, pilla al lector tan desprevenido como a la protagonista.

Desgraciadamente, a partir de aquí la trama se desinfla, y poco a poco sale a relucir la mediocridad del escritor, que nos plantea situaciones crecientemente absurdas e inverosímiles, incluso en el contexto de aceptar que alguien reencarnado en hormiga u otro animal pueda narrar su vida. Uno termina de leer Maldita Karma con cierto agotamiento y aburrimiento.

El problema de la segunda parte es que se pierde la originalidad y la frescura, pero no sabéis hasta qué punto. De hecho, cuando empecé a leerlo, pensé que me había equivocado de libro y que había empezado de nuevo con la primera parte. Tuve que volver a abrir éste para cerciorarme de que era otra novela. Es que me parece alucinante que utilice otra vez el mismo recurso de describir los peores momentos del último día de su vida para comenzar el relato. Tratando de hacer la misma gracia, pero sin darse cuenta de que el recurso ya no sorprende al lector de la primera parte.

Y no cesan aquí los paralelismos: las mismas secuencias entre reencarnaciones, los mismos consejos de Buda, y para remate, el proceso de reencarnación vuelve a empezar como hormiga. Safier ha hecho una segunda parte que básicamente replica el esquema de la primera, incluso en las características de los personajes, y en las notas al pie sobre las memorias de otras personas reencarnadas en animales (¿por qué usar otra vez la reencarnación de Casanova?). Insisto en que me parece alucinante, aunque revelador de la mediocridad del escritor, que se limita a explotar la gallina de los huevos de oro sin demasiado esfuerzo creativo.

Dicho esto, la novela tiene algunos momentos divertidos y frescos, aunque son la excepción más que la norma. Uno de ellos ocurre cuando se reencarna en cigüeña, en concreto el momento en que mamá cigüeña enseña a volar a sus polluelos. Y también son muy divertidos sus momentos iniciales como caracol, sobre todo en relación a la velocidad de movimientos que cabe esperar.

Destaco también un par de frases-reflexiones, ambas extraidas del cine. En una, la protagonista nos comenta que en sus momentos malos le gusta ver Alien, porque así no ve gente feliz, y nadie puede tener envidida de congéneres a los que les salen bichos de la tripa. La otra, casi terminando la novela, es cuando "derrotan" al "malo final" (por así decirlo), y nos dice que en las pelis de terror el malo se levantaría cuando estuvieran celebrándolo los buenos. Pero, añade, no en esta ocasión, y concluye que, si bien la vida no es una comedia romántica en que todos terminan felices (una reflexión que aparece varias veces en la novelsa), tampoco es una película de terror.

Bueno, poco más. Si no has leído Maldita Karma, quizá esta novela te resulte atractiva por su originalidad. Si la las leído, esto es más de lo mismo, o sea que ya sabes a qué atenerte.






miércoles, 17 de mayo de 2017

Querido Lider: Vida cotidiana en Corea del Norte ("Nothing to Envy"), de Barbara Demick

Segundo libro que leo sobre las condiciones de vida en Corea del Norte. No sé si es que soy morboso o que me atrae lo desconocido, pero quizá lea aún alguno más, pues éste tampoco ha apagado completamente mi sed sobre el tema.

La autora, Barbara Demick, es una periodista destacada en Corea del Sur, ha tenido numerosos tratos con refugiados del norte, y ha viajado varias veces al país de sus desvelos. La narración se estructura en torno a la vidad de seis coreanos del norte, básicamente desde su infancia hasta su huída e integración en Corea del Sur. Dichas narraciones se ven aderezadas puntualmente por informaciones y datos que ponen en contexto lo que les está ocurriendo. Entre otras, se nos cuenta la historia de la separación de las dos Coreas.

La principal crítica que se puede hacer al libro es que realmente hay poco espacio dedicado a lo que sería la vida normal en Corea del Norte. Esto es, a menos que se considere normal vivir en una hambruna. Claro que bien puede ser que ese sea el caso, sobre todo porque según se nos informa en el epílogo, vuelven a estar de hambruna a mediados de los años 2000.

Por lo demás, el libro se lee en un soplo. Es apasionante y está muy bien escrito y narrado. Demick resuelve perfectamente el reto de entrelazar con interés las vidas de los seis protagonistas, de forma que se mantiene una cierta homogeneidad narrativa en la evolución de la historia.

Una de las cosas que más me llama la atención es cómo puede soportar nadie vivir en un regimen así sin suicidarse o tratar de escaparse por todos los medios, y encima estar agradecidos al dictador por cuya causa están así. Creo que la narración aporta una explicación: esta gente cree que su situación es la normal en el mundo, e incluso que están mejor que los residentes en países vecinos. De hecho, al principio del régimen, Corea del Norte era más rica, cuatro veces más, que Corea del Sur, y también estaba mejor que China. Sobre esa situación de partida, y debido a la concepción estática que tendemos a tener del mundo, cuesta imaginar que la situación esté cambiando en aquellos sitios que no conocemos (y sobre los que no tenemos información). Así pues, a menos que haya flujo de información del exterior, uno tiende a pensar que si estaba mejor que Corea del Sur, la situación sigue siendo similar, y que encima ellos están un poco mejor, porque el gran líder les da caramelos en su cumpleaños.

Como ya he dicho, lo cierto es que hay poca narrativa de lo que alguien consideraría vida cotidiana, porque rápidamente se produce la hambruna de los noventa, y la vida de los protagonistas se ve decisivamente condicionada por ella. Para ese momento, se ha obtenido una ligera visión de cómo funcionan escuelas, hospitales, trenes o la clasificación de castas en Corea, pero poco más. Es quizá ésta la parte sobre la que más me interesaría seguir leyendo.

La descripción de la hambruna es sobrecogedora e incluso agobiante. Al final se va saliendo de ella gracias al crecimiento del mercado negro, que el Gran Líder deja desarrollar durante unos años. Por suerte o desgracia, tal desarrollo incrementa los contactos de los coreanos del norte con China y otros países, con lo que empieza a ser generalizado el conocimiento de situación real en comparación con el mundo, y aumentan las defecciones. A éstas también se dedica parte del libro, y una vez más con una absorbente narración, pero sigue sin poder considerarse vida cotidiana.

El epílogo muestra un cuadro bastante pesimista para los ciudadanos de Corea del Norte, lo que les deja casi con la única alternativa de huir del país. En efecto, una vez estabilizada la situación de la hambruna, allá por 2005 Kim-Jong-Il decidió volver a ser estricto con las prohibiciones de comerciar y se cargó de la noche a la mañana el mercado negro en que se abastecían sus sufridos súbditos. No solo eso, sino que también hizo una renovación de la monea de forma que se cargó completamente los ahorros que habían conseguido durante el breve periodo de libertad. Así que de nuevo se produjeron episodios de hambruna, que supongo que solo se habrán resuelto si se ha relajado de nuevo la prohibición del mercado negro. En otro caso, parece increíble que en un país fronterizo con una potencia económica como Corea del Sur, se puedan producir casos masivos de gente que se muere de hambre. Cortesía de las ideologías comunistas-socialistas que siguen practicándose y, por increible que parezca, proponiéndose como alternativas de Gobierno incluso en un país como España.

En suma, un libro esclarecedor, que ayuda a comprender algunos casos de pasividad ante las dictaduras, y que a la vez ilustra de forma espectacular las grandezas del libre mercado, que es capaz de resolver en cortos periodos todo aquello que la desidía, negligencia e incapadidad de los gobiernos ocasiona. En este caso, en términos de vidas humanas.

Por cierto, el título (original) del libro está extraido del himno nacional de Corea del Norte, que viene a decir que no tienen nada que envidiar de ningún país. Qué penilla.




viernes, 12 de mayo de 2017

Las aventuras del buen soldado Svejk, de Jaroslav Hasek

Pensaba que con este libro echaría unas risas, pero han sido bastantes menos de las que su extensión invitaba a pensar. Se trata de un libro clásico de la literatura checa, en el que se nos narran las aventuras del protagonista al comienzo de la primera Guerra Mundial. Ello permite al autor trazar un cuadro costumbrista, siempre desde una perspectiva sarcástica, de la sociedad del imperio Austrohungaro antes del citado conflicto, a través de las andanzas de Svejk en el territorio del mismo.

Lo cierto es que cuesta mucho reirse en esta novela, no porque las anecdotas no sean graciosas, sino sobre todo por la traducción, que no parece hacer justicia al original. Éste está escrito en checo, y ha sido traducido al alemán, desde el cual se vierta a la versión en español que he leído.

El protagonista, Svejk, es un soldado de cierta veteranía, pero de una ingenuidad a prueba de bombas, por lo que una gran parte de los momentos comicos proceden de Svejk tratando de cumplir sus encargos contra viento y marea, y viéndose una y otra vez en circunstancias comprometidas por imprevistos. La otra parte de los momentos cómicos lo constituyen las numerosas anécdotas que constantemente fluyen de los labios del protagonista para amenizar las veladas de sus compañeros en cada momento.

Pero el problema es que no hacen demasiada gracia, sea porque están mal traducidas, sea porque no compartimos el sentido del humor de los checos. Como temas de fondo, hay dos principales: por un lado, la multirracialidad del imperio. Hay constantes puyas y cruces entre personajes de todas las procedencias: checos (como el protagonistas), húngaros, polacos, rusos, austriacos, moldavos, bosnios. Sobre todo domina el enfrentamiento checo-hungaro.

El otro tema de fondo y quizá el más interesante es el de las corruptelas administrativas en la guerra y su preparación. Hasek no trata de grandes escándalos de corrupción, sino de los pequeños robos que hacen todos los que tienen oportunidad, y que resultan igual de desastrosos en sus consecuencias que los primeros. Al respecto, es muy ilustrativo el lío que ocurre con los trenes en el episodio en que el protagonista llega a Budapest. Y lo más patético es las corruptelas ocurren incluso en el frente.

También hay que decir que el libro es marcadamente anticlerical, sobre todo en los primeros compases. Dicho de otra forma, tampoco los sacerdotes escapan del dardo irónico de Hasek. Confieso que a mí la escena que más hilarante me ha parecido de todo el libro, y con diferencia, es la misa de campaña que se describe a poco de empezar, y en que el sacerdote utiliza un trofeo deportivo como caliz. No os perdáis la descripción del retablo de campaña.

La novela está inconclusa. El plan del autor se extendía a 6 partes, pero solo llegó a hacer cuatro, esta última sin terminar. Además, termina bruscamente, por lo que supongo que algo le pasó al autor. Eso sí, le da tiempo a meter una última desagradable anecdota sobre un carnicero que hacía morcillas con insecticida.

Me temo que no puede recomendar esta lectura. Se trata de un libro largo, que pocas veces nos hará reir o sonreir, y en que la mera descripción costumbrista no acaba de justificar por si sola tanta lectura.



jueves, 27 de abril de 2017

El comienzo del infinito ("The Beginning of Infinity"), de David Deutsch

Muy interesante y variado este libro de David Deutsch, físico reciclado en filósofo. Quien lo lea puede aprender muchas cosas de muchos temas, y seguro que tendrá muchas cosas sobre las que reflexionar. Ya adelanto que de lo que no parece que va a aprender mucho es de economía, pero Deutsch está muchas veces muy cerca de lo que un economista diría sobre los temas que trata.

La tesis fundamental del ensayo es que el conocimiento es el principal factor distintivo del ser humano, y lo que nos permite cambiar el medio y hasta el universo. Con este punto de partida, es lógico que Deutsch dedique mucho espacio a la forma correcta de generar conocimiento, a la epistimiología, análisis que culmina con una especie de diálogo estilo Platón entre Socrates y el dios Hermes, en el que eventualmente llega a participar el propio Platon.

Desde el principio se muestra contrario con la hipótesis de que todo el conocimiento tiene su origen en la observación empírica (es curioso que mientras los economistas busquen para su ciencia ese contraste empírica de forma obsesiva y errónea, los físicos sean cada vez más escépticos del método científico; no es a Deutsch al primero que leo al respecto). Para Deutsch el conocimiento se genera a partir de la creatividad del ser humano y la generación de conjeturas, las cuales tienen que ser probadas críticamente, por el método que corresponda según el conocimiento que pretendan generar, y desechadas o corregidas en función del resultado de la prueba. Las buenas teorías no son fáciles de cambiar para explicar un determinado fenómeno, al contrario que las malas (Deutsch pone como ejemplos de éstas los mitos clásicos). Pero lo que es fundamental para que haya conocimiento es que éste sea explicable, que su aplicación se haga desde la razón.

Deutsch da gran importancia a los sistemas universales de expresión de conocimiento, que son los que permiten apuntar a ese infinito que da título al libro. Entre ellos, identifica los alfabetos, la numeración, los ordenadores o el ADN. Dedica un capítulo a contarnos cómo se desarrollaron algunos de ellos mediante un proceso de emprendimiento, y cómo su universalidad se obtuvo casi de casualidad (ver sobre todo el ejemplo de la numeración).

Para Deutsch, solo existen dos formas de generar conocimiento en el universo: el cerebro y la evolución genética. Pero la segunda forma es mucho más costosa y lenta que la primera. Por ello, desde el momento en que la primera fue capaz de generar un "explicador general" (que así nos tilda a los seres humanos), la acumulación de conocimiento en el universo se ha multiplicado exponencialmente. Es mucho más fácil hacer evolucionar los memes que los genes (también hay un interesante capítulo dedicado a aquellos). Al respecto, yo diría que hay una tercera forma de generar conocimiento, bien identificada por Hayek, que es la que procede de procesos espontáneos pero no dirigidos, como son las leyes, los precios y demás. No parece que Deutsch piense en estos fenómenos al referirse al conocimiento generado por el cerebro.

Entre otros con lo que uno pueda estar o no de acuerdo, Deutsch propone un original análisis sobre los sistemas democráticos, en cuanto que generadores de conocimiento para la mejora del bienestar social. Así, tras recordarnos como Arrow demuestra la imposibilidad de expresar el consenso de un grupo, o los problemas de la democracia de los EEUU al respecto de la representatividad del Congreso (en general, de los sistemas representativos), se centra en cómo ha de ser un sistema democrático para facilitar la generación de conocimiento para el propio gobierno de los ciudadanos.
El foco lo pone en la identificación y corrección de errores, donde los partidos tendrían el papel de proponer conjeturas para "solucionar" los problemas de la sociedad: ¿es fácil para el sistema corregir esas conjeturas en caso de que sean erróneas? Deutsch concluye que el sistema de mayorías tipo inglés es más apto para esta tarea, al ser más sensible a cambios de opinión del público.

Mis principales objeciones al ensayo de Deutsch tienen que ver con la explicación que da al retraso entre la aparición de la especie humana y el momento en que ésta empieza a generar conocimiento, algo que él sitúa en la época de la Ilustración (otro punto con el que no puedo estar de acuerdo). En todo caso, este análisis, muy entroncado desde mi punto de vista en teoría económica, lo dejo para mi próximo comentario en el Instituto Juan de Mariana.

Estas son solo unas pocas de las reflexiones que me ha inspirado la lectura de este libro. Como dije, mucho que aprender, mucho que reflexionar, mucho que discutir: mucho que aprovechar, en suma, de la lectura de este libro. Y no es difícil de leer: al contrario, Deutsch hace un esfuerzo tras cada capítulo por resumirlo, recoger los conceptos introducidos, y las principales ideas discutidas.

En resumen: estamos en universo en que la generación de conocimiento es open-ended. Por esos las teorías presentes en cada momento son siempre erróneas y siempre lo serán. En todo caso, cada vez serán mejores y darán lugar a problemas "mejores". En este contexto, para avanzar en el conocimiento lo importante no tener una teoría correcta, sino métodos robustos para localizar y corregir sus errores, métodos que dependerán del conocimiento que se esté generando. Por último, es la creatividad humana la fuente original tanto de conjeturas como de problemas y herramientas de prueba. Es precisamente por dicha creatividad por lo que el conocimiento es open-ended.


miércoles, 26 de abril de 2017

Fausto II, de Johann W. von Goethe

Lo cierto es que no tengo palabras, ni en español ni en alemán, para describir esta obra clásica de Goethe. Si sobre la primera parte ya confesé que me había resultado muy extraña, de esta he de decir que es alucinante. Y no digo alucinante en el sentido de que sea muy buena, no, sino en el sentido quizá originario del término. Es una obra para alucinar.

Sí, parece que es una obra de teatro, pero tengo mis dudas de que se haya podido representar alguna vez. No creo siquiera que Goethe la concibiera como tal, salvo en el aspecto formal de tener cinco actos. Ocurre que cada acto es de su padre y de su madre, que el número de hipotéticos actores es enorme, y que además los escenarios varían como por arte de magia en cada uno, requiriendo de todo tipo de elementos.

Yo creo más bien que el teatro y el propio tema de Fausto es la disculpa que usa Goethe para trasladarnos sus pensamientos sobre temas de la época, pero sobre todo para mostrarnos su virtuosismo a la hora de hacer versos, y su dominio de un sinfín de materias, que aparecen reflejadas en la obra. Así, tenemos desde la mitología clásica menos conocida (semidioses y tal), construcciones germánicas medievales o una referencia a la Bula de Oro y los Electores del Sacro Imperio Germánico.

Recuerdo al lector de este post, que esta lectura la he llevado a cabo en alemán, pero muy apoyado en una traducción al español con anotaciones. Si bien en la primera parte estas últimas no eran muy necesarias, en la segunda son completamente imprescindibles si uno se quiera aproximar algo a lo que nos cuenta Goethe y por qué, y a tratar también de apreciar las virguerías que al parecer hace el autor con los versos.

La obra consta de cinco actos, débilmente entrelazados, entre ellos y con la primera parte de Fausto.
El primero consiste en un carnaval o desfile realizado ante un rey o emperador, al que no se sabe muy bien por qué Fausto y Mefistófeles deciden dar servicio (y no se olvide que sería la continuación del final de la primera parte, que termina con la muerta de Margaret). En el segundo, Goethe nos hace una noche de Walpurgis (de las Brujas en tradición germánica) pero ambientada en la tradición clásica (o sea, en vez de monstruos, nos salen faunos y sirenas). En el tercero, se nos cuenta la relación de Fausto con Helena, según parece simbolizando la unión entre la tradición germánica y la belleza clásica, de la que Fausto se ha enamorado en el segundo acto.

En el cuarto acto, volvemos con el rey-emperador del primer acto, y asistimos a una batalla contra unos aspirantes a derrocarlo... y nos olvidamos de todo el trasunto clásico de los actos dos y tres. Por último, en el quinto acto se nos cuentan las últimas acciones y la muerte de Fausto, así como una especie de epílogo en que Mefisto trata de llevar el alma a los infiernos, pero los ángeles celestiales se la arrebatan en el último momento. Todo revuelve, según dice la anotación a la edición en español, en torno al tema de la incomprensión por parte del Diablo de comprender las ambiciones humanas. Trata de conceder sus deseos a Fausto, pero lo hace forma chapucera por qué no las entiende.

En el segundo acto, aparece la figura del Homúnculo, hombrecillo artificial en busca de su nacimiento, y eso da pié a Goethe para meter una discusión filosófica entre Tales de Mileto y Anaxágoras, sobre el origen de la vida. Ello, entre ondinas, nereidas, tritones, Proteo y Anteo, Solo lo pongo como ejemplo del tipo de cosas que nos esperan en esta obra.

Por cierto, para los interesados en la economía y en el tema del dinero, Goethe también tiene algo que ofrecer, En efecto, en el primer acto, Mefistófeles ayuda al rey con sus problemas, al sugerirle el simple expediente de crear papel-dinero respaldado por los bienes enterrados en el reino (de la misma forma que se había hecho recientemente en Francia contra las tierras expropiadas a los nobles). Evidentemente, Goethe adopta una visión irónica de la solución, que posiblemente es la que lleva al reino a los problemas que habrán de resolverse en el cuarto acto, una vez vuelvan Fausto y Mefistófeles de su ensoñación clásica.

También sorprenderá al lector la escasa presencia relativa de los dos protagonistas principales, Fausto y Mefistófeles, que están desaparecidos en combate durante largos momentos de la obra. Es más, aún es menor el tiempo que están en el escenario con su identidad, pues muchas veces aparecen asumiendo otra personalidad. Por ejemplo, Mefistófeles se pasa el tercer acto haciendo de Fórcida, el ama de llaves de Helena en su fortaleza al retorno de éste de Troya.

He disfrutado leyendo esta obra, más de lo que pensaba que iba a hacer cuando empecé con ella. Pero también he de decir que es una obra que cuesta mucho trabajo disfrutar, por lo que no sé si debo de recomendarla. Sinceramente, no creo que se pueda leer en español solo. El español es necesario para captar las ideas y conceptos que quiere transmitir Goethe con la ayuda de un traductor especialista y conocedor del tema. Mi alemán ha sido suficiente para seguir el léxico y muchas estructuras, pero no me ha permitido una comprensión correcta en muchos casos.

Pero es que sin el alemán al lado la traducción es enrevesada, las construcciones en español son rarísimas, y encima se pierde toda la rima, el ritmo y el sonido. Hay que leerlo en alemán, entenderlo en español, y volver a leerlo en alemán para aproximarte un poco al efecto que Goethe pretendía. Sin ello, no creo que sea posible, Además de ello, las anotaciones son imprescindibles, en algunos casos por las referencias mitológicas, pero sobre todo para entender por qué usa Goethe cada tipo de verso en cada momento, Eso, ni aún sabiendo todo el alemán del mundo lo pillas. Por ejemplo, en el tercer acto el uso de versos de métrica concreta es fundamental, pues simboliza la convergencia entre el clasicismo griego y el romanticismo germánica, que hará al final que los versos de Helena rimen, lo que no ocurría en la poesía clásica.

No sé si con esto animo o desanimo, pero hay queda para la posteridad.


miércoles, 12 de abril de 2017

Del buen salvaje al buen revolucionario, de Carlos Rangel

Interesantísimo (y clásico) ensayo sobre las causas de los problemas económicos y sociales de Latinoamérica, sobre todo en comparación con el bienestar de sus vecinos del norte, los EEUU. El autor es Carlos Rangel, de origen venezolano, y está escrito en los 70. Sorprendentemente, pese a la pérdida de vigencia de los acontecimientos referidos (especialmente llamativa en lo referente a Venezuela o quizás Bolivia), no pierde un ápice de interés su lectura y análisis.

He sacado montones de ideas interesantes de esta lectura, que parecía en principio el rutinario análisis liberal sobre las causas del "subdesarrollo" latinoamericano, tratando de desvincularlo del imperialismo, sea español o americano. Y puede que sea así, pero lo cierto es que Rangel describe con gran claridad y agudeza muchos de los acontecimientos que han conformado la Lationamérica actual, y sobre todo sus causas.

A grandes rasgos, el libro tiene dos partes: una, por así decirlo, teórica, en que Rangel revisa los mitos que se han usado para explicar la situación Latinoamericana, y otra, más empírica, en que se nos cuenta la evolución en el gobierno de determinados países, para confrontarlos con dichos mitos. En esta segunda parte, Rangel se centrá en el caso de México como ejemplar, aunque también habla de Brasil y Argentina. Luego dedica espacio a Cuba, cómo no, a Perú y a Chile, siendo el capítulo dedicado al gobierno de Allende el que más esclarecedor me ha resultado. Lectura imprescindible, incluso tras el tiempo transcurrido.

Comenzamos con el mito del buen salvaje, que Rangel vincula con la búsqueda del Dorado y de la fuente de la eterna juventud, perseguidas por los descubridores originarios. Según el autor, sería un mito también impulsado por los rivales de España en la conquista de América. Obvio es decir que los "salvajes" americanos eran igual de buenos o malos que los conquistadores que llegaban.

Por su parte, el mito del buen revolucionario se vincula sobre todo al comunismo. Rangel explica de forma magnífica las relaciones del comunismo con Latinoamérica y cómo el mito de la revolución comunista cobra aspectos propios en Latinoamérica, donde en efecto la revolución se podría liberar de los defectos del stalinismo ocurrido en Europa y Asia. A ello se responde desde Latinoamérica con el fenómeno del APRIsmo, que básicamente viene a decir que Latinoamérica no puede pasar a la revolución proletaria sin haber alcanzado previamente el estadio del capitalismo, por lo que son primero necesarias reformas en la mayor parte de los países, para superar el régimen oligárquico y llegar al citado capitalismo. Según Rangel, esto no sería tomado positivamente por los comunistas.

Con antelación al APRIsmo, Rangel nos descubre también la ideología del Telurismo, según la cual había un hombre nuevo latinoamericano que superaría a las razas preexistentes. Entre sus principales representantes, destacan Vasconcelos y Rodó. Entiendo que este fenómeno latino-nacionalista es similar a los que se producían en la época en todo el mundo occidental previo a la primera Guerra Mundial.

La verdad es que el libro tiene una cantidad enorme de ideas interesantes, que no podría agotar es esta entrada. No obstante, sí quiero inventariar algunas cosas, aunque sea para futuras exploraciones:
- La figura del Precursor Francisco de Miranda, contándonos sus experiencias viajeras y en especial la de sus viajes por los EEUU. La anecdota que cuenta de cómo el sheriff de un pueblo americano cobra el alquiler de un general francés que ha aposentado su ejército en un prado, a requerimiento del dueño de éste, es impresionante. Y dice mucho sobre la justicia, las leyes y las gentes de aquel país.

- La reflexión de Hegel sobre el impacto del arado en el bienestar de la humanidad.

- La figura y, sobre todo, la mutación de Fidel Castro, desde unas posiciones más APRIstas hacia comunismo puro para granjearse el apoyo de la URSS y consolidar así su poder en Cuba.

- El caudillismo como régimen adecuado para los países de Latinoamérica, ejemplificado en el caso de México.

- La invectiva que hace contra la universidad en Latinoamérica, quizá desmesurada y quizá también a causa de algunas decepciones personales. Es un ataque brutal que no deje títere con cabeza, y demasiado general tal vez.

- La descripción de la llegada al poder de Allende en Chile, y sus tres años de gobierno, que culminan y tienen como consecuencia el golpe de Estado y dictadura de Pinochet. Al parecer, Allende estaba muy lejos de una mayoría para poder gobernar, pero las instituciones chilenas posibilitaban su gobierno por decisión parlamentaria. Pues bien, una vez presidente, se dedicó a tratar de desmantelar esas mismas instituciones que le habían llevado contra natura al poder, con el objetivo de montar una dictadura comunista, y ello contra una mayoría de la población chilena. Alucinante, pero un atisbo de lo que podría llegar a pasar en nuestro país mientras se mantengan las medias tintas con Podemos.

Se me quedan muchas cosas en el tintero, aunque espero que no se me olviden. Este es un libro en el que se puede aprender mucho, y que ayuda a comprender mejor muchas cosas ocurridas, no solo en Latinoamérica sino en el resto del mundo. No sé qué hacer, si recomendar su lectura, o su estudio.

martes, 11 de abril de 2017

Fausto I ("Faust I"), de Johann W, von Goethe

Bueno, bueno, bueno. He aquí uno de los grandes clásicos de la literatura alemena, uno de esos libros que pueden, o no, justificar las horas invertidas en aprender alemán. Y ya lo puedo anunciar, prueba superada, libro leído, ahora hablaré de mis impresiones.

Pero lo primero es explicar que, dada la importancia de la obra, no me he atrevido con ella a pelo, y la he leído en paralelo a una traducción al español y con sus anotaciones. Y la primera observación relevante es que es una obra casi intraducible. No es que yo comprendiera 100% el alemán, pero sí lo suficiente para darme cuenta de que hay mucha elipse, y que el traductor tiene que hacer virguerías para completar el sentido en español, sentido que muchas veces no está claro.

O sea que este Fausto I es bastante difícil, no por el alemán en sí, sino por el estilo elíptico utilizado por Goethe. El vocabulario no es especialmente rico y las frases son cortas (para ser alemán), aunque es cierto que desordenadas y con mucha elipse. Pero es que estamos hablando de poesía, claro.

Pero lo que más me ha chocado es que no se trata de una obra de teatro al uso. Tras haber leído Guillermo Tell, obra convencional, pensaba que Fausto sería una obra de teatro con sus actos, su trama y sus reflexiones. Pero no es así. Esta obra de teatro es muy rara (aunque no tanto como Fausto II, que ya he comenzado a leer) y nada convencional.

No se estructura en actos, sino es escenas sucesivas, que además cambian completamente de escenario. Tiene al comienzo una especie de prólogo en que debaten un poeta, un director y un empresario, sobre las condiciones para que el teatro triunfe. A continuación, le sigue otro nuevo prólogo, este con Dios, los arcángeles y Mefistopheles, en que éste es autorizado a actuar con Fausto. Y solo entonces empieza propiamente la obra.

Y empiezan pasar cosas sin aparente hilazón. Tenemos un monólogo inicial de Fausto en que éste se queja de que ninguno de sus esfuerzos filosóficos o científicos le valen para nada, lo que dará pie a que Mefistopheles le tiente con el mundo exterior. Y este consistirá básicamente en tres escenas: una en una taberna con estudiantes, otra en una cueva con brujas, y la última en que se desarrolla su relación con Margaret ("Gretchen"). Nadie nos explica el paso de una a otra, ni por qué son estas las muestras del mundo real escogidas por Mefisto.

Es por supuesto en la última de las escenas donde tienen lugar los momentos más brillantes de la obra, y los que, supongo, serán los que le han dado fama. Dos son los que yo destacaría: el discurso sobre la honra de Valentine, hermano de Margaret, antes de morir, y la escena final de la obra, en que Gretchen pasa de la esperanza del rescate de la prisión cuando aparece Fausto, a darse cuenta de que su caída es ya irremediable con indepencia de que huya o no. En ambos casos, Fausto es un mero espectador.

Así pues, curiosamente, la obra de Goethe no es la arquetípica sobre el mito de Fausto. De hecho, este mito antecede a Goethe, y el poeta alemán únicamente lo usa como pretexto para sus fines, que tampoco tengo muy claros, aunque sí hay algo burlarse de algunos de sus rivales.

La mayor parte de las referencias de la obra son a la alquimía y a Paracelso, no ha simbología mitológica extraña, como sí ocurre con nuestros poetas complicados, tipo Góngora. Por tanto, tampoco es por esto que no la acabo de entender. El caso es que esta primera parte la he devorado con gran interés, y al final no he encontrado demasiado para comprender por qué es un clásico.

Y ahora he empezado con la segunda, también apoyándome en traducción, y he de decir que es mucho más rara que la primera, y que encima, de momento, ni siquiera parece haber una trama. Así que no sé muy bien a qué atenerme. Sigo leyéndola de todas formas.

lunes, 10 de abril de 2017

Viaje a Italia ("Voyage en Italie"), de René de Chateaubriand

Los relatos de viajes de escritores del siglo XIX son apasionantes, sobre todo si son Europa. Y no por la descricpción de los monumentos en esa época, sino sobre todo por la forma en que se viajaba no hace tanto por estos lares.

Por ello, me resulto apasionante el magnífico "Voyage en Espagne" de Gautier, que, sí, nos describe sus impresiones de la Alhambra, pero también la verdadera aventura que constituía en la época viajar de Granada a Málaga (por ejemplo), algo que en la actualidad es cuestión de un par de horas.

Así que algo similar esperaba encontrarme en este relato de Chateaubriand, en esta ocasión referido a Italia. Pero, desafortundamente, no es así, ni en forma ni en contenido.

Empezando por el aspecto formal, esta obra no parece acabada. De hecho, numerosos fragmentos de la misma parecen simplemente anotaciones de las impresiones del autor, para posteriormente desarrollarlas en forma de relato. Supongo que serán de interés para los estudiosos, pero a mí me parecen innecesarias en lo que presumiblemente es un relato.

Desde el punto de vista de contenido, Chateaubriand se centra en describirnos los paisajes y monumentos que visita, pero para nada habla de sus recorridos o sus estancias, y muy poco de las costumbres de los paisanos. Por tanto, aún teniendo interés (¿cómo se conservaba la villa de Adriano en la época?), no tiene todo el que me suscitaron las "aventuras" de Gautier en España. Su relato se ciscunscribe a tres lugares: Roma, Tivoli y el área de Napoles, junto con algunas notas breves sobre la travesía de Francia y de los Alpes.

Sus comentarios son en general de gran candidez y poco interés. Por ejemplo, la propuesta que tiene para la conversación de Pompeya, consistente en mantener todos los hallazgos de las excavaciones en su sitio de forma que se puede experimentar de forma cercana cómo podía ser la vida en la época de las erupciones.

Nos cuenta su visita a las museos Vaticanos, donde lo que llama la atención es la ausencia de visitantes. Supongo que si don René se acercara ahora por el área le daría un patatús. También respecto a Roma es muy llamativo que califique ruinas como las del Coliseo, como situadas a las afueras de la ciudad. Y respecto a la visita a Tivoli, llama mucho la atención que no habla para nada de las fuentes de la Villa d'Este, imagino que no estarían restauradas.

Un fragmento rescatable: la reflexión que hace sobre la contemplación de montañas, al hilo de una visita al Montblanc, que no queda claro si es o no parte de este viaje a Italia. Una última observación, más en la línea de lo que yo buscaba en este relato: Chateaubriand dice que las hospederías en Italia son magníficas, bastante mejores que en Francia y que, de hecho, solo ha encontrado peor nivel que en Francia en.... yeah, España. ¿Habría sufrido lo de "media con limpio"?

Tenía en cartera Voyage en America, del mismo autor, pero tras la decepción sufrida en esta lectura, ha perdido prioridad y su lectura queda postpuesta sine die.

martes, 28 de marzo de 2017

El laberinto de los espíritus, de Carlos Ruiz Zafón

Ocurrió hace ya unos cuantos años: en aquel entonces, mis lecturas eran predominantemente clásicas. Había decidido que hay demasiado por leer y que uno no tendrá tiempo para leer todo, así que mejor concentrarse en las lecturas consolidadas. Esto es, los clásicos (no solo griegos y latinos, sino de todas las épocas).

Y entonces llegó La sombra del viento, del señor Ruiz Zafón, y comprobé que la gente lo seguía leyendo y comentando un par de años después de publicado. O sea, que si era un best-seller, no era un best-seller al uso. Así que rompiendo mi hábito del momento, decidí dedicar algo de tiempo a su lectura. Qué novela! Impresionante: me reconcilió con la literatura contemporánea en castellano, algo que nunca pensé que podría ocurrir. Desde entonces, no le hago ascos, y menos mal, me hubiera perdido a Posteguillo o Falcones entre otros. Todo ello, gracias a Carlos Ruiz Zafón.

El caso es que la novela me impresionó, me resulto impactante. Pero no recuerdo prácticamente nada de su trama argumental, y no podría nombrar quienes eran sus protagonistas ni siquiera recién leída esta cuarta parte de la tetralogía, si es que se puede considerar tal. Sí recuerdo el estilo dickensiano de que hacía gala Ruiz Zafón en ella, el estilo similar era evidente y sobre todo notorio en la distinta forma de hablar de cada personaje.

Lógicamente, leí las continuaciones, que no lo son: El juego del Ángel y El prisionero del Cielo, e incluso compré para los niños El palacio de la medianoche. Y, por supuesto, he leído casi nada más salir esta cuarta entrega, El laberinto de los espíritus.

Las tres resultaron buenas novelas, pero mucho más convencionales (ie, prescíndibles) que la primera. En esta, además, parecen entrelazarse las historias de las tres anteriores para actuar a modo de colofón, pero como no recuerdo nada de ellas (¿cómo puede ser?) no soy capaz de apreciar las sutilezas del intríngulis.

En cambio, lo que sí se aprecia con claridad es que la cualidad dickensiana se ha perdido: no hay forma de distinguir a los protagonistas por su forma de hablar, ni siquiera de distinguir a los sucesivos narradores (hay dos partes escritas por dos personajes distintos) del propio Zafón. Una pena.

Con este factor fuera de juego, nos queda una trama razonablemente hurdida en la que participan varios de los personajes que ya aparecieron en novelas anteriores, y que, como novedad, sale de Barcelona en un par de momentos para instalarse en Madrid. Pero no es una trama intrigante ni especialmente llamativa.

Nos queda también el amor por la lectura y los libros que constantemente muestra el autor, sobre todo cuando nos lleva a ese Cementerio de los Libros Olvidados que constituye el verdadero núcleo de la saga, y en donde tiene la oportunidad de homenajear a sus libros preferidos.

Nos quedan bastantes comentarios sobre la situación actual disfrazados de glosas sobre la época, como cuando habla de la voracidad recaudatoria de las instituciones (en una época en que no existía ni el IRPF!), o como cuando uno de los personajes afirma que "el índice de tertulianismo de una sociedad es inversamente proporcional al de su solvencia intelectual". Se nota que a Zafón no le invitan, o no se deja, a muchas tertulias.

Nos quedan magníficas metáforas, de las que Zafón es casi uno de los últimos usuarios, como cuando dice que las Ramblas son los intestinos para la flora nocturna barcelonesa. O como cuando nos dice que el relojero "lucía modales de precisión". Me encanta también cuando dice que las tres encarnaciones más socorridas del destino son las de "chorizo, furcia y lotero".

Pero las reflexiones más interesantes vuelven a ser las referidas a las novelas y a la escritura, traicionando de nuevo la pasión de Zafón por este oficio. Así, nos dice que las historias no tienen ni principio ni fin, solo puertas de entrada. O que las obras nunca terminan, el truco es saber dónde hay que dejarlas inacabadas.

El único problema de esta novela es realmente que es muy larga, demasiado larga para la trama y para lo que quiere contar. Ello se nota en momentos de altibajo, que no aburrimiento, y también en el prolongado final que parece que no acaba nunca.

miércoles, 22 de marzo de 2017

The Flame Bearer, de Bernard Cornwell

Décima y última entrega hasta el momento de la saga del Último Reino de Bernard Cornwell.
Por fin se quita de mi vista el intrépido Uhtred, por fin puedo descansar de esta saga inicialmente histórica pero rápidamente devenida en pura novela de aventuras.

En esta última pocas sorpresas esperan: no hay temas nuevos, no hay reflexiones nuevas, no hay sucesos originales. A la gresca se une en esta ocasión un señor escocés, el rey Constantin, pero eso es todo. La situación está estabilizada en Wessex, Mercia y East Anglia, todos en manos de sajones. Por supuesto, Northumbria está en poder de un nórdico, el marido de Stiorra, hija de Uhtred, aunque en una situación bastante débil de momento.

Así las cosas, en este libro aumenta si cabe el protagonismo del héroe, pues ya no es que solo se cuenten sus hazañas, es que ahora también la historia de fondo es la reconquista de su bienamada Babbanburgh, por lo que ya no hay cuartel alguno para otros posibles protagonistas.

Se ha de reconocer a Cornwell su habilidad narrativa, de la misma forma que se le puede achacar que haya sido capaz de construir una saga de 10 libros a partir de tan magros indicios históricos, consumidos además en las primeras entregas. Y aquí lo cierto es que es capaz de llevar a Uhtred a su record histórico, pues en las escenas decisivas se tiene que enfrentar prácticamente con todo el mundo y simultáneamente. Para conseguir Babbanburgh tendrá que luchar contra la propia guarnición del castillo, contra un ejército de escoceses que lo asedian, contra una armada de sajones que pretenden ayudar al señor del castillo contra el asedio escocés, y contra otra flota de vikingos, aliada con los escoceses para evitar que puedan llegar suministros a la fortaleza. Ahí es nada.

En fin, no diré que no he disfrutado de la saga. Sobre todo, lo hice en las primeras entregas, cuando había resquicios históricos a los que acogerse entre tanta heroicidad de Uhtred. Esa fue la llama que me llevó, como al Flame Bearer del título, a leer hasta el final, aunque decepcionado cada vez un poquito más en cada sucesiva novela. Pues, eso no diré que no he disfrutado, pero sí diré que me alegro de haberla terminado. Porque para mí aquí termina, aunque Cornwell promete nuevas entregas, pues para él la historia de Uhtred es la de la creación de Inglaterra. Y esto nos lo dice al final de una supuesta Nota Histórica que comienza con el reconocimiento del propio autor de que no tiene sentido dicha Nota en esta novela en la que se ha inventado todos los acontecimientos. En fin.

Mi recomendación global: leánse los dos o tres primeros libros, que son más de novela histórica, y no se deje nadie atrapar por la supuesta intriga si lo que se busca es la historia de Inglaterra, pues poca encontrará aquí una vez superados los mismos.

martes, 21 de marzo de 2017

Guillermo Tell ("Wilhelm Tell"), de Friedrich Schiller

Esta es la primera obra de teatro que leo en alemán, y además una de sus obras cumbre. Y he de decir que, contrariamente a la reciente lectura de Goethe, sí estoy satisfecho con la lectura, en el sentido de que sí me he enterado en general, y he podido disfrutar bastante de diálogos y monólogos. De hecho, me ha parecido hasta una lectura fácil, sobre todo si la comparamos con el teatro clásico español, más repleto de referencias que hay que conocer para disfrutar. Y eso que en esta versión, que asumo la original, se apocopan palabras y también se utilizan grafías obsoletas, lo que dificulta la identificación de la palabra alemana actual, y no digamos ya el uso de diccionario cuando es necesario combatir el desconocimiento.

Pero todos estos obstáculos son pocos cuando se trata de una obra sobre la libertad y las leyes, el señor y el abuso de poder. Y este es el caso del clásico de Schiller: el conflicto de libertad y tiranía, en este caso materializado en el enfrentamiento entre tres cantones suizos y el señor austriaco asignado para su mandato.

La historia de Guillermo Tell es sobradamente conocida, al menos la de su episodio central: Tell disparando a una manzana situada sobre la cabeza de su hijo, como condena por no haberse inclinado ante el sombrero que el señor austriaco ha puesto en la plaza de Altdorf (si no recuerdo mal). Primera sorpresa: si Tell no se inclina ante el sombrero, no es como acto de rebeldía, sino por mero desconocimiento, algo que tampoco hace su hijo. Es solo la mala suerte del que el señor (Vogt) esté presente la que desencadena el conocido episodio. Tell es ciertamente un héroe (como lo prueba la primera escena con el rescate que hace de un barco), pero no uno en busca de problemas.

El caso es que el famoso disparo se produce (algo que supongo no aparece explícito en la representación de la obra, pues sucede mientras el Vogt habla de otras cosas con la gente del pueblo), Tell acierta en la manzana y no llega a utilizar la segunda flecha que ha cogido del carcaj. El Vogt le pregunta a quién iba destinada la misma, tras garantizarla la libertad por haber cumplido el castigo de disparar a su hijo, y Tell, todo candor, le responde que al propio Vogt. Este dejará de cumplir su palabra y aprisiona al protagonista, que es lo que al final motiva el acto de venganza-justica de Tell.

 Pero, como digo, esta es solo la escena más conocida de la obra, que tiene otras muchas magníficas e includo más emotivas. Por ejemplo, me resultó fascinante el discurso de Staffaucher en el segundo acto, cuando razona poéticamente que los habitantes de Suiza no son siervos, pues con sus propias manos dominaron la naturaleza y la tierra de sus territorios. Esto les convierte en hombres libres, que libremente han elegido al rey de Austria como juez para sus asuntos. Contra este contexto, se explica la rebeldía que les inspiran los hechos arbitrarios del Vogt Gessler, que no está actuando en Suiza como juez, sino como propietario y tirano.

Otro tema importante y recurrente en la obra es el del señorío y la protección. La gente ordinaria busca protección en los nobles, que a su vez solo se pueden proteger gracias a la gente ordinaria. Como dice uno de los nobles: "Ihr sollt meine Brust, ich will die eure schützen" (Vosotros mi pecho, yo el vuestro protegeré). Y es que los nobles suizos parecen haber dejado en la estacada al pueblo ante los abusos del señor austriaco, algo que se resuelve durante la obra de forma satisfactoria.

Por último, Schiller nos llama la atención sobre la justificación del tiranicidio, pues al mismo tiempo que Tell abate al Vogt, uno de los hijos acaba con la vida del rey austriaco. Cuando el parricida busca refugio en la casa de Tell, tiene lugar un magnífico diálogo en que Tell esclarece la completamente distinta naturaleza de ambos actos: Tell ha remediado un acto de patente injusticia y eliminado un tirano, y su casa es de inocentes. El parricida ha matado al rey en un acto de venganza, para su beneficio, no porque se le haya cometido una injusticia, incluso si el rey había dejado a los suizos abandonados ante el tirano.

En resumen, Guillermo Tell es una obra clásica con todo merecimiento, con su historia de folklore y su canto a la libertad, y sus momentos inolvidables. Pero, si he de decir la verdad, está a considerable distancia de nuestro Calderón (La vida es sueño), Shakespeare (El mercader de Venecia, Hamlet), los franceses clásicos Corneille y Racine y, por supuesto, el Edipo Rey, de Sofocles, mi preferida de todos los tiempos.