lunes, 20 de febrero de 2017

El descubrimiento de la lentitud ("Die Entdeckung der Langsamkeit"), de Sten Nadolny

Novela prácticamente biográfica de John Franklin, un tipo relativamente desconocido, al menos para mí, conocido por sus dos intentos por encontrar el llamado "Pasaje Noroeste". Esto es, el trayecto que permitiría pasar de Europa a Asia por el norte de Canadá, a través de los hielos del océano polar Ártico.

La principal característica del personaje, según nos lo pinta el autor, es fácil de imaginar: su lentitud o, en términos positivos, su paciencia. Mr. Franklin desde pequeñito muestra escasa propensión a la acción, y en cambio una excepcional para la observación, hasta el punto que destaca entre sus compañeros por su capacidad para sujetar durante horas los cordones del juego que practican.

Sin embargo, John tiene también una pasión, los viajes marinos, que le harán superarse a sí mismo y sus problemas, para ser un marinero eficaz y eventualmente excepcional, hasta que le lleguen a encargar la primera misión de búsqueda del citado pasaje Noroeste. Hasta entonces habrá de superar algunas batallas marítimas (se nos cuentan con cierto detalle una ocurrida en Copenhague y otra contra los franceses cerca de Cádiz), y también un viaje de exploración por el mar Australis y las costas de Australia.

Su obsesión con la lentitud le exige constantemente prepararse para desempeñarse como un marinero normal, siendo estas acciones las partes más interesantes al principio del libro. El tema de la lentitud llega hasta a preocupar a uno de sus profesores, que elaborará un ensayo al respecto.

Sin embargo, la historia empieza a cobrar verdadero interés cuando por fin Franklin se embarca para explorar el océano Ártico y buscar el pasaje Noroeste. Aquí la novela se transforma en puro género de aventuras, y se nos narra una verdadera odisea por aquellas desoladas y deshabitadas tierras, en que hay cierta colaboración de los indígenas, pero hostilidad de los esquimales. La tripulación tiene que invernar, sufrir mosquitos, y eventualmente comer líquenes de las rocas como único alimento accesible. Lógicamente, Franklin casi no consique sobrevivir a la expedición, de la que vuelve con unos pocos compañeros.

De vuelta a Londres, se encuentra con que está lleno de relojes (han mejorado mucho en la medida del tiempo), pero sin embargo la gente ya no tiene tiempo para nada. Típica reflexión de alguien obsesionado por la lentitud. Como él si lo tiene, escribo un relato con su periplo canadiense, y de la noche a la mañana se encuentra famoso, reconocido y elevado a la categoría de Sir.

Pese al casi trágico desenlace de su primer intento, seguirá persiguiendo la difícil meta. Y, por fin, tras un periodo como gobernador de Tasmania, conseguirá el apoyo para dirigir una segunda expedición a las tierras árticas, que en esta ocasión sí tendrá un fin trágico, y siento el spoiler.

Aparte de sus aventuras y andanzas, Franklin comparte con los lectores reflexiones acerca de cómo debe de ser el gobierno o la educación, y sus intentos de avances tecnológicos en relación con imágenes en movimiento, o colaborando con Babbage para desarrollar la primera calculadora. Son más interesantes las primeras. Así, al respecto de la educación, la teoría de Franklin es que los profesores deben ser "descubridores" y ayudar a sus alumnos a descubrir el mundo, más que explicársel o contárselo.

Y en relación con la forma de gobernar, su visión es la misma que ha aplicado como capitán de barcos (el Sistema) y precisamente en respuesta a su lentitud-paciencia. Es necesario que haya dos perfiles: uno rápido que tome las decisiones tácticas y operativas, combinado con uno lento, que sea capaz de observar pacientemente y dirigir a largo plazo. A ello le responden que precisamente es eso lo que hace la Monarquía, donde el rey se preocupa del largo plazo, y el gobierno y los políticos, del corto. Yo a eso añadiría que el Sistema es una extrapolación o generalización de la mente humana tal como la entiendo Kahneman en "Thinking fast and slow".

La novela no está mal, aunque tampoco es el libro más apasionante de la historia (cómo podría serlo si la lentitud está hasta en el título). Lo más curioso resulta leer cómo un alemán te cuenta la vida de un inglés, es chocante ver palabras inglesas (nombres de las ciudades y calles, por ejemplo) en un libro en alemán: estamos muy acostumbrados a lo contrario (palabras alemanas en un libro en inglés), pero no tanto a esto. Y, por supuesto, la reivindicación de un personaje relativamente desconocido como Sir John Franklin.

martes, 14 de febrero de 2017

Conquests and Culturs: An International History, de Thomas Sowell

Se me queda un sabor agridulce tras leer este ensayo de Sowell. La parte dulce del sabor viene de lo entretenido, absorbente y en cierto modo provocador que resulta el libro. La parte agri viene de que sabe a poco y de que me ha parecido poco riguroso e incluso poco informado en algunos lances.

Pero vayamos por partes. Este ensayo culmina una trilogía del autor cuyo tema de fondo es la cultura, las mutuas influencias entre las distintas culturas, y los efectos de ésta en el desarrollo económico de las sociedades, esto es, su bienestar. Las dos entregas previas están dedicadas a la raza ("Race and Culture: A World View") y a las migraciones ("Migrations and Cultures: A World View"). Conste que no he leído ninguno de ellos, aunque las conclusiones de ambos las recoge Sowell en las conclusiones globales de la trilogia que aparecen en este volumen.

La principal conclusión de Sowell a partir de su revisión histórica de los fenómenos arriba citados (raza, migraciones, conquistas) es que es lo que el llama "capital humano" el factor que mejor explica el desarrollo de las sociedades. El capital humano es un concepto amplio, que englobaría aspectos como la religión, las ideas y valores, las normas, la tecnología, el racismo o la inteligetsia (esto es, la clase alta).

Así pues, cuando las sociedades entran en contacto, sea por conquista o por emigraciones, lo hacen sus culturas. En la medida que de este contacto suponga la transmisión del "capital humano" adecuado, así se podrán desarrollar más o menos las sociedades afectadas. Al respeco, es fundamental la influencia de la geografia (sobre todo al principio), pues sus condiciones son las que hará más o menos difícil la citada transmisión. Aparece aquí una idea muy interesante, que ya me había encontrado, al respecto de que es más fácil dicha transmisión de este a oeste (longitudinalmente) que de norte a sur, por las diferencias climáticas que supone el segundo traslado. De hecho, Sowell propone una ilustración muy gráfica cuando nos cuenta cómo los ingleses, en sun enfrentamiento con los nativos americanos, tenían a su disposición toda la tecnología de Asia y Europa, mientras que éstos no podían disponer de la de los aztecas, situados mucho más próximos.

El libro consiste en seis capítulos. Hay una introducción y una conclusión, que al lector poco avisado resultarán virtualmente idénticas, parecen repetidas. Habría que hacer el test de si se pueden leer en orden inverso y el resultado no cambia. Los otros cuatro son donde de verdad está la miga y donde la lectura es más apasionante, pues constituyen historas en miniatura de las áreas/culturas afectadas.

Hay un capítulo dedicado a Inglaterra y sus pueblos, y también a su expansión internacional. Es el mejor capítulo de la obra, el que me ha parecido más riguroso y mejor informado. Pero claro, es que para Sowell Inglaterra es la cuna de la libertad y del concepto, por tres eventos históricos: la Carta Magna, la independencia de los jueces algo más tarde, y la lucha contra la esclavitud.

Otro capítulo se dedica a África, con especial foco en Nigeria, Tanzania, Ghana y Costa de Márfil. El tercero lo dedica a los eslavos, a los que compara en desarrollo con el resto de sociedades europeas, que sí conocieron las instituciones romanas. Aquí hace un recorrido por los principales países eslavos: Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Asia Central y, por supuesto, Rusia. Finalmente, el último capítulo histórico está dedicado al hemisferio occidental, ie, América, con foco en Mayas, Incas y Aztecas por el sur, e Iroqois, Cherokee e indios normales por el norte.

Siendo, como son, apasionantes, no está nada clara la metodología que sigue Sowell. ¿Por qué nos cuenta unas cosas y no otras? ¿Por qué unos países y no otros? ¿Por qué no le resultan tan relevantes los vikingos o los turcos, como los ingleses o los eslavos? No se sabe.

A mi entender se centra desproporcionadamente en la esclavitud, sus problemas y sus consecuencias, respecto a otros temas. Ello le lleva también a detenerse mucho en el tema de la raza y el racismo, en comparación con aspectos como la tecnología o las normas. Quizá sea porque él es negro, pero claro, quedan como estrambotes en el flujo del razonamiento.

Una cosa que no me ha gustado es el análisis comparativo Sudamérica-Norteamérica. Es aquí, precisamente donde yo estoy un poquito más informado, donde me parece que mete algunos gambazos de impresión. Por otro lado, nuevamente es desproporcionado dedicar menos espacio a civilizaciones como Incas o Aztecas, que a los Iroqois, aunque solo sea por el número de individuos afectados en cada caso.

Voy a ir parando. Este libro da mucho que pensar, proporciona mucha información, y es apasionante. Es difícil recoger en un post todas las ideas que me ha inspirado, tanto por su cantidad por su heterogeneidad. No obstante, sí quiero añadir un comentario, que es la duda más acuciante que me ha surgido.

Tras la caída del Imperio Romano, Inglaterra abandona sus instituciones, como harán otras áreas europeas más adelante, lo que les sume en una situación de involución, de la que tardarán mucho en recuperars. Sowell no especifica las causas de tal abandono de las instituciones, que no tendría por qué haber pasado. Simplemente se refiere a que el "capital humano" se dilapida. Sin embargo, yo creo que no puede ser un proceso tan espontáneo como parece. ¿Por qué abandonar algo que funciona? Mi hipótesis iría en el sentido siguiente: esas instituciones eran costosas de mantener en términos de recursos; el colapso del imperio Romano realmente se produce porque ya no es capaz de mantenerlas, posiblemente porque la sociedad romana no es capaz de generar los recursos suficientes, lo que a su vez posiblemente se debiera a algún tipo de intervención regulatoria en los mercados (ie, precios máximos del trigo). De la misma forma que ya no se podían mantener las villas y las grandes obras públicas, que así caen en el abandono, tampoco se puede mantener, no sé, la justicia romana.

Dicho de otra forma, no es se abandone el "capital humano", es que  no se puede mantener con los recursos disponibles. Me pregunto hasta qué punto sería una situación similar la ocurrida en las colonias africanas tras su abando por las metrópolis. Como digo, mucho que pensar.

lunes, 6 de febrero de 2017

¡Estamos desbordados! ("Absolument dé-bor-dée"), de Zoé Shepard

Tengo dudas sobre si todos los libros que leo merecen un comentario, siquiera en este modesto blog. El libro que acabo de leer es de los que suscitan estas dudas. Es un libro mediocre e insulso, sin nada destacable, pero al que de todas formas dedicaré unas líneas. Quieras que no, la autora consiguió que se publicara, algo que muchos envidiamos.

El libro me atraía por consistir en una parodia de la vida funcionarial, algo con gran tradición literaria en Francia, con notables obras de Honoré de Balzac o el imprescindible "Messieurs, les rond-de-cuir", de Georges Courteline. Desafortunadamente, este librito no está ni de lejos a esa altura.

Básicamente, la autora nos cuenta alguna de sus experiencias al incorporarse a la vida funcionarial en una administración territorial del país galo. Dicha narración la adereza de comentarios agudos sobre las situaciones, tratando de buscar la sonrisa.

Los problemas son muy variados. En primer lugar, las anecdotas que nos cuenta no tienen nada de especial, es una serie de sucesos normales dentro de la vida laboral de cada uno, que igual a ella le resultan extraños porque, claro, se acaba de incorporar al curro.

En segundo lugar, la gracia la busca tratando de dejar a las personas que se encuentra como si fueran tontos, todos son tontos en este libro menos ella. O sea, que se trata de recoger anécdotas en las que se pueda burlar de sus compañeros, jefes y, en general, de la gente con que trata. Al respecto, por ejemplo, es muy revelador el viaje a China: ¿qué ocurre, que el taxista es también funcionario? Ello termina causando que uno tome manía a la autora.

A esto hay que añadir que ni siquiera se trata de una funcionaria con experiencia. Es el primer año de trabajo de una joven de 27 años recién salida de su oposición. Y, sin embargo, tiene maneras de saberlo todo ya sobre el mundo y la vida.

Por último, el libro ni siquiera cuestiona la estructura funcionarial o administrativa. Se da por supuesto que todo lo que hace (lo poco que según ella hace) es necesario. No se mete con la posible corrupción de la administración, y le parece maravilloso lo de las 35 horas de jornada, o poderse coger una excedencia de 6 meses más dos de vacaciones (!) para irse con una ONG a Senegal.

Nada recomendable, salvo para practicar un poco el francés contemporáneo. Y espero que la autora tenga ya la suficiente experiencia como para saber que hay que respetar a los compañeros, aunque no sean tan listos como ella.

martes, 31 de enero de 2017

Silas Marner, de George Eliot

Qué placer resulta siempre la lectura de los clásicos ingleses. Y mira que da pereza de entrada, pero en cuanto te metes, la experiencia suele ser magnífica. Personalmente, me encanta el estilo, el vocabulario y en general la forma que tienen contar las cosas, con esos retruécanos y esas expresiones.

De George Eliot ya había leído "The Mill on the Floss", con sensaciones parecidas a las obtenidas de la lectura de Silas Marner: deliciosa ironía, entrañables personajes, magníficos diálogos. En Silas Marner, Eliot nos cuenta una pequeña y sencilla historia, la del protagonista, lo que le da excusa para extenderse en lo que realmente es el objetivo de su relato: una descripción precisa e irónica de la sociedad rural de la época. Estamos ante a una novela costumbrista, como lo revelan los extensos capítulos dedicados al baile del pueblo (en el que Silas solo aparece al final), la velada en la posada (ídem) o los rezos comunitarios.

Tampoco soy capaz de identificar alguna moraleja en la historia, aunque si la hay tendrá que ver con las vueltas que da el destino, y de lo que te puede parecer que ha arruinado tu vida, visto en pespectiva de transforma en lo que te ha dado la felicidad. Así, el relato comienzo con dos episodios trágicos a los ojos del protagonista: la falsa acusación de un delito, consecuente expulsión de su comunidad religiosa y pérdida del matrimonio con su amada, en la que seguramente tiene un papel activo el que cree su mejor amigo; y, posteriormente y ya instalado en su destierro, la pérdida del oro atesorado y que, como para Gollum, iba haciéndose con el control de su vida.

Sin embargo, serán estas desgracias las que le permitan incardinarse en una nueva vida social, y proporcionarle en algún momento la felicidad con la aparición en escena de Eppie. Pero basta de spoilers. Que tampoco son tales, porque, insisto, no es lo importante la trama o su moraleja, sino la forma en que la cuenta. En este sentido, posiblemente el capítulo más memorable del libro es la conversación que los lugareños mantienen en la posada mientras se están produciendo los infaustos sucesos que conducen a Silas a perder su oro. Todos los temas se tocan, y todos en un constante toma-y-daca entre los protagonistas. No hay que perdérsela, aunque ciertamente es difícil de leer en inglés, pues Eliot lleva a grafía la dicción de cada protagonista.

Poco más que decir. Dejo aquí algunas de las frases que más me han gustado, para dar una muestra del estilo que puede esperar el lector.
- Después de discutir sobre fantasmas, y tras la inesperada aparición de Silas Marner, Eliot nos explica que los tertulianos quedaron "well pleased that the reality of ghosts remained still an open question"

- Sobre el juez: "Justice Malam was naturally regarded in Tarley and Raveloe as a man of capacious mind, seeing that he could draw much wider conclusions without evidence than could be expected of his neighbours who were not on the Commission of the Peace."
- Sobre los consejos de las madres para Marner y el cuidado del bebé: "the notable chiefly telling him what he had better do, and the lazy ones being emphatic in telling him what he would never be able to do."
- Y finalmente, sobre los consejos a Marner de que fumara:  "this advice was sanctioned by Dr. Kimble, on the ground that it was as well to try what could do no harm—a principle which was made to answer for a great deal of work in that gentleman's medical practice."

Como vemos, con gran elegancia, pero sin dejar títere con cabeza.

lunes, 30 de enero de 2017

Muerte de Reyes ("Death of Kings"), de Bernard Cornwell

Retomo la saga del Último Reino, pese a que creo recordar que había decidido no proseguir su lectura. Supongo que tras la agotadora lectura de Penrose necesitaba un descanso mental, y esta saga lo garantiza.

No obstante, sea por ello o por haber dejado descansar la saga, este libro lo he leído sin demasiado pesar y los fantamas que me hicieron abandonar la lectura en el quinto, aqui parecen bastante atenuados.

Death of Kings transcurre durante un periodo de relativa paz, por lo que en la novela no abundan las escenas de acción en que ver al protagonista triunfar una y otra vez contra todo lo imposible, lo que es de agradecer. La trama orbita en torno a la esperada muerte del rey Alfred the Great, que, como indica el título, sucede en algún momento. La cuestión es que pasará en el reino tras el fallecimiento de tan insignie monarca, y cómo se solventara el vacio de poder.

Pese a los malos augurios en que insiste Uhtred una y otra vez, lo cierto es que solo se producen dos acciones bélicas en la novela, una al principio, y la batalla final. En ambas tendrá tiempo nuestro héroe de brillar, pero al menos ya no es el continúo de escenas a que nos sometieron anteriores entregas.

Y es que nuestro héroe envejece, algo que le recuerdan sus enemigos al comienzo de la batalla final, 45 años le contemplan ( y aún quedan cuatro entregas, mínimo, de la saga). Así pues, coherentemente, parece que Cornwell empieza a dar más peso en su narración a las intrigas y estrategia militar, que a las propias batallas. Ya veremos si eso es así en las siguientes entregas.

¿Qué destaca en esta novela? Algunos apuntes.
En primer lugar, hay un par de diálogos muy brillantes, desde luego más que en las anteriores novelas. No hay que perderse el primer encuentro entre Uhtred y un monje llamado Cuthbert, que irá pasando por diversos atributos de santo conforme avance la novela. Lo que me recuerda que también vuelve el sentido del humor de Cornwell, muchas veces a costa de la religión.

En esta línea, muy interesante la maniobra que hace Uhtred para contrarrestar los efectos en la moral del pueblo de las sibilas que proclaman la caída de Wessex. Aunque no el autor no le dedica demasiada atención, es claramente irónica.

Por último, me ha llamado la atención la escena con los comerciantes de esclavos en Londres, que es algo atípico dentro de la narrativa de Cornwell. Me refiero a que el autor suele ser objetivo en la relación de sus personajes con el cumplimiento de las normas, dicho de otra forma, que no las pone en duda y alaba, quizá es el punto fuerte que ve en el rey Alfred, que se centre en hacerlas cumplir. La rule of law, sumarizada cuando en la reseña histórica dice que Alfred pretendía que los comerciantes defendieran libremente su Estado, precisamente porque era el más beneficio para ellos.

Volviendo sobre el tema de los tratantes de esclavos, en esta escena Uhtred y Finan asaltan y matan sin provocación al tratante con que están negociando para comprar esclavas. Simplemente porque se indignan al recordar su pasado como esclavos (¿en la tercera entrega?). Y, sin embargo, el autor es complaciente con esta acción, que no encuentra castigo de ninguna clase, pese a la asistencia de la "policia" londinense y la denuncia de los otros tratantes. Se trata de una violación clarísima de la propiedad privada y de la ley de Alfred por tanto, que requeriría un castigo ejemplar (mucho más de otras de las acciones por las que Alfred ha considerado oportuno castigas a Uhtred).

Y, sin embargo, Cornwell es cómplice de Uhtred en su narrativa, y acepta que que se pueda robar y asesinar impunemente a un comerciante, solo por serlo de esclavos, algo que entonces era normal y no ofrecía a la sociedad demasiadas dudas morales.

Bueno, descanso con otro libro, y vuelvo luego con la saga.

jueves, 26 de enero de 2017

El increíble caso de Barnaby Brocket ("The Terrible Thing That Happened to Barnaby Brocket"), de John Boyne

John Boyne saltó a la fama por su novelita "El niño del pijama a rayas". Un servidor pensaba que era flor de un día, pero resulta que el señor Boyne tiene bastantes libros, e incluso se ha vuelto a oír su nombre con la públicación del último, "El niño en la cima de la montaña". Boyne es irlandés, y no deja de ser curiosa la extraordinaria cuota de escritores irlandeses de éxito respecto a su población. De allí nos vienen Oscar Wilde, James Joyce o más recientemente Frank McCourt.

El caso es que como el primer libro citado me gustó bastante, al ver que tenía otras obras, decidí leer algo más de él. Y opté por este sobre Barnaby Brocket como podría haber escogido cualquier otro. Tras su lectura, entiendo mejor por qué el resto de libros de Boyne han pasado sin pena ni gloria.

Boyne escribe fácil y bien, el libro se lee en un soplo. Pero no por ello deja de ser menos prescindible. Es un libro sin nada interesante que aportar, ni siquiera algún requiebro final para sorprendernos. Supuestamente es una reflexión sobre lo que significa ser "normal". Pero tiene un punto de partida tan absurdo, que pierde la gracia toda posible reflexión sobre una base tan cenagosa.

Y es que el tal Barnaby Brockett resulta ser que es un niño flotante! Vamos, que si lo sueltas sube como un globo. Muy verosimil para tener empatía con él. Vive con sus padres y sus dos hermanos, y el problema es que los primeros, por sendos "traumas" infantiles que nos explica el autor, tienen horror a llamar la atención, esto es, a no ser considerados normales. Ello hará que en un momento de la novela tomen una decisión expeditiva sobre el paradero de su hijo "raro", y esa es la terrible cosa que le pasa en un sitio de Sidney llamado Mrs. Macquarie's Chair.

Ello le lleva de viaje a través del Pacífico hasta Brasil, de allí a Nueva York, luego Canadá, África y finalmente al espacio, sitios en los que irá conociendo a gente especial, algunos más normales (el par de lesbianas brasileñas) y otros menos (el tipo con patas de pato o el amigo con garfios en vez e manos).

No hay lógica alguna en los trayectos que se explique ex post, ni en los personajes que encuentra, ni realmente en nada de lo que le pasa. Así que termina siendo una narración bien hecha pero insulsa, que no invita a la reflexión porque se asienta en bases arbitrarias.

Alguien me podría acusar de estar pidiendo demasiado de un libro que parece infantil. Yo le diría que parece extraño meter lesbianas en la narración si el cuento es realmente infantil. Pero que, en todo caso, los niños se merecen un respeto, como bien nos muestran las novelas de Kästner, y este libro no se lo tiene: ¿de verdad los padres pueden ser tan unidimensionales en este caso? ¿Y eso de quedarse dormido en el viaje en tren Sao Paulo-Rio de Janeiro y despertar en Nueva York? Al menos se trata de un libro corto.
 

miércoles, 25 de enero de 2017

La nueva mente del emperador ("The Emperor's New Mind"), de Roger Penrose

En pedazo de líos me estoy metiendo últimamemte. ¿Quién me mandará a mí ponerme a leer libracos como el del título? Sin embargo, aquí estoy, y encima con el interés por la física espoleado. Quién me ha visto y quién me ve.

Empecemos por el principio: ¿por qué leer este libro? Tiene relación con mi interés por el desarrollo de la ciencia, sobre todo referido a la ciencia económica y en comparación con las ciencias naturales. Entonces se supone que este libro te ayuda a entender cómo funciona el cerebro humano y de dónde proceden los axiomas, que son el punto de partida de la teoría económica entendida a la austriaca, y también de las matemáticas, y, siguendo a Kuhn y sus paradigmas, incluso las ciencias naturales.

Pues allá que me voy. La verdad es que el prefacio invita mucho a la lectura: en este libro se va a tocar de todo, desde la máquina de Turing hasta la teoría de la relatividad, desde los números complejos hasta la física cuántica, y todo para tratar de explicar el cerebro.

Desgraciadamente, es mera venta de moto. Me voy explicando. La tesis principal de Penrose es sencilla: el cerebro humano no funciona según un algoritmo, y por tanto no se puede remedar su funcionamiento con otro tipo de hardware, en concreto, con ordenadores. No se trata de un tema de complejidad o de computabilidad (ie, que las operaciones sean tan complejas y costosas en tiempo que sea imposible replicar el funcionamiento en tiempo real), sino algo completamente estructural.

Es una tesis relativamente sencilla de explicar y exponer, ¿verdad? Entonces me pregunto para qué se embarca el señor Penrose en explicarnos todas las matemáticas que en el mundo han sido (hasta los números complejos) y a continuación hacer lo propio con la física, desde la física clásica a la cuántica pasando por las teorías especial y general de la relatividad. La única explicación que encuentro es que hay que llenar páginas para llegar al volumen mínimo digno de un académico.

El problema, además, es que Penrose no es especialmente didáctico, casi más bien al contrario, con lo cual estas secciones pretendidamente introductorias se vuelven un bolo bastante difícil de digerir. Y digo "pretendidamente" porque ocupan el 90% del libro. Por ejemplo, uno de los aspectos más relevantes para la tesis de Penrose es el teorema de Godel, por el que se demuestra que ningún sistema teórico para el desarrollo de las matemáticas es autocontenido, lo que significa que en él se han de incorporar axiomas o verdades no demostrables dentro del propio sistema. Muy bien. Lo que no entiendo es la necesidad que tiene de demostrarlo de forma rigurosa a base de vectores y matrices.

Entre las partes más interesantes (y que mejor explica, todo hay que decirlo) está la dedicada a la relación entre la entropía y el tiempo. Según Penrose, las leyes fisicas que conocemos son reversibles, en el sentido de que no presuponen que el tiempo avance únicamente. Penrose entonces razona que nuestra percepción del paso del tiempo se puede deber a la observación del paso de estados de menor a mayor entropia (por ejemplo, cuando se cae un vaso de una mesa y se rompe). Siguiendo por esta vía, el autor trata de explicar que el estado del Universo previo al Big Bang habría de ser el de menor entropía, mientras que los agujeros negros suponen la mayor entropía.

En cuanto al tema del cerebro y la inteligencia, Penrose dedica comparativamente muy poco espacio, y además de forma bastante decepcionante. Básicamente, explica las partes del cerebro y las reacciones químicas que se conocen en su funcionamiento. Luego procede a defender la imposibilidad de que funcione como algoritmo basándose en la existencia de axiomas y de ideas felices (por cierto, todos tenemos ideas felices, aunque no sean tan brillantes como las que Penrose elige como ilustración; en fin, que para ver cómo se gesta una idea feliz no hace falta utilizar como ejemplo no sé qué historias de los agujeros negros). Y finalmente concluye que quizá esas ideas felices surjan de la consecución de estados de mínima entropía entre los reactivos del cerebro (o del cerebelo), para lo que sería necesario desarrollar una teoría cuántica de la gravedad, en la que el presume que habrá elementos de irreversibilidad temporal.

Y francamente, no sé por qué ha necesitado contarnos la ley de Lorentz para llegar a esta conclusión.
En fin. Yo no me he perdido demasiado porque, quieras que no, estudié muchas de estas cosas cuando hice ingeniería, y algo se ha debido de quedar rondando entre mis neuronas. Por ejemplo, todo el tema de transformadas de Fourier para mí es relativamente directo, pero no creo que lo sea para el lector convencional. Pero aún así, he sufrido la lectura. Así que vienes de nuevas, prepárate a sufrir, innecesariamente.

Como aspecto positivo, para mí, es que me ha despertado inexplicablemente un interés por entender de una vez y bien la teoría de la relatividad y la física cuántica. No sé por qué, pero se ha suscitado. Así que es posible que haya nuevas reseñas sobre este tipo de libros en el futuro.