viernes, 6 de julio de 2018

Alicia en el País de los Cuantos ("Alice in Quantumland"), de Robert Gilmore

Interesante librito dedicado a explicar de forma alegórica la mecánica cuántica, para hacerla más digerible al lector interesado. Como el título indica, utiliza para ello personajes reminiscentes del clásico de Lewis Carroll con el que coincide en el nombre del protagonista.

El libro está bien escrito, tiene incluso toques de humor, y es corto, por lo que su lectura es agradable, quizá incluso con independencia de que te interese el tema que trata de explicar. En su recorrido, Gilmore lleva a Alicia a distintos lugares (que aprovecha para nombrar en homenaje a químicos notables, como el banco de Heisenberg o el castillo Rutherford), en los que se irán explicando diversas nociones, no sé si básicas o no, sobre la mecánica cuántica.

El viaje empieza con los problemas para visualizar correctamente las partículas, algo que tiene que ver con el principio de incertidumbre, que viene a decir que no se puede saber simultáneamente la posición y el momento de un partícula cuántica. O, en otras palabras, que la observación de una partícula altera su comportamiento (algo que aquí llaman, reducir su función de onda).

De aquí procede con el comportamiento de los electrones, la interacción de estos y con los fotones, la formación de los átomos y moléculas. Y luego sigue con el núcleo atómico, los neutrones y protones, y más allá, llegando a los quarks, que son las partículas más elementales que se conocen en la actulidad. La verdad es que el recorrido me parece bastante completo, aunque tampoco soy experto en la materia.

Con independencia del contenido, hay una idea que se empieza a abrir paso en mi rígida mente, al combinar lo poco que sé de psicología-percepción evolutiva, con lo menos que sé de mecánica cuántica. Y es la de que la realidad es más bien la mecánica cuántica y no lo que percibimos, que al fin y al cabo es consecuencia de un proceso accidental evolutivo. En otras palabras, con los sentidos percibimos solo aquella parte de la realidad que nos es necesario para sobrevivir (evolutivamente). Lo mismo le ocurre a cualquier otra especie animal o vegetal. Por ello, determinadas especies son capaces de hacer cosas que a nosotros nos parecen imposibles (por ejemplo, los 16 colores que perciben algunas especies de insectos), porque evolutivamente se han diseñado para percibir esa parte de la realidad que nosotros no necesitamos para sobrevivir.

Así que la realidad NO es que haya fuerza de la gravedad y que la Tierra nos atraiga, como pensamos y como es bastante práctico pensar. La realidad es que existen partículas virtuales que se transmiten entre otras partículas cuánticas y que, cuanso se observan de forma agregada, dan la sensación de que dos cuerpos de tamaño considerable se atraen.

Por muy complicada e contraintuitiva que nos parezca la mecánica cuántica (cómo no nos va a parecer contraintuitiva!), esa es la verdadera realidad en que vivimos. Da igual que lo aceptemos o no, ni siquiera necesitamos aceptarlo para sobrevivir, pero es la cruda realidad.

Y, siendo así, también empiezo a pensar que la mecánica cuántica está muy verde. Ya sé que sonará arrogante y quizá lo sea, pues hablo desde mucha ignorancia. Una pista de esa "verdura" es el abuso de los principios. Por ejemplo, el principio de exclusión de Pauli de que no puede haber dos electrones en el mismo estado (extensible a todos los fermiones, si no recuerdo mal), carece de fundamento. ¿Por qué es o tiene que ser así? Simplemente, se ha postulado a partir de la observación. Y en la materia oscura, ¿también es válido el principio de Pauli?

En fin, lo dejo, no quiero revelar la profundidad de mi desconocimiento sobre el tema. Habrá que seguir leyendo. Entretanto, el lector interesado puede disfrutar de este pequeño librito e introducirse de forma suave en el complicado mundo cuántico. Que, insisto, es el real.