viernes, 18 de mayo de 2018

El orden del día ("L'ordre du jour"), de Eric Vuillard

Llego a este librito porque lo cita en uno de sus artículos Jesús Cacho. Consiste en la narración de algunos eventos que precedieron a la Segunda Guerra Mundial, pero se trata de sucesos íntimos, reveladores quizá de la psicología humana y sus reacciones ante personajes como Hitler y el nazismo.

Que nadie espere una explicación sistemática de hechos y consecuencias, tampoco hay ninguna coherencia aparente al respecto de los hechos seleccionados. Pero su conjunción transmite algo, el mensaje podría ser: nadie se tomó la molestia de enfrentarse con Hitler hasta que fue demasiado tarde.

El primer capítulo del relato nos traslada a Berlin de 1938, cuando los industriales más relevantes de Alemania se reunen con Hitler y Goering: Siemens, Krupp, Opel y tantos otros apellidos conocidos, deciden no oponerse al nuevo partido, quien les garantiza que no hará injerencias con su actividad. Aprovecha el autor, de nuevo por razones no aparentes, para enfocarse en la biografía de Opel. Y termina este capítulo con una frase lapidaria, que sienta el escenario para el resto del libro:
"une fois que le haut clergé de l’industrie et de la banque eut été converti, puis les opposants réduits au silence, les seuls adversaires sérieux du régime furent les puissances étrangères." ("Una vez las altas instancias de la industria y la banca fueron convertidas, y los opositores reducidos al silencio, los únicos adversarios serios del régimen eran las potencias extranjeras", traducción propia)
 
Sucesivamente se nos contarán episodios como una reunión entre Goering y Halifax, embajador inglés en Alemania, en que el primero le tranquiliza sobre las intenciones del régimen; la recepción del dictador austriaco Schuschnigg en Berchtegaden (el Nido del Águila) por Hitler, en que éste le presiona y somete a sus designios, aunque con cierta resistencia "constitucional"; o la cena de despedida que Chamberlain dedica al embajador alemán en Inglaterra y a su mujer (los von Ribbentrop) con motivo del nombramiento de éste como Ministro de Exteriores. Es esta la escena a que se refiere Jesús Cacho en su artículo. Y la verdad es que tiene miga, pues nos cuenta como los von Ribbentrop abusan de la educación inglesa para estirar la cena y evitar que Chamberlain dedique su atención al asunto más urgente que tiene entre manos, ni más ni menos que la invasión de Austria por Alemania.

Esto nos lleva a uno de los capítulos más significativos del libro, en que se nos cuenta el atasco de las fuerzas alemanas invasoras a su entrada a Austria, en un capítulo que irónicamente se llama Blitzkrieg (y que los seguidores de la serie Generation Kill podrán reconocer en alguno de sus capítulos). Aquí se nos muestra el grado de preparación real de las fuerzas alemanas, esas fuerzas a las que tanto miedo tenían las potencias europeas. La consecuencia es clara: si se hubiera actuado en ese momento, nos habríamos ahorrado muchos pesares (o no, eso nunca lo sabremos), al menos los pesares relacionados con Hitler.

Por lo demás, la secuencia de eventos elegida termina con esta invasión, punto inicial de las fechorías internacionales de los nazis y en la que, como se observa, apenas hubo resistencia. Solo hay otro capítulo adicional, no relacionado del todo con los anteriores, pero tremendo y terrorífico:
en él, aparece Krupp, el gran industrial siderúrgico, perseguido por los fantasmas de los trabjadores judios que murieron en sus fábricas.

Ninguno de los industriales que aparecen en el primer capítulo pudo resistirse al uso de la mano de obra barata que proporcionaban los campos de concentración nazis. Es un punto terrible, a cuyas consecuencias ya me había asomado cuando leí "Las benévolas". Y es que la política, su negligencia y los intereses que la mueven, aplican tanto para los chalecos reflectantes como para lo que se vaya a hacer con miles de seres humanos. Ese es el problema del poder que tienen nuestros gobiernos: los mecanismos son análogos en ambos casos.

Cada una de las escenas elegidas se cuenta con un estilo bastante lírico. Monsieur Vuillard escribe bien, y también en la línea de la novela histórica francesa, en que se mezcla la narración de los acontecimientos con las opiniones e investigaciones del autor. Véase, por ejemplo, HHhH de Laurent Binet. Como digo, interesante libro, del que se pueden sacar algunos conocimientos e ideas sin gran consumo de tiempo.
 

lunes, 14 de mayo de 2018

Li Fu, de Pietro Grieco

Ya anticipo que el libro al que dedico esta entrada es extraño, y su lectura arriesgada, aunque como es corto, lo único que puedes perder es algo de tiempo.
 
En primer lugar, se trata de una poesía o un romance. Ya de por sí esto es sorprendente en los tiempos que corren. Hay pocos libros de poesía nuevos, y normalmente se trata de colecciones de poemas, no de un romance. En este caso, se narra la historia de Li Fu, el campesino poeta.

Si de por sí la publicación de poesía es algo raro, aún lo es más que se trate de poesía siguiendo las convenciones chinas. Pero ese parece ser el caso del libro que nos ocupa. Hasta cierto punto, es más normal si dichas poesías son consecuencia de la traducción de poemas en chino.
 
Pero no parece ser el caso. Así que nos encontramos con el tercer elemento especial. Si no me equivoco, se trata de una poesía estilo chino original del autor, y escrita en castellano. En fin, un rizo bien rizado.
 
Dicho esto, ocurre que mi sensibilidad no es la adecuada para disfrutar de esta literatura. Conste que lo había intentado en el pasado: he leído algo de poesía china, y terminé desechando su lectura, no por el mérito de dicha poesía (que no estoy en condiciones de discutir), sino por la imposibilidad de hacer una traducción mínimamente seria. Piense el lector que dicha poesía se escribe con los ideogramas chinos, lo que a su vez es parte de la poesía. No en vano nos dice Pietro Grieco un par de veces que "El poeta chino pinta la poesia y el pintor chino escribe la pintura", en la que es quizá la mejor frase del libro.
 
Quien lea este romance, tendrá todo el rato la sensación de estar leyendo una traducción, pese a que, como digo, no creo que lo sea. Las reglas formales se me escapan, pese a la introducción que dedica el autor a explicarlas, y sinceramente no soy capaz de valorar ni ritmo (rima no hay) ni estilo ni nada. Por ejemplo, tengo la sensación de que la ruptura de las frases en versos es arbitraria, cuando quizá no sea así.

Por otro lado, hay que reconocer que el autor hace esfuerzos ímprobos por trasladar elementos formales chinos al castellano. Por ejemplo, en estos dos versos, la lectura puede ser horizontal y vertical (!)
" Remolinos Remolinos Remolinos
  Ascienden Descienden Ascienden"

Otro verso digno de mención:  "Des-cubre A-lumbra Des-lumbra". Quizá el lector atento pueda descubrir más de estos elementos estilísticos.
 
En cuanto al fondo, también traigo dos ejemplos:  "La despedida es una muerte fuera del tiempo"
O: "El que sabe ver
      En todo ve poesía" 
 
El romance está precedido por un largo prefacio, que de hecho ocupa un tercio del libro, explicando el estilismo de la poesía china, así como sus etapas históricas. Entre otras cosas, aprenderemos que la poesía china tiene unos 3000 años más de historia que, por ejemplo, la castellana, y precede por otro milenio a Homero. O que la época de oro se corresponde con la dinastía Tang. O que hacer poesía era requerimiento para poder ser funcionario. 
 
Por último, atención a algunos de los nombres que aparecen en el romance, que parecen de broma: a un chino malcarado, le ha llamado Fe Ho Te, y a una guapa damisela, Lin Da (conste que me di cuenta al leer el apéndice).
 
En suma, termino como empiezo: se trata de una obra muy rara y arriesgada, y el lector que se adentre en esta maraña deberá estar preparado para la indiferencia causada, quizá, por no saber apreciar el arte que se le propone. Aunque también podría ser, simplemente, por que la obra no es buena.


martes, 8 de mayo de 2018

Almas Muertas, de Nikolai Gogol

Nikolai Gogol y Pushkin son, según parece, los padres fundadores de la literatura rusa. Además, fueron muy amigos. De Pushkin aún no he leído nada; de Gogol, seguramente leyera en mi niñez Taras Bulba, su obra más conocida, pero no la recuerdo. No obstante, la que es su obra cumbre, según dicen, es ésta de Almas Muertas. Por tanto, estamos posiblemente ante la primera gran novela de la literatura rusa, precedente de obras universales como "Guerra y Paz" o "Crimen y Castigo".

Así que no es lectura desdeñable. Lo primero que he de decir es que se trata de una obra incompleta, y que la idea que tenía Gogol era algo que triplica a la novela que ha llegado hasta nosotros. De hecho, llegó a escribir la segunda parte, pero en un rapto de locura durante una depresión lo incineró, pudiendo rescatarse solo algunas páginas. Esperemos que a George Martin no le dé por lo mismo si es que algún día termina la sexta parte de Juego de Tronos...

Las "Almas muertas" del título son resultado de la práctica administrativa de la Rusia zarista. En ella, se censaban a los siervos cada 10 años; ello implicaba que aquellos que morían durante este periodo permanecían censados (y generando obligaciones, por ejemplo, fiscales) hasta el nuevo censo. A estos muertos aún no "oficiales" se les conocía como "almas muertas".  Su existencia permite al protagonista de la novela, Chichikov, una oportunidad pícara de negocio, y posibilita a Gogol una novela de corte eminentemente costumbrista, gracias a los viajes de Chichikov en pos de estas "almas".

Y es que en el fondo estamos ante una novela del género pícaro, que entronca muy directamente con nuestra literatura al respecto, y que recuerda por momentos al Quijote, a quien hay referencias explícitas. La única diferencia, y el mayor atractivo, es que las andanzas transcurren por tierras rusas, y nos permiten conocer las costumbres de esos lares, sus personajes arquetípicos y las condiones de vida. Aunque la mayor parte de la narración nos lleva al ámbito rural, también tendrá Gogol oportunidad de describirnos la vida de las gentes en la ciudad (provinciana) así como de los funcionarios y la burocracia, en uno de los mejores capítulos.

Aún siendo de cierto interés los puros episodios narrativos, lo más sobresaliente del estilo son las  interrupciones que hace el autor en primera persona para dar su perspectiva de los acontecimientos, o para ponernos en antecedentes de determinadas cosas, o simplemente para opinar sobre Rusia, el idioma o la administración del territorio. Por ejemplo, observad esta entrada: "Teniendo en cuenta que la conversación que sostenían los viajeros ofrece muy poco interés para el lector..."

El estilo es en general irónico y crítico, aunque rara vez despierta la carcajada o la sonrisa (podría ser por la traducción, que no me ha parecido especialmente buena). Algunas perlas divertidas:
- "Nozdriov era, en cierto aspecto, un hombre histórico. Ninguna reunión en la que él tomaba parte concluía sin su historia."
- El jefe del departamento "Posee mirada de águila y camina lenta y majestuosamente. Pues bien, esa misma águila, en cuanto sale de la oficina y se aproxima al despacho de su superior camina como una perdiz, con sus papeles bajo el brazo, a punto de perder los estribos."
- "Quedó claramente de manifiesto cómo es el ser humano: es inteligente, sabio, sensato en todo cuanto se relaciona con los demás, pero no en lo que atañe a su propia persona." 

En cuanto a las costumbres rusas de la época, sin duda lo más llamativo es el deber de hospitalidad. Nuestro héroe va visitando a gente a la que conoce y a la que no, con la que se lleva bien y con la que termina a patadas, pero en todas las casonas encontrará acomodo y yantar, por el tiempo que lo considere oportuno. Y no solo para él, también para su chofer y su lacayo, y para los caballos que tiran de su carruaje. Por ejemplo, uno de sus patrones terminará a punto de azotarle por no querer jugar con él a las damas (en parte, porque estaba haciendo trampas); no obstante, no le echa de casa.

Entre las mejores escenas de la novela, esto es, de su primera parte, está el regateo con Sobakevitch (por las "almas muertas"), el momento en que empieza a imaginar vidas para las "almas muertas" que ha comprado, o el capítulo final, verdadero flashback sobre la vida de Chichikov, que aclara todas las dudas sobre la catadura moral del personaje, dudosa para el lector y para aquellos con los que trata.

Tras este capítulo, la narración continua con otros sin terminar, en que sobre todo se echan de menos las irrupciones de Gogol en primera persona. Gogol, tras contemplar el retrato trazado en la primera parte para Rusia, lleno de personajes mediocres, decide que también hay grandes personajes, y que es hora de dedicarles tiempo de las aventuras de Chichikov.

Y no daría más de si mi comentario, si no fuera porque introduce un personaje, un tal Kostanzhoglo, que es el prototipo de emprendedor, que ama su trabajo, es práctico y tiene una ética coherente. Además, es rico consecuencia de su emprendimiento y no descansa en establecer nuevos proyectos con todo lo que se le ocurre. Sus siervos viven mucho mejor que los de las restantes fincas y parecen más felices. Gogol contrasta esta situación con la de dos granjas cercanas, una regida burocráticamente (en que no se puede ni conseguir pienso para el caballo sin rellenar una instancia) y otra sin dirección por haber preferido el señor dedicarse a la vida urbana.
 
Cada vez que habla Kostanzhoglo tenemos una verdadera oda al emprendimiento. De estas reflexiones, me quedo con una (es larga)
"Tenga mucho cuidado, si va en busca de las vistas se quedará sin trigo y sin vistas. Preocúpese del beneficio y no de la belleza. La belleza vendrá por sí sola. El ejemplo nos lo ofrecen las ciudades: las mejores y más bellas son las que crecieron por sí, aquellas donde cada uno edificó conforme a sus necesidades y a sus gustos. Las que se edificaron a cordel, parecen una aglomeración de cuarteles…" Toma golpe a la planificación central, de paso. 
 
Se trata, en suma, de una novela interesante, con bastantes momentos destacables. Sin embargo, no ha acabado de entusiasmarme. No la he encontrado demasiada informativa ni muy aguda, pero podría ser por la traducción. Y tampoco se olvide que está inconclusa. 
 
Bueno, sigamos leyendo, porque como dice Gogol: "Los libros nos salvan del ocio". Claro que también nos recomienda viajar: "Ver el mundo es un libro abierto y una segunda ciencia"

miércoles, 2 de mayo de 2018

El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un armario de Ikea ("L’extraordinaire voyage du fakir qui était resté coincé dans une armoire Ikea"), de Romain Puértolas

Estoy, como dicen los ingleses, appalled (atónito en sentido negativo). Constatar que el libro al que dedico esta entrada ha sido un éxito de público y crítica te hace ver cómo es la mayoría de la gente, esos mismos que deciden quiénes nos gobiernan. Madre mía.

Llego a este libro a través del autor, de quien en breve se va a publicar se segunda obra en castellano. Al informarme sobre Puértolas, descubro el gran éxito que supuso su primera obra, dando lugar a lo que se llamó la "fakirmania", y no puedo evitar que se despierte en mi la curiosidad. Comienzo a leer.

Decía el otro día que uno detecta nada más empezar si está ante un buen o un mal libro. Mentira. Los comienzos de "El increible viaje..." son divertidísimos y te invitan a pensar que estás ante un hallazgo, algo nuevo y original. Nada te advierte de lo que te espera una vez superado el primer 10%.

Por ejemplo, tenemos la pronunciación de las palabras indias que van surgiendo, que el autor nos explica, original e hilarante (no sé cómo las habrán traducido al español, por cierto). Tenemos agudas críticas a Ikea, como cuando el protagonista llega la tienda y constata que "Ikea construye colegios y orfanatos en la India, pero no ha construido todavía ni una sola tienda de muebles". O como cuando se refiere al montaje de sus muebles como "algo tan tortuoso para el espíritu como doloroso para el cuerpo" (ambas traducciones mías). Otro momento delicioso: sorprendido porque la cama del fakir  de 10,000 púas sea más barata que la de 200, claramente más incómoda, el empleado le comenta que espere a tener que montar las 10,000 púas en el lecho.

Con anterioridad, hemos conocido al taxista gitano Gustave Palourde, con el que establece una relación de altibajos que durará toda la novela, pero que una vez más tiene su mejor momento en la carrera inicial desde el aeropuerto de Roissy a Ikea.

Y a partir de aquí, se acabo lo que se daba. El increíble viaje del título es una sucesión de tonterías de escasa gracia, en que el protagonista, dentro del armario del título, coincide con emigrantes sudaneses en un camión camino de UK, es repatriado de UK a Barcelona (?), se mete en la maleta-armario de Sophie Morceaux camino a Roma, se va en globo de la Villa Borguese para acabar en Tripoli con un maletín de 100000 Euros, y de vuelta a Paris.

Sospechaba que el libro estaba degenerando en tomadura de pelo, pero las sospechas se confirmaron cuando a mitad del viaje a Roma nos endosa el autor con una transcripción de la novela que escribe el fakir, ya carente de gracia, pues el fakir será fakir pero no va de cómico en ningún momento. Para más INRI, recupera este texto al final del libro, como si no hubiéramos tenido suficiente con la primera.

Quizá el momento más absurdo del libro es cuando convence al capitán del barco libio que le acoge de que el dinero que lleva en su maletín no es tal, sino pan ácimo (!). En estos momentos, uno se plantea si realmente está leyendo una novela para adultos. Pero tampoco hay duda de que esa era la intención, dado que no se suelen encontrar felaciones en la literatura infantil.

Poco más quiero decir. Eviten la lectura de este libro, y si pueden las siguientes del autor, que, como el fakir del libro, tratará de embaucar a unos cuantos lectores más en los próximos años antes de que se le apague la estrella.



martes, 1 de mayo de 2018

Nudo de víboras ("Le noeud de vipéres"), de François Mauriac

No recuerdo muy bien cómo llegué a este libro. Pero eso es positivo, tener un punto de aleatoriedad en nuestras lecturas, nos ayuda a explorar mundo, y más en estos momentos donde las recomendaciones algorítmicas de Internet nos fuerzan a encasillarnos, a menos que estemos dispuestos a hacer un esfuerzo de búsqueda.

El caso es que al autor, Mauriac, le dieron un premio Nobel de literatura (lo acabo de descubrir), y esta es una de sus obras más conocidas. Se trata de un libro corto, que comienza con estilo epistolar, pero del que evoluciona a diario y finalmente a reflexión introspectiva. Está muy bien escrito. Pero no engancha, por lo menos no al principio.

Comienza con la carta del protagonista, anciano moribundo, a su mujer Isa. De las pistas que da dicha carta, iremos descubriendo que se trata de un abogado de cierto prestigio, millonario por herencia, y generalmente odiado y temido, especialmente por su familia.

Esta familia ha quedado reducida a dos de sus hijos "legales", Hubert y Geneviève, casados respectivamente con Olympe y Victor, su nieta Janine (hija de Geneviève) casada on Phili, y su bisnieta hija de esta última, A ellos se unirá un hijo bastardo, Robert, con su madre. Y por el camino se quedarán una tercera hija legal, Marie, y un sobrino, el pequeño Luc, hijo de una hermana de Isa. Petit Luc, el único de la familia que nunca tuvo miedo del protagonista.

Con estos mimbres, Mauriac urde una narrativa de creciente interés y que termina atrapando al lector. Ese "nudo de víboras" que da título a la novela, resulta inicialmente ser el corazón del protagonista. Sin embargo, una serie de sucesos, terminan sacando a las víboras de su corazón para asumir la personalidad de sus seres cercanos. Finalmente, otro acontecimiento determinante, permite a todos los protagonistas reconciliarse y destruir el terrible nido.

Por el camino, lo importante es ver la reflexión psicológica del protagonista en relación a su vida, sus familiares, su fortuna y lo que le sucede. La carta inicial a su mujer (que ésta nunca llegará a leer) no puede revelar cómo los terceros ven al protagonista, pero sí nos cuenta cómo éste se ve a sí mismo y a los otros.

Cuando todo parece que la novela va a seguir por esta línea, Mauriac da un pequeño giro argumental, y eso le da la oportunidad de contarnos lo que los otros piensan del protagonista, cuya percepción por el lector comienza por tanto a cambiar. Y ello, pese a seguir siendo el protagonista el narrador de los hechos. De una persona débil y moribunda, pero astuta, de la que todos se quieren beneficiar, empezamos a conocer a un tipo temido y odiado, frente al cual todos tienen un temor reverente, del que dirá Hubert que "no ha amado más que contra alguien". Será esta visión de sí mismo la que permita al protagonista avanzar, tras una memorable conversación con sus dos hijos, y hacerse más humano, no solo ante sus ojos, sino ante los demás.

Toda esta metamorfosis psicológica es contada de forma magistral por el autor, y es lo que hace a este libro, insisto, de inicios convencionales, muy recomendable de leer.

Una cita para terminar esta entrada: "La plupart des êtres humains ne se choisissent guère plus que les arbres qui ont poussé côte à côte et dont les branches se confondent par leur seule croissance."("La mayor parte de la gente no se pueden elegir apenas más que han podido los árboles que creen contiguos y cuyas ramas se confundes por el simple crecimiento", traducción propia), para explicar porque Janine se había casado con un tipo tan indeseable, al parecer, como Phili.



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lunes, 30 de abril de 2018

El tambor de hojalata ("Die Blechtrommel"), de Günter Grass

Esta entrada es una de esas que mola escribir. El tambor de hojalata es un verdadero clásico de nuestro tiempo, la mejor lectura que he hecho en lo que va de año y posiblemente sea el libro más destacado que lea en mucho tiempo. Así que preparaos para un largo rato de leer.
 
Gunter Grass es premio Nobel de literatura. Mi relación con él no pudo empezar peor, pues fue con la lectura (tendría yo 16 años) de uno de sus libros, La Ratesa, de inolvidable recuerdo pues aún hoy lo considero el PEOR libro que he leído en mi vida. Así las cosas, esta novela difícilmente podría estar en mi prioridad de lecturas.
 



No obstante, sí hay algo que ha cambiado respecto a la época en que leí La Ratesa: ahora soy consciente del daño que puede hacer una mala traducción, y además también lo soy de lo difícil que es traducir el alemán (mi lectura bilingüe de Fausto me lo mostró con absoluta claridad). Me refiero a que directamente se dejan palabras sin traducir. Con ambas cosas en mente, y la importancia literaria del autor, decidí sumergirme en ésta, su obra principal, para poner a prueba mi alemán.


Según empiezas la lectura, ya te das cuenta de que este libro es algo especial, es como nada que hayas podido leer antes. Yo creo que conforme uno va leyendo más y más, es capaz de detectar ya desde la primera línea si se enfrenta o no a algo que merece la pena. Y así ocurre con El Tambor de Hojalata, con la aparición de la abuela del protagonista, la aparición entre postes del futuro abuelo (que se esconderá bajo la cuádruple falda de la abuela), la presentación de la madre, su amante y su marido, todo ello desembocando en una de las primeras grandes escenas del libro, en la que Oscar nace entre bombillas y polillas. Una escena de las que quita el aliento, y no será la última.


 
Porque con independencia del contenido de la escena, Grass es capaz de llevarte con su ritmo narrativo allá donde quiera. Ritmo narrativo, ojo, en alemán, que no puedo ni empezar a imaginar cómo habrán conseguido traducirlo a otro idioma. Uno terminará agotado, emocionado, asustado o riéndose, pero habrá disfrutado enormemente con la potencia narrativa del autor. Es que tiene hasta algo físico, que te hace subir, bajar y bambolearte con él. Sin duda, lo mejor del libro. Sigue un ejemplo, corto, desgraciadamente en alemán, y que tampoco voy a poder traducir. No recuerdo muy bien que es, tal vez la descripción de un traje: "angefangenes Gehäkeltes, Gestricktes, Besticktes, Geflochtenes, Geknotetes, Geklöppeltes und mit Mausezähnchen Umrandetes". Aunque no lo entiendas, simplemente su lectura en alto revela un ritmo. Pues ahora imaginemos párrafos así contados. Otro también espectacular, cuando está terminando el libro: "Was? Glas. Was Glas? Weckglas . Was weckt das Glas ein? Weckglas weckt Finger ein. Was Finger? Ringfinger. Wessen Finger? Blond. Wer blond? Mittelgroß." Creo que al menos se pueden apreciar las aliteraciones y las repeticiones de las palabras, para contar qué lleva Oskarchen y le va a suponer una denuncia.
 
En cuanto a la historia, se nos cuentan los 30 iniciales de la vida del protagonista, Oskar de apellido discutible. El narrador es el propio Oskar, pero muchas veces se refiere a sí mismo en tercera persona. A veces dice ich (yo), a veces dice Oscar. Es desconcertante al principio, pero resulta fácil acostumbrarse, y le funciona muy bien al autor. Así distingue escenas o pensamientos de los que se quiere distanciar más el protagonista. Por otro lado, en momentos puntuales, la narración pasa a otras manos, en una ocasión a su enfermero, en otra al amigo que le denuncia.
 


Lo peculiar de Oskar es que a los tres años recibe de regalo el tambor que da título al libro, y, ese mismo día, decide dejar de crecer, y se queda, en estatura, como un niño de tres años. Al tiempo, se le concede el poder de romper cristales con sus gritos, lo que le permite defender su tambor de que se lo quiten, junto a otras fechorías de más calado. Como vemos, es un punto de partida surrealista. Y por estos derroteros va a avanzar la novela, en la que el autor nos lleva a un sinnúmero de escenas alucinantes, en las que entraremos a saco gracias a ese estilo narrativo que ya he alabado. Queda decir que la novela transcurre en Danzig y Dusseldorf, entre los años 1920 y 1950, años que va marcando el narrador en su relato para que nadie se pierda. 
 


Y ahora, por supuesto, toca referirse, aunque sea brevemente, a esos capítulos especiales que sobresalen de entre la historia de Oskar, y que son muchos. Por ejemplo, a título de inventario, tenemos el album de fotos de Oskar, que utilizará como guia para ir presentándonos a sus familiares. O la lista de los tipos de cruces que encuentra en la iglesia. O las historias de cada una de las cicatrices de su amigo Herbert, con el que convive durante una temporada.



Como escenas alucinantes, por ejemplo, tenemos la pesca de anguilas usando una cabeza de caballo, en que Grass consigue que se nos revuelva el estomago, pero nada en comparación con lo que le pasa a la madre tras comerse las citadas. O cuando en un desfile nazi se esconde bajo las gradas y, al ritmo de su tambor, consigue que todos los desfilantes abandonen el ritmo marcial y se pongan a bailar. O ese momento en que nos cuenta cómo uno de los personajes hace agujeros en el hielo del invierno para bañarse.
 


Es espectacular el fin de la primera parte, en que se nos cuenta la noche de los Cristales Rotos en Danzig, mezclado con entierro de Herbert (el de las cicatrices) y al ritmo marcado por el músico Meyn devenido nazi. Como también lo es la escena en que pone al Niño Jesús de la iglesia a tocar el tambor, algo que había tratado de hacer desde la niñez, y consigue de adolescente al mando de una banda de delincuentes juveniles. Asalto que, por si fuera poco, termina con el propio Oskarchen (recuérdese que tiene estatura de 3 años) como Niño Jesús en brazos de la Virgen en la representación de un delirante auto de Navidad. Por cierto, será también de esta forma como triunfará como modelo para artistas, cuando un escultor le vista de esta forma.
 


Porque esa es otra de las características de esta novela: nada se olvida. Todas las escenas de la vida de Oskarchen vuelven a aparecer en algún momento, se recogen, se combinan con otras, y configuran nuevas situaciones. Ello nos lleva a varios resúmenes biográficos conforme se acerca el final del libro, magistrales, por supuesto, pero algo repetitivos. Una y otra vez afloran la madre, Jan Bronski, la cara triangular de la chica de la banda, el señor del cementerio, y tantos otros. Es increible la capacidad de Grass para invocar una y otra vez, en los momentos más inesperados, estas escenas ya pasadas, y que cobran nuevo juego y luz.
 


En un momento dado, la acción se traslada de Danzig a Dusseldorf, y, al mismo tiempo, Oskar abandona su tambor y comienza a crecer. Allí se nos contará su desempeño con labrador de tumbas y también como modelo, así como la relación con las enfermeras que comienza al ser internado en el hospital por ese crecimiento inesperado, pero que en realidad nos acompaña durante toda la narración, pues Oskar está contando su historia mientras yace en el lecho de un hospital.

Pero aún nos quedarán un par de momentos inolvidables de este libro. Uno de ellos, su trabajo en un bar de moda, Zwiebelkeller, en que los asistente pagan cantidades astronómicas por pelar una cebolla y poder llorar en compañía. Aquí se nos contará, por ejemplo, el matrimonio entre dos jóvenes desesperados, ella porque le crece mucha barba, él por carecer de la misma.
 

Y luego tenemos el llamado Ringfingerprocess, una de las últimas cosas que ocurren, en que un Oskar millonario se enfrenta a un proceso judicial porque su perro, alquilado, ha encontrado un dedo anular con su anillo y se lo ha guardado. Aquí narrativamente Grass nos cuenta dos veces el hallazgo, una desde la perspectiva de Oskar, y otra, desde la del denunciante. Es muy interesante el cambio de narrativa consecuente.


Tras todos estos magníficos momentos, uno espera sin aliento el final. ¿De qué forma cerrará Grass esta narración? La verdad es que es algo de anticlimax, porque Grass te ha hecho esperar ya lo inesperado. Sin embargo, Oskar se limita a combinar sus recuerdos subiendo una escalera mecánica, otro repaso rápido de su biografía, y la celebración de su 30 cumpleaños. Y se cierra el libro con una frase procedente de un oscuro recuerdo infantil, que utiliza como ritmo final: "Ist die Schwarze Köchin da? Ja-Ja-Ja! " (¿Está allí la cocinera oscura? Ja, ja, ja") Observad que la traducción hace perder la rima.


Bueno, hay muchas más escenas y momentos dignos de mención, pero lo voy a dejar aquí. Espero haberos transmitido mi entusiasmo por esta maravillosa novela, que redime a su autor de obras como "La ratesa", y que me parece de lectura imprescindible. Leyendo esta novela recupera uno la fe en los premios Nobel, que se pierde al ver a qué economistas se los dan. Desgraciadamente, me reservo mis dudas al respecto de leerla en español, no porque sea malo el traductor o la traducción, sino porque me parece que los fragmentos que hacen grande esta novela son intraducibles.

sábado, 28 de abril de 2018

Idiot America (America Idiota), de Charlie Pierce

La lectura de este libro se explica por su título y por mi ansia infinita de literatura cómica. El subtítulo del mismo ("How stupidity became a virtue in the land of the free") invitaba al optimismo sobre las carcajadas que podría causar. Craso error.

Bajo este título, y tras los prolegómenos de camuflaje de rigor, se encuentra un furibundo ataque al partido republicano de los Estados Unidos, al que se acusa de distorsionar la ciencia y usarla para sus fines. No deja de ser curioso que se ataque a dicho partido por lo mismo que cualquier lector medianamente informado de los pensadores de izquierdas puede achacarles con cierta facilidad.

Me podría creer que en EEUU la gente leída tiene la misma visión de los Republicanos que en Europa de los socialistas. Pero eso iría contra la evidencia de la dominancia Democrática de los medios, o al menos de aquellos medios que llegan a Europa. Pero, bueno, no seré yo quien defienda a los políticos.

Los comienzos del libro, sin ser entusiasmantes, sí despiertan cierto interés. Aquí, el señor Pierce nos presenta al "prank" americano, que defiende ideas absurdas, pero al mismo tiempo tiene la dignidad de posibilitar el cambio de la sociedad por la libertad de pensamiento. El ejemplo paradigmático es un tal Ignatius Donnelly, que sostiene que la civilización viene de la ciudad hundida Atlantis, nos habla del Ragnarok o fin del mundo, y defiende que Shakespeare no existió.

Para Pierce, el "prankismo" se corrompe con la llegada de los "mass media", cuyo funcionamiento permite pasar a un nuevo tipo de validación de la verdad, lo que llama el autor "The Gut" (la entraña). La verdad ya no es lo que dice la ciencia, sino lo que cree la mayoría. Se consigue mediante un procedimiento con tres etapas: 1) decir algo muy alto; 2) parecer creerlo; 3) que mucha gente se lo crea.

Hasta aquí, el argumento es incluso interesante, como crítica de la democracia y sus mecanismos. El problema es que llegado aquí, se ve la verdadera intención de Pierce, que no es otra que arremeter contra los Republicanos como supuestos cómplices de la aparición de dicha "Gut", para conseguir así sus fines políticos. Por sus paginas empiezan a desfilar temas como la creencia en conspiraciones, el enfrentamiento de la teoría de la evolución frente a la del Diseño Inteligente, la Superautopista NAFTA, la eugenesia (detallada paso a paso en el caso de Terri Schiavo), el cambio climático (por supuesto) y, tachán, la guerra de Irak orquestada por Bush (como si esta pudiera en algún caso ser una decisión científica y no política).

Sin duda, donde más se le ve el plumero al autor es cuando explica lo del cambio climático. Para ello, se nos va a Shishmaref, un pueblo posiblemente afectado, nos cuenta las penas de sus habitantes (llegando a proponer la figura del "refugiado ecológico", toma ya) y en base a esta evidencia anecdótica y a manifiestos firmados por científicos, ya concluye Pierce que todos los científicos que no aceptan el cambio climático o su origen humano, son pranks que emborronan el debate. Solo es evidencia científica la que recaban los defensores del cambio climático. Mejor ejemplo del "prankismo" atacado por el autor es difícil encontrar.

Otro apunte: nos cuenta una escena en que se reunen varios republicanos de prestigio para preparar el futuro post-Bush (el libro es de 2008, o sea que Obama apenas entra en escena). Entre estos republicanos está Ron Paul, del que dice que fue el único senador que siempre se opuso a la guerra de Irak. Pero, claro, inmediatamente nos recuerda que defiende el patrón oro, con la intención de desacreditarle. Eso es lo que le importa la ciencia a Mr. Pierce.

Con todo, lo peor del libro es simplemente una cosa: no hace reír. Nada de lo que cuenta ni de la forma que lo cuenta invita a la risa. Lo único que trasluce es el resentimiento del autor y el odio a los Republicanos. Y conste que puedo convivir con ambas facetas, siempre y cuando me ría. Pero en esto no cumple su parte.

Lo más interesante de esta lectura para mí han sido, aparte de alguna de las historias que cuenta (cuanto más independientes de partidos políticos, mejor), las referencias al presidente Madison, sucesor de Jefferson, que debía de ser un tipo preparado y concienzudo. Suelen referirse a la oposición entre democracia y conocimiento, a defender la actuación de los jueces de la presión de la mayoría, y a temas similares.

No obstante, ello es suficiente disculpa para recomendar un libro supuestamente divertido, pero que no es capaz de hacerte reír.