jueves, 14 de diciembre de 2017

Meditación de la Técnica, de José Ortega y Gasset

Este es un conocido ensayito del gran pensador español. Poco he leído de Ortega y Gasset, aunque selecto: La rebelión de las masas, que no recuerdo con gran entusiasmo. Sin embargo, este reciente lectura me hace pensar que quizá leí el clásico en un mal momento. Porque esta meditación me ha resultado amena, me ha gustado y hasta me ha sorprendido por lo avanzado de alguna de las ideas de Ortega y Gasset en relación con temas económicos.

Este ensayo recoge en sus sucesivos capítulos una serie de lecciones magistrales que el filosofo dio a una clase de ingenieros, como no podía ser de otra forma, sobre el concepto de la técnica. Y parece mentira lo que da de sí el tema.

El punto de partida es la capacidad diferencial propia del ser humano de no resignarse: cuando el animal no puede satisfacer sus necesidades con sus capacidades elementales, su única opción es dejarse morir; por contra, el hombre es capaz de redefinir sus capacidades con el objetivo de sobrevivir. Y es para ello para lo que se vale de la técnica, "para reformar la naturaleza en vista de la satisfacción de sus necesidades".

Claro que la cosa no termina aqui: la técnica no le vale solo para satisfacer las necesidades elementales. Lo que es vivir para el resto de seres vivos, no es más que mera molestia para el ser humano. Calentarse y comer constituyen la vida de los animales, pero no es lo propio del ser humano; para éste son inconvenientes de los que, gracias a la técnica, se libera para poder vivir de verdad. O en otras palabras de Ortega: "El bienestar y no el estar es la necesidad fundamental para el hombre". Avanzando aún más en la idea: El ser humano es "Un ente cuyo ser consiste, no en lo que ya es, sino en lo que aún no es, un ser que consiste en aún no ser. Todo lo demás del universo consiste en lo que ya es".

Y con más reflexiones en torno a estas ideas centrales, nos va guiando el autor hacia las profundidades de la problemática del hombre en su relación con la técnica. Me ha parecido especialmente valiosa la propuesta de estados evolutivos con que Ortega clasifica la técnica: el azar, el artesano, el técnico.

Pero quizá lo más interesante es el planteamiento que se hace Ortega respecto al estado de las ciencias sociales en comparación con las naturales. Así, se queja de que la historia no ha conseguido llegar al nivel de la ciencia (de lo que culpabiliza a los historiadores alemanes del siglo XIX), por lo que carecemos de técnica para actuar respecto a los grandes fenómenos sociales y colectivos, "respecto a los cuales el actual hombre se encuentra como el del paleolítico ante el rayo".

Ortega escribe esto en 1933, aún le queda por vivir los grandes totalitarismos del siglo XX, con el ruso solo en albores e imagino aún con ilusión. Me pregunto si su diagnóstico en la actualidad sería el mismo, o aún más pesimista.

martes, 28 de noviembre de 2017

La séptima función del lenguaje ("La septième fonction du langage"), de Laurent Binet

Estaba deseoso de leer esta novela tras haber disfrutado lo indecible con la obra más conocida del mismo autor, HHhH, recién comentada. De hecho, era la que ahora comento la que realmente quería leer, cuando descubrí que HHhH era del mismo autor, y empecé por la famosa dejando para más adelante la reciente.

Ahora que ya la he leído, me he encontrado una narración que no me parece a la altura de la obra previa. Además, el hecho de que HHhH fuera su primera novela, premiada con el Goncourt, me hace sospechar que Monsieur Binet sea tan solo flor de una novela, como tantos otros escritores que en el mundo han sido.

La historia que se nos cuenta entrelaza hechos reales en una investigación policial para esclarecer sus causas. Los hechos a que me refiero son la muerte del semiólogo Roland Barthes y la explosión en la estación de Bolonia de poco después (al menos, estos son los que yo he identificado como históricos). Ello da pie al autor para incorporar a su narración infinidad de personajes célebres, muchos de los cuales me suenan "tristemente" por haber leído el Fools, Frauds and Firebrands de Scruton. Así, aparecen Sartre, Foucault, Lacan, Althusser, Chomsky, BH Levi, Sollers o Roman Jakobson, algunos con papeles destacados, como Foucault. También aparecen Mitterrand y Giscard d'Estaing, en los debates previos a la victoria electoral del primero. Y también, en un importante papel que no quiero desvelar, Umberto Eco, a quien Binet homenajea descaradamente.

La trama promete ser interesante, pues orbita en torno a lo que sería la séptima función del lenguaje (adicional a las seis que todos hemos estudiado en el cole) y que al parecer habría también intuido el creador de aquellas (Roman Jakobson). Dicha función sería la función performativa, con la que conseguimos convencer a las personas de lo que queramos. Lógicamente, quien tenga el secreto de esta función se hace con un gran poder, de ahí las intrigas en su torno que desembocarán en los acontecimientos arriba apuntos, entre otros.

Los protagonistas son un policia y un semiólogo (Simon Herzog), que es reclutado por el primer para la causa, tras ver cómo es capaz de analizar los símbolos para deducir el pasado de las personas. Herzog parece (aunque luego no ejerce) que va a ser un Sherlock Holmes en versión semiólogo, ayudando al policía. En el discurso que precede al reclutamiento, Herzog "interpreta" ni más ni menos que a las películas de James Bond, en una escena que sería hilarante sino fuera por qué parece que el propio Barthes hizo tal interpretación en serio.

Sin embargo, pasada esta escena, nos zambullimos en una especie de maremagnum en que pululan los famosos arriba citados, y en el que el lector tiene la sensación de estar perdiéndose algo o mucho. Ello, hasta el punto que un servidor aún no es capaz de establecer si la novela va en serio o en broma. Desde luego, la mayor parte de la ironía que pueda haber respecto a los Sartre, Lacan, Althusser,... yo no la he pillado. Hombre, alguna sí, como cuando hace burla de una frase de Lacan ("Le nom est le temps de l'object", "El nombre es el tiempo del objeto") y uno de los personajes se pone a hacer variaciones con la frase ("El tiempo es el objeto del nombre", "EL objeto es el nombre del tiempo"...) y se ve que todas tienen el mismo, o ningún, sentido.

Lo más interesante de la novela transcurre en las sesiones del llamado Logos Club, organización con la que tendrán mucho roce los protagonistas. Se trata de un club de debate estrictamente jerarquizado, en el que se puede avanzar retando a los niveles superiores y venciéndoles en la discusión, aunque la derrota tiene un severo castigo que no desvelaré. Pues bien, lo mejor de la novela sean quizá un par de estos debates, que se nos transcriben casi íntegros. El debate culminante es sobre clasicismo vs barroco, aunque los hay más peregrinos.

Rescato también la escena en que el telediario anuncia la muerte de Barthes, de gran originalidad y que recuerda al gran Binet del final de HHhH. Aqui, sobre el hilo de la narración de las sucesivas noticias, se nos va contando lo que está haciendo diversos de los personajes de la trama, hasta que el locutor comunica el luctuoso evento y entonces todos se paran y atienden a la pantalla. Magistral.

Con todo, me temo que no es una novela de lectura fácil. Tal vez alguien que conozca mejor a los filósofos antes citados y que pululan por sus páginas, la encuentre más provechosa. Yo la he encontrado prescíndible.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Creación y evolución, de Guido Pagliarino

Llego a este ensayo de la mano de su traductor, Mariano Bas, compañero de tertulias. Como reciente descubridor de la teoría de la evolución (hasta sus últimas consecuencias) y antiguo creyente, sigue vivo mi interés por tratar de conciliar el cristianismo-catolicismo con las consecuencias de asumir la teoría de la evolución como explicación para la aparición del ser humano. Si tal conciliación es posible, mi catolicismo sería recuperable. Esta lectura es un primer paso en esta indagación, aunque no sé si habrá más.

Este ensayo es magnífico, muy claro, breve y al punto, sin entretenerse en zarandajas. Propone breves resúmenes, que a mí parecen acertados, de la teoría de la evolución así como de la posición de los creacionistas, hace su análisis (muy sencillo, como se verá) y se cierra con las posiciones de los Papas recientes según recogen sus Encíclicas, así como el resumen de la obra de un par de evolucionistas cristianos.

También hace un estudio de la relación de las distintas ramas del cristianismo y de otras religiones con respecto a la teoría de la evolución. Aquí ya se revela cuál es, desde mi punto de vista, el objetivo del ensayo. Digamos que su público objetivo no son tanto los evolucionistas-ateos, como los cristianos-creacionistas, que el autor identifica estadísticamente con los protestantes.

Pero vamos con lo que a mí me interesaba. ¿Por qué es compatible el evolucionismo con la existencia del Dios cristiano? Me temo que el argumento es endeble, aunque sí es cierto que proporciona un resquicio para quien quiera o necesite tener fe. Básicamente, el argumento de Pagliarino es que no se ha podido demostrar con evidencia empírica que el curso de la evolución no sea dirigido, esto es, que sea aleatorio, como teoriza Darwin. Por tanto, pudiera ser que el proceso estuviera dirigido por una voluntad superior, divina.

Poco puedo discutir sobre esto. Hasta dónde yo he leído de momento, no he encontrado la evidencia directa que pide Pagliarino, sea en uno u otro sentido. Es cierto que los tiempos manejados por Darwin, coherentes con los tiempos geológicos, son compatibles con el proceso evolutivo aleatorio, pero esta no prueba que lo sea.

Lo que sí sabemos es que la ciencia avanza, continuamente. Y conforme avanza, los creyentes se ven confinados en requicios cada vez más estrechos. Antaño nos bastaba creer que Dios había hecho al hombre, a nadie se le había ocurrido otra explicación; y con anterioridad se creía que los rayos los lanzaba Júpiter. Ahora hay explicaciones verificables alternativas para ambos fenómenos. Digamos que ahora los creyentes creen que Dios ha guiado el proceso evolutivo para hacerlo llegar al ser humano, ya no creen que Dios haya creado al hombre directamente.

¿Se acabarán alguna vez estos resquicios para la fe? No creo. Deutsch nos explica en "The beginning of Infinity" que siempre existirán problemas que resolver, cosas que investigar. Y que cada problema solucionado, abre un sinfin de nuevos problemas cada vez más estrechos y lejos de la experiencia cotidiana.

En otras palabras, tarde o temprano se encontrará la evidencia incontestable de que el proceso es aleatorio (o no); pero ello dará lugar a otra serie de incógnitas aguas arriba, para las que no habrá evidencia científica en ese momento. Será el nuevo refugio de los creyentes, que encontrarán su creencia más compleja y más estrecha, pero en todo caso posible.

Además de esta idea principal, el ensayo también se refiere a un par de ideas teológicas adicionales: por un lado, la posibilidad de considerar a Jesucristo, al Dios hijo, como el hombre completo, esto es, la evolución del homo sapiens. Por otro, la idea de la discontinuidad evolutiva según la cual Dios habría puesto el alma en los homínidos previos para dar lugar al homo sapiens. No merece la pena su discusión científica, por lo ya dicho: si se acepta que la evolución ha podido ser guiada por una voluntad superior, es claro que la misma podría haber hecho estas cosas, así como tenernos como un paso más hacia el hombre perfecto.

Como dije, me ha gustado este ensayito, aunque no haya alterado, desafortunadamente, mis convicciones. Se lee bien y rápido, y se entiende estupendamente. Además, la traducción es excelente, o sea que queden aquí mis felicitaciones para el causante de la misma: Mariano, enhorabuena.

viernes, 24 de noviembre de 2017

La caja de Annie: Darwin y Familia ("Annie’s Box: Charles Darwin, his Daughter and Human Evolution"), de Randal Keynes

No acabo de tener claro por qué me resultaba atractiva la lectura de este libro. Quizá era porque pensaba que me iba a dar una idea de cómo se modificó el pensamiento de Darwin en sus relaciones con Dios tras la muerta de su segunda hija (Annie, la que da título al libro), de qué forma había progresado desde una visión puramente biológica de la evolución a sus aspectos más morales.

Pero no es eso lo que me encontrado. Este libro, escrito por un descendiente de Darwin y también sobrino-nieto de Keynes, es una especie de biografia del matrimonio Darwin, con especial foco en los 10 años que vivió su hija Annie. Está construida a base de numeroso fragmentos de las cartas que se cruzaban los protagonistas y personajes cercano, así como de los diarios de los mismos. Al menos un 50% del libro está ocupado por este tipo de citas textuales.

Una vez leído, la verdad es que no entiendo su función ni el hueco que cubre. Imagino que habrá biografías de Darwin más completas que ésta y que por tanto expliquen mejor de dónde surgieron sus ideas. Tampoco se detiene demasiado sobre la reflexiones de Darwin tras la muerte de Annie, que era lo que yo esperaba iba a ser la parte importante del libro. Así que ni chicha ni limoná. No sé para que lo he leído.

No obstante, he encontrado cosas interesantes. Quizá lo mejor es cómo describe la vida en la época en que Darwin desarrolló su teoría: el ambiente religioso (general y particular en su familia), el ambiente científico (los orígenes teológicos de la biología), cómo se afrontaba la muerte de los niños (bastante común en la época), los primeros atisbos del turismo (ciudades balnerario, primeras guias de viajes, primeros ferrocarriles). Especialmente interesante, dentro de este punto, el capítulo que dedica a la tuberculosis.

Otras cosas que me han parecido interesantes serán más conocidas para la gente familiarizada con la teoría y obra de Darwin: las observaciones en las islas Galapagos, la constatación de que los periodos de tiempo deducidos de las investigaciones geológicas eran compatibles con su teoría de la evolución, los "barnacles" como primera clasificación de especies con base evolutiva, el sustrato físico de la moral. No obstante, todas ellas apenas se apuntan. El lector interesado, comom yo, deberá profundizar con otras lecturas, como "The Descent of Man".

De la lectura de este libro también parecen deducirse otras cosas:
1) Darwin comprendió casi de forma inmediata el alcance de su teoría en lo referente a su compatibilidad con la existencia de Dios. No es algo sobre lo parecía tener demasiadas dudas una vez se convenció de ella. Otra cosa es que tratara de moderar el mensaje para no causar un rechazo frontal a su teoría.
2) En general, la gente aceptaba la teoría de la evolución sin demasiado problema. El obstáculo primordial no era como tal la posibilidad de la evolución, sino aceptar que el hombre podía estar relacionado con especies inferiores por esta vía.
3) En sus últimos años, Darwin se arrepiente de haber estado demasiado concentrado en sus investigaciones y no haber dedicado tiempo a otras actividades (como la poesía), lo que según él le hubiera valido para obtener una visión más amplia de los sucesos que investigaba, No he podido evitar recordar un comentario similar de Umberto Eco en "Número Cero", diciendo justo lo contrario, que los únicos que podían triunfar en la vida eran los que tenían un foco muy claro y no picoteaban por todos los lados. Como yo me identifico con los últimos, agradezco el pensamiento de Darwin, al tiempo que se me plantean dudas sobre si tendríamos teoría de la evolución si Darwin hubiera dedicado mucho tiempo a actividades diversas.

En suma, se trata de un libro instructivo y estimulante, pero que no puede sustituir otras lecturas que, en cambio, creo que sí sustituirían a este. Por eso, y por el tremendo coñazo que constituye el capítulo dedicado a la muerte de Annie, que se hace casi ilegible a base de las constantes notas que se cruzaban los padres de la criatura y de las que apenas nos priva el autor, no puedo recomendar su lectura.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Blind Faith, de Ben Elton

Sigo poniéndome al día con Ben Elton, quien otrora fue mi autor inglés contemporáneo preferido. Tras las recientes lecturas de Time and Time Again y Past Mortem, le toca el turno ahora a esta "Fe ciega". Y aquí tenemos un libro al estilo original de Elton, al de los primeros libros que le leí, en que lleva al extremo facetas de la realidad que le parecen dignas de burla. Con mayor o menor éxito, lo dejo a juicio del lector.

De entrada, resulta difícil meterse en el libro, pues nos presenta una extraña y ciertamente inverosimil distopia como marco de la novela. En efecto, nos sumergimos en un Londres en que la gente va mayormente desnuda por la calle; en que viven como piojos en costura por carecer de espacio vital (todo son colas y muchedumbres); donde la dieta está dominada por dulces y fast-food, y donde todo el mundo está perennemente conunicado con miles de dispositivos. Este mundo está dominado por El Templo, los prebostes de la religión dominante, que venera al Niño Jesús y a Diana (imagino que se refiere a Lady Di, pero no se llega a explicitar).

Esta distopia absurda echará para atrás al lector que pretanda tomarse este libro en serio, como casi hizo conmigo. Pero hay que recordar que aquí Elton nos está proponinendo una novela satírica, cuyo objetivo es criticar determinadas modas o conductas del momento (2007).

De hecho, el principal foco de su ataque tiene que ver con la privacidad. Pero no con la privacidad como la entendemos ahora (al menos un servidor), que dimana de la preocupación por la explotación del Big Data por empresas y gobiernos. No, el objeto de su burla es la gente que expone su vida en las redes sociales (fenómeno relativamente nuevo en 2007). De hecho, lo lleva al extremo de que la privacidad es un pecado para El Templo. Lo socialmente aceptado en esta distopia es estar constantemente compartiendo con el resto del mundo lo que a uno le ocurre, hasta los más intimos detalles (una razón por la que todos tienden a ir desnudos).

Otras dos pinceladas sobre la distopia de Elton: 1) la única lectura socialmente admitida (por supuesto, nada se prohibe) es la de libros de auto-mejora. 2) Todo el mundo es exquisitamente respetuoso con todo, el "Disrespect" es intolerable.

En este contexto, la razón ha sido abandonada, y todo funciona por consenso. Y, por ejemplo, como todo el mundo cree que no se puede ir contra la voluntad del Amor (el dios de la época), no se vacuna a los niños, que han recuperado mortandades del 50%.

Mi escena preferida es de claro fondo anarcocapitalista, aunque no sé si Elton será consciente de ello. Es el momento en que se reune una muchedumbre en el nuevo estado de Wembley ("the New New Wembley" (sic)). De acuerdo a las leyes democráticas de esta nueva sociedad, allí donde 200.000 personas se reunan se puede promulgar una nueva norma. Pues bien, en el momento al que aludo, el máximo pontífice del Templo propone y hace aprobar una ley por la que todo el mundo es famoso.
Hala, por ley, todo el mundo es famoso. Vamos, de la misma forma que nuestros políticos dicen que resuelven los problemas: con una ley.

Blind Faith no es de las mejores novelas de Ben Elton, pero al menos nos permite unos destellos del Elton de la primera época. Una vez aceptas que la sociedad que te propone no va en serio, el libro se puede disfrutar bastante, sobre todo determinadas escenas concretas en que está demoliendo aspectos generalmente aceptados de nuestra sociedad, sobre todo el tema del respecto a las minorías como religión.

Por cierto, reflexión mía, este problema del respeto a las minorías solo se plantea en presencia de mayorías supuestamente irrespetuosas. ¿Y cuál es el mecanismo que consolida y legitima el poder de las mayorías sobre las minorías? Adivinen, empieza por demo y termina por cracia.

lunes, 20 de noviembre de 2017

El puente de los asesinos, de Arturo Pérez Reverte

No tardé demasiado en arrepentirme de haber comenzado este libro una vez hecho. Afortunadamente, no es largo, ya que soy de las personas que tienen que terminar los libros que empiezan. Pero ha sido un sufrimiento por aburrimiento.

Lejos están esos tiempos en que disfruté con la lectura de las primeras obras de Pérez Reverte: La tabla de Flandes, El maestro de esgrima, El club Dumas. Disfruté mucho con su lectura, aunque todas tenían en común que la apasionante trama se esfumaba al final, y el autor no conseguía darles un desenlace satisfactoria, a la altura de la magnífica historia.

Tras estos tres, no volví a leer nada, hasta que sacó El capitán Alatriste, con su hija Carlota como co-autora, en un claro intento de promocionar a la moza para la profesión paterna. El truco no le dió resultado, pero tampoco la novela era una gran cosas. Entretenida y poco más, desde luego nada suficiente para hacerme proseguir con la saga.

Y posiblemente así hubiera sido de no haber oído a gente generalmente fiable, recomendar este "El puente de los asesinos" como una excelente novela. Me dije, por qué no, Pérez Reverte me gustó en su momento, quizá ahora Alatriste haya madurado lo suficiente como para intesarme.

No fue así. Desde el principio se me atragantó el estilillo castellano clásico que utiliza Reverte en estas novelas. En su momento me parecía llamativo, ahora me parece cutre y poco verosimil. Obsérvese por ejemplo esta frase: "con buenas zancada hizo peñas y buen tiempo, tomando las de Villadiego". ¿Por qué tiene que decir con dos circunloquios que el tipo salió huyendo? ¿Quién escribía así? Lo único que parece es que el autor quiere hacer muestra de su erudición y conocimiento de la "parla" (como dice él) de la época.

A esto hay que unir que se combinan dos tipos de narración: una en primera persona, por el acompañante habitual de Alatriste, un tal Iñigo, y otra de narrador objetivo. No se entiende esta mixtura, salvo para justificar el uso de la parla de época. A mí me han resultado desconcertantes los cambios de narrador, y tampoco se justifica por la trama o como recurso narrativo para esta historia.

Pérez Reverte fracasa completamente en su empeño por trasladarnos a la época en que ocurren los sucesos. Sus intentos son patético, propios de un niño empollón que se sabe la lección sin entenderla. Las descripciones de Milán y Roma, por ejemplo, no dejan de ser una retahila de los monumentos y edificios del momento, pero completamente frías, no transmiten un mínimo atisbo de la vida del momento. Parecido ocurre con los personajes: no profundiza en ninguno de ellos. De los compañeros de aventura, poco conoceremos más que su región de procedencias; y de los notables que aparecen, tipo Quevedo, Saavedra Fajardo y Gonzalo Fernández de Córdoba, tampoco se nos llega a transmitir un mínimo sobre su personalidad. Qué diferencia con Posteguillo.

Se podría argumentar que se trata de una novela infantil. Pero, francamente, no me parece que lo sea, aunque la saga empezara como tal. Ni determinadas escenas ni el lenguaje utilizado hacen esta novela recomendable para niños.

Todo esto quizá se pudiera perdonar si la novela fuera entretenida. Pero tampoco es el caso. Es aburrida, prácticamente no ocurre nada. Solo hay diálogos más o menos relevantes, y muy poquita acción. Nada de aventura ocurre hasta pasado más de la mitad del libro, y lo que ocurre entonces tampoco es relevante para la trama. Solo se anima un poco al final (aunque quizá sea únicamente el lector el que se esté animando ante la perspectiva de terminar el libro), cuando cuenta en paralelo la actividad de dos grupos en la conjura que se nos cuenta. El otro momento que se puede salvar de este libro es la visita "turística" del Arsenal de Venecia que hace un grupo de protagonistas.

Sintiéndolo mucho, no puedo recomendar esta novela. Me hubiera gustado poder hacerlo, y seguramente de ser así ahora estaría planteándome recuperar las novelas no leídas del autor. Como no ha sido el caso, el señor Pérez-Reverte y yo partimos peras, y esta vez me temo que de forma definitiva.





viernes, 17 de noviembre de 2017

Limonov, de Emmanuel Carrère

No conocía ni al escritor ni al protagonista de esta obra, pero decidí leerla tras ver que la habían empezado a leer en un grupo de francés que conozco, y que además tenía el Premio Reanudot de la Lengua Francesa. Y siempre tengo curiosidad por leer éxitos contemporáneos tanto en alemán como en francés, que, al contrario que los que están en inglés, rara vez llegan a nuestro país.

Me he encontrado con una biografía, o sea, un libro histórico, de un estilo muy similar al recientemente leído HHhH. Esto es, una narración histórica aderezada por las "aventuras" del escritor para la construcción de la misma. Se trata de un género que me parecía nuevo con HHhH, pero que quizá no sea tan original. O que quizá esté poniéndose de moda. A priori resulta interesante, pues permite meter anecdotas o críticas que en una narración meramente histórica no tendrína cabida.

El tal Limonov es un personaje curioso, aunque quizá un poco marginal, aunque lo digo desde el desconocimiento casi absoluto de la realidad actual en Rusia. Su atractivo le viene, y en esto coincido con el autor, de su variedad de experiencias vitales, difícilmente alcanzables para los individuos convencionales, y coste que no estoy hablando de irse a vivir a la selva, sino de cosas mucho más convencionales.

Limonov fue integrante de un movimiento underground en el Moscú soviético, mayordomo de un rico-hombre de Manhattan, combatiente en las guerras de los balcanes. presidiario en la Rusia de Putin, lider de un partido político nacional-bolchevique y, principalmente, escritor y poeta. Vamos, que ha estado en posiciones de un rango difícilmente imitable, aunque la fama se la han dado sus obras literarias.

Pues bien, es esta la historia que nos cuenta Carrère, utilizando para ello los libros del propio protagonista, que sigue vivo en la actualidad. El resultado no es tan satisfactorio como el que obtuvo HHhH. Por un lado, cuenta una historia bastante menos interesante que la del complot contra Heydrich; por otro, el estilo narrativo de Carrère es peor, más imbricado y menos elegante; y, por último, los "apartes" que nos hace el autor son de escaso interés, y parecen a mayor gloria suya (¿para qué nos cuenta su estancia de dos años en Bali?), con el defecto de romper el hilo narrativo principal.

En cuanto a la vida de Limonov propiamente, me ha resultado especialmente interesante la parte referente a sus años iniciales en la URSS. Hay pocas oportunidades de conocer cómo era con un mínimo de objetividad, y lo sorprendente es que, incluso en las lamentables condiciones que todos conocemos, la gente llevaba una vida mínimamente normal: se cambiaban de casa, tenían sus amigos, sus novias, sus sueños...

El resto de la narración es más convencional, sobre cosas más conocidas: la vida en Nueva York en los 60 o su paso por Paris como escritor de relativo éxito. De allí nos trasladamos de vuelta a Moscú y luego como soldado a Serbia. Reflota algo el interés, pero ya no como al principio, y eso que a priori parece más interesante, pero es que para entonces Carrère ya nos ha roto el ritmo con sus aventurillas y con una interminable lista de nombres rusos a los que conocen ellos y su madre. Todo ello hace que al final del libro estemos pidiendo la hora, y eso que nos están contando sus años en prisión, la creación del partido NAZBOL y, en definitiva, su oposición a Putin, que parecía ser la principal razón para conocer a Limonov.

Por el libro desfilan algunos personajes notables (de verdad). Entre ellos destaca especialmente Solzhenitsyn, del impacto de cuyo libro "Archipiélago Gulag", tanto en la URSS como allende fronteras, nos podremos hacer una buena idea gracias a esta obra. Es curioso como su figura preside todo el preceso, precisamente hasta el momento en que se derrumba la URSS, y con ella su posición, hasta el punto de que su última novela pasó completamente desapercibida. Otros personajes interesantes son Brodsky, Tatiana Liberman,Gorbarchov, Yeltsin y Egor Gaidar, el tipo detrás de la reforma económica en Rusia, y que, atezado por algunos de los comentarios de Carrère, más ha atraído mi curiosidad.

Resulta que el tal Gaidar era un tipo bastante liberal (en sentido de libre mercado) y su reforma económica consistió básicamente en liberalizar toda la economía por vía directa, incluyendo servicios como la propia defensa. Así que podría ser que el mercado ruso fuera un ejemplo de este tipo, aunque no seré yo quien me ponga a estudiarlo. El caso es que esta liberalización es la que parece llevar mal el señor Carrère. Ya al principio nos endilga que "Rusia es un país que se preocupa poco por las libertades formales siempre que cada uno tenga derecho a enriquecerse". Claro, si no sabes teoría económica, no eres consciente de que es este último "derecho" (precisamente, sería una libertad) la única forma de garantizar las otras.

Cierro con observaciones cortas, para reflexión o lectura
- La obra más destacada de Limonov, según el autor, es el "Journal d'un raté", no traducido a español
- Limonov considera que para ser respetado tiene que dar la impresión a sus conocidos de ser capaz de matar. En el libro no que da claro si llegó a matar en alguna ocasión.
- Carrère llama la atención sobre el hecho de que Limonov toca fondo muchas veces, al contrario de lo que ocurre en las narrativas convencionales, donde el héroe remonta tras tocar fondo. Limonov se ve obligado a empezar de cero muchas veces.

Y una frase, la pongo traducida. "El hombre que se considera superior, inferior o igual a otro, no comprende la realidad". No es original de Carrère, la recoge de otro autor al que no recuerdo.