jueves, 25 de mayo de 2017

Maldita Karma 2 ("Mieses Karma Hoch 2"), de David Safier

"Maldita Karma" fue un fenómeno editorial en Alemania y me atrevería a decir que incluso en España. El mero hecho de que una novela alemana se haya traducido y publicado en España es ya de por sí excepcional. Por su parte, David Safier es un escritor bastante mediocre, que dio la campanada de una forma que incluso para él debió de resultar sorprendente. Hay que reconocer que la idea era original y además la novela tiene un arranque muy bien planteado.

No creo que reviente mucho a estas alturas, pero, por si acaso, aviso que viene spoiler. En esta novela lo que ocurre es que la protagonista muere en los primeros capítulos, y se reencarna en hormiga. A partir de aqui, se nos cuenta la historia de sus sucesivas reencarnaciones hasta que, bueno, ya sería demasiado reventar. Los primeros capítulos de la primera novela son los mejores, sin duda: nos presenta a la protagonista, y nos cuenta sus últimos momentos de vida, pero de una forma en que no sabemos realmente que son los últimos. Cuando, de repente, revive como hormiga, pilla al lector tan desprevenido como a la protagonista.

Desgraciadamente, a partir de aquí la trama se desinfla, y poco a poco sale a relucir la mediocridad del escritor, que nos plantea situaciones crecientemente absurdas e inverosímiles, incluso en el contexto de aceptar que alguien reencarnado en hormiga u otro animal pueda narrar su vida. Uno termina de leer Maldita Karma con cierto agotamiento y aburrimiento.

El problema de la segunda parte es que se pierde la originalidad y la frescura, pero no sabéis hasta qué punto. De hecho, cuando empecé a leerlo, pensé que me había equivocado de libro y que había empezado de nuevo con la primera parte. Tuve que volver a abrir éste para cerciorarme de que era otra novela. Es que me parece alucinante que utilice otra vez el mismo recurso de describir los peores momentos del último día de su vida para comenzar el relato. Tratando de hacer la misma gracia, pero sin darse cuenta de que el recurso ya no sorprende al lector de la primera parte.

Y no cesan aquí los paralelismos: las mismas secuencias entre reencarnaciones, los mismos consejos de Buda, y para remate, el proceso de reencarnación vuelve a empezar como hormiga. Safier ha hecho una segunda parte que básicamente replica el esquema de la primera, incluso en las características de los personajes, y en las notas al pie sobre las memorias de otras personas reencarnadas en animales (¿por qué usar otra vez la reencarnación de Casanova?). Insisto en que me parece alucinante, aunque revelador de la mediocridad del escritor, que se limita a explotar la gallina de los huevos de oro sin demasiado esfuerzo creativo.

Dicho esto, la novela tiene algunos momentos divertidos y frescos, aunque son la excepción más que la norma. Uno de ellos ocurre cuando se reencarna en cigüeña, en concreto el momento en que mamá cigüeña enseña a volar a sus polluelos. Y también son muy divertidos sus momentos iniciales como caracol, sobre todo en relación a la velocidad de movimientos que cabe esperar.

Destaco también un par de frases-reflexiones, ambas extraidas del cine. En una, la protagonista nos comenta que en sus momentos malos le gusta ver Alien, porque así no ve gente feliz, y nadie puede tener envidida de congéneres a los que les salen bichos de la tripa. La otra, casi terminando la novela, es cuando "derrotan" al "malo final" (por así decirlo), y nos dice que en las pelis de terror el malo se levantaría cuando estuvieran celebrándolo los buenos. Pero, añade, no en esta ocasión, y concluye que, si bien la vida no es una comedia romántica en que todos terminan felices (una reflexión que aparece varias veces en la novelsa), tampoco es una película de terror.

Bueno, poco más. Si no has leído Maldita Karma, quizá esta novela te resulte atractiva por su originalidad. Si la las leído, esto es más de lo mismo, o sea que ya sabes a qué atenerte.






miércoles, 17 de mayo de 2017

Querido Lider: Vida cotidiana en Corea del Norte ("Nothing to Envy"), de Barbara Demick

Segundo libro que leo sobre las condiciones de vida en Corea del Norte. No sé si es que soy morboso o que me atrae lo desconocido, pero quizá lea aún alguno más, pues éste tampoco ha apagado completamente mi sed sobre el tema.

La autora, Barbara Demick, es una periodista destacada en Corea del Sur, ha tenido numerosos tratos con refugiados del norte, y ha viajado varias veces al país de sus desvelos. La narración se estructura en torno a la vidad de seis coreanos del norte, básicamente desde su infancia hasta su huída e integración en Corea del Sur. Dichas narraciones se ven aderezadas puntualmente por informaciones y datos que ponen en contexto lo que les está ocurriendo. Entre otras, se nos cuenta la historia de la separación de las dos Coreas.

La principal crítica que se puede hacer al libro es que realmente hay poco espacio dedicado a lo que sería la vida normal en Corea del Norte. Esto es, a menos que se considere normal vivir en una hambruna. Claro que bien puede ser que ese sea el caso, sobre todo porque según se nos informa en el epílogo, vuelven a estar de hambruna a mediados de los años 2000.

Por lo demás, el libro se lee en un soplo. Es apasionante y está muy bien escrito y narrado. Demick resuelve perfectamente el reto de entrelazar con interés las vidas de los seis protagonistas, de forma que se mantiene una cierta homogeneidad narrativa en la evolución de la historia.

Una de las cosas que más me llama la atención es cómo puede soportar nadie vivir en un regimen así sin suicidarse o tratar de escaparse por todos los medios, y encima estar agradecidos al dictador por cuya causa están así. Creo que la narración aporta una explicación: esta gente cree que su situación es la normal en el mundo, e incluso que están mejor que los residentes en países vecinos. De hecho, al principio del régimen, Corea del Norte era más rica, cuatro veces más, que Corea del Sur, y también estaba mejor que China. Sobre esa situación de partida, y debido a la concepción estática que tendemos a tener del mundo, cuesta imaginar que la situación esté cambiando en aquellos sitios que no conocemos (y sobre los que no tenemos información). Así pues, a menos que haya flujo de información del exterior, uno tiende a pensar que si estaba mejor que Corea del Sur, la situación sigue siendo similar, y que encima ellos están un poco mejor, porque el gran líder les da caramelos en su cumpleaños.

Como ya he dicho, lo cierto es que hay poca narrativa de lo que alguien consideraría vida cotidiana, porque rápidamente se produce la hambruna de los noventa, y la vida de los protagonistas se ve decisivamente condicionada por ella. Para ese momento, se ha obtenido una ligera visión de cómo funcionan escuelas, hospitales, trenes o la clasificación de castas en Corea, pero poco más. Es quizá ésta la parte sobre la que más me interesaría seguir leyendo.

La descripción de la hambruna es sobrecogedora e incluso agobiante. Al final se va saliendo de ella gracias al crecimiento del mercado negro, que el Gran Líder deja desarrollar durante unos años. Por suerte o desgracia, tal desarrollo incrementa los contactos de los coreanos del norte con China y otros países, con lo que empieza a ser generalizado el conocimiento de situación real en comparación con el mundo, y aumentan las defecciones. A éstas también se dedica parte del libro, y una vez más con una absorbente narración, pero sigue sin poder considerarse vida cotidiana.

El epílogo muestra un cuadro bastante pesimista para los ciudadanos de Corea del Norte, lo que les deja casi con la única alternativa de huir del país. En efecto, una vez estabilizada la situación de la hambruna, allá por 2005 Kim-Jong-Il decidió volver a ser estricto con las prohibiciones de comerciar y se cargó de la noche a la mañana el mercado negro en que se abastecían sus sufridos súbditos. No solo eso, sino que también hizo una renovación de la monea de forma que se cargó completamente los ahorros que habían conseguido durante el breve periodo de libertad. Así que de nuevo se produjeron episodios de hambruna, que supongo que solo se habrán resuelto si se ha relajado de nuevo la prohibición del mercado negro. En otro caso, parece increíble que en un país fronterizo con una potencia económica como Corea del Sur, se puedan producir casos masivos de gente que se muere de hambre. Cortesía de las ideologías comunistas-socialistas que siguen practicándose y, por increible que parezca, proponiéndose como alternativas de Gobierno incluso en un país como España.

En suma, un libro esclarecedor, que ayuda a comprender algunos casos de pasividad ante las dictaduras, y que a la vez ilustra de forma espectacular las grandezas del libre mercado, que es capaz de resolver en cortos periodos todo aquello que la desidía, negligencia e incapadidad de los gobiernos ocasiona. En este caso, en términos de vidas humanas.

Por cierto, el título (original) del libro está extraido del himno nacional de Corea del Norte, que viene a decir que no tienen nada que envidiar de ningún país. Qué penilla.




viernes, 12 de mayo de 2017

Las aventuras del buen soldado Svejk, de Jaroslav Hasek

Pensaba que con este libro echaría unas risas, pero han sido bastantes menos de las que su extensión invitaba a pensar. Se trata de un libro clásico de la literatura checa, en el que se nos narran las aventuras del protagonista al comienzo de la primera Guerra Mundial. Ello permite al autor trazar un cuadro costumbrista, siempre desde una perspectiva sarcástica, de la sociedad del imperio Austrohungaro antes del citado conflicto, a través de las andanzas de Svejk en el territorio del mismo.

Lo cierto es que cuesta mucho reirse en esta novela, no porque las anecdotas no sean graciosas, sino sobre todo por la traducción, que no parece hacer justicia al original. Éste está escrito en checo, y ha sido traducido al alemán, desde el cual se vierta a la versión en español que he leído.

El protagonista, Svejk, es un soldado de cierta veteranía, pero de una ingenuidad a prueba de bombas, por lo que una gran parte de los momentos comicos proceden de Svejk tratando de cumplir sus encargos contra viento y marea, y viéndose una y otra vez en circunstancias comprometidas por imprevistos. La otra parte de los momentos cómicos lo constituyen las numerosas anécdotas que constantemente fluyen de los labios del protagonista para amenizar las veladas de sus compañeros en cada momento.

Pero el problema es que no hacen demasiada gracia, sea porque están mal traducidas, sea porque no compartimos el sentido del humor de los checos. Como temas de fondo, hay dos principales: por un lado, la multirracialidad del imperio. Hay constantes puyas y cruces entre personajes de todas las procedencias: checos (como el protagonistas), húngaros, polacos, rusos, austriacos, moldavos, bosnios. Sobre todo domina el enfrentamiento checo-hungaro.

El otro tema de fondo y quizá el más interesante es el de las corruptelas administrativas en la guerra y su preparación. Hasek no trata de grandes escándalos de corrupción, sino de los pequeños robos que hacen todos los que tienen oportunidad, y que resultan igual de desastrosos en sus consecuencias que los primeros. Al respecto, es muy ilustrativo el lío que ocurre con los trenes en el episodio en que el protagonista llega a Budapest. Y lo más patético es las corruptelas ocurren incluso en el frente.

También hay que decir que el libro es marcadamente anticlerical, sobre todo en los primeros compases. Dicho de otra forma, tampoco los sacerdotes escapan del dardo irónico de Hasek. Confieso que a mí la escena que más hilarante me ha parecido de todo el libro, y con diferencia, es la misa de campaña que se describe a poco de empezar, y en que el sacerdote utiliza un trofeo deportivo como caliz. No os perdáis la descripción del retablo de campaña.

La novela está inconclusa. El plan del autor se extendía a 6 partes, pero solo llegó a hacer cuatro, esta última sin terminar. Además, termina bruscamente, por lo que supongo que algo le pasó al autor. Eso sí, le da tiempo a meter una última desagradable anecdota sobre un carnicero que hacía morcillas con insecticida.

Me temo que no puede recomendar esta lectura. Se trata de un libro largo, que pocas veces nos hará reir o sonreir, y en que la mera descripción costumbrista no acaba de justificar por si sola tanta lectura.



jueves, 27 de abril de 2017

El comienzo del infinito ("The Beginning of Infinity"), de David Deutsch

Muy interesante y variado este libro de David Deutsch, físico reciclado en filósofo. Quien lo lea puede aprender muchas cosas de muchos temas, y seguro que tendrá muchas cosas sobre las que reflexionar. Ya adelanto que de lo que no parece que va a aprender mucho es de economía, pero Deutsch está muchas veces muy cerca de lo que un economista diría sobre los temas que trata.

La tesis fundamental del ensayo es que el conocimiento es el principal factor distintivo del ser humano, y lo que nos permite cambiar el medio y hasta el universo. Con este punto de partida, es lógico que Deutsch dedique mucho espacio a la forma correcta de generar conocimiento, a la epistimiología, análisis que culmina con una especie de diálogo estilo Platón entre Socrates y el dios Hermes, en el que eventualmente llega a participar el propio Platon.

Desde el principio se muestra contrario con la hipótesis de que todo el conocimiento tiene su origen en la observación empírica (es curioso que mientras los economistas busquen para su ciencia ese contraste empírica de forma obsesiva y errónea, los físicos sean cada vez más escépticos del método científico; no es a Deutsch al primero que leo al respecto). Para Deutsch el conocimiento se genera a partir de la creatividad del ser humano y la generación de conjeturas, las cuales tienen que ser probadas críticamente, por el método que corresponda según el conocimiento que pretendan generar, y desechadas o corregidas en función del resultado de la prueba. Las buenas teorías no son fáciles de cambiar para explicar un determinado fenómeno, al contrario que las malas (Deutsch pone como ejemplos de éstas los mitos clásicos). Pero lo que es fundamental para que haya conocimiento es que éste sea explicable, que su aplicación se haga desde la razón.

Deutsch da gran importancia a los sistemas universales de expresión de conocimiento, que son los que permiten apuntar a ese infinito que da título al libro. Entre ellos, identifica los alfabetos, la numeración, los ordenadores o el ADN. Dedica un capítulo a contarnos cómo se desarrollaron algunos de ellos mediante un proceso de emprendimiento, y cómo su universalidad se obtuvo casi de casualidad (ver sobre todo el ejemplo de la numeración).

Para Deutsch, solo existen dos formas de generar conocimiento en el universo: el cerebro y la evolución genética. Pero la segunda forma es mucho más costosa y lenta que la primera. Por ello, desde el momento en que la primera fue capaz de generar un "explicador general" (que así nos tilda a los seres humanos), la acumulación de conocimiento en el universo se ha multiplicado exponencialmente. Es mucho más fácil hacer evolucionar los memes que los genes (también hay un interesante capítulo dedicado a aquellos). Al respecto, yo diría que hay una tercera forma de generar conocimiento, bien identificada por Hayek, que es la que procede de procesos espontáneos pero no dirigidos, como son las leyes, los precios y demás. No parece que Deutsch piense en estos fenómenos al referirse al conocimiento generado por el cerebro.

Entre otros con lo que uno pueda estar o no de acuerdo, Deutsch propone un original análisis sobre los sistemas democráticos, en cuanto que generadores de conocimiento para la mejora del bienestar social. Así, tras recordarnos como Arrow demuestra la imposibilidad de expresar el consenso de un grupo, o los problemas de la democracia de los EEUU al respecto de la representatividad del Congreso (en general, de los sistemas representativos), se centra en cómo ha de ser un sistema democrático para facilitar la generación de conocimiento para el propio gobierno de los ciudadanos.
El foco lo pone en la identificación y corrección de errores, donde los partidos tendrían el papel de proponer conjeturas para "solucionar" los problemas de la sociedad: ¿es fácil para el sistema corregir esas conjeturas en caso de que sean erróneas? Deutsch concluye que el sistema de mayorías tipo inglés es más apto para esta tarea, al ser más sensible a cambios de opinión del público.

Mis principales objeciones al ensayo de Deutsch tienen que ver con la explicación que da al retraso entre la aparición de la especie humana y el momento en que ésta empieza a generar conocimiento, algo que él sitúa en la época de la Ilustración (otro punto con el que no puedo estar de acuerdo). En todo caso, este análisis, muy entroncado desde mi punto de vista en teoría económica, lo dejo para mi próximo comentario en el Instituto Juan de Mariana.

Estas son solo unas pocas de las reflexiones que me ha inspirado la lectura de este libro. Como dije, mucho que aprender, mucho que reflexionar, mucho que discutir: mucho que aprovechar, en suma, de la lectura de este libro. Y no es difícil de leer: al contrario, Deutsch hace un esfuerzo tras cada capítulo por resumirlo, recoger los conceptos introducidos, y las principales ideas discutidas.

En resumen: estamos en universo en que la generación de conocimiento es open-ended. Por esos las teorías presentes en cada momento son siempre erróneas y siempre lo serán. En todo caso, cada vez serán mejores y darán lugar a problemas "mejores". En este contexto, para avanzar en el conocimiento lo importante no tener una teoría correcta, sino métodos robustos para localizar y corregir sus errores, métodos que dependerán del conocimiento que se esté generando. Por último, es la creatividad humana la fuente original tanto de conjeturas como de problemas y herramientas de prueba. Es precisamente por dicha creatividad por lo que el conocimiento es open-ended.


miércoles, 26 de abril de 2017

Fausto II, de Johann W. von Goethe

Lo cierto es que no tengo palabras, ni en español ni en alemán, para describir esta obra clásica de Goethe. Si sobre la primera parte ya confesé que me había resultado muy extraña, de esta he de decir que es alucinante. Y no digo alucinante en el sentido de que sea muy buena, no, sino en el sentido quizá originario del término. Es una obra para alucinar.

Sí, parece que es una obra de teatro, pero tengo mis dudas de que se haya podido representar alguna vez. No creo siquiera que Goethe la concibiera como tal, salvo en el aspecto formal de tener cinco actos. Ocurre que cada acto es de su padre y de su madre, que el número de hipotéticos actores es enorme, y que además los escenarios varían como por arte de magia en cada uno, requiriendo de todo tipo de elementos.

Yo creo más bien que el teatro y el propio tema de Fausto es la disculpa que usa Goethe para trasladarnos sus pensamientos sobre temas de la época, pero sobre todo para mostrarnos su virtuosismo a la hora de hacer versos, y su dominio de un sinfín de materias, que aparecen reflejadas en la obra. Así, tenemos desde la mitología clásica menos conocida (semidioses y tal), construcciones germánicas medievales o una referencia a la Bula de Oro y los Electores del Sacro Imperio Germánico.

Recuerdo al lector de este post, que esta lectura la he llevado a cabo en alemán, pero muy apoyado en una traducción al español con anotaciones. Si bien en la primera parte estas últimas no eran muy necesarias, en la segunda son completamente imprescindibles si uno se quiera aproximar algo a lo que nos cuenta Goethe y por qué, y a tratar también de apreciar las virguerías que al parecer hace el autor con los versos.

La obra consta de cinco actos, débilmente entrelazados, entre ellos y con la primera parte de Fausto.
El primero consiste en un carnaval o desfile realizado ante un rey o emperador, al que no se sabe muy bien por qué Fausto y Mefistófeles deciden dar servicio (y no se olvide que sería la continuación del final de la primera parte, que termina con la muerta de Margaret). En el segundo, Goethe nos hace una noche de Walpurgis (de las Brujas en tradición germánica) pero ambientada en la tradición clásica (o sea, en vez de monstruos, nos salen faunos y sirenas). En el tercero, se nos cuenta la relación de Fausto con Helena, según parece simbolizando la unión entre la tradición germánica y la belleza clásica, de la que Fausto se ha enamorado en el segundo acto.

En el cuarto acto, volvemos con el rey-emperador del primer acto, y asistimos a una batalla contra unos aspirantes a derrocarlo... y nos olvidamos de todo el trasunto clásico de los actos dos y tres. Por último, en el quinto acto se nos cuentan las últimas acciones y la muerte de Fausto, así como una especie de epílogo en que Mefisto trata de llevar el alma a los infiernos, pero los ángeles celestiales se la arrebatan en el último momento. Todo revuelve, según dice la anotación a la edición en español, en torno al tema de la incomprensión por parte del Diablo de comprender las ambiciones humanas. Trata de conceder sus deseos a Fausto, pero lo hace forma chapucera por qué no las entiende.

En el segundo acto, aparece la figura del Homúnculo, hombrecillo artificial en busca de su nacimiento, y eso da pié a Goethe para meter una discusión filosófica entre Tales de Mileto y Anaxágoras, sobre el origen de la vida. Ello, entre ondinas, nereidas, tritones, Proteo y Anteo, Solo lo pongo como ejemplo del tipo de cosas que nos esperan en esta obra.

Por cierto, para los interesados en la economía y en el tema del dinero, Goethe también tiene algo que ofrecer, En efecto, en el primer acto, Mefistófeles ayuda al rey con sus problemas, al sugerirle el simple expediente de crear papel-dinero respaldado por los bienes enterrados en el reino (de la misma forma que se había hecho recientemente en Francia contra las tierras expropiadas a los nobles). Evidentemente, Goethe adopta una visión irónica de la solución, que posiblemente es la que lleva al reino a los problemas que habrán de resolverse en el cuarto acto, una vez vuelvan Fausto y Mefistófeles de su ensoñación clásica.

También sorprenderá al lector la escasa presencia relativa de los dos protagonistas principales, Fausto y Mefistófeles, que están desaparecidos en combate durante largos momentos de la obra. Es más, aún es menor el tiempo que están en el escenario con su identidad, pues muchas veces aparecen asumiendo otra personalidad. Por ejemplo, Mefistófeles se pasa el tercer acto haciendo de Fórcida, el ama de llaves de Helena en su fortaleza al retorno de éste de Troya.

He disfrutado leyendo esta obra, más de lo que pensaba que iba a hacer cuando empecé con ella. Pero también he de decir que es una obra que cuesta mucho trabajo disfrutar, por lo que no sé si debo de recomendarla. Sinceramente, no creo que se pueda leer en español solo. El español es necesario para captar las ideas y conceptos que quiere transmitir Goethe con la ayuda de un traductor especialista y conocedor del tema. Mi alemán ha sido suficiente para seguir el léxico y muchas estructuras, pero no me ha permitido una comprensión correcta en muchos casos.

Pero es que sin el alemán al lado la traducción es enrevesada, las construcciones en español son rarísimas, y encima se pierde toda la rima, el ritmo y el sonido. Hay que leerlo en alemán, entenderlo en español, y volver a leerlo en alemán para aproximarte un poco al efecto que Goethe pretendía. Sin ello, no creo que sea posible, Además de ello, las anotaciones son imprescindibles, en algunos casos por las referencias mitológicas, pero sobre todo para entender por qué usa Goethe cada tipo de verso en cada momento, Eso, ni aún sabiendo todo el alemán del mundo lo pillas. Por ejemplo, en el tercer acto el uso de versos de métrica concreta es fundamental, pues simboliza la convergencia entre el clasicismo griego y el romanticismo germánica, que hará al final que los versos de Helena rimen, lo que no ocurría en la poesía clásica.

No sé si con esto animo o desanimo, pero hay queda para la posteridad.


miércoles, 12 de abril de 2017

Del buen salvaje al buen revolucionario, de Carlos Rangel

Interesantísimo (y clásico) ensayo sobre las causas de los problemas económicos y sociales de Latinoamérica, sobre todo en comparación con el bienestar de sus vecinos del norte, los EEUU. El autor es Carlos Rangel, de origen venezolano, y está escrito en los 70. Sorprendentemente, pese a la pérdida de vigencia de los acontecimientos referidos (especialmente llamativa en lo referente a Venezuela o quizás Bolivia), no pierde un ápice de interés su lectura y análisis.

He sacado montones de ideas interesantes de esta lectura, que parecía en principio el rutinario análisis liberal sobre las causas del "subdesarrollo" latinoamericano, tratando de desvincularlo del imperialismo, sea español o americano. Y puede que sea así, pero lo cierto es que Rangel describe con gran claridad y agudeza muchos de los acontecimientos que han conformado la Lationamérica actual, y sobre todo sus causas.

A grandes rasgos, el libro tiene dos partes: una, por así decirlo, teórica, en que Rangel revisa los mitos que se han usado para explicar la situación Latinoamericana, y otra, más empírica, en que se nos cuenta la evolución en el gobierno de determinados países, para confrontarlos con dichos mitos. En esta segunda parte, Rangel se centrá en el caso de México como ejemplar, aunque también habla de Brasil y Argentina. Luego dedica espacio a Cuba, cómo no, a Perú y a Chile, siendo el capítulo dedicado al gobierno de Allende el que más esclarecedor me ha resultado. Lectura imprescindible, incluso tras el tiempo transcurrido.

Comenzamos con el mito del buen salvaje, que Rangel vincula con la búsqueda del Dorado y de la fuente de la eterna juventud, perseguidas por los descubridores originarios. Según el autor, sería un mito también impulsado por los rivales de España en la conquista de América. Obvio es decir que los "salvajes" americanos eran igual de buenos o malos que los conquistadores que llegaban.

Por su parte, el mito del buen revolucionario se vincula sobre todo al comunismo. Rangel explica de forma magnífica las relaciones del comunismo con Latinoamérica y cómo el mito de la revolución comunista cobra aspectos propios en Latinoamérica, donde en efecto la revolución se podría liberar de los defectos del stalinismo ocurrido en Europa y Asia. A ello se responde desde Latinoamérica con el fenómeno del APRIsmo, que básicamente viene a decir que Latinoamérica no puede pasar a la revolución proletaria sin haber alcanzado previamente el estadio del capitalismo, por lo que son primero necesarias reformas en la mayor parte de los países, para superar el régimen oligárquico y llegar al citado capitalismo. Según Rangel, esto no sería tomado positivamente por los comunistas.

Con antelación al APRIsmo, Rangel nos descubre también la ideología del Telurismo, según la cual había un hombre nuevo latinoamericano que superaría a las razas preexistentes. Entre sus principales representantes, destacan Vasconcelos y Rodó. Entiendo que este fenómeno latino-nacionalista es similar a los que se producían en la época en todo el mundo occidental previo a la primera Guerra Mundial.

La verdad es que el libro tiene una cantidad enorme de ideas interesantes, que no podría agotar es esta entrada. No obstante, sí quiero inventariar algunas cosas, aunque sea para futuras exploraciones:
- La figura del Precursor Francisco de Miranda, contándonos sus experiencias viajeras y en especial la de sus viajes por los EEUU. La anecdota que cuenta de cómo el sheriff de un pueblo americano cobra el alquiler de un general francés que ha aposentado su ejército en un prado, a requerimiento del dueño de éste, es impresionante. Y dice mucho sobre la justicia, las leyes y las gentes de aquel país.

- La reflexión de Hegel sobre el impacto del arado en el bienestar de la humanidad.

- La figura y, sobre todo, la mutación de Fidel Castro, desde unas posiciones más APRIstas hacia comunismo puro para granjearse el apoyo de la URSS y consolidar así su poder en Cuba.

- El caudillismo como régimen adecuado para los países de Latinoamérica, ejemplificado en el caso de México.

- La invectiva que hace contra la universidad en Latinoamérica, quizá desmesurada y quizá también a causa de algunas decepciones personales. Es un ataque brutal que no deje títere con cabeza, y demasiado general tal vez.

- La descripción de la llegada al poder de Allende en Chile, y sus tres años de gobierno, que culminan y tienen como consecuencia el golpe de Estado y dictadura de Pinochet. Al parecer, Allende estaba muy lejos de una mayoría para poder gobernar, pero las instituciones chilenas posibilitaban su gobierno por decisión parlamentaria. Pues bien, una vez presidente, se dedicó a tratar de desmantelar esas mismas instituciones que le habían llevado contra natura al poder, con el objetivo de montar una dictadura comunista, y ello contra una mayoría de la población chilena. Alucinante, pero un atisbo de lo que podría llegar a pasar en nuestro país mientras se mantengan las medias tintas con Podemos.

Se me quedan muchas cosas en el tintero, aunque espero que no se me olviden. Este es un libro en el que se puede aprender mucho, y que ayuda a comprender mejor muchas cosas ocurridas, no solo en Latinoamérica sino en el resto del mundo. No sé qué hacer, si recomendar su lectura, o su estudio.

martes, 11 de abril de 2017

Fausto I ("Faust I"), de Johann W, von Goethe

Bueno, bueno, bueno. He aquí uno de los grandes clásicos de la literatura alemena, uno de esos libros que pueden, o no, justificar las horas invertidas en aprender alemán. Y ya lo puedo anunciar, prueba superada, libro leído, ahora hablaré de mis impresiones.

Pero lo primero es explicar que, dada la importancia de la obra, no me he atrevido con ella a pelo, y la he leído en paralelo a una traducción al español y con sus anotaciones. Y la primera observación relevante es que es una obra casi intraducible. No es que yo comprendiera 100% el alemán, pero sí lo suficiente para darme cuenta de que hay mucha elipse, y que el traductor tiene que hacer virguerías para completar el sentido en español, sentido que muchas veces no está claro.

O sea que este Fausto I es bastante difícil, no por el alemán en sí, sino por el estilo elíptico utilizado por Goethe. El vocabulario no es especialmente rico y las frases son cortas (para ser alemán), aunque es cierto que desordenadas y con mucha elipse. Pero es que estamos hablando de poesía, claro.

Pero lo que más me ha chocado es que no se trata de una obra de teatro al uso. Tras haber leído Guillermo Tell, obra convencional, pensaba que Fausto sería una obra de teatro con sus actos, su trama y sus reflexiones. Pero no es así. Esta obra de teatro es muy rara (aunque no tanto como Fausto II, que ya he comenzado a leer) y nada convencional.

No se estructura en actos, sino es escenas sucesivas, que además cambian completamente de escenario. Tiene al comienzo una especie de prólogo en que debaten un poeta, un director y un empresario, sobre las condiciones para que el teatro triunfe. A continuación, le sigue otro nuevo prólogo, este con Dios, los arcángeles y Mefistopheles, en que éste es autorizado a actuar con Fausto. Y solo entonces empieza propiamente la obra.

Y empiezan pasar cosas sin aparente hilazón. Tenemos un monólogo inicial de Fausto en que éste se queja de que ninguno de sus esfuerzos filosóficos o científicos le valen para nada, lo que dará pie a que Mefistopheles le tiente con el mundo exterior. Y este consistirá básicamente en tres escenas: una en una taberna con estudiantes, otra en una cueva con brujas, y la última en que se desarrolla su relación con Margaret ("Gretchen"). Nadie nos explica el paso de una a otra, ni por qué son estas las muestras del mundo real escogidas por Mefisto.

Es por supuesto en la última de las escenas donde tienen lugar los momentos más brillantes de la obra, y los que, supongo, serán los que le han dado fama. Dos son los que yo destacaría: el discurso sobre la honra de Valentine, hermano de Margaret, antes de morir, y la escena final de la obra, en que Gretchen pasa de la esperanza del rescate de la prisión cuando aparece Fausto, a darse cuenta de que su caída es ya irremediable con indepencia de que huya o no. En ambos casos, Fausto es un mero espectador.

Así pues, curiosamente, la obra de Goethe no es la arquetípica sobre el mito de Fausto. De hecho, este mito antecede a Goethe, y el poeta alemán únicamente lo usa como pretexto para sus fines, que tampoco tengo muy claros, aunque sí hay algo burlarse de algunos de sus rivales.

La mayor parte de las referencias de la obra son a la alquimía y a Paracelso, no ha simbología mitológica extraña, como sí ocurre con nuestros poetas complicados, tipo Góngora. Por tanto, tampoco es por esto que no la acabo de entender. El caso es que esta primera parte la he devorado con gran interés, y al final no he encontrado demasiado para comprender por qué es un clásico.

Y ahora he empezado con la segunda, también apoyándome en traducción, y he de decir que es mucho más rara que la primera, y que encima, de momento, ni siquiera parece haber una trama. Así que no sé muy bien a qué atenerme. Sigo leyéndola de todas formas.