Quien sigue regularmente este blog, sabe que trato de leer en alemán con cierte frecuencia, y que casi todas las veces reconozco que quizá me haya perdido algo del libro tras haberlo leído, pues mi alemán es el qué es y parece estancado. Así que a estos seguidores no les sorprenderá que este libro me haya dejado tan confuso que antes de escribir esta entrada he hecho algo de investigación para ver si me había enterado de algo.
Y es que desde el principio me dejó mosqueado, porque, me parecía entender, sus protagonistas están muertos. Vamos, que esto es como El sexto sentido, o los de la peli de Amenábar. Poco a poco me fui quedando convencido de que, efectivamente, están muertos, y lo he ratificado con una búsqueda en Internet.
Así que sí, están muertos, pero su vida transcurre como si tal cosa por Berlin, donde no nos queda claro si es un Berlin donde solo hay muertos, o donde los muertos se han quedado tras morir, y los vivos hacen su vida sin percatarse de su presencia. Lo que sí queda claro es que entre los muertos hay víctimas y verdugos, eso sí, y eso es lo que es interesante de la novela. Las víctimas lo son de los Nazis, y los muertos son uniformados del citado partido o gobierno.
Esto es lo que plantea en esencia la novela. ¿Pueden los muertos reconciliarse, o han de seguir odiándose verdugos y víctimas en la otra vida? Por supuesto, no es una reflexión filosófica absurda, sino más bien una construcción mental sobre la posibilidad de reconciliación. Ello se concreta en el concierto a que hace referencia el título, y que va a ser interpretado por el principal protagonista de la novela, un pianista llamado Lewanski, asesinado a los 28 años de edad. ¿Debe invitarse a tal concierto solo a las víctimas, o también se debe incluir a los verdugos, personificados en un policia alemán?
Las dos opciones básicas las encarnan, por un lado, Frau Altenshul, organizadora del concierto y dueña del salón de reuniones: "Frau Altenschul versicherte, wie angenehm ihr dieses langsame Dahingleiten war und daß sie ewig so, in dieser Beengtheit, den Dämmerschein vor Augen, würde verweilen können und daß dies ein Gefühl sei, als würde sie leben."
Y, por otro, Schulze-Bethman, escrito que no tiene empacho en citarse regularmente con su asesino, incluso a escondidas en el salón de la señora Altenshul: "»im Tode wären wir alle gleich, und wer seinen Mörder empfängt, um ihm zu verzeihen, tja… Warum sollten wir die Eigenschaft der Lebenden, die ihrer Unverträglichkeit keine Grenze geben können, beibehalten?«"
Entre ambos, transita Lewanski practicando un par de obras de Beethoven, lo que nos da esos momentos descriptivos de obras musicales, tan típicos de la literatura alemana. Lo que pasa es que aquí lo hace con cierta intriga, ya que Lewanski constata que para sentir parte de esas obras no se puede ser joven, y él se ha quedado para siempre en la edad de 28 años.
Dado que es una novela de 100 páginas y que no voy a recomendar su lectura, no me importa hacer un spoiler de cómo termina la cosa, porque tampoco es fácil de interpretar que significa. El caso es que Lewanski accede a tocar para los verdugos "am Pianoforte zu sitzen, ohne es zu berühren, begann er das Opus 109 von Beethoven. Eine unwiderstehliche Ruhe und Gelassenheit, eine Verzauberung breitete sich aus, der sich kein Gemüt, wie es auch immer gestimmt war, entziehen konnte. Man hörte ein augenblickliches Schluchzen", pero no es capaz de terminar la obra. Claro, es incapaz de tocar bien la parte final esa que requiere experiencia de madurez.
¿Cómo leer esto? Una posible interpretación es que la reconciliación es posible y que la misma termina siendo una especie de castigo para los verdugos por lo que han truncado indebidamente. Cierro con una frase, posiblemente de Shulze-Bethman que me parece interesante: "»es hat doch keinen Zweck, jene Unterscheidung, die wir im Leben treffen, nämlich die zwischen Gut und Böse, im Tode beizubehalten. (...) Der Täter und sein Opfer– was bleibt uns im Tode anderes übrig, als in Betroffenheit beieinanderzusitzen und darüber zu staunen, welche Absurditäten im Leben allerdings und unwiderruflich geschehen sind."
Al final, es un libro que me deja indiferente. Demasiado simbólico, alegórico o absurdo para mí. No creo que repita a este autor.
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