miércoles, 25 de enero de 2017

La nueva mente del emperador ("The Emperor's New Mind"), de Roger Penrose

En pedazo de líos me estoy metiendo últimamemte. ¿Quién me mandará a mí ponerme a leer libracos como el del título? Sin embargo, aquí estoy, y encima con el interés por la física espoleado. Quién me ha visto y quién me ve.

Empecemos por el principio: ¿por qué leer este libro? Tiene relación con mi interés por el desarrollo de la ciencia, sobre todo referido a la ciencia económica y en comparación con las ciencias naturales. Entonces se supone que este libro te ayuda a entender cómo funciona el cerebro humano y de dónde proceden los axiomas, que son el punto de partida de la teoría económica entendida a la austriaca, y también de las matemáticas, y, siguendo a Kuhn y sus paradigmas, incluso las ciencias naturales.

Pues allá que me voy. La verdad es que el prefacio invita mucho a la lectura: en este libro se va a tocar de todo, desde la máquina de Turing hasta la teoría de la relatividad, desde los números complejos hasta la física cuántica, y todo para tratar de explicar el cerebro.

Desgraciadamente, es mera venta de moto. Me voy explicando. La tesis principal de Penrose es sencilla: el cerebro humano no funciona según un algoritmo, y por tanto no se puede remedar su funcionamiento con otro tipo de hardware, en concreto, con ordenadores. No se trata de un tema de complejidad o de computabilidad (ie, que las operaciones sean tan complejas y costosas en tiempo que sea imposible replicar el funcionamiento en tiempo real), sino algo completamente estructural.

Es una tesis relativamente sencilla de explicar y exponer, ¿verdad? Entonces me pregunto para qué se embarca el señor Penrose en explicarnos todas las matemáticas que en el mundo han sido (hasta los números complejos) y a continuación hacer lo propio con la física, desde la física clásica a la cuántica pasando por las teorías especial y general de la relatividad. La única explicación que encuentro es que hay que llenar páginas para llegar al volumen mínimo digno de un académico.

El problema, además, es que Penrose no es especialmente didáctico, casi más bien al contrario, con lo cual estas secciones pretendidamente introductorias se vuelven un bolo bastante difícil de digerir. Y digo "pretendidamente" porque ocupan el 90% del libro. Por ejemplo, uno de los aspectos más relevantes para la tesis de Penrose es el teorema de Godel, por el que se demuestra que ningún sistema teórico para el desarrollo de las matemáticas es autocontenido, lo que significa que en él se han de incorporar axiomas o verdades no demostrables dentro del propio sistema. Muy bien. Lo que no entiendo es la necesidad que tiene de demostrarlo de forma rigurosa a base de vectores y matrices.

Entre las partes más interesantes (y que mejor explica, todo hay que decirlo) está la dedicada a la relación entre la entropía y el tiempo. Según Penrose, las leyes fisicas que conocemos son reversibles, en el sentido de que no presuponen que el tiempo avance únicamente. Penrose entonces razona que nuestra percepción del paso del tiempo se puede deber a la observación del paso de estados de menor a mayor entropia (por ejemplo, cuando se cae un vaso de una mesa y se rompe). Siguiendo por esta vía, el autor trata de explicar que el estado del Universo previo al Big Bang habría de ser el de menor entropía, mientras que los agujeros negros suponen la mayor entropía.

En cuanto al tema del cerebro y la inteligencia, Penrose dedica comparativamente muy poco espacio, y además de forma bastante decepcionante. Básicamente, explica las partes del cerebro y las reacciones químicas que se conocen en su funcionamiento. Luego procede a defender la imposibilidad de que funcione como algoritmo basándose en la existencia de axiomas y de ideas felices (por cierto, todos tenemos ideas felices, aunque no sean tan brillantes como las que Penrose elige como ilustración; en fin, que para ver cómo se gesta una idea feliz no hace falta utilizar como ejemplo no sé qué historias de los agujeros negros). Y finalmente concluye que quizá esas ideas felices surjan de la consecución de estados de mínima entropía entre los reactivos del cerebro (o del cerebelo), para lo que sería necesario desarrollar una teoría cuántica de la gravedad, en la que el presume que habrá elementos de irreversibilidad temporal.

Y francamente, no sé por qué ha necesitado contarnos la ley de Lorentz para llegar a esta conclusión.
En fin. Yo no me he perdido demasiado porque, quieras que no, estudié muchas de estas cosas cuando hice ingeniería, y algo se ha debido de quedar rondando entre mis neuronas. Por ejemplo, todo el tema de transformadas de Fourier para mí es relativamente directo, pero no creo que lo sea para el lector convencional. Pero aún así, he sufrido la lectura. Así que vienes de nuevas, prepárate a sufrir, innecesariamente.

Como aspecto positivo, para mí, es que me ha despertado inexplicablemente un interés por entender de una vez y bien la teoría de la relatividad y la física cuántica. No sé por qué, pero se ha suscitado. Así que es posible que haya nuevas reseñas sobre este tipo de libros en el futuro.



2 comentarios:

Vir - dijo...

Hola!
Yo leí a Penrose hace un par de años pero en otro libro, uno que escribió en colaboración con Stephen Hawking, y la verdad que parecía un libro de repaso de conceptos. Quiero decir: Soy física y sentí que estaba leyendo textos de la carrera. En ese momento, me dio la impresión de que tenían más ganas de decir "miren todo lo que yo sé", que de intentar llegar al lector que le interesa la ciencia pero que tal vez no tiene las herramientas matemáticas para poder comprenderlo en un libro universitario. He leído otros libros de Hawking y no he vuelto a tener esa sensación. Entre mi experiencia y por lo que contás, parece que es un sello de Penrose dirigir sus libros a un público muy reducido, ya que no me parece adecuado de catalogarlo en "divulgación científica".

Ferhergón dijo...

Pues tal vez. O a lo mejor necesita un volumen mínimo de páginas para que le publiquen el libro.

Gracias por el comentario, Vir.