domingo, 15 de marzo de 2026

El loro en el limonero ("A Parrot in the Pepper Tree"), de Chris Stewart

 Alucinante la traducción del título, pero supongo que el truco comercial que habrán usado los editores españoles para relacionarlo con la exitosa primera parte, Driving over Lemons, sorpresa cuya lectura disfrute hace poco. Y tanto la disfruté que me precipité a leer esta segunda parte, y también me hice con la tercera, que supongo que también terminaré leyendo.

Lo supongo y no estoy seguro por una razón fácil de imaginar: esta segunda parte me ha gustado menos que la primera, algo que quizá era previsible, puesto que pierde toda su frescura y parte del interés. El estilo de Stewart no varía, su forma de escribir es sencilla, atractiva y entretenida, elegante y con gracia, que no ironía, como suele ser el caso de los buenos escritores ingleses.

Pero es que se ha quedado sin temas. La primera entrega se nutría a base de anecdotas o historia sobre su experiencia montando una granja en Las Alpujarras. Tuvo un éxito quizá inesperado, lo que llevó a sus editores a pedirle más narraciones. Pero, claro, las historias no salen de la nada, el escritor escribe sobre su experiencia (nos dice Millet en otro libro que acabo de leer, La confession negative). Y en el tiempo transcurrido entre la publicación del primer libro y la necesidad de escribir el segundo no parece que le hayan seguido ocurriendo cosas interesantes al ritmo demandado.

Por tanto, nos encontramos con Stewart tirando de fondo de armario y contándonos historias, bien contadas, pero sin demasiado interés, como una experiencia conduciendo por Suecia (a donde acude periódicamente a esquilar ovejas), su primera visita a España y su brevísima pertenencia al grupo Genesis, precisamente en su génesis, donde no estuvo más de un año y no llegó ni a grabar un disco, aunque sí pueda presumir de haber conocido a Peter Gabriel.

Así las cosas, la mayor parte de lo que nos cuenta, incluidas anecdotas relacionadas con la escritura del primer libro ("Making of"?), revela esa desesperación por rellenar un nuevo volumen. La lectura transcurre sin pena ni gloria hasta llegar a los últimos capítulos donde vuelve a sus orígenes y nos cuenta problemas relacionados con su granja. En este caso, los administrativos relacionados con la construcción de una represa aguas abajo de su valle, de servicio del pantano de Rules. Ello le lleva a conocer de primera mano la burocracia española y el poder omnímodo de nuestro Estado, ("Apparently, the opposition to this huge and unpopular project had strong European support and had won all the necessary legal battles to get the dam shelved. But the State decided to sweep aside the legal challenges and go ahead with it anyway— while handing out stiff prison sentences to many of the eco- activists involved. It was depressing to discover that Domingo had grounds for his pessimism. The State seemed, indeed, to do as it pleased.") lo que quizá sea sorprendente para un inglés, más acostumbrado a la existencia de límites en el mismo.

También dedica los capítulos finales a un proyecto ecológico para construir una piscina en El Valero (que califica como Eco-Folly), y a describir una preciosa y agotadora excursión desde Pampaneira hasta los borreguiles del Mulhacén donde observa las gentias de Sierra Nevada antes de que se las coma un rebaño. Son sin duda lo más interesante de esta lectura.

No obstante, debió de tener también cierto éxito, y dio lugar a una tercera entrega de la serie. La leeré seguramente en algún momento, pues es un libro corto, pero me daré tiempo antes de hacerlo para no construir desinterés sobre decepción.

Por cierto, se me olvidaba que dedica un capítulo a su relación con la empresa en que he pasado muchos años y que estoy a punto de abandonar: Telefónica. Es así por sus intentos de llevar la línea hasta su granja. "For Telefónica, a corporation with little zest for philanthropy, was not going to run a land line all the way out to the valley and across the river just for us." Sobre la utilidad del aparato tenemos esta perla: "‘What use have I for such a thing?’ said Domingo, lurching to a stop. ‘I don’t know anyone to telephone, and even if I did, what would I say to them?’"

Como es habitual, no cierro sin recoger algunas frases divertidas.

En una fiesta con ruidosos altavoces: "Even the Spanish hardcore, who could chat over a hurricane, seemed to be cowering away from the speaker stacks."

Reflexión semántica:"Now, bicho is one of my favourite Spanish words. It should refer to creatures round about the insect size bracket— as in ‘there are bichos in this bed and they are eating me alive’— but it can be expanded to encompass smallish non-insects, like rodents, and under exceptional circumstances its borders might even stretch to a cat or even a dog."

Ante una situación incómoda: "But my words were obliterated by a ferocious thrumming on the roof of the tent. It seemed that God, in answer to my fervent prayer that the ground should open up and swallow me, had arranged for the skies to open instead."

Frase con final inesperado, reveladora de que Stewart es una persona normal y no un snob de las Alpujarras: "wild and free in the mountains, drinking water from the spring, so far from the hurly-burly, the hustle and bustle, well out of the rat-race, and not stuck in the concrete jungle in an endless traffic jam.’ She hooked one cliché after another."

No hay comentarios: