martes, 2 de agosto de 2016

Manifiesto del Partido Comunista ("Manifest der Kommunistichen Partei"), de Karl Marx y Friedrich Engels

Sí, sí, me lo he leído, Las razones: un poco el morbo, pero sobre todo el deseo de practicar alemán. Curiosamente, muchas obras de Marx y Engels están (e estaban) gratis para Kindle en Amazon.de, por lo que tengo varias más de ellos que quizá en algún momento lea.

La versión que he leído tiene tres partes bastante diferenciadas. La primera consiste en una colección de los prólogos de diversas ediciones del Manifiesto, normalmente de traducciones del original, que se publicó en alemán. La segunda parte es el propio Manifiesto, con algunas anotaciones de Engels al texto escrito por Marx. La tercera consiste en una recopilación crítica de ideologías socialistas previas al comunismo.

En cuanto a la forma, está razonablemente bien escrito, aunque como cabe esperar de un Manifiesto, es muy repetitivo y machacón sobre determinadas ideas. Pero obviamente no es la forma que lo que más interesa cuando uno lee este Manifiesto desde la perspectiva histórica que dan los millones de muertos derivados de él.

No creo que ni Marx ni Engels fueran gente especialmente malvada y pudieran anticipar las consecuencias del comunismo. No soy experto en sus vidas, a mis espaldas solo tengo la lectura de una biografía de Marx y la de éste Manifiesto, por lo que lo que ahora escribo no dejan de ser espaculaciones de escasa base. Pero creo que eran sinceros en sus creencias y que de verdad estaban convencidos de que el paraíso terrenal se alcanzaría con la abolición de la propiedad privada y demás propuestas. Eran consecuentes con sus razonamientos. Ahora bien, quiero pensar también que si Marx hubiera tenido una conversación sosegada con Mises, hubiera renegado de sus ideas, al ver que las bases teóricas en que se sustentaban eran teóricamente erróneas.

La lectura del Manifiesto no revela dobleces ni ambigüedades, como sí lo hacen los actuales pactos y programas de los políticos. Es un programa de gente ilusionada convencida de que por fin se van a acabar los conflictos entre clases y países, y que todos vamos a vivir mejor, porque todos tendemos a ser proletarios, los medios de producción estarán en nuestros manos y dejará de haber explotados y explotadores. Los erroes teóricos son evidentes para un actual economista, pero quizá no lo eran en aquella época, cuando aún tenían que llegar Menger y Mises, y Adam Smith estaba convencido de que el valor de los bienes era algo objetivo.

Además, los autores vivían en un nuevo contexto social e histórico en que surgían muchas preguntas hasta ahora no planteadas, a las que había de dar respuesta. Estamos en los álbores de la revolución industrial, y mucha gente está incrementando su nivel de vida simplemente migrando del campo a la ciudad. Esas condiciones míseras de vida que nos han descrito Dickens y tantos otros, con ser terribles, eran mejores que las que se podían encontrar en otros sitios: ¿por qué sino migraría la gente en masa a las nuevas fábricas? Algo parecido ocurre con las condiciones de trabajo de, por ejemplo, Bangladesh: desde nuestra perspectiva son terribles, pero, ¿y desde la suya?

Desde el punto de vista teórico, sabemo que el capital que se estaba disponiendo incrementaba espectacularmente la productividad conocida hasta ese momento. Eso quería decir que la sociedad se estaba enriqueciendo, y que lo hacía como nunca lo había hecho. Pero, como ocurre en cualquier inversión acertada, el primero en enriquecerse es el inversor, que lo hace multiplicado por los miles de personas a las que ha mejorado un poquito la vida.

Esta visión de enorme desigualdad era (y es) la que debía de resultar extremadamente preocupante y desazonadora para todos los involucrados. En primer lugar, para los proletarios, que aún viviendo mejor que en otras circunstancias, ahora eran conscientes de las enormes diferencias de nivel de vida que existían al compararse con los burgueses que les contrataban; y no solo eran conscientes, sino que eran muchos y estaban juntos. En segundo lugar, para observadores y filósofos, que trataban de dar una explicación más o menos tranquilizadora a estos hechos, en muchos casos con el fin de calmar a las masas y mantener el estatus de la clase supuestamente explotadora. Y, en tercer lugar, para los propios empresarios-burgueses, muchos de los cuales tampoco eran insensibles al padecimiento (relativo, no lo olvidemos) de sus obreros y se dedicaron a mejorar sus condiciones de vida en la medida de lo posible, como prueban tantos restos de ciudades industriales de la época (New Lanark en Escocia, Crespi d'Adda en Italia, Rjukan y Notodden en Noruega, o Saltaire en Inglaterra).

Pero, aún así, es doloroso levantarse cada día para trabajar duramente, toda la familia, y apenas llegar a fin de mes, y eso cuando no había imprevisto, y soportar al mismo tiempo la visión de todas las comodidades y confort del empresario-burgués-inversor. Ello, aunque uno sea consciente de que vive mejor gracias a ese burgués, de lo que vivía antes de venir a trabajar a su fábrica. Que sí, que puede que ahora se le muera un hijo, pero es que antes se le hubieran muerto todos.

Por supuesto, por teoría económica sabemos que, si el mercado permanece libre, esas diferencias irán atenuándose formalmente con el tiempo y el bienestar mejorará sustancialmente para todos: todos tendremos coche, aunque algunos podrán tener un Testa-rossa; y a nadie se nos morirá el hijo, aunque no todos podremos mandarle a la mejor universidad de la ciudad. Pero en aquella época, y con la visión estática con que normalmente vemos los acontecimientos, imagino que sería prácticamente imposible anticipar esto que cuento. Y, así las cosas, ideas como las expuestas en el Manifiesto Comunista encontrarían un nutritivo caldo de cultivo.

Desgraciadamente, estas ideas que a cualquier lector informado, incluidos seguramente los autores del Manifiesto, le parecerían absurdas en este momento, siguen vigentes. Porque esa es la otra cosa que he detectado en su lectura: es la fuente y la base de la retórica que siguen usando determinados políticos, sindicalistas y personas de a pie, no necesariamente comunistas, que implícitamente siguen aferrados a este Manifiesto. Parece increíble que tantos años, tantos avances teóricos y tantos muertos después, haya aún alguien que utilice o crea en este Manifiesto.




1 comentario:

etrusk etrusk dijo...

http://etrusk.blogspot.com/2016/01/el-darwinismo-y-el-racismo-son.html
http://etrusk.blogspot.com.es/2012/07/igualdad-entre-hombres-y-mujeres.html