martes, 28 de marzo de 2017

El laberinto de los espíritus, de Carlos Ruiz Zafón

Ocurrió hace ya unos cuantos años: en aquel entonces, mis lecturas eran predominantemente clásicas. Había decidido que hay demasiado por leer y que uno no tendrá tiempo para leer todo, así que mejor concentrarse en las lecturas consolidadas. Esto es, los clásicos (no solo griegos y latinos, sino de todas las épocas).

Y entonces llegó La sombra del viento, del señor Ruiz Zafón, y comprobé que la gente lo seguía leyendo y comentando un par de años después de publicado. O sea, que si era un best-seller, no era un best-seller al uso. Así que rompiendo mi hábito del momento, decidí dedicar algo de tiempo a su lectura. Qué novela! Impresionante: me reconcilió con la literatura contemporánea en castellano, algo que nunca pensé que podría ocurrir. Desde entonces, no le hago ascos, y menos mal, me hubiera perdido a Posteguillo o Falcones entre otros. Todo ello, gracias a Carlos Ruiz Zafón.

El caso es que la novela me impresionó, me resulto impactante. Pero no recuerdo prácticamente nada de su trama argumental, y no podría nombrar quienes eran sus protagonistas ni siquiera recién leída esta cuarta parte de la tetralogía, si es que se puede considerar tal. Sí recuerdo el estilo dickensiano de que hacía gala Ruiz Zafón en ella, el estilo similar era evidente y sobre todo notorio en la distinta forma de hablar de cada personaje.

Lógicamente, leí las continuaciones, que no lo son: El juego del Ángel y El prisionero del Cielo, e incluso compré para los niños El palacio de la medianoche. Y, por supuesto, he leído casi nada más salir esta cuarta entrega, El laberinto de los espíritus.

Las tres resultaron buenas novelas, pero mucho más convencionales (ie, prescíndibles) que la primera. En esta, además, parecen entrelazarse las historias de las tres anteriores para actuar a modo de colofón, pero como no recuerdo nada de ellas (¿cómo puede ser?) no soy capaz de apreciar las sutilezas del intríngulis.

En cambio, lo que sí se aprecia con claridad es que la cualidad dickensiana se ha perdido: no hay forma de distinguir a los protagonistas por su forma de hablar, ni siquiera de distinguir a los sucesivos narradores (hay dos partes escritas por dos personajes distintos) del propio Zafón. Una pena.

Con este factor fuera de juego, nos queda una trama razonablemente hurdida en la que participan varios de los personajes que ya aparecieron en novelas anteriores, y que, como novedad, sale de Barcelona en un par de momentos para instalarse en Madrid. Pero no es una trama intrigante ni especialmente llamativa.

Nos queda también el amor por la lectura y los libros que constantemente muestra el autor, sobre todo cuando nos lleva a ese Cementerio de los Libros Olvidados que constituye el verdadero núcleo de la saga, y en donde tiene la oportunidad de homenajear a sus libros preferidos.

Nos quedan bastantes comentarios sobre la situación actual disfrazados de glosas sobre la época, como cuando habla de la voracidad recaudatoria de las instituciones (en una época en que no existía ni el IRPF!), o como cuando uno de los personajes afirma que "el índice de tertulianismo de una sociedad es inversamente proporcional al de su solvencia intelectual". Se nota que a Zafón no le invitan, o no se deja, a muchas tertulias.

Nos quedan magníficas metáforas, de las que Zafón es casi uno de los últimos usuarios, como cuando dice que las Ramblas son los intestinos para la flora nocturna barcelonesa. O como cuando nos dice que el relojero "lucía modales de precisión". Me encanta también cuando dice que las tres encarnaciones más socorridas del destino son las de "chorizo, furcia y lotero".

Pero las reflexiones más interesantes vuelven a ser las referidas a las novelas y a la escritura, traicionando de nuevo la pasión de Zafón por este oficio. Así, nos dice que las historias no tienen ni principio ni fin, solo puertas de entrada. O que las obras nunca terminan, el truco es saber dónde hay que dejarlas inacabadas.

El único problema de esta novela es realmente que es muy larga, demasiado larga para la trama y para lo que quiere contar. Ello se nota en momentos de altibajo, que no aburrimiento, y también en el prolongado final que parece que no acaba nunca.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Menciona que "La Sombra del Viento" le encantó pero sin embargo no recuerda nada de ella. Probablemente se debe a que, bajo la fachada, en realidad no hay más que humo. Entiéndame, yo también la disfruté la primera vez que la leí, pero cuando la retomé algún tiempo después para una relectura le descubrí notorios costurones, errores gramaticales, incongruencias de guión, etc.

En mi opinión, una de las novelas más sobrevaloradas de los últimos años.

Mariano Bas Uribe dijo...

A mí no me gustó "La sombra del viento". Un inicio espectacular, pero muy convencional después de los primeros capítulos. Zafón en general me parece un escritor con buenas ideas y vocación de estilo, pero también algo descuidado en argumentos y formas. Me da la sensación de que podría ser más, pero no encuentra el camino correcto.