miércoles, 15 de marzo de 2017

Las penas del joven Werther ("Die Leiden des jungen Werthers"), de Johann W. von Goethe

La motivación inicial que tuve para aprender alemán tenía dos nombres propios: poder leer a Goethe y a Schiller en su lengua original. Desde entonces el objetivo ha cambiado (ahora es poder leer Der Mann ohne Eigenschaften, de Robert Musil), pero ello no desmerece el hito que acabo de culminar.

En efecto, uno de los dos autores clásicos que eran mi objetivo ha "caído". Además, lo ha hecho mediante la que tal vez sea su obra más representativa (aunque admito opiniones de los lectores, dudo con Fausto).

¿Y cuál es la sensación? Hombre, pues no diré que de fiasco, pero tampoco de gran entusiasmo. Me apresuro a añadir que mi alemán dista de ser perfecto, incluso para la lectura, y que sus deficiencias se notan más cuando la obra trata de sentimientos, pensamientos o, en general, es más abstracta. Ello se debe a que el alemán tiene mucho más vocabulario al respecto que otros idiomas (al menos, que los que yo conozco), y resulta muy difícil captar los matices entre las distintas palabras que se utilizan. A su vez, ello dificulta enormemente que la obra te impacte tanto, pues siempre lo hace de forma más indirecta o, si si quiere, dubitativa.

Y resulta que Werther es una novela eminentemente de sentimientos. No es una novela difícil, no tiene estructuras complicadas ni vocabulario raro, pero sí mucho léxico sobre lo que siente el protagonista y autor (de la mayor parte del texto). Como es sabido, se trata de una novela epistolar en que que Werther describe sus sentimientos respecto a una damisela (Lotte) a su amigo suyo, Wilhelm. Claro, como en las buenas cartas, tienen cabida otras reflexiones del joven, pero poco a poco crece la obsesión, hasta que llega un punto en que se hacen monotemáticas.

La parte que más me ha gustado es la final, curiosamente aquella en que el estilo epistolar deja paso al más narrativo para que el tal Wilhelm nos cuente los últimos momentos de Werther. Ésta arranca con una extensa lectura de una obra de, a ver quién lo adivina, un tal Ossian. (Ja, en la vida había oído hablar de él, y resulta que aparece extensamente aquí, tras haberme tropezado por primera vez con él en Venus im Pelz) (Añado que Ossian es el autor de romances relacionados con la mitología céltica, que debían de gustarle mucho a los románticos alemanes).

Decía que arranca con la lectura de una obra de Ossian, que desemboca en un rapto de pasión del joven Werther quien se lanza a los pies de su amada, solo para recibir de ésta un correctivo en términos poco ambiguos, y a continuación desaparecer de su vista. Ello impulsará a Werther al final que (asumo) todo el mundo conoce, su suicidio.

Los últimos pensamientos del protagonista también los conocemos merced a las notas que va dejando. Pero lo mejor es, sin duda, que pida el arma para su sucidio a Albert (el marido de Lotte), para lo que envía a su sirviente. Pero a éste quien entrega el arma es precisamente Lotte, evento que es leído por Werther de la forma que es fácil imaginar, aunque en la narración se nos cuenta que es simplemente casualidad.

En resumen, no he disfrutado demasiado de esta lectura, aunque lo achaco a mis deficiencias y no a las de la novela. Ello implica que volveré con Goethe, y lo haré pronto: me esperan Fausto y Wilhelm Meister. Pero, de momento, voy a ir con el otro autor clásico que me había planteado como objetivo: Schiller y su Guillermo Tell. En breve, os cuento.