miércoles, 6 de mayo de 2026

El reíno al sol ("The Kingdom in the Sun"), de John Julius Norwich

Segunda, y última, parte de la historia de la Silicia normanda en que me embarqué el mes pasado con el primer volumen, Los normandos en el Sur. Como es lógico, la acción comienza donde lo dejó la primera parte, aunque el autor afirma que el libro es autocontenido (y sí lo es). En dicha primera entrega, se nos cuenta la llegada de los Hauteville al sur de Italia y cómo consiguen consolidar sus posesiones territoriales, deade la nada hasta hacerse con el reino de Sicilia, Apulia y Calabria, en constante enfrentamiento con el Sacro Imperio Romano y Bizancio, y algo menos con los sarracenos y los lombardos.

En esta segunda parte, se nos cuenta la historia del reino normando de Sicilia, desde 1130 a 1194, donde cae en las teutonas manos del Imperio Occidental. Lógicamene, aquí están los años más espléndidos del reinado, principalmente durante el periodo de Roger II y de William I, para comenzar la decadencia con William II y la desaparición con Tancred de Lecce.

Y nos encontramos con una historia aburridísima, un libro cuya lectura se hace eterna, y en que el talento narrativo de Norwich no consigue evitar que el lector esté deseando que termine. ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque Norwich nos cuenta la historia de la forma convencional, esto es, a través de Reyes, validos y regentes, generales y almirantes, los "grandes" personajes que son los únicos que se conocen a través de las distintas crónicas. Una historia que puede ser apasionante cuando hay intrigas y tronos en juego, pero el problema principal de la Sicilia normanda, problema a estos efectos, es que los 65 años fueron de paz y prosperidad. Claro, si la perspectiva histórica es la que he dicho arriba, y de repente no hay intrigas ni batallas, el historiador se queda sin nada que contar.

¿Cómo lo resuelve Norwich? Dedicándose a contar las intrigas más o menos relacionadas, que ocurren en el resto de Europa, sobre todo el Papado y los Imperios Occidental y Oriental, aunque también nos cuenta cosas de Francia e Inglaterra (nada de España, por cierto), sobre todo en relación con las tres cruzadas coetáneas. Algo también se nos cuenta de África y Túnez, porque allí tuvo posesiones durante un tiempo la corona siciliana.

Todos esos vayvenes dan movimiento al tema, pero aportan muy poco a lo qué pasa en Sicilia, donde las inquietudes bélicas no llegan a alcanzar, en muchos casos porque la fuerza invasora se disuelve antes. A eso hay que unir el sinfin de nombres que pululan en estos actos, con los que suele see difícil quedarse, aunque yo al final si he retenido a S Bernardo de Clairvaux o a Ricardo Corazón de León (de quien Norwich da una sorprendente descripción, en la que se apunta incluso a su posible homosexualidad).

El caso es que entre tanta intriga allende las fronteras sicilianas, de lo que pasa en la isla casi no se nos cuenta nada. Dira Norwich que no había nada que contar, porque vivían en paz y tolerancia, y de ahí que el reino floreciera hasta ser de los más poderosos de Europa. Y se le podrá decir que eso es mentira, porque el mismo reconoce que algo ocurría al contarnos y describirnos con bastante detalle los principales edificios normandos que se pueden visitar en Italia, a los que pone en su contexto histórico. Norwich no lleva de visita guiada por las catedrales de Cefalu, Monreal y algo menos la de Palermo, que le parece un adefesio. También nos acompaña a S Giovanni degli Eremiti, la Martorana, la capilla Palatina y la torre Pisana, con la sala de Roger, del palacio Normando, la iglesia de S Cataldo y el palacio Zisa. Todos patrimonio de la Humanidad, por cierto, con el puente del Almirante.

Son precisamente estas descripciones la parte más amena del libro y completamente inesperadas en un libro de historia, aunque no aquí porque Norwich nos avisa en el prólogo. Tienen el valor ya mencionado de la contextualización histórica, pero también la emotiva descripción que hace Norwich, que llama a las cosas por su nombre y comparte con el lector la fealdad lo mismo que la beldad. 

Como digo, esos edificios invitan a pensar que en Sicilia se hacían muchas cosas. Seguro que había montones de emprendores haciendo cosas importantes y valiosas para sus congéneres, algunas de las cuales igual hasta se exportaban. Pero nada de esto le parece importante a cronistas ni historiadores, para quienes lo único que cuenta son las cosas que le pasan a los mandatarios, como si el destino de todos y cada uno de nosotros dependiera de sus rencillas.

Precisamente si Sicilia floreció como dice Norwich, sería porque la gente podía perseguir libremente sus metas y porque los soberanos no interferían demasiado en asuntos de la gente. Por tanto, lo relevante es contarnos cómo vivían, a qué se dedicaban, qué comodidades tenían, no sé, lo que de verdad es la vida de la gente. Únicamente hay un capítulo en que Norwich muestra interés por las costumbres e instituciones de la brillante monarquía, el capítulo 5 titulado "Roger the King". En él se nos cuenta la visión bizantina que tenía Roger de la monarquía y la importancia que daba al cumplimiento de las leyes. También se refiere a cómo Sicilia se convirtió en centro de estudios e intercambio cultural entre el Islam, Bizancio y Occidente (y de hecho, para Norwich, la semilla de la destrucción de Sicilia tiene que ver con el predominio a partir de William II de la iglesia Occidental a costa de las otras dos fuerzas). Pero sabe a muy poco en comparación con el rollo que es el resto del libro. Eso sí, como es en el capítulo 5 uno piensa que las cosas van a ir por esos derroteros y prosigue su lectura ilusionado.

En suma, que este libro me ha parecido un truño, y que Norwich ha perdido puntos en mi clasificación de historiadores. Demasiado convencional para mi gusto. Además, he podido constatar que no es académico, como pensaba, sino que era presentador de programas en la TV. Así que no me extraña que le importen un bledo instituciones y costumbres. El está en los mundos de Juego de Tronos. Y en la Sicilia normanda, afortunadamente para sus habitantes, no hubo mucho de eso.

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