lunes, 25 de mayo de 2026

Un verdor terrible, de Benjamín Labatut

Interesante libro de relatos, sobre todo para aquellos más inclinados a las ciencias y las matemáticas. Se compone de tres relatos, uno para físicos, otro para químicos y otro para matemáticos. Cada uno de ellos tiene valores diferentes, por lo que los comentaré por separado.

El primero está dedicado a la química y conecta con el título del volumen, aunque paradójicamente se llama "Azul de Prusia". El principal protagonista es Fritz Haber, el químico inventor del gas mostaza y del Ziklone que se usaría para aniquilar a tantos judios, que es premio Nobel porque inventó el proceso para extraer nitrógeno de la atmósfera, y resolver el gran problema de la fertilización agrícola, para lo que hasta ese momento se expoliaban cementerios y se trituraban los huesos así hallados.

Digo el principal protagonista, porque por las páginas de este relato transitan numerosos personajes y anécdotas conectados, entre ellos Napoleón y Hitler. Este relato es un reflejo del dicho "el mundo es un pañuelo" aplicado al mundo de la química. Labatut acumula anecdotas y personajes en un torbellino inagotable que atrapa al lector hasta el fin. Y es en dicho fin donde por fin se revela porque a Haber los efectos de su investigación le parecía que podrían dar lugar a ese verdor terrible, que nada tiene que ver con el gas mostaza y sí con el miedo de que la Tierra fuera dominada por las plantas, gracias a su descubrimiento: "bastaría que la población mundial disminuyera a un nivel premoderno durante tan solo un par de décadas para que ellas fueran libres de crecer sin freno, aprovechando el exceso de nutrientes que la humanidad les había legado para esparcirse sobre la faz de la tierra hasta cubrirla por completo, ahogando todas las formas de vida bajo un verdor terrible."

Hay un relato corto dedicado al descubridor de los agujeros negros, pero luego tenemos uno bastante intenso dedicado a las matemáticas: "El corazón del corazón". Aunque empieza con un matemático japonés, el verdadero protagonista es un tal Alexander Grothendieck, de quien confieso no haber oído nada hasta leer a Labatut. Sin embargo: "Entre 1958 y 1973, Alexander Grothendieck reinó sobre las matemáticas como un príncipe ilustrado, atrayendo a su órbita a las mejores mentes de su generación, quienes postergaron sus propias investigaciones para participar de un proyecto tan ambicioso como radical: desvelar las estructuras que subyacen a todos los objetos matemáticos."

Labatut es incapaz de contarnos ninguna de las aportaciones del señor, mucho menos su importancia para la ciencia o la humanidad, pero sí nos guía por una vida excepcional, sí, de una persona que está mal de la chola. Lo que parece querer decirnos Labatut es que acercarse a las verdades fundamentales del universo se paga al precio de la locura, de la misma forma que no se puede escapar de los agujeros negros del relato previo.

Y con esta reflexión, nos sumergimos en el último de los relatos del libro, "Cuando dejamos de comprender al mundo", el más largo de todos, que Labatut dedica a la fundación de la mecánica cuántica. Dedica capítulos a Schrödinger, Heisenberg, Böhr y a un príncipe francés, De Broglie, con la aparición estelar en los momentos finales de Einstein. Una vez más, es claro que Labatut no entiende demasiado de los teoremas y descubrimientos de estos señores (aunque seguramente eso le pasa a todo el mundo). Y una vez más la genialidad roza con la locura.

Así Louis de Broglie "se encerró en el edificio junto a la obra de todos los lunáticos de Europa y durante tres meses se negó a ver a otra persona que no fuera su hermana, quien le traía platos de comida que él dejaba afuera de su puerta sin probarlos.". Eso sí, cuando entraron dentro a ver qué le había pasado, el tipo les esperaba arreglado y con su tesis desarrollada.

De Schrödinger se nos cuenta un episodio similar, con ensoñaciones Nabokovianas con la hija del doctor gerente del hospital al que se va a curar su tuberculosis. Pero lo más turbador es la estancia de Heisenberg en la isla alemana de Heligoland, donde convive con Goethe y el poeta persa Hafef, en la imaginación claro: "El físico—como el poeta— no debía describir los hechos del mundo, sino solo crear metáforas y conexiones mentales. Desde ese verano en adelante, Heisenberg entendió que aplicar conceptos de la física clásica—como posición, velocidad y momento— a una partícula subatómica era un despropósito total."

Por cierto, aquí aporta Labatut una de esas conexiones que tanto abundan en el primer relato, en este caso de la escritura de Diván por Goethe: "Goethe también tuvo ayuda para escribir su Diván, aunque no se inspiró en la divinidad sino en la esposa de uno de sus amigos, Marianne von Willemer, tan fanática de Hafez como él. Escribieron el libro a dos manos, trabajando los borradores en largas cartas llenas de erotismo, en las cuales Goethe se imagina mordiéndole los pezones y penetrándola con sus dedos, mientras que ella sueña con sodomizarlo, aunque solo se vieron en una ocasión y no hay evidencia de que hayan podido cumplir sus fantasías." Hala, que no falte procacidad en la ciencia.

Y tras todo el proceso descrito, no le queda otra al lector que aceptar que solo los locos hacen avanzar la ciencia, aunque el resultado no sea el deseado: "En el sustrato más hondo de las cosas, la física no había encontrado una realidad sólida e inequívoca como la que añoraban Schrödinger y Einstein, regida por un dios racional que tiraba de los hilos del mundo, sino un reino de maravilla y extrañeza, hijo del capricho de una diosa de múltiples brazos jugando con el azar."

Es legítimo preguntarse como un señor como Labatut ha llegado a conocer e interarse por tan eximios científicos, sin haber estudiado carrera de ciencias o similar. Quieras que no, en mi carrera oí hablar de todos ellos (menos del matemático) sin que nunca llegara a interesarme lo más mínimo la aventura de su vida. Y mira que no habré aplicado veces, sin entenderla, la ecuación de Schrödinger.

Labatut anticipa la inquietud del lector y se proporciona una excusa en el epílogo, en que recoge una conversación, apócrifa o no ni idea, con un jardinero nocturno que le introduce a todos los temas que tratan sus relatos. Por ciero que dicho jardinero concluye lo mismo que yo pienso de la mecánica cuántica, y que he tenido muchas oportunidades de decir, en este blog también: "Ha transformado nuestro mundo hasta volverlo irreconocible. Sabemos cómo usarla, funciona por una suerte de milagro, y sin embargo no hay un alma en este planeta, nadie vivo o muerto, que realmente la entienda. La mente no puede lidiar con sus paradojas y contradicciones."

Labatut escribe bien, sin florituras, aunque con alguna brillantez ocasional. Este libro se lee como un soplo, porque está lleno de información bien ligada, pero también porque es bastante corto. Disfrutenlo y aprendan.

viernes, 22 de mayo de 2026

Nazarena, de Karina Sainz Borgo

No había leído nada de este autora desde su opera prima, la magnífica La hija de la Española. Tan era así, que estaba convencido de que Nazarena era su segunda novela, cuando resulta que ha escrito otras dos entre las citada.

Bueno, pues ahora ya la he re-descubierto y en mala hora. Esta novela no encuentro por dónde pillarla, se me ha hecho insoportable. Es de ese estilo de realismo mágico simbólico o lo que sea, que no me gusta nada, como las narraciones del guatemalteco Miguel Ángel Asturias, que no se sabes que te está contando. A ello, Sainz Borgo añade su inigualable don para narrativa mugrienta, pestosa y sucia que tan bien combinaba con el relato de la vida venezolana, pero que aquí no funciona en absoluto, dando lugar a una especie de "realismo asqueroso". Dejo aquí algunas muestras:

"Primero las llenaban de piojos y de bastardos después. Tenían la piel curtida y el cuerpo repleto de inmundicias."

"Y hablaban. Y hablaban. «Atrapadas del otro lado, las ahogadas y las monstruas emergen desde superficies insospechadas». Mala suerte. Mal de ojo. Mal asunto. Mal fario. Mala madre. Mala hija."

"Colgada de mí, ahorcada al saltar desde mi vientre, la niña llegó al mundo para no verlo. Devoré a mi madre y estrangulé a mi hija. Barriendo preparé su tumba y barriendo seguí buscándola."

Poco más puedo decir de esta novelucha. Si la he terminado, como no pude hacer con los libros de Asturias, es por la sencilla razón de que es corta.

jueves, 21 de mayo de 2026

Koljós ("Kolkhoze"), de Emmanuel Carrère

De Carrère ya había leído Limonov, que es su obra cumbre. Repasando la entrada que escribí en su momento, veo que no me impresionó demasiado. Es más, anticipo algunas de las razones por las que tampoco éste me ha entusiasmado. Quizá si hubiera releído mi entrada antes de ponerme con este libro no me hubiera llegado a poner, la verdad. 

Y es que si las aventuras de Limonov no me resultaban un tema especialmente apasionante, pero al menos se basaban en un personaje original, en esta ocasión Carrère se dedica a contarnos recuerdos de su familia, abocando a, y posiblemente como consecuencia de, la muerte de sus padres. Claro, la familia de Carrère es más interesante que la del individuo promedio, pues tiene ascendencia en Georgia y Rusia, lo que le da material interesante de ambos sitios, sobre todo porque sus antecesores sobrevivieron precisamente huyendo de la revolución comunista.

Yo me relamía pensando que me iban a contar cosas de la vida en Georgia, uno de mis países favoritos y al que no desdeño irme a vivir. Este dicho refleja muy bien mi pensamiento: "Dieu n’est pas dupe mais il a un faible pour les Géorgiens. Il s’était réservé pour son usage personnel un petit bout de terre béni, caché derrière de hautes montagnes dont les sommets enneigés étincellent sous le soleil, à l’abri de quoi ce ne sont que vallées fertiles, vergers et vignes, vins capiteux, femmes rieuses et sensuelles, hommes virilement moustachus qui passent leurs journées à deviser, au café, en jouant aux dominos et pinçant nonchalamment les cordes de leur guitare : le paradis sur terre. « Allez, les Géorgiens, dit Dieu, je vous le donne. Je viendrai chez vous en vacances."

Pero Carrère cuenta cosas de Georgia como de tantas otras cosas, y siempre en torno a su familia. Ni siquiera guardan un orden concreto sus historias, que permita entender la saga de una forma secuencial. Lo cuenta en un orden que seguro tiene toda la lógica para él, pero que a mí me confundía y me aburría. Así me ha supuesto un cierto atasco que se ha traducido en bastante más tiempo del que esperaba dedicar a este libro, pues se lee bien. Carrère tiene un estilo elegante y entretenido, aunque sin proezas estilísticas, que hace que la lectura sea agradable. Solo ha faltado que lo que contaba me interesara.

La protagonista del libro es claramente la madre, que debió de ser un personaje famoso en Francia, llegando a alcanzar el puesto de secretaria perpetua de la Academina francesa, sucediendo a Maurice Druon. Pues Ok. Su fama la alcanzó con libros sobre Rusia, de la que presumía ser experta. Pues Ok de nuevo.

Así las cosas, llegando al 70% del libro parece que por fin se anima, pues toca en más profundidad la guerra de Ucrania, sobre la que hasta el momento se había referido esporádicamente. Resulta que el amigo Carrère no tuvo otra ocurrencia que irse a Rusia el día antes de la invasión, pese a las perspectivas, a rodar una escena en el documental sobre Limonov. No contento con esto, cuando por fin le consiguen colocar en un vuelo de vuelta ya estallado el conflicto, opta por quedarse en Moscú para ver cómo evoluciona la vida en la citada circunstancia. 

"On pouvait imaginer une guerre mondiale, à la rigueur, mais pas que tout cela disparaisse : Volkswagen, BMW, Warner Bros, Disney, Netflix, Nike, Spotify, IKEA, Airbnb, Vuitton, Shell, Carlsberg, Boeing, Exxon, eBay, Bloomberg, CNN, la BBC, Twitter… Il y a quelques années, raconte Irina, qui occupe un poste senior dans l’industrie du luxe, un magazine branché a fait un reportage ironique sur le thème : peut- on survivre une semaine en ne consommant que des produits russes ? Réponse : on ne peut pas. Il faudra bien, pourtant, puisqu’on ne trouvera bientôt plus dans les supermarchés russes aucun produit étranger."

Una vez más, la cosa no tendrá continuidad, y Carrère nos llevará de vuelta a su familia y, en concreto, a los últimos días de su madre y su padre. Aquí si mantiene cierta continuidad en el relato, que pasa a ser de un gran intimismo y con ciertas reflexiones interesantes. Pero en estos momentos de la novela uno ya está tan harto de su ombliguismo, que lo único que quiere es que se muera de una vez la madre y termine el libro para poder empezar con otro. 

Supongo que Carrère tiene fans incondicionales en Francia, que se leen cualquier cosa que saque, y les encantan su vida y milagros. Me cuesta más entender que tenga lectores en España y que este libro haya sido traducido, cuando otros bastante mejores, como el de Millet que leí hace poco (aquí), se encondan al lector español. Dicho lo cual, V13, sobre los juicios de Bataclán, tiene una pinta estupenda, y seguramente lo lea a no mucho tardar.

miércoles, 6 de mayo de 2026

El reíno al sol ("The Kingdom in the Sun"), de John Julius Norwich

Segunda, y última, parte de la historia de la Silicia normanda en que me embarqué el mes pasado con el primer volumen, Los normandos en el Sur. Como es lógico, la acción comienza donde lo dejó la primera parte, aunque el autor afirma que el libro es autocontenido (y sí lo es). En dicha primera entrega, se nos cuenta la llegada de los Hauteville al sur de Italia y cómo consiguen consolidar sus posesiones territoriales, deade la nada hasta hacerse con el reino de Sicilia, Apulia y Calabria, en constante enfrentamiento con el Sacro Imperio Romano y Bizancio, y algo menos con los sarracenos y los lombardos.

En esta segunda parte, se nos cuenta la historia del reino normando de Sicilia, desde 1130 a 1194, donde cae en las teutonas manos del Imperio Occidental. Lógicamene, aquí están los años más espléndidos del reinado, principalmente durante el periodo de Roger II y de William I, para comenzar la decadencia con William II y la desaparición con Tancred de Lecce.

Y nos encontramos con una historia aburridísima, un libro cuya lectura se hace eterna, y en que el talento narrativo de Norwich no consigue evitar que el lector esté deseando que termine. ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque Norwich nos cuenta la historia de la forma convencional, esto es, a través de Reyes, validos y regentes, generales y almirantes, los "grandes" personajes que son los únicos que se conocen a través de las distintas crónicas. Una historia que puede ser apasionante cuando hay intrigas y tronos en juego, pero el problema principal de la Sicilia normanda, problema a estos efectos, es que los 65 años fueron de paz y prosperidad. Claro, si la perspectiva histórica es la que he dicho arriba, y de repente no hay intrigas ni batallas, el historiador se queda sin nada que contar.

¿Cómo lo resuelve Norwich? Dedicándose a contar las intrigas más o menos relacionadas, que ocurren en el resto de Europa, sobre todo el Papado y los Imperios Occidental y Oriental, aunque también nos cuenta cosas de Francia e Inglaterra (nada de España, por cierto), sobre todo en relación con las tres cruzadas coetáneas. Algo también se nos cuenta de África y Túnez, porque allí tuvo posesiones durante un tiempo la corona siciliana.

Todos esos vayvenes dan movimiento al tema, pero aportan muy poco a lo qué pasa en Sicilia, donde las inquietudes bélicas no llegan a alcanzar, en muchos casos porque la fuerza invasora se disuelve antes. A eso hay que unir el sinfin de nombres que pululan en estos actos, con los que suele see difícil quedarse, aunque yo al final si he retenido a S Bernardo de Clairvaux o a Ricardo Corazón de León (de quien Norwich da una sorprendente descripción, en la que se apunta incluso a su posible homosexualidad).

El caso es que entre tanta intriga allende las fronteras sicilianas, de lo que pasa en la isla casi no se nos cuenta nada. Dira Norwich que no había nada que contar, porque vivían en paz y tolerancia, y de ahí que el reino floreciera hasta ser de los más poderosos de Europa. Y se le podrá decir que eso es mentira, porque el mismo reconoce que algo ocurría al contarnos y describirnos con bastante detalle los principales edificios normandos que se pueden visitar en Italia, a los que pone en su contexto histórico. Norwich no lleva de visita guiada por las catedrales de Cefalu, Monreal y algo menos la de Palermo, que le parece un adefesio. También nos acompaña a S Giovanni degli Eremiti, la Martorana, la capilla Palatina y la torre Pisana, con la sala de Roger, del palacio Normando, la iglesia de S Cataldo y el palacio Zisa. Todos patrimonio de la Humanidad, por cierto, con el puente del Almirante.

Son precisamente estas descripciones la parte más amena del libro y completamente inesperadas en un libro de historia, aunque no aquí porque Norwich nos avisa en el prólogo. Tienen el valor ya mencionado de la contextualización histórica, pero también la emotiva descripción que hace Norwich, que llama a las cosas por su nombre y comparte con el lector la fealdad lo mismo que la beldad. 

Como digo, esos edificios invitan a pensar que en Sicilia se hacían muchas cosas. Seguro que había montones de emprendores haciendo cosas importantes y valiosas para sus congéneres, algunas de las cuales igual hasta se exportaban. Pero nada de esto le parece importante a cronistas ni historiadores, para quienes lo único que cuenta son las cosas que le pasan a los mandatarios, como si el destino de todos y cada uno de nosotros dependiera de sus rencillas.

Precisamente si Sicilia floreció como dice Norwich, sería porque la gente podía perseguir libremente sus metas y porque los soberanos no interferían demasiado en asuntos de la gente. Por tanto, lo relevante es contarnos cómo vivían, a qué se dedicaban, qué comodidades tenían, no sé, lo que de verdad es la vida de la gente. Únicamente hay un capítulo en que Norwich muestra interés por las costumbres e instituciones de la brillante monarquía, el capítulo 5 titulado "Roger the King". En él se nos cuenta la visión bizantina que tenía Roger de la monarquía y la importancia que daba al cumplimiento de las leyes. También se refiere a cómo Sicilia se convirtió en centro de estudios e intercambio cultural entre el Islam, Bizancio y Occidente (y de hecho, para Norwich, la semilla de la destrucción de Sicilia tiene que ver con el predominio a partir de William II de la iglesia Occidental a costa de las otras dos fuerzas). Pero sabe a muy poco en comparación con el rollo que es el resto del libro. Eso sí, como es en el capítulo 5 uno piensa que las cosas van a ir por esos derroteros y prosigue su lectura ilusionado.

En suma, que este libro me ha parecido un truño, y que Norwich ha perdido puntos en mi clasificación de historiadores. Demasiado convencional para mi gusto. Además, he podido constatar que no es académico, como pensaba, sino que era presentador de programas en la TV. Así que no me extraña que le importen un bledo instituciones y costumbres. El está en los mundos de Juego de Tronos. Y en la Sicilia normanda, afortunadamente para sus habitantes, no hubo mucho de eso.