domingo, 28 de junio de 2026

V13, de Emmanuel Carrère

Acerté esta vez. Tras la reciente lectura de Koljos, la conclusión era clara: si Carrère me cuenta cosas que me interesen seguramente me guste mucho su libro. Y este V13 trata del juicio sobre los atentados de Bataclan, que es un tema ciertamente más interesante que las peripecias familiares de Carrère. Así que me ha gustado bastante, ha sido una lectura muy amena, en que se combina el talento narrativo del autor con un asunto apasionante. Voy más allá: ninguna narrativa puede ser objetiva, por mucho que sea una crónica de un juicio, y el gran valor añadido de Carrère es que su sensibilidad te lleva a lugares que un estilo más objetivo no te hubiera permitido alcanzar. Digamos que Carrère también acierta en la selección de los mejores momentos del juicio, y sobre todo en la contextualización que da al mismo, eligiendo aspectos que no translucen de la pura crónica, pero que son necesarios para que el lector comprenda mejor lo que está pasando. Por ejemplo, aspectos procedimentales."En justice normale, c’est ce qu’on appelle un alibi en béton, qui conduit à l’acquittement même si on avait de très mauvaises intentions. En justice antiterroriste, non, l’intention suffit et les deux hommes encourent 20 ans de prison."

O este otro aspecto técnico, que Carrère critica aunque sea contra los malos: "Qu’à cela ne tienne, dit le parquet, on va considérer l’ensemble des scènes d’attentat comme une seule scène d’attentat. N’avoir pas tiré dans un café du XVIIIe équivaut à avoir tiré dans une salle de concert du XIe. Ça s’appelle « l’interchangeabilité » des théâtres, c’est la transposition territoriale de l’adage « si ce n’est toi c’est donc ton frère », qui est le grand ressort de l’AMT, et avec toute l’estime que je porte aux avocats généraux ça me laisse perplexe."

V.13 es el nombre del sumario en que se trató este caso de terrorismo. Carrère propone a cierto periódico cubrirlo como corresponsal, con la idea de publicar como resultado un libro que agrupe sus crónicas semanales. Carrère es consciente cuando hace la propuesta de que es algo que le va a consumir bastantes meses de su vida, día y noche. No solo eso: "Jour après jour, nous allons écouter des expériences extrêmes de mort et de vie, et je pense qu’entre le moment où nous entrerons dans cette salle d’audience et celui où nous en sortirons, quelque chose en nous tous aura bougé."

Una primera sorpresa que me llevé es que los atentados del Bataclan realmente son varios, y solo uno de ellos ocurrió en la sala de fiestas. Hubo también muchos muertos en las terrazas parisinas, a cuyos clientes se ametralló indiscriminadamente. Y pudo haber sido una verdadera catástrofe si los terroristas hubieran consumado su plan entrando en el estadio de France donde se celebraba un partido entre Inglaterra y Francia. Por suerte, los espectadores de éste no se llegaron ni a enterar de lo que podría haber sucedido.

El primer capítulo del juicio se dedica a las víctimas y es sencillamente sobrecogedor, "La certitude qu’on va mourir, l’instinct de ne pas mourir. L’odeur de la poudre et du sang. Le fait que les tueurs avaient l’air de bien s’amuser. Les corps enchevêtrés, les râles d’agonie, les sonneries des téléphones.", quizá lo mejor del libro. Evidentemente, Carrère no puede reflejar todos los testimonios, pero es capaz de resaltar la significación de todos y cada uno de ellos. "Mais il n’y a pas et ne peut y avoir de redites parce que ces mêmes instants chacun les a vécus avec son histoire, avec ses séquelles, avec ses morts, et les dit maintenant avec ses mots."

Por momentos, se plantea la misma problemática sobre la que trataba Das Konzert, sobre el libro de una de las víctimas "c’est un dialogue avec Azdyne Amimour, le père de Samy Amimour qui s’est fait exploser sur la scène du Bataclan. On a déjà du mal, instinctivement, à admettre que les enfants de bourreaux ne sont pas responsables des crimes de leurs pères, mais leurs parents…"

La segunda parte se dedica a los acusados, sobre los que se tratará largo y tendido tratando de entender que puede llevar a un joven a hacer actos de tal barbarie. Aunque también es cierto que ninguno de los asesinos factuales se someten a juicio, pues todos se suicidaron durante los atentados. Detrás de ellos, los problemas de Siria y el Estado Islámico, y la ilusión de muchos musulmanes por lo que estaba ocurriendo allí, ilusión combinada con desesperación de los padres, que ven cómo sus hijos e hijas mutan de forma inexplicable. Carrère tiene claro lo que supone el Estado Islámico: "L’État islamique ne dit pas : c’est la guerre, nous avons le triste devoir pour que le bien triomphe de commettre des actes terribles. Non, il revendique le sadisme. C’est sur le sadisme, sur l’exhibition du sadisme, sur l’autorisation d’être sadique qu’il compte pour convertir.

Y por último la tercera parte se dedica al tribunal, a los abogados y jueces, a sus alegatos. Carrère con gran humildad reconoce la brillantez de muchos de los abogados, que le hacen cambiar de opinión con cada alegato, de lo que parece obvio cuando el caso lo presenta el fiscal, a las dudas que surgen cuando hablan los abogados de la defensa. "Et, comme je l’avais prévu, après avoir été à presque 100 % convaincu par le réquisitoire- fleuve du trio Hennetier- Braconnay- Le Bris, je me laisse maintenant convaincre, disons à 50 %, par les avocats qui le démolissent."

De esta parte, me quedo con una frase sobre el papel del abogado defensor: "Être avocat, c’est ça : faire tout ce qu’on peut pour que l’accusé soit jugé selon le droit et pas selon les passions. Et puis, quand tout le monde a tourné le dos, être le dernier à tendre encore la main."

Es precisamente esto lo que nos propone la crónica de Carrère, tratar de entender que ocurrió, muy fácil con las victimas, mucho más complicado en el caso de los terroristas, y evitar que la indignación nuble el entendimiento, porque si no el ejercicio será poco esclarecedor. Carrère contiene su ira para ser objetivo en lo que nos cuenta y poder sacar nuestras propias conclusiones. Pero no hay que perder en ningún momento de vista el resultado de lo ocurrido, y que resume muy bien siguiendo lo que responde un policía egipcio a Nadia, la madre de una de las víctimas, musulmana de religión: "ta fille et les autres, ils sont shahid, martyrs, et entendre de la bouche de ce policier égyptien que les martyrs c’étaient eux, pas les tueurs qui s’attribuaient cette dignité dans leur ignorance crasse et manipulée, c’était comme si le monde se remettait à l’endroit."

Se trata de una lectura muy satisfactoria, que sin embargo nos enfrenta con nuestras propias carencias en España. Aquí también tuvimos nuestros atentados "islamistas" que preceden a los de Bataclan, el terrible 11-M, más aparatoso y con más muertes. Sin embargo, aquí ese atentado ha sido pasto de la politica. Al contrario que en Francia, no se hizo un juicio con intención de esclarecer lo ocurrido y reparar a las víctimas, sino más bien de oscurecer y enmierdar todo, y que nadie sepa nunca realmente lo que pasó, empezando por el papel que tuvo el PSOE, gran beneficiario del atentado y sus mentiras. Y como no ha habido un juicio decente, no hay tampoco una crónica objetiva como la que nos presenta Carrère. Me fastidia reconocerlo, pero hay cosas en que Francia nos da sopas con honda. Esta es otra más. 

lunes, 8 de junio de 2026

Han cantado bingo, de Lana Corujo

Ya he dicho muchas veces que en la lectura hay que explorar, y que tal exploración muchas veces tiene inesperadas recompensas. Bueno, pues no ha sido el caso de esta novelilla que es, simplemente, mala, ciento y pico páginas que no dicen nada. Ni siquiera me parece que esté bien escrita: son capítulos muy cortos, algunos de un solo párrafo, escritos a base de frases igualmente cortas, que raramente permiten expresar un pensamiento complicado. Una novela a base de twits. Pero es que esas frases no están tampoco bien construidas, así que lo único que queda es pasar páginas hasta que termine.

La protagonista nos cuenta su trauma infantil por la muerta de su hermana, el efecto que tuvo en sus padres, y el momento en que ocurre la desgracia, en que su abuela está jugando al bingo. Como los capítulos, además de cortos, están desordenados, nos encontramos otra vez en el síndrome del twit. La historia. por cierto, ocurre en Lanzarote, de donde es oriunda la autora, a los pies de un volcán (extinto) llamando El Ahorcado. Precisamente creo que la novela se me hizo más llevadera mientras trataba de adivinar en qué isla de las Canarias ocurría, y estaba convencido de que era La Palma hasta que se reveló explícitamente que era Lanzarote.

Lo único que puedo salvar es el uso de expresiones de origen canario que desconocía, y que han puesto un poco de picante a una lectura por lo demás carente de interés: "sarantones", "traquinienta", "chinijas", y "lambuzada". Y lo que me ha resultado insoportable es el uso de subrayados, cursivas, corchetes y llaves para marcar los diálogos, con personas reales o imaginadas. No he entendido la lógica de este recurso estilístico que transforma cada página en un árbol de Navidad. Como tampoco entiendo por qué los títulos de los capítulos comienzan con minúscula y terminan con un número en superíndice, por mucho que sean los números que cantaron en el fatídico bingo.

Si alguien encuentra gracia a este libro, que lo diga. Lo siento por la autora.


domingo, 7 de junio de 2026

Se tiene que morir mucha gente, de Victoria Martín

Tras ver y reirme mucho con la serie homónima, era inevitable que quisiera leer el libro para ver si aún me podía reir más. La autora ha colaborado en la adaptación del guión de su novela, pero realmente su fama le viene de un podcast que hace con una compañera. Vamos, que la serie es en realidad el último eslabón de la cadena de su fama.

Y el libro es lo que cabía esperar: una sucesión de comentarios con toda la mala leche, sobre sus amigas, conocidas, sus compañeros de trabajo, los hombres, el capitalismo y el heteropatriarcado ("los hombres han construido un mundo horrible e irrespirable única y exclusivamente para no tener que cambiarse las putas sábanas."), y también sobre ella misma. En la serie, esas dosis de mala lecha se personifican en el alter-ego infantil de la protagonista. En la novela desaparece tal intermediario, porque en realidad no hace falta, pero se le echa de menos.

En su lugar, sí tenemos bastante vocativo en que la autora interpela al lector con sorna, e incluso se mete con él:

"No sé, tampoco confiéis en mis teorías, ni que fuese yo Platón o Risto Mejide."

"No, perdona, tu familia es tu familia y tus amigos jamás se harán cargo de todo lo que conlleva soportarte a ti, persona disfuncional que me estás leyendo."

"Dejad de leer este libro, pero eso no cambiará el hecho constatable de que es imposible vivir como un adulto funcional siguiendo los consejos de Pumba de El Rey León."

El único problema es que en algún momento el lector se va a cansar del pim-pam-pum, por muy ingenioso que sea, y va a tratar de interesarse en la historia. A mí me debió de pasar en el 30% del libro, y a partir de ahí te das cuenta de que no hay más cera que la que arde, y todo es esperar a la siguiente maldad que se le ocurra a la protagonista.

Como he dicho, parte de las maldades se las dedica a los hombres en general, aunque haya un par de protagonistas masculinos que se lleven hostias directamente. Y luego está el tema del capitalismo. Claro, aquí hay que distinguir si son cosas que piensa la personaje ficción, o son pensamientos de doña Victoria que le pone en boca a Bárbara. Sospecho, del apartado final de agradecimientos, que reflejan los pensamientos de la autora. Pues solo aclararle a Victoria-Bárbara que es gracias al capitalismo que esa inquietud y esfuerzo, ese no poderse estar quieta que siente ella, y que contrasta con la actitud de Bárbara ante la vida, tiene recompensa. Sin capitalismo, daría básicamente igual que Victoria se levantara o no de la cama todos los días con ganas de hacer algo. 

En cuanto a la trama, poca sorpresa para quien haya visto la serie. Se nos cuentan unas cuantas semanas de la vida de Bárbara y sus amigas Macarena, lesbiana y actriz, y Elena, casada con un señor mayor rico y embarazada ("De momento no había conseguido atrapar a la gallina de los huevos (caídos) de oro,"). Bárbara, por su parte, trabaja en un late-night show, donde no nos acaba de quedar claro qué hace. Pero ya digo que la trama es secundaria, porque lo que uno busca y disfruta, al menos durante una parte de la lectura, son son invectivas.

Dejo aquí algunas para cerrar esta entrada. Empiezo con la familia:

"Para mi padre, ser una persona decente es tener ropa para ir a eventos e ir a esos eventos. Para mi madre, ir decente es estar desnuda. Vaya dos referentes vitales para crecer de una manera mentalmente saludable."

"Debo decir que mi madre había customizado y decorado ella misma su casa y parecía la vivienda de una Agatha Ruiz de la Prada trastornada; vamos, de Agatha Ruiz de la Prada."

Ahora, alguna dedicada a sus amigas:
"¿De dónde sacaba exactamente Fabiola a sus amigos? ¿Tenía una fábrica de gilipollas?"

"Elena estaba dándose un baño. Había metido una bomba de Lush y parecía que estaba sumergida en la diarrea de un unicornio."

Y por último algunas contra la burguesía:
"Qué maravillosas son esas cocinas, dan ganas de dejar que tu asistenta se tome un descanso y cocinar tú."
"La cría modelo infantil abrazó a su madre, la de la portada del libro, que la cogió en brazos mostrándola al grupo. Me fijé en que tenía los labios y las mejillas maquillados. Daba bastante miedo, como si fuese una enana terrorífica."
"Me percaté de que más de uno se había hecho un implante de pelo, lo que les daba un aspecto tremendamente ridículo: parecían la muñeca esa de Play-Doh a la que le sale plastilina por la cabeza."

¿Rezuma mala leche o no?

viernes, 5 de junio de 2026

Incertidumbre radical ("Radical Uncertainty"), de John Kay y Mervyn King

Se trata sobre un ensayo al respecto de cómo se ha tratado, se trata y se debería tratar con el concepto que le da título: la incertidumbre radical. Ello pasa por aceptar que los seres humanos tenemos que lidiar con nuestro desconocimiento del futuro, y que éste no puede ser previsto, de ahí que sea incierto, y radicalmente incierto.

La primera parte se dedica a explicar cómo, principalmente, los economistas han tratado la incertidumbre radical, y es un ataque en toda regla a todos aquellos que piensan que la incertidumbre se puede domar a base de asignar probabilidades e ir revisando dichas probabilidades con la información adicional que se va obteniendo, siguiendo las fórmulas bayesianas. 

Los autores lo critican con gran brillantez, oponiendo puzzles a misterios: "The claim of the modern science of decision theory is that most mysteries can be reduced to puzzles by the application of probabilistic reasoning. Such reasoning can provide solutions to puzzles, but not to mysteries. How to think about and cope with mysteries is the essence of managing life in the real world and is what this book is all about."

Para poder aplicar probabilidades, lo mismo que para las ciencias naturales, los procesos tienen que ser estacionarios, esto es, mantener sus características con el paso del tiempo. Y esto es algo que esencialmente no puedo ocurrir en los procesos sociales, en que lo que hacen los seres humanos alteran los comportamientos de los demás, empezando por las propias políticas gubernamentales (la crítica de Lucas a los economistas que le antecedían).

Algunas de las reflexiones asociadas son de interés. Por ejemplo: "To make a statement about probability in a real world it is necessary to compound the probability derived from the model itself with the probability that the model is itself true. And there is no means of knowing whether the model is true; indeed it is difficult even to attach meaning to the concept ‘the probability that a representation of the world is the world’." Esto es, que el análisis probabilístico solo tiene sentido si se tiene un modelo de funcionamiento previo, con lo que parte del problema es cómo saber en un entornon de incertidumbre radical si el modelo va a seguir siendo válido.

Y también esta, relacionan el lenguaje cotidiano que hablamos con la expresión de probabilidades: "These descriptions of likelihood, confidence, surprise and certainty are often used in everyday language, interchangeably with probabilities. But they are not probabilities. They give us rankings, representing an ordering rather than a numerical scale." En definitiva, los seres humanos no usamos análisis probabilísticos para confrontar la incertidumbre radical, salvo en casos triviales, o como parte de una visión más amplia.

¿Qué es lo que usamos? Reponden los autores; narrativas, que tratan de responder a la cuestión constante: ¿qué pasa aquí? O sea, lo que tratamos es de entender lo que está ocurriendo antes de tomar deciones, y para eso usamos tantas herramientas como conozcamos o se nos ocurren, incluidas, pero no exclusivamente, modelos de "small worlds" como los probabilísticos.

Una vez introducido el concepto de narrativa, ya podemos distinguir entre riesgo e incertidumbre. Ambos conceptos quedan difuminados y confundidos en el momento en que alguien cree que el futuro se puede modelar con probabilidades. El ejemplo paradigmático es el modelo CAPM, donde en base a las volatilidades del precio de las acciones se pretende construir carteras que protejan su valor en el futuro. Pero en realidad dichas técnicas no pueden proteger frente a la incertidumbre, solo lo hacen del riesgo.

El riesgo lo asocian Kay y King a la posibilidad de que nuestra narrativa sera errónea o la tengamos que cambiar en el futuro. Por ello nos dicen, con cierta sorna, que "The primary purpose of risk management is often to protect the reference narrative of individuals within the organisation rather than the organisation itself".

La distinción más clara en la práctica nos la proporciona un ejemplo que usan en el último capítulo: "Denmark provides its inhabitants with a secure reference narrative – they do not feel threatened by loss of income, or crippling medical bills, or terrorist threats, or insecure retirement. "

"The people of Denmark or Switzerland can enjoy uncertainty because they experience little risk and are secure in their reference narratives. Far from representing a threat, uncertainty can be the source of all that makes life worth living."

La cuestión fundamental pasa a ser cómo construir una buena narrativa, que nos permita entender bien lo que está sucediendo de cara a tomar nuestras decisiones. Aquí podemos usar los modelos "small worlds", análisis probabilístico o lo que se nos ocurra, siempre teniendo claro que no podemos predecir el futuro. Por ejemplo: "Scenario planning is a way of ordering thoughts about the future, not of predicting it.". En este contexto, hay que tener claro que "Reasoning and decision-making are not the same thing. Reasoning is part of decision-making, but reasoning is not decision-making, nor decision-making reasoning. Decision-making describes the choice of actions, reasoning is how we explain those choices to ourselves, and to others."

Me ha resultado muy ilustrativo el ejemplo que dan de Waze como herramienta para tratar de predecir el futuro: "What Google programmers are not trying to do is to construct a general theory of traffic from which all motorists could anticipate the trajectories of all other motorists for the next several years and make their own decisions accordingly, iterating towards an equilibrium in which every journey plan is optimal given the optimal journey plans of all other motorists." No, se conforman con proporcionan información útil y práctica que nos facilite la construcción del escenario y la toma de decisión.

Lo que sí tienen claro es que el confrontamiento con la incertidumbre radical ha de ser y ha sido un proceso colectivo (justo lo que hace Waze), que se hace mucho más robusto con la comunicación entre individuos y la puesta a prueba y discusión de las distintas narrativas. Y es que "Human intelligence is collective intelligence, and that is the source of the extraordinary human economic achievement. We can navigate radical uncertainty because we chart it together."

Y una vez tenemos claro cómo hacer frente a la incertidumbre radical, King y Kay se empeñan en argumentar las ventajas de que ese sea el mundo a que nos enfrentamos. "The innovative success of a market economy does not result from individuals or firms trying to ‘optimise’ but from their attempts by trial and error to navigate a world of radical uncertainty." Esto conecta claramente con la necesidad de estabilidad institucional para que el proceso emprendedor funcione: necesitamos una narrativa de que los ingresos que obtengamos serán nuestros, sin riesgo, para poder embarcarnosn en proyectos inciertos.

Este libro es muy interesante y lleno de casos ilustrativos. Pero quizá lo sobra extensión para las ideas que expone: quizá se podía dejar en la mitad, y sería igual de provechoso. Lo que pasa es que a los autores les gusta regodearse en su (amplia) experiencia y en sus prolijos conocimientos, y no pierden ocasión de encadenar anécdotas más o menos conocidas para ilustrar lo que cuentan. Ello hace que la lectura se haga algo pesada.

Esta pesadez queda en algunos momentos atemperada por el sentido del humor que tienen, algo raro en economistas (aunque ésta no sea una obra sobre economía, sus autores sí son economistas). Dejo aquí un par de ejemplos, los dos relacionados con la economía conductual, a la que también critican con argumentos muy parecidos a los vistos en Escaping Paternalism (esto es, que los sesgos cognitivos del ser humano no son fallos respecto a un modelo ideal de ser racional).

"The most important finding of the experiment was, perhaps, the extraordinary patience of the student participants in submitting to a pointless task for an extended period for meagre return."

"Tversky was interested in what he called ‘natural stupidity’, and prone to find it in those who disagreed with him."

jueves, 4 de junio de 2026

Guia para viajeros inocentes ("The Innocents Abroad"), de Mark Twain

La verdad es que poco más se le puede pedir a un libro que lo que ofrece éste. Ni más ni menos que un crucero turístico por el Mediterráneo a mediados del siglo XIX, y encima narrado por uno de los escritores más divertidos y brillantes del momento, el celebrado Mark Twain. Con estas expectativas, es difícil que el libro no decepcione por una u otra razón. A mí me ha ocurrido un poco, aunque no podría apuntar con precisión las causas. Quizá sea por qué Twain no me parece tan brillante o divertido como a la mayor parte de la gente, especialmente a los norteamericanos. Pero tampoco me hacen gracia los comediantes stand-up con que ellos parecen deslomarse de risa a tenor de lo que observo en series y películas, por lo que encaja en el patrón: no acabo de pillar las cosas que les hacen gracia a los estadounidenses.

El itinerario nos lo presenta Twain en el prefacio del libro, y es ciertamente jugoso a priori: tras atravesar el Atlántico con parada en las Azores, recorrerán Gibraltar, Marsella, Génova, Roma, Napoles, Palermo, Atenas, para luego saltar a Asia via Estambul, Esmirna  (tras breve visita a la rusa Sebastopol) y alcanzar Siria y Tierra Santa, el destino de la expedición. La vuelta la harían por Egipto, Malta, España y Madeira. No todos los tramos son naúticos, y de hecho la mayor parte del tiempo la pasan en trayectos por tierra firme, que les llevan, por ejemplo, desde Marsella a Paris y, principalmente, por Siria desde Damasco a Jerusalén. Un viaje de varios meses, al que no sabemos si Twain va en calidad de periodista o de turista-peregrino como los demás.

Siendo Twain el que escribe el tono irónico está omnipresente. Serán objeto de sus burlas tanto los aborígenes de las distintas áreas que visita, como los monumentos, obras de arte y sobre todo reliquias religiosas, y también sus propios compañeros de peripecia. Lo que sorprende es la facilidad con que transita el texto desde este tono irónico a un tono maravillado cuando Twain contempla alguna de las maravillas de su viaje, como puede ser la iglesia del Santo Sepulcro, las pirámides o la catedral de Milán, por mencionar algunos. Aquì se nos muestra un Twain genuinamente disfrutando del sightseeing como cualquie turista del montón. Como digo, el tono irónico de Twain es en general gracioso, pero a mí me parece en muchas ocasiones demasiado ingenúo como para hacerme gracia. Como cuando se hace un chiste obvio. Aunque quizá en el momento que lo escribió no lo era.

Algo que me interesaba especialmente de esta narrativa es la forma de viajar y hacer visitas turísticas en el siglo XIX, y más por unos casi pioneros americanos. No decepciona en esta faceta, pero tampoco sorprende tanto. Lo hizo mucho más el muy recomendable "Voyage en Espagne", de Gautier. Entre otros momentos, destaca esa visita nocturna a la Acrópolis de Atenas, inimaginable en la actualidad, tras escaparse del barco en que estaban haciendo cuarentena y caminar desde El Pireo, todo ello de noche. Me sorprende que en muchas ciudades los sitios que se visitan sean básicamente los mismos que en la actualidad; especialmente, en el caso de Gibraltar, donde visita los túneles del Gran Asedio o las alturas del peñón para ver los macacos (aunque sube en mula en lugar de en taxi, lo que ahorra el atasco), e incluso se la habla de la cueva de Gorham, que dista de ser uno de los sitios top del peñón. Otro tanto ocurre, con la vista del palacio Ducal en Venecia.

Una cosa sorprendente, y que critia Twain con fruición, es la costumbre de sus coviajeros de llevarse trocitos de piedra de los monumentos que más les impresionan. "While we stood looking, a wart, or an excrescence of some kind, appeared on the jaw of the Sphynx. We heard the familiar clink of a hammer, and understood the case at once. One of our well meaning reptiles-- I mean relic- hunters-- had crawled up there and was trying to break a "specimen" from the face of this the most majestic creation the hand of man has wrought." Parece mentira que tantos monumentos hayan llegado en condiciones de revista a la actualidad, cuando nadie se encargaba de cuidarlos y sí había gente que los destrozaba.

Las reflexiones de Twain qua turista reflejan a la perfección lo que sentimos los actuales, al menos un servidor, con el valor añadido que él sería de los primeros en ponerlos por escrito. He aquí un par de ejemplos: 

"Our experiences in Europe have taught us that in time this fatigue will be forgotten; the heat will be forgotten; the thirst, the tiresome volubility of the guide, the persecutions of the beggars-- and then, all that will be left will be pleasant memories of Jerusalem, (...) for even thus early do episodes of travel which were sometimes annoying, sometimes exasperating and full as often of no consequence at all when they transpired, begin to rise above the dead level of monotonous reminiscences and become shapely landmarks in one's memory."

"To do something, say something, see something, before any body else-- these are the things that confer a pleasure compared with which other pleasures are tame and commonplace, other ecstasies cheap and trivial."

"Travel is fatal to prejudice, bigotry and narrow- mindedness, and many of our people need it sorely on these accounts. Broad, wholesome, charitable views of men and things can not be acquired by vegetating in one little corner of the earth all one's lifetime."

En particular, con la siguiente sobre Nazareth me identifico completamente y pensé exactamente lo mismo cuando recorrí sus calles: "Nazareth is wonderfully interesting because the town has an air about it of being precisely as Jesus left it, and one finds himself saying, all the time, "The boy Jesus has stood in this doorway-- has played in that street-- has touched these stones with his hands-- has rambled over these chalky hills.""

Y también dejo está sobre el café turco, delicioso cuando se sabe pedir y consumir, algo que no parece ser el caso de Twain: "Turkish coffee is the worst. The cup is small, it is smeared with grounds; the coffee is black, thick, unsavory of smell, and execrable in taste. The bottom of the cup has a muddy sediment in it half an inch deep. This goes down your throat, and portions of it lodge by the way," Jajajaja, todo el mundo sabe que los posos no hay que beberlos, y para evitar que se remuevan que has de pedir el café con azúcar si así lo quieres, y no añadirla cuando te lo den.

El itinerario que se proponía el barco no pudo ser completado. Se saltan Palermo sin dar ningún tipo de explicación, pero lo peor ocurre al retorno, ya que no les dejan saltar a tierra en ninguno de los destinos planificados, dado que a los viajeros procedentes de Egipto les obligan a hacer cuarentena por miedo al cólera. No obstante, se la saltarán, como ya habían hecho en Atenas, precisamente en Málaga: "so four of us ran the quarantine blockade and spent seven delightful days in Seville, Cordova, Cadiz, and wandering through the pleasant rural scenery of Andalusia, the garden of Old Spain". 

Desafortunadamente, no entra en detalles porque dice que se ha quedado sin espacio en el libro. Afortunadamente, nos deja de colofón esta frase como consuelo: "the pleasant shores of Spain sank down behind the waves and passed out of sight. We had seen no land fade from view so regretfully." Vamos, que en gustarle España Twain estaba de plena actualidad.

Y ya está. Regresa a Nueva York, escribe un artículo en el periodico del que es corresponsal y se cierra con una reflexión de conclusión en que básicamente Twain nos dice que le gustaría repetir el viaje. El libro se lee con entretenimiento, pero es quizá demasiado largo y hay momentos en que se hace pesado, en determinadas disgresiones del autor. A mí, el estilo de Twain no me parece especialmente brillante, muchos escritores norteamericanos escriben bastante mejor, y tampoco, como he dicho, especialmente gracioso. La verdad es que me costará mucho volver a interesarme por alguno de sus trabajos (conste que ya tengo bastantes cosas leídas de él, como Tom Sawyer, Huckleberry Finn o Un yanqui en la corte del Rey Arturo).