jueves, 21 de mayo de 2026

Koljós ("Kolkhoze"), de Emmanuel Carrère

De Carrère ya había leído Limonov, que es su obra cumbre. Repasando la entrada que escribí en su momento, veo que no me impresionó demasiado. Es más, anticipo algunas de las razones por las que tampoco éste me ha entusiasmado. Quizá si hubiera releído mi entrada antes de ponerme con este libro no me hubiera llegado a poner, la verdad. 

Y es que si las aventuras de Limonov no me resultaban un tema especialmente apasionante, pero al menos se basaban en un personaje original, en esta ocasión Carrère se dedica a contarnos recuerdos de su familia, abocando a, y posiblemente como consecuencia de, la muerte de sus padres. Claro, la familia de Carrère es más interesante que la del individuo promedio, pues tiene ascendencia en Georgia y Rusia, lo que le da material interesante de ambos sitios, sobre todo porque sus antecesores sobrevivieron precisamente huyendo de la revolución comunista.

Yo me relamía pensando que me iban a contar cosas de la vida en Georgia, uno de mis países favoritos y al que no desdeño irme a vivir. Este dicho refleja muy bien mi pensamiento: "Dieu n’est pas dupe mais il a un faible pour les Géorgiens. Il s’était réservé pour son usage personnel un petit bout de terre béni, caché derrière de hautes montagnes dont les sommets enneigés étincellent sous le soleil, à l’abri de quoi ce ne sont que vallées fertiles, vergers et vignes, vins capiteux, femmes rieuses et sensuelles, hommes virilement moustachus qui passent leurs journées à deviser, au café, en jouant aux dominos et pinçant nonchalamment les cordes de leur guitare : le paradis sur terre. « Allez, les Géorgiens, dit Dieu, je vous le donne. Je viendrai chez vous en vacances."

Pero Carrère cuenta cosas de Georgia como de tantas otras cosas, y siempre en torno a su familia. Ni siquiera guardan un orden concreto sus historias, que permita entender la saga de una forma secuencial. Lo cuenta en un orden que seguro tiene toda la lógica para él, pero que a mí me confundía y me aburría. Así me ha supuesto un cierto atasco que se ha traducido en bastante más tiempo del que esperaba dedicar a este libro, pues se lee bien. Carrère tiene un estilo elegante y entretenido, aunque sin proezas estilísticas, que hace que la lectura sea agradable. Solo ha faltado que lo que contaba me interesara.

La protagonista del libro es claramente la madre, que debió de ser un personaje famoso en Francia, llegando a alcanzar el puesto de secretaria perpetua de la Academina francesa, sucediendo a Maurice Druon. Pues Ok. Su fama la alcanzó con libros sobre Rusia, de la que presumía ser experta. Pues Ok de nuevo.

Así las cosas, llegando al 70% del libro parece que por fin se anima, pues toca en más profundidad la guerra de Ucrania, sobre la que hasta el momento se había referido esporádicamente. Resulta que el amigo Carrère no tuvo otra ocurrencia que irse a Rusia el día antes de la invasión, pese a las perspectivas, a rodar una escena en el documental sobre Limonov. No contento con esto, cuando por fin le consiguen colocar en un vuelo de vuelta ya estallado el conflicto, opta por quedarse en Moscú para ver cómo evoluciona la vida en la citada circunstancia. 

"On pouvait imaginer une guerre mondiale, à la rigueur, mais pas que tout cela disparaisse : Volkswagen, BMW, Warner Bros, Disney, Netflix, Nike, Spotify, IKEA, Airbnb, Vuitton, Shell, Carlsberg, Boeing, Exxon, eBay, Bloomberg, CNN, la BBC, Twitter… Il y a quelques années, raconte Irina, qui occupe un poste senior dans l’industrie du luxe, un magazine branché a fait un reportage ironique sur le thème : peut- on survivre une semaine en ne consommant que des produits russes ? Réponse : on ne peut pas. Il faudra bien, pourtant, puisqu’on ne trouvera bientôt plus dans les supermarchés russes aucun produit étranger."

Una vez más, la cosa no tendrá continuidad, y Carrère nos llevará de vuelta a su familia y, en concreto, a los últimos días de su madre y su padre. Aquí si mantiene cierta continuidad en el relato, que pasa a ser de un gran intimismo y con ciertas reflexiones interesantes. Pero en estos momentos de la novela uno ya está tan harto de su ombliguismo, que lo único que quiere es que se muera de una vez la madre y termine el libro para poder empezar con otro. 

Supongo que Carrère tiene fans incondicionales en Francia, que se leen cualquier cosa que saque, y les encantan su vida y milagros. Me cuesta más entender que tenga lectores en España y que este libro haya sido traducido, cuando otros bastante mejores, como el de Millet que leí hace poco (aquí), se encondan al lector español. Dicho lo cual, V13, sobre los juicios de Bataclán, tiene una pinta estupenda, y seguramente lo lea a no mucho tardar.

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