martes, 12 de agosto de 2008

El sueldo de las amas (y amos) de casa

Esta es una idea de las que de vez en cuando aflora tintineante de la mollera de algún economista (por llamarlo de alguna forma) y que suele tener acogida en determinados colectivos, incluso gubernamentales. Por supuesto, los colectivos más socialistas la perciben como algo muy razonable, e intuyo que la desechan por consideraciones prácticas y prosaícas como la procedencia del dinero para cubrir tales sueldos.

Evidentemente, la idea no tiene ningún sustento en teoría económica, y parte una vez más de la incomprensión de determinados conceptos en relación con el proceso productivo. El supuesto de partida es indiscutible: las amas (y amos; a partir de ahora me ahorro ya el paréntesis aclarativo) de casa realizan una actividad con valor. A partir de aquí, ya se lía la cosa: como esa actividad tiene valor, se tendría que retribuir, pues si no, no se le reconoce el valor que realmente tiene. Como se ve, ya aquí entramos en una valoración etica, en la que se confunde valor con retribución.

Más delirante aún es la argumentación de los que dicen que, si se retribuyera, esta actividad llegaría a duplicar el PIB. Hay que ser absurdo. Pero también esto nos da una idea de las falacias que encubre dicha medida macroeconómica: el PIB únicamente es capaz de recoger la parte de la economía que tiene una contraprestación monetaria. Desdeña toda aquella actividad económica que no recibe una contraprestación monetaria. Por poner un ejemplo, imagino que no incluye la actividad asistencial de los voluntarios. Como si esto no fuera actividad económica.

Pero volviendo a las amas de casa y su retribución. El proceso productivo consiste basicamente en combinar factores de producción para conseguir bienes listos para su uso. El valor de los factores de producción depende exclusivamebe del valor que den los consumidores a los bienes de uso que se obtengan de ellos.

Centrémonos en un ejemplo: mi camisa limpia y planchada. Este es un producto listo para su uso. Se ha obtenido de la combinación de varios factores: mi camisa limpia pero arrugada, más la plancha y tabla de planchar, más un poquito de agua, más la actividad de ama de casa. Es evidente que "mi camisa limpia y planchada" tiene más valor que "mi camisa limpia y arrugada", y parte de ese valor habrá que imputarselo a la actividad de ama de casa. Esta sería su retribución.

Pero salgamos al mercado a ver cómo está el tema. ¿Cuánto vale para la gente "mi camisa limpia y planchada"? Más bien poco. El único para el que tiene valor de uso dicho bien es, precisamente, yo mismo. Luego yo seré el único dispuesto a retribuir la actividad involucrada en la elaboración de ese bien.

Una opción es contratar a alguien que lo haga por mí. Y le tendré que pagar, como bien sabéis. Las empleadas domésticas cobran por hacer estas cosas. La otra opción es hacerlo yo mismo, y mi retribución por la actividad será, precisamente, disponer de "mi camisa limpia y planchada". Claro que la actividad tenía valor, y ha sido el ama de casa quien ha retenido toda la retribución, sin necesidad de un sueldo adicional, que vendría a duplicar injustamente su retribución.

En definitiva: no toda la actividad económica tiene un reflejo monetario. Y no es cierto que el trabajo de las amas de casa no tenga retribución. Otra cosa es que no apetezca hacerlo...

4 comentarios:

Pablo dijo...

Creo que me he perdido en tu razonamiento cuando has dicho:
"ha sido el ama de casa quien ha retenido toda la retribución, sin necesidad de un sueldo adicional"

Que retribucion ha recibido el ama de casa?

El hecho de que tu disfrutes de una camisa planchada no supone una retribucion para el ama de casa.

Efectivamente, lo justo es que tu seas el que pague al ama de casa, y dicho sea de paso el estado pueda beneficiarse a traves de los impuestos de dicha actividad economica sumergida.

Ferhergón dijo...

Me explico: yo soy ese "ama de casa". La retribución la retengo yo porque soy el que usa el producto "mi camisa planchada".
La retribución por mi actividad de planchar es disponer de la camisa planchada; y valoro más tener la camisa planchada que la actividad de plancharla, pues en caso contrario, no la plancharía.

Evidentemente, si no lo hago yo, la persona que lo haga supongo que solo lo hará a cambio de una retribución, económica (si es una empleada doméstica) o sentimental (porque me quiere ver guapo, por ejemplo, si es mi mujer)

Espero que ahora quede más claro.

Gracias por la puntualización, Pablo.

Anónimo dijo...

A ver, Pablo, aunque yo ya no me planche las camisas, como veterano ama de casa te ilustro.

Mi retribución por hacer la compra, la comida y ocuparme del mantenimiento de despensa y cocina despensa, como primordiales ocupaciones domésticas que tengo, es en primer lugar que mi familia esté bien comida, incluido yo mismo. En segundo lugar, la satisfacción que me proporciona que mi familia coma bien. En tercer lugar, que todos dispongamos de una cocina ordenada y limpia para nuestro uso y satisfacción, que el fondo de despensa y frigorífico esté ordenado, disponible y abastecido...

En fin, creo que es fácil de comprender que aunque uno no sea usuario de la camisa planchada también obtiene retribuciones de haber planchado esa camisa.

Si lo extiendes a cualquier tarea de ama de casa, otro tanto de lo mismo. Lo más trabajoso y mejor (auto)retribuído es el cuidado y educación de los hijos.

José Javier dijo...

El "salario" del ama de casa viene dado por el ahorro que significa su actividad.

Trabajar en casa en lugar de contratar a una empleada, cuidar de los niños en lugar de mandarlos a una guardería, cocinar en lugar de comer fuera o comprar comida preparada, etc.. significan grandes ahorros para la economía familiar, que en muchos casos superarían el ingreso extra que significaria que los dos conyuges trabajaran fuera de casa.

El problema es que las "marujas" están muy mal vistas por nuestra progre sociedad