lunes, 15 de junio de 2009

Atlas shrugged... en Seseña

Como se ve en la lista de al lado, estoy leyendo el clásico de Ayn Rand. Voy con un "spoiler", un resumencillo de qué va la obra, como introducción al comentario. Porque los últimos acontecimientos allí ocurridos, tomando como protagonista a El Pocero, podrían asimilarse a los que ocurren en la novela, eso sí, salvando muchas distancias.

En la novela, los empresarios (los de verdad), van retirándose misteriosamente de sus empresas y las cierran, se supone que hartos de lidiar con las intervenciones del gobierno, y del desprecio de sus congéneres por su supuesto egoismo. La retirada de los emprendedores, de los creadores de riqueza, va dejando poco a poco en evidencia la incapacidad que tienen los gobiernos de hacer lo propio, de forma que la ciudadanía cada vez vive en peores condiciones. Aunque, eso sí, sin establecer causa-efecto: las razones de su pobreza no son las injerencias gubernamentales, sino los cúmulos de desgracias que ocurren.

¿Qué ocurre en Seseña? Pues que El Pocero ha decidido abandonar su proyecto de creación de esa ciudad que quería hacer en medio del desierto manchego. Obviamente, hay enormes distancias entre la figura del Pocero y la de Rearden o Degny Taggart en la novela, en primer lugar porque estos son estereotipos idealizados y no personajes reales. Y, en segundo lugar, porque nuestros tycones de la construcción distan también enormemente del concepto de emprendedor que todos tenemos en mente, y son más bien expertos en la captura del regulador, en este caso, del ayuntamiento.

Comentadas estas salvedades, creo que de todas formas los efectos que cabe esperar sobre Seseña son los que se describen en la novela para los pueblos que se ven abandonados por los industriales. El Pocero abandona el proyecto porque el ayuntamiento está incumpliendo su convenio, según dice; o porque está hasta las narices de pelearse con el alcalde y de que todo la opinión pública, incluido a lo mejor un servidor, le tenga por un caradura.

Pero lo cierto es que el Pocero, con la idea de forrarse, tenía un proyecto, una idea que llevar a cabo, de la que se iban a beneficiar unos cuantos congéneres (13400 hogares iba a construir), aparte de revitalizar el área elegida. El siguiente punto sería ver de dónde sacó la pasta; asumamos que estaba dispuesto a arriesgar sus recursos por este plan. Todo esto es mucho más de lo que se puede decir de cualquier político de nuestro país (incluidos los del ayuntamiento de Seseña) y también de muchos españoles. Por lo menos, de un servidor.

El ayuntamiento de Seseña dice que no va a dejar tirados a los vecinos de ese barrio. ¿Qué significará eso? ¿Que los 13000 habitantes actuales van a pagar las infraestructuras a los 13000 nuevos? Porque la pasta del ayuntamiento de Seseña sale de los impuestos de sus ciudadanos, no de debajo de las piedras.

Así que, abandonados por El Pocero, los 13.000 habitantes nuevos y también los viejos, deben de estar temblando de miedo. Obsérvese la diferencia: con el denostado Pocero, ninguno de estos 26.000 tipos tenía preocupaciones; sin el Pocero, el bienestar de los 26.000 está muy, pero que muy en el aire.

Pero, no se preocupen, que ya encontraran los medios la forma de echar al empresario toda la culpa del tema, y dejar al ayuntamiento como salvador, es un decir, de la situación. En realidad, lo único que me gustaría es estar seguro de que el Pocero, como sus alter ego en Atlas shrugged, no se ha valido del ayuntamiento para sus planes.

Entonces sí sería completo el paralelismo.

1 comentario:

Alberto dijo...

Digo yo, que el hecho de que su proyecto haya sido un fracaso y que los 13.000 nuevos habitantes se hayan quedado en 750 también tendrá algo que ver en esta "rebelión de Atlas" ¿no?