miércoles, 21 de febrero de 2018

Las personas de la Administración ("Les gens de Bureau"), de Émile Gaboriau

Me resulta muy difícil resistirme a este género tan típica de la literatura francesa, que es el de la crítica de los burócratas. Ya he leído varios, nunca me convencen mucho ni me divierto demasiado, pero sigo a la busca de la risa perdida en el género.

En esta ocasión se trata de una novela de Émile Gaboriau, autor relativamente conocido por las aventuras de su detective Monsieur Lecoq, que al parecer es un precedente de Sherlock Holmes, Bueno, yo no conocía ni a escritor ni a personaje, y en todo caso la presente es una novela anterior a su salto a la fama. Parece además que ninguno de sus trabajos está traducido al español.

En este relato, se nos cuenta la historia de Romain Caldas, poeta y escritor con posibles, desde que entra a "trabajar" al Ministerio del Equilibrio Nacional, hasta que cosecha su primer éxito teatral. En realidad, no se nos cuenta su historia, sino que se aprovecha la misma para tratar de forma sarcástica las costumbres de los funcionarios y describirnos sus diversos perfiles. Así, conoceremos, entre otros muchos, al empleado "Tant pis" y al empleado "Tant mieux", al Petite Carotte (que se aprovecha de la vida cotidiana para escaquearse) y al Grand Carotte (experto en sacar fruto a las catástrofes con e mismo objetivo).  Asistiremos a las típicas peleas entre empleados por la climatización, en este caso con chimeneas; descubriremos por qué son polvorientos los despachos de los Ministerios, o las causas del peculiar olor. No se olvide, estamos asistiendo al nacimiento de la Administración Pública en Francia, lo que le da un sabor añadido a esta obra. De hecho, este es el mayor sabor añadido, in él sería una obra bastante prescindible.

Más divertido es encontrar aquí los precedentes de los DNIs, en esta propuesta, para Gaboriau claramente delirante, pero que ahora es realidad en muchos países: "on sera monsieur trois mille sept cent quarante, ou monsieur cent mille cent soixante-treize. C'est là, Monsieur, une des inévitables conséquences de notre immortelle révolution de 89 ; c'est l'égalité devant le chiffre". De hecho, esta propuesta está incardinada en un plan más ambicioso para conseguir la igualdad, que incluye uniformar a la gente según su profesión y erigir al Estado como recaudador del 100% de ingresos para su reparto garantizando la igualdad. Sí, muy divertido en 1870, pero resulta que luego han pasado cosas similares, y hasta se siguen planteando en la actualidad.

Como también esta reflexión, diga de Mises: "Estad orgulloso de ser funcionario, sois uno de los 200,000 soberanos de Francia. Puede haber aquí realeza, república o imperio; en realidad, es la Administración quien manda".(Traducción propia, obsérvese que en la época únicamente había 200.000 funcionarios; la cifra se ha multiplicado por más de 10 en 150 años).

Ya Gaboriau es consciente de las miserias de la burocracia, como revela este párrafo, en que se compara al burócrata con el individuo emprendedor: "Libres, les autres hommes pensent et agissent ; s'ils font un effort, le succès les récompense ou l'espoir les console du revers ; pour nous, rien, ni lutte, ni espoir ; le même résultat attend le travailleur et le paresseux. On confond la nullité et le mérite ; où est le juge ? Quoi que vous fassiez, votre sort est écrit. La vie du bureaucrate est un programme tracé à l'avance." Traduzco algo: "Libres, las otras personas piensan y actúan; si hacen un esfuerzo, el éxito les recompensa y la esperanza les consuela en el fracaso; para nosotros, nada, ni lucha, ni esperanza; el mismo resultado espera al trabajador y al perezoso. Se confunden la nulidad con el mérito".
Lo que nos lleva a otra perla se sabiduría, desaconsejando la amistad entre funcionarios, con una frase preciosa:"Jamais on ne partage, en effet, la bonne fortune de cet ami, si la faveur enfle ses voiles ; on est toujours éclaboussé par sa disgrâce, s'il vient à sombrer."

Gaboriau escribe bien; utiliza un registro bastante elevado, por lo que hay muchas palabras y expresiones de uso raro que exigirán, incluso de un nativo francés, el uso del diccionario. Posiblemente algunas hayan caído en desuso.

Termino recomendando las dos poesías que mostrará un compañero al protagonista: una poesía "canif" y otra "grattoir". En la primera todo rima en "if" ( y son 60 versos al menos) y en la segunda todo rima en "oir".

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