La verdad es que no me tenía que haber leído este libro. Pero no pude evitar leerlo con este título y autor, cuando lo encontré buscando el homónimo de Wenceslaro Fernández Flores. De Esparza he leído bastante y con aprovechamiento: la excelente trilogía de la Reconquista, La cruzada del océano, también estupenda, e incluso una novela, no tan buena, Los demonios del mar. Escribe y divulga muy bien, o sea que sería una buena lectura.
El problema es el contenido, para mí, por la sencilla razón de que no me desvela nada nuevo en lo fundamental (obviamente, sí muchos detalles que desconocía o no había retenido), y sin embargo me causa desazón e incluso rechazo la lectura. Sí, ya sabía que los partidos del Frente Popular, empezando por el PSOE, querían hacer la revolución socialista aprovechando la II República, y que solo el alzamiento de Franco impidió que España se convirtiera en República Socialista, como Largo Caballero como nuestro Lenin particular. Saber eso es suficiente, no necesito regocijarme en los detalles y cifras, que es lo que aporta este volumen. Supongo que alguien que tenga dudas sobre lo ocurrido podrá solventarlas leyendo esto, aunque mucho me temo que la suerte está echada. Los que niegan o ponen en duda lo ocurrido, e incluso acuden a leyes para hacer indeleble su visión, actúan ideológicamente y no racionalmente. Por cierto, que las cifras de muertos que da Esparza, 60.000 del Terror Rojo y 80.000 del Terror Blanco me parecen cortas si las comparamos con lo ocurrido en otros sitios del mundo, lo que en cierta forma me congratula.
Así las cosas, lo más aprovechable del ensayo me ha parecido la estructura y metodología seguida, que permite al autor ordenar los hechos tanto cronológica como causalmente, por lo que se despejan bastantes dudas sobre el origen del Terror Rojo, y sobre su relación con el llamado Terror Blanco. El resumen es claro: PSOE, PC y anarquistas tenían claro que había que hacer la revolución socialista en España, ya habían apuntado maneras en 1934 y llevaban preparándose desde ese momento para la toma del poder revolucionario. El alzamiento de Franco les dio la disculpa perfecta: forzaron al gobierno republicano a entregar las armas al "Pueblo", que no eran otras que las milicias de los citados partidos, y comenzaron la revolución. La prueba evidente es que las milicias armadas no se fueron al frente a luchar: "De hecho, hasta el 27 de septiembre, ya caído Toledo, no se movilizará militarmente a las milicias socialistas y anarquistas. ¿Qué hacían hasta entonces? Dedicarse a la represión." En otras palabras, se dedicaron a masacrar a lo que consideraban clases desafectas, esto es, religiosos, militares y gente de derechas. Y esto lo hacían con actuaciones tan edificantes como la saca de prisioneros o el uso de las bien documentadas checas.
Su asunción implícita era que la sublevación sería fácilmente apagada y que lo que había era que aprovechar para cambiar el país contra la mayoría de la población. Si a alguien le suena la historia es porque algo parecido estamos viviendo, aunque sin el pueblo armado, gracias a Dios.
Y luego está el mito de que estas milicias actuaban sin control politico ni del gobierno legítimo. Como si hubieran engañado a Azaña, que ingenúamente pensaba que las milicias asistirían al gobierno en parar la sublevación. Esparza acumula pruebas irrefutables de que por supuesto la cosa tenía el apoyo del Gobierno: "Las instituciones legales de la II República carecen de medios para frenar la ola de violencia—pero esa violencia está siendo ejecutada por las milicias de los partidos que sostienen al Gobierno de la República, milicias a las que el propio Gobierno ha armado y que, constituidas en comités de salud pública o bajo cualquier otra denominación, se han lanzado al exterminio del enemigo."
El Terror Rojo se concentra en el primer año de la contienda, donde la limpia es fenomenal. Luego va reduciéndose, porque no queda tanto enemigo y porque el territorio republicano se reduce conforma avanzal las fuerzas rebeldes, y porque la opinión pública internacional empieza a darse cuenta del verdadero rostro de la República, cuyas facciones no tienen empacho en asaltar embajadas para ejecutar a los refugiados. Resulta incluso agradable ver cómo en un determinado momento, y como siempre pasa con los regímenes izquierdistas, los cuchillos se vuelven contra los aliados. Será el Partido Comunista quien, al dictado de Moscú, se vaya cargando a sus rivales, incluido el PSOE, hasta controlar gobierno y aparato represivo.
Ese era el porvenir de los españoles si no se hubieran rebelado unos cuantos héroes militares de los que ahora el gobierno del PSOE se apresura a borrar calles y eliminar monumentos. Eso, mientras alza uno a Largo Caballero, el Lenin español con miles de muertos a sus espaldas, que está desde 1985 en Nuevos Ministerios.
Resulta muy interesante comparar los rasgos que ofrecía el Terror Rojo en comparación con el Blanco, que Esparza resume bastante bien:
"El Terror rojo tuvo, sin embargo, ciertos aspectos peculiares que no encontramos en el «terror blanco». Uno es la programación de matanzas masivas, exterminadoras, como la que en pocos meses llenó las fosas de Paracuellos. Otro es el sistema de los centros de tortura y asesinato denominados «checas», dependientes unas veces de las autoridades del Estado republicano y otras veces de los partidos políticos del Frente Popular. Un tercer elemento singular es el ensañamiento sobre las víctimas, tanto sobre los detenidos como sobre los cadáveres, practicado de forma tan abundante en la zona republicana que puede hablarse de una suerte de macabro ritual. Por último, el Terror rojo tendrá una importante dimensión económica, con redes bien organizadas de despojo y saqueo que incluso llegarán a ocupar las páginas de los propios periódicos republicanos, como en el caso García Atadell."
Creo que es muy legítimo preguntarse hasta qué punto el Terror Blanco fue una respuesta al Terror Rojo, pues este se había desatado con anterioridad. Si los rebelados se enteraban de lo que estaban haciendo los milicianos en territorio republicano, no es de extrañar que en defensa propia ejecutaran a los elementos que, de haber dado la vuelta las tornas, les hubieran masacrado sin piedad, aunque solo fuera en defensa propia. Pero, bueno, no es una cuestión que vaya a resolver en este blog.
Y antes de cerrar no quiero olvidarme de mencionar la llamada Causa General, que hico el franquismo para juzgar los hechos acaecidos. Es una documentación extensísima y valiosísima para entender lo ocurrido, y yo solo muestro mi extrañeza de que los gobernantes actuales no la hayan quemado en defensa de la Memoria Histórica.
Este libro es muy ameno e informativo, pero solo lo recomendaría a quien tenga una idea no muy concreta de lo ocurrido antes y durante la Guerra Civil, para que así reafirme sus conocimientos y despeje sus dudas. Si no tiene de estas, mejor leer cosas que a uno no le pongan de mala leche.