domingo, 19 de octubre de 2008

Los ayuntamientos ante la crisis

Inicio con este una serie de entradas sobre los efectos de la crisis económica en las administraciones públicas. La tesis global es que esta crisis va a llevar a extremos insospechados el enfrentamiento entre la viabilidad de los citados organismos y la libertad de los individuos. Dicho en plata, la supervivencia de ayuntamientos, CCAA y estados va a depender exclusivamente de su capacidad de engañarnos, y, por tanto, de nuestra resistencia a sus abusos. Los españoles nos hemos mostrado, hasta el momento, completamente dúctiles a sus imposiciones, por lo que no cabe optimismo sobre el futuro. Por lo menos, en las primeras etapas de opresión creciente, no cabe esperar resistencia. Conforme se agrave la misma, veremos cómo actuamos.

El análisis que se plantea va a ser en términos de pasta real. Al final de mes, las administraciones tienen que pagar las nóminas de sus funcionarios. Y, para eso, necesitan dinero en caja. No basta un presupuesto de ingresos y gastos; hay que tener dinero en la cuenta para hacer las transferencias.

Si no lo hay, y los presupuestos tienen credibilidad, las administraciones podían acudir, como cualquier hijo de vecino, al banco a por un crédito. Desgraciadamente para ellas, esta posibilidad es ahora más difícil, por no decir imposible. Por otro lado, su credibilidad depende EXCLUSIVAMENTE de los impuestos que es capaz de obtener, pues no tiene otra fuente de ingresos.

Empiezo por los ayuntamientos porque son las entidades más parecidas al individuo en cuanto a gestión económica, pues no pueden crear moneda de la nada, ni, por tanto, endeudarse ad infinitum.

Ante un problema de caja, el ayuntamiento podría acudir a entidades administrativas superiores, como las CCAA o el Estado. Esto lo único que haría es traspasar el problema a otra administración. Por ello, este supuesto, de aceptarse (que no es trivial), agravaría los problemas que veremos en las siguientes entregas.

Vamos, que el ayuntamiento no puede acudir ni a otras AAPPs, ni al banco. Si el banco le presta pasta (desde luego, no en condiciones comerciales; o sea, que se lo prestaría por presiones políticas), agrava su propia situación y se aproxima aún más a la quiebra que tanto teme.

¿Qué le queda al ayuntamiento? Reducir sus pagos, o aumentar sus cobros, trivial.

Por tanto, ¿qué podemos esperar en los próximos meses - años?
- Demoras aún mayores en los pagos que los ayuntamientos hagan a sus suministradores. Claro que como estos no andan muy finos, esta situación puede llevarles a la quiebra. Si eres proveedor de ayuntamiento, tocan malos tiempos.
- Suspensión de obras públicas o contratas exteriores. Tendrán que afrontar el coste político de no cumplir sus promesas.
- Requisitos más exigentes hasta hacer imposible su cumplimiento, para las ayudas que vengan dando. Incluso, llevando al recurso judicial (que para ellos es gratis).
- Retrasos en los pagos de las nóminas.
- Enajenaciones de los bienes que tenga.

Y, por la parte de cobros:
- Creación de nuevos impuestos o tasas.
- Incremento de sanciones pecuniarias por aspectos que hasta ahora no se tenían en cuenta. Endurecimiento, por ejemplo, de la vigilancia del tráfico, y mayor arbitrariedad (aquí, contando con la inestimable ayuda del "estupendo" funcionamiento de la justicia).

No creo estar descubriendo nada nuevo. Muchas de estas cosas están ya planteándose en el ayuntamiento de Madrid. Pero, en todo caso, desemboca en una mayor presión sobre los ciudadanos, tanto por la pérdida de calidad de los servicios que vienen prestando, como por la mayor persecución e imposiciones.

La pregunta es: ¿cuánto aguantaremos?

5 comentarios:

yosoyhayek dijo...

La exuberancia irracional también dominó las pulsiones de los ayuntamientos.
Financiados gracias a las operaciones urbanísticas, necesitados de intensa actividad económica en sus términos, se enfrentan a la crisis como los hermanos pobres, los dependientes, los que primero han sufrido la caída en picado, los que más sufrirán los recortes de ingresos.
Este “sálvese quien pueda” a lo administrativo hará que las administraciones fuertes traten de salvar sus muebles olvidándose de las locales.
El Madrid Gallardonita o al Barcelona vanguardista “arrabalera” serán el botón de muestra, el mejor ejemplo del fracaso de lo público cuando la gallina de los huevos de oro empieza a flaquear, y aun con esas, se le quiere seguir exprimiendo cada vez más.
Muy buen artículo. Saludos!

Anónimo dijo...

Ya a mi me parece muy bien pero a parte de votar cada cuatro años o asi poco podemos hacer.
A mi me gustaria encontrar un partido al que votar en Madrid y que dijera que hace falta x dinero y que en vez de reintroducir la tasa de basuras para sacar x, mejor van a reducir el gasto en x en tal y cual partida.
Pero no hay ese partido ni se le espera.

Anónimo dijo...

http://www.munimadrid.es/portal/site/munimadrid/menuitem.650ba10afbb0b0aa7d245f019fc08a0c/?vgnextoid=c937aa096d90d110VgnVCM2000000c205a0aRCRD&vgnextchannel=6091317d3d2a7010VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD
Gallardon-Botella si quieren inaufurar algo que lo hagan con dinero de su bolsillo.
Quiero impuestos y tasas bajas, no siliconvalleys que si quiere que los haga la iniciativa privada.

Eborense dijo...

"Suspensión de obras públicas o contratas exteriores. Tendrán que afrontar el coste político de no cumplir sus promesas."

Disculpa, Fernando, pero creo que eres optimista. No tienes mas que recordar el tiempo que ha durado la construcción de la estación de autobuses de Talavera, para al final dejar el truño que han dejado (por experiencia propia lo digo). ¿Resultados electorales? Ganaron los mismos por mayoría absoluta.

Ferhergón dijo...

Muchas gracias por comentarios y, en su caso, piropos.

Solo quiero matizar que, cuando hablo de coste político, lo hago con independencia del partido. Lo hago en el sentido de pérdida de credibilidad de la entidad ante los ciudadanos.