martes, 30 de diciembre de 2025

Fragmentos de un discurso amoroso ("Fragments d'un discours amoureux"), de Roland Barthes

De Barthes ya había leído sus Mitologias. Me encantó: un libro super-original e ingenioso, muy recomendable de leer. Este que ahora comento es muy similar, aunque creo que mejor por ser más sútil e iluminador. Barthes analiza lo que el llama "figuras" relacionadas con el amor, que son más o menos los estados con que uno se encuentra durante esa circunstancia. Puesto que "Aucune logique ne lie les figures, ne détermine leur contiguïté : les figures sont hors syntagme, hors récit", Barthes nos las presentará por estricto orden alfabético, empezando por la Ausencia y terminado por "Vouloir-saisir". 

En el análisis que nos presenta de cada una de las figuras, son fundamentales las referencias, tanto literarias, como de su propia experiencia o de la de sus conocidos. Todas ellas aparecen debidamente citadas, y la principal es Werther, cómo no, aunque también hay muchas citas de Proust, Balzac, Freud o Socrates.

Muchos de los capítulos son deliciosos, y en casi todos encontrará el lector algo de satisfacción. No obstante, es una lectura cansada, pues no hay relación entre cada capítulo. Es como leer descripciones de cuadros una tras otra: por muy bien escritas que estén, uno se cansa relativamente rápido. Por destacar un par de ellos, me quedaría con el de "Je t'aime" y el de la inducción: "L’être aimé est désiré parce qu’un autre ou d’autres ont montré au sujet qu’il est désirable : tout spécial qu’il soit, le désir amoureux se découvre par induction.", "Pour te montrer là où est ton désir, il suffit de te l’interdire un peu (s’il est vrai qu’il n’y a pas de désir sans interdit).".

Del primero también tengo extractos, más largos:

"Je- t- aime est actif. Il s’affirme comme force - contre d’autres forces. Lesquelles ? Mille forces du monde, qui sont, toutes, forces dépréciatives (la science, la doxa, la réalité, la raison, etc.). Ou encore : contre la langue."

"Celui qui ne dit pas je- t- aime (entre les lèvres duquel je- t- aime ne veut pas passer) est condamné à émettre les signes multiples, incertains, douteurs, avares, de l’amour, ses indices, ses « preuves » : gestes, regards, soupirs, allusions, ellipses : il doit se laisser interpréter ; il est dominé par l’instance réactive des signes d’amour, aliéné au monde servile du langage en ce qu’il ne dit pas tout"

Las reflexiones de Barthes nos ayudan a comprender mejor nuestros sentimientos amorosos, y a ver que aquello que sufrimos y nos parece insoportable (algo que toca a todos los enamorados) no es algo exclusivo nuestro, a todo el mundo le toca pasar por cosas similares. Personalmente, me he visto reflejado en muchas de las disecciones que hace.

Por ejemplo, en esta bastante procaz, aunque muy atemperada por la elegancia de Barthes: "au milieu de cette étreinte enfantine, le génital vient immanquablement à surgir ; il coupe la sensualité diffuse de l’étreinte incestueuse ; la logique du désir se met en marche, le vouloir- saisir revient, l’adulte se surimprime à l’enfant."

Otras son menos edificantes, pero están igualmente bien descritas: 

"Imaginant une solution douloureuse (renoncer, partir, etc.), je fais retentir en moi le fantasme exalté de l’issue ; une gloire d’abnégation m’envahit (renoncer à l’amour, non à l’amitié, etc.) et j’oublie aussitôt ce qu’il faudrait alors sacrifier : tout simplement ma folie - qui, par statut, ne peut se constituer en objet de sacrifice"

"
Car, dans le même temps où je m’identifie « sincèrement » au malheur de l’autre, ce que je lis dans ce malheur, c’est qu’il a lieu sans moi, et qu’en étant malheureux par lui- même, l’autre m’abandonne : s’il souffre sans que j’en sois la cause, c’est que je ne compte pas pour lui : sa souffrance m’annule dans la mesure où elle le constitue hors de moi- même."

"
il faut que cacher se voie : sachez que je suis en train de vous cacher quelque chose, tel est le paradoxe actif que je dois résoudre : il faut en même temps que ça se sache et que ça ne se sache pas : que l’on sache que je ne veux pas le montrer: je veux être à la fois pitoyable et admirable, je veux être dans le même moment enfant et adulte."

Aparte de las reflexiones propiamente sobre el amor, tenemos otras más generales e incluso análisis etimológicos sorprendentes (el de religión como ligazón lo desconocia, pero, si uno se fija, religión-religar). Por ejemplo, sobre el sufrimiento por la ausencia: "Cette absence bien supportée, elle n’est rien d’autre que l’oubli. Je suis, par intermittence, infidèle. C’est la condition de ma survie ; car, si je n’oubliais pas, je mourrais."

En una línea similar, sobre los recuerdos: "je me souviens pathétiquement, ponctuellement, et non philosophiquement, discursivement : je me souviens pour être malheureux/ heureux - non pour comprendre."

Y esta sobre los regalos es genial, aunque un poco deprimente: "Le cadeau n’est pas forcément une ordure, mais il a tout de même vocation au déchet : le cadeau que je reçois, je ne sais qu’en faire, il ne s’ajuste pas à mon espace, il encombre, il est de trop"

Finalmente, recojo una sobre el teléfono, tanto por el objeto como recordarme a sus Mitologías: "le fil du téléphone n’est pas un bon objet transitionnel, ce n’est pas une ficelle inerte ; il est chargé d’un sens, qui n’est pas celui de la jonction, mais celui de la distance : voix aimée, fatiguée, entendue au téléphone: c’est le fading dans toute son angoisse."

En suma, se trata de un libro para leer pausadamente, tratando de pillar todos los matices y haciendo introspección para ver hasta que punto Barthes es preciso en la descripción de sentimientos comunes. Como además está muy bien escrito, queda tan recomendado como el primer que leí del autor.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Die Judenbuche, de Annette von Droste-Hülshoff

Tras casi medio año sin leer nada en alemán, tocaba el turno de reverdecerlo. Por desgracia, no estoy al tanto de éxitos recientes en tal idioma, por lo que me cuesta encontrar motivación puramente literaria. Así que busco algo que no sea demasiado largo en mi colección de libros, y me lo leo. En esta ocasión, la lectura escogida es obra una poetisa de principios del XIX. Se trata de una aristócrata de obra bastante contenida, dado que Wikipedia no muestra demasiada información sobre la misma.

Una vez leída la novelita, es perfectamente comprensible. No me ha dicho nada, y me ha parecido bastante floja, con demasiadas inconsecuencias. No me atrevo a ser más duro, pues soy consciente de las limitaciones de mi alemán, y puede que me haya perdido cosas. Pero me parece que me tendría que haber perdido demasiadas para que no fuera demérito del libro.

El protagonista de la historia es Friedrich Mergel, que habita en una aldea de leñadores. Friedrich es hijo de un padre abusivo, al que trató de poner coto la madre, Margreth. Hermann ya había causado la muerte de su anterior mujer, por lo que no nos acaba de quedar claro porque Margreth optó por su compañía. En todo caso, fracasó en su intento de controlarlo, pero le dio un hijo antes de su muerte (del padre). Ya aquí aparecen interrogantes que la autora opta por no contestar.

Friedrich se dedicará originalmente al pastoreo y, luego de que Margreth restablezca relaciones con su hermano Simon, a ser un elegante del pueblo, con el dinero que este le paga y luego de procedencia desconocida, Durante la narración aparece otro personaje, Johannes Niemand, un huérfano pobre y un poco retrasado. Hay vagas referencias a fantasmas, pues los muertos como el padre se quedan en algunos árboles, pero no se desarrolla demasiado.

En un momento dado aparece una banda de malhechores que se dedica a destrozar el bosque, y aunque los leñadores se organizan, no consiguen dar con ellos ("Das währte länger als ein volles Jahr, Wächter und Blaukittel, Blaukittel und Wächter, wie Sonne und Mund, immer abwechselnd im Besitz des Terrains und nie zusammertreffend"). Pero, en una de las salidas, aparece muerto uno de los leñadores prominentes, lo que lleva a un funcionario a la casa de Friedrich, lo que hace ver al lector que se sospecha de él. El caso es que Johannes y Friedrich desaparecen, y al cabo de veinte años vuelve al pueblo Johannes.

Por fin parece que se va a aclarar la historia, cuando el noble del lugar interrogue a Johannes. Pero este no sabe nada de Friedrich, del que se separó a poco de huir del pueblo, y antes de ser capturado por los turcos, que lo han tenido en galeras todos estos años. La historia concluye cuando encuentran colgado a Friedrich en el bosque "Judenbuche", que da título al libro, con la inscripción: "Wenn du dich diesem Orte nahest, so wird es dir ergehen, wie du mir getan hast", lo que recuerda un poco a la venganza de Fangorn tras los destrozos de Saruman en El Señor de los Anillos.

Como se ve, esto tiene más agujeros que un coladero. Y como tampoco hay mucho que destacar en el terreno estilístico, poco más puedo añadir. Bueno, sí, dejo esta descripción del violín de Friedrich: "in der einen Hand eine sogenannte Holschenvioline, das heisst einen alten Holzshuch, mit dreibis vier zerschabten Geigensaiten überspannt, in der andern einen Bogen, ganz des Instruments würdig

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Economía de la Complejidad, de Vicente Moreno Casas

Lo cierto es que cogí con mucho interés este ensayo, del que esperaba obtener un conocimiento básico, pero sistemático, de lo que es la economía de la complejidad y sus posibles aplicaciones. Desafortunadamente, creo que el objetivo no se ha acabado de cumplir, y si se ha cumplido, entonces es que la economía de la complejidad es bastante sencilla.

El libro resulta una especie de pastiche epistemológico, en que más que hablar sobre la economía de la complejidad, se habla de filosofía de la ciencia y de otras escuelas económicas, lo primero ya conocido de las fuentes originales, lo segundo perfectamente superfluo para mí. Y es que sí la economía de la complejidad es un nuevo paradigma, como propone y supone el autor, lo primero que habría que hacer es explicar aquellos aspectos de la realidad mal explicados o sin explicación por el paradigma actualmente dominante, y que sí explica el nuevo. Así es como se pueden superar los paradigmas, como bien explica Kuhn, y no contándonos que los modelos del nuevo reflejan mejor (según el autor) la realidad.

Así las cosas, uno entra desorientado al tema, y de inmediato se pone el autor a definir conceptos relacionados con la economía de la complejidad, sin que haya quedado muy claro cuál es su objetivo. Es más, es que ni el autor parece tenerlo claro: "Consideran que la propia economía convencional, en lugar de ser completamente desplazada, está incorporando poco a poco herramientas procedentes de la economía de la complejidad: experimentos económicos, ABMs, modelos de economía conductual, análisis institucional, perspectiva más evolutiva, etc." O sea, todo es economía de la complejidad para el autor.

Para más inri. y aún confesando el autor su procedencia de la economía austriaca, en vez de centrarse en vez cómo la economía de la complejidad mejora y complementa este último paradigma, escoge como rival a mejorar al mainstream, a los neoclásicos, como si a estas alturas de la película no supiéramos ya todos de qué pie cojean. Y no tiene empacho en atribuir a la economía de la complejidad las críticas que, por ejemplo, ha hecho Kahneman al homo económico. Y es que todas las consecuencias que dice deducir de la economía de la complejidad, ya las sabemos los economistas austriacos sin necesidad de hablar de emergencia, autoorganización, complejidad computacional o CASs.

Una pista para entender la importancia que para el autor puede tener esto de la complejidad la da esta frase, que por cierto es una burrada (léase a Rothbard o cualquier historia del pensamiento económico):"dado que la economía ha seguido históricamente a la evolución de la física y matemáticas, ¿habrá seguido también los últimos avances con respecto al paradigma de la complejidad?"

En suma, las ciencias de la complejidad no son más que unas nuevas matemáticas, y en la medida en que alguien crea que la teoría económica avanza con la matemáticas, pensará que la economía de la complejidad es un avance. De hecho, su propio origen es sospechoso: en el encuentro de Santa Fe se reúnen 10 físicos con diez economistas, liderados por Kenneth Arrow. ¿Qué se podía esperar de este encuentro? Lo que iban buscando los economistas era claramente cómo aplicar estas que veían como nuevas matemáticas a la ciencia económica. Y de repente se empiezan a buscar aplicaciones de la teoría del caos, de la teoría de las catástrofes o de la teoría de grafos a la ciencia económica, de las que Moreno hace un pequeño recorrido, sin a mi entender encontrar nada nuevo que justifique el uso de estas herramientas.

De hecho, el único punto que me parece con un poco de recorrido sobre los llamados ABMs (Agent-Based Models), en que se hace una simulación en que se dejan interactuar agentes programados según diferentes algoritmos de acción, y se observan los resultados ("Los agentes se comportan conforme a unas reglas explícitas que delimitan sus posibilidades de acción, y estos interactúan libremente entre ellos a través del propio espacio generado de forma exógena o incluso endógena."). De hecho, mi proyecto fin de carrera era un ABM (aunque no lo he sabido hasta leer este libro), en que se trataba de optimizar el funcionamiento de los semáforos en una red de calles; los agentes eran los conductores; lanzabas la simulación probando una determinada configuración de semáforos y veías el tiempo medio de tránsito.

Lo que me parece imposible es asumir que para un sistema económico, en que la creatividad del ser humano es lo fundamental, podamos modelar al individuo de forma relevante. Pero vamos, esto ya lo debería saber el señor Moreno, que dice conocer la economía austriaca. Y creo que lo sabe, cuando reconoce en el capítulo de limitaciones del paradigma que defiende, que estos modelos son arbitrarios y no universales.

Junto a la presentación de los conceptos relacionados con la complejidad, se nos cuelan cosas de mero relleno, como la explicación del dilema del prisionero (¿otra vez?, ¿no la podía dejar para un apéndice?) y, sobre todo el capítulo dedicado a las conexiones con escuelas heterodoxa de pensamiento económico, en que repasa clásicos, austriacos, marxistas, institucionalistas, evolutivos, ecofísicos y fractales (!). No acabo de entender para qué hace esto, pero hay quedan estas páginas para la posteridad.

Y así llegamos al último capítulo donde a uno se le saltan las lágrimas ante la ingenuidad del autor, cuando reflexiona sobre por qué no ha triunfado, ¡todavía!, el paradigma de la economía de la complejidad. Una de las tres causas sería la arrogancia de los economistas, jajajajaja, como si fuera algo exclusivo de esta ciencia. Creo que es un argumento pillado de su admirado Rodrick, pero es ridículo. Supongo que yo soy también un economista arrogante por no haberme dejado convencer por las posibilidades que se derivan de su descripción de la economía de la complejidad. 

Se cierra la obra con el deseo, muy poco científico desde mi punto de vista, de que este paradigma de la economía se imponga. Más explícitamente: "Sea cual sea el resultado, ojalá contribuyamos a hacer progresar al paradigma de la complejidad en economía." O sea, Moreno no quiere que su libro contribuya a mejorar la teoría económica, solo aspira a que progrese el paradigma que a él le parece correcto. Pues va a tener razón en lo de que los economistas somos arrogantes.

Yo lo que querría es que este libro me hubiera hecho ver cómo la economía de la complejidad ayuda a entender mejor los fenómenos económicos, cómo completa al paradigma austriaco o incluso podría llegar a sustituirlo. Lo que he deducido de este libro es que la pretensión de este paradigma es continuista con la del mainstream, pero aplicando nuevos métodos matemáticos que capturan mejor ciertos parámetros sociales. Ello dejará sin resolver el principal problema que confronta la teoría económica para su modelización, que sigue siendo la creatividad del individuo, por lo que me mantendré en el paradigma que hasta ahora me parece correcto, y veré si las aportaciones de la economía de la complejidad lo enriquecen de alguna forma.

martes, 23 de diciembre de 2025

Los tres mundos, de Santiago Posteguillo

 Al señor Posteguillo le leo casi en tiempo real. Es enterarme de que ha sacado un nuevo libro, y su novela salta por encima de toda la cola de lecturas que tengo hasta el primer lugar. A este he tardado un montón en acercarme porque se interpuso por medio el casi eterno Viaje al Oeste, y luego opte por desengrasar un poco del español antes de entrar en otro volumen considerable.

Se trata de la tercera entrega de la serie de Julio César, de la que no me atrevo a anticipar cuantos volúmenes será capaz de abstraer don Santiago. Los comentarios de las dos primeras los dejó aquí: Roma soy yo y Maldita Roma.

Y es que aquí dan comienzo las guerras de las Galias, pero no fin, lo que supongo dejará ya para la cuarta entrega. Julio César y su fiel Labieno, al que ya avanzado el libro se incorporará Marco Antonio, se enfrentarán no tanto a galos, como a germanos, a belgas y britanos. Dado que Posteguillo enumera una y otra vez las tribus concretas a que se enfrentarán, yo me abstendré de hacerlo. Sí que diré que son, en general, batallas con poco interés estratégico, aunque no por ello carecen de sus planos como nos acostumbramos en las más ricas de Escipión y Anibal. 

Siendo ese el caso, para mantener la intriga Posteguillo abusa del recurso del suspense. Siempre nos deja a Julio César pensativo tras haber visto algo decisivo para la batalla que se nos revelará más adelante. Y tampoco tiene empacho el autor en interrumpir las batallas de forma inopinada para contarnos acontecimientos en otro de los Tres Mundos del título, aunque es evidente que no están ocurriendo simultáneamente, es simplemente un recurso estilístico.

Otros abusos son los de frases cortas, capítulos, y cortos y constantes cambios de escenario en la batalla aunque sea para decir una frase. Un ejemplo: 

"Estaban solos. 

César apretó los labios y pidió agua. 

Se la dieron. 

Bebió."

Es un abuso que, sobre todo al inicio del libro, se hace intolerable. Por suerte, conforme avanza la novela uno se va quedando atrapado en la historia y la trama, y además Posteguillo ya no abusa tanto del corte "cinemático", con lo que la lectura se hace más agradable.

Hablando del título, los tres Mundos a que se refiere son las Galias, Roma y Egipto, con un cierto paralelismo a los tres triunviros protagonistas, Craso, Pompeyo y Julio César. La intriga política queda en manos de Cicerón y Catón, con sus contrapartes Cleopatra y Potino en Egipto, mientras que en las Galias solo hay acontecimientos bélicos, más los apuntes de intriga de las distintas tribus en rebeldía. Resta la vertiente familiar, completamente centrada en Pompeyo y su esposa e hija de Julio César, Julia.

Desde el punto de vista histórico, me ha resultado muy interesante ese primer intento de invasión de Gran Bretaña por Julio César, que desconocía. También de interés son los apuntes biográficos sobre Marco Antonio y cómo se convierte en líder de hombres: "Hasta que con las primeras pagas y los primeros repartos del botín de guerra, la semilla de la ambición germinó en su ser. Mantuvo la osadía en el combate, pero ahora no era ya porque se despreciase como ser humano. Era por dinero. Había descubierto que en la guerra se podía ganar más que a los dados." Aunque Posteguillo no deja grandes momentos literarios, me gustó esta despedida de Cleopatra: "Y dio media vuelta y se fue, dejando tras de sí el aroma del mil inciensos, la esencia del Nilo infinito, del Egipto milenario, de mil anhelos, de una pasión ingobernable, de un imposible, de un mundo desconocido, de un sueño.

Y ya comienzan las referencias a la futura muerte de César, sobre los que Posteguillo opta por no manter suspense: "Faltaban nueve años y seis meses exactos para las idus de marzo, pero Pompeyo no era augur, no veía el futuro ni creía en ello y, en consecuencia, no era consciente de que había ordenado construir, sin él saberlo, el escenario principal de aquella futura nefanda jornada aún inconcebible, impensable, inimaginada. Ni tan siquiera podía intuir que se encontraba no en un odeón de debate político, sino dentro de una gran sala de ejecución sumaria, de un ágora para verdugos, una tumba."

Más veladas son otro tipo de referencias, en las Posteguillo continúa el sorprendente activismo político que ya se vio en la entrega anterior. Si digo que tienen lugar en una subida del Nilo que produjo una catástrofe en Alejandría, supongo que ya todo lector sabrá a qué acontecimiento se refiere:

"Pero Potino, consejero real, máximo responsable del ejército, con el faraón enfermo y en cama, negó lentamente con la cabeza, del modo en que se niega con la crueldad gélida del cálculo político que va más allá de la vida y de la muerte de las personas y que sólo se mueve por la ambición, por el ansia de poder y por un narcisismo vengativo que encuentra placer en cualquier victoria política sin importarle lo más mínimo ni lo moral ni la ética ni nada que tenga que ver con ayudar a los demás. Porque para él, los demás, simplemente, no existen."

Ya nos había avisado el mismísimo Julio César cuando se plantearon dudas sobre si debía arriesgarse en el rescate del hermano de Cicerón, su gran rival político en Roma: "No asistir a quien nos necesita, cuando está en nuestras manos ayudarlo, por perjudicar a un enemigo político es de una bajeza moral y de una indignidad sólo propias de los miserables de la peor calaña, de seres traidores a su patria que sólo merecen la ignominia y el desprecio de todos." Por si acaso no le queda claro a alguien, esta referencia es casi seguro al Presidente del Gobierno, y la anterior a la DANA, no olvidemos que Posteguillo vive en la Comunidad a la que más afectó.

Aparte de estas referencias de actualidad política, Posteguillo también se va a permitir un guiño a los dos galos más famosos del comic, no desvelaré en qué momento. La verdad es que no sé qué pensar sobre ello, porque le quita seriedad a una novela histórica con tal pretensión. Pero, bueno, habrá que perdonárselo.

La verdad es que los comienzos de esta novela me hicieron dudar mucho sobre una posible pérdida de talento narrativo de Posteguillo, que quizá se había pasado a explotar la gallina de los huevos de oro, como tantos escritores de éxito han hecho antes que él. Aún siendo mala, ¿quién hubiera dejado de leer, no ya esta novela, sino cualquiera de las que la han de seguir? Por suerte, la narración remonta conforma avanza, el estilo de Posteguillo se va refinando y los acontecimientos de interés acumulándose, y cuando uno termina, con un barrido de los distintos personajes en sus puntos de salida para la cuarta entrega, muy como en las series, está satisfecho e impaciente por hacerse con el siguiente volumen. Que Vercingetorix aguarda una vez superado el aperitivo de Ambiorix. Y Cleopatra, y Pompeyo, y el Rubicón... anda que no queda partido.

viernes, 19 de diciembre de 2025

The problem of production, de Per L. Bylund

Este ensayo es pura teoría económica proporcionando una explicación económica para la aparición de empresas/firmas. Su punto de partida es que la teoría de Coase (The nature of the firm) no es satisfactoria, pues no explica el surgimiento de la empresa. Como es bien conocido, lo que postula Coase es que las empresas integran operaciones para los que los costes de transacción en el mercado son superiores a mantener la operaciones juntas internamente. Sin embargo, para Bylund esto no aparta ninguna explicación sobre la función económica que tiene la empresa en el proceso de mercado; digamos que para Coase la empresa ya existe por alguna razón, y lo que discuste es más bien su alcance.

Por otro lado, Bylund rebate la naturaleza legal de la empresa, así como su explicación jerárquica. Lo primero es obvio: el hecho de que haya configuraciones legales no aporta razón económica a la empresa. Respecto a lo segundo, Bylund argumenta con razón, que la jerarquia a que se refieren los autores necesariamente ha de provenir de contratos comerciales establecidos dentro del mercado, por lo que el hecho de que se integren jerarquizados o de otra manera no es algo peculiar de la empresa y, de nuevo, no se puede explicar la realidad empírica con esta base.

Por supuesto, Bylund ofrece una explicación económica para la empresa, ciertamente ingeniosa, pero que veo con pocas consecuencias prácticas. El penúltimo capítulo, dedicado a las policy implications, es revelador, ya que no aporta absolutamente nada nuevo sobre los efectos en el mercado de la intervención estatal, una vez incorporada su visión de la empresa.

Para Bylund la empresa surge como una "isla de innovación" fuera del mercado, al que se conecta por sus inputs y sus outputs. En el mercado se observan etapas productivas cada una caracterizada por sus insumos y sus productos. En cierta forma, estas etapas están estandarizadas en cada momento, y la competencia se produce en ellas. 

¿Qué ocurre cuando a alguien se le ocurre una innovación en el proceso productivo? Las actividades existentes se fragmentan y aparecen productos intermedios que solo tienen interés para la actividad consecutiva del proceso innovador, o sea, que carecen de mercado. En estas condiciones, que se pueda obtener el valor final del proceso innovador depende de que todas las nuevas actividades estén coordinadas perfectamente. Si alguno de los recursos falla durante el proceso, todo el mismo fallará y todos los participantes perderán su aportación. A esto le llama Bylund "specialization deadlock".

Hay que insistir en que, contrariamente a lo que ocurre en el mercado, el producto de cada actividad del proceso innovador no tiene salida, salvo dentro del propio proceso. Todos los participantes necesitan que el proceso concluya para obtener su retorno de inversión, mientras que si estuvieran actuando en el mercado no dependerían de nadie más.

Esta necesidad de coordinación es la que justifica la aparición de la empresa. En la empresa se coordinan por mecanismos fuera del mercado recursos que necesitan cooperar para poder obtener un resultado aceptado en el mercado, pero cuyos productos intermedios no tienen salida, precisamente por ser innovadores y nadie estar preparado para su uso.

Si el proceso innovador tiene éxito, entonces se produce la imitación por otros emprendedores, que pueden imaginar mejores formas de llevar a cabo las actividades que integran el proceso, por ejemplo, o competir por los recursos, originales o intermedios. De esta forma, se va reestructurando el mercado, y esas actividades empiezan a tener salida fuera de la empresa. Así pues, es la imitación del proceso innovador exitoso la que hace que el mercado cambie y consecuentemente lleve a la desaparición a la empresa, ya innecesaria al no requerirse la coordinación de recursos, que ahora ya sí encuentran salida.

Por ello, la empresa es una realidad transitoria (desde el punto de vista económico), destinada a desaparecer sea un éxito o un fracaso. Para explicar porque la evidencia empírica muestra que las empresas tienen más longevidad de lo que la teoría invita a pensar,, Bylund se embarca en explicaciones bastante insatisfactorias relacionadas con aspectos legales y contractuales, o sea, en imperfecciones del mercado. A mí me parece que es mucho más sencillo explicar la persistencia del fenómeno simplemente atendiendo a que las empresas reales no acometen un único proceso innovador, sino muchos, cada uno con un distinto grado de avance hacia integrarse en el mercado (si ha sido exitoso) y además están continuamente creando nuevos procesos. Claro, sin olvidar el coste que ha podido tener el establecimiento jurídico, que hace que haya ahorros en reutilizar una misma construcción legal para nuevos procesos innovadores.

Bylund distingue tres tipos de emprendores: los creadores, los imitadores y los especulares. Estos últimos son aquello que innuevan dentro de la estructura del mercado, sin cambiarla. Por ejemplo, uso de otro material, y incorporación de una mecanización, sin cambiar lo que se fabrica. La clasificación s razonable y coherente con su teoría de la empresa, pero me parece que malinterpreta a Kirzner cuando afirma que este solo veía al emprendedor como especulador y, por tanto, sujeto a los límites del mercado en cada momento (únicamente los emprendedores creadores e innovadores expanden el mercado). 

Por si no queda claro del contenido del post, estamos ante un libro muy especializado sobre un tema que no creo que interese a mucha gente, ni siquiera a economistas, y tal vez ni siquiera a economistas austriacos. Yo sí he aprendido alguna cosa, o sea que para mi bien. Tampoco es un libro fácil de leer: es farragoso y muy repetitivo, muchas veces insistiendo sobre matices que hay que estar muy atento para percibir. Por ejemplo, en los capítulos 7, 8 y 9, parecen estar contando una y otra vez lo mismo, pero resulta que uno es la perspectiva de la empresa y otro la del mercado. A mí me ha recordado al Hayek más plúmbeo de "La teoría pura del capital", que nunca fui capaz de terminar. Este lo he terminado porque era más corto y a fuerza de voluntad, pero me ha llevado bastantes meses de abandonarlo y retormarlo. En suma, que me cuesta recomendarlo. 

viernes, 12 de diciembre de 2025

Katie, de Michael McDowell

Tras el descubrimiento y consiguiente disfrute de la saga Blackwater, la verdad es que mucho tiempo ha pasado sin que revisitara al autor. Vuelvo a leerlo con esta novela, bastante menos ambiciosa, pero de un estilo muy similar.

Volvemos a tener elementos sobrenaturales en una historia convencional. En Blackwater es una saga familiar, aquí las desventuras de una jovencita, Philomena Drax, a finales del XIX. En Blackwater estábamos en Alabama a principios del XX, aquí la trama se urbaniza bastante, transcurriendo casi toda la acción en Nueva York y Saratoga, pese a iniciarse en New Jersey. En ambos casos, Estados Unidos en la Edad Dorada. Y en los dos casos, brilla el talento literario de McDowell, que escribe maravillosamente. Me recuerda a Jane Austen, aunque jamás hubiera la inglesa insertado escenas tan truculentas como las que incorpora nuestro hombre. Imaginen algo así en Emma: "Katie took a large skillet in which Hannah had prepared their breakfast and emptied out the cooling grease over the woman’s writhing form. Then carefully stepping round her to get behind, Katie brought down the broad flat bottom of the skillet as hard as she could on Miss Ponder’s face."

Sin embargo, no me quiero engañar: la historia que nos cuenta tiene un punto absurdo, con momentos realmente inverosímiles. Eso de encontrarse con la señora Maitland en el bus al Central Park justo al día siguiente de que el hijo se vaya a Brasil, me parece rizar el rizo. También hacen falta tragaderas para las acciones de la familia Slate, los villanos de la trama, que muestran un grado de imbecilidad exagerado, hasta compensar los poderes sobrenaturales de la hija Katie.

Lo más interesante me han resultado las descripciones costumbristas que hace, como el modo de vida de las señoritas en la Nueva York de 1870, no apto para las chicas con poco espíritu: "They have run off with a handsome young man; if that were not the case, it was most probable that she had descended to a life of infamy and had voluntarily renounced her former connections; although, it was finally acknowledged, there were a few true victims– of robbery, of rape, of the abortionist’s knife."

"“Don’t leave it on Wall Street,” Hannah warned. “Wall Street takes people like us and swallows us whole.”"

Claro, que lo que más espectacular es como resume en tres párrafos las vacaciones de los ricos en Saratoga. Dejo aquí uno:

"morning at Saratoga was spent digesting the vast hotel breakfast, visiting a mineral spring for a beaker of water, walking up and down Broadway, changing clothes, speaking to the same people one was likely to have spoken to on that other Broadway the week before, making discreet bets on the afternoon’s race, pointing out the famous and the rich, and the mistresses of the famous and the rich, looking in at Tiffany’s, stopping to hear the orchestra in the gazebo on the lake, wondering whether it wouldn’t have been cheaper to go to Long Branch, scraping an introduction to those who have never invited you to their homes in New York, playing croquet in the hotel gardens, planning excursions to Lake George and Mount McGregor, having your fortune told at the Indian encampment, visiting the picture gallery, or changing your clothes again in order to astonish your acquaintance with the extent of your wardrobe."

Y la verdad es que poco más puedo decir sin desvelar la trama, que, aunque sea floja, no deja de ser interesante. Yo he disfrutado mucho con esta lectura, y ya estoy mirando alguna otra obra del autor.
Dejo aquí algún extracto más para quien esté dudando si leerla.

Un delicioso diálogo, que podría haber sido texto de Austen:"“I cannot go against your mother’s wishes.” “How do you know what my mother’s wishes are?” “She cannot want her son to marry a penniless girl. I have nothing but what Mrs. Maitland has given me.” “You have the coral I brought from Brazil.” “And that would be the extent of my dowry. Mr. Maitland, I am your mother’s employee, and I—” “If you possessed your carpetbagful of bank notes the Slapes stole from you, would you consent to marry me?”"

Frases brillantes:
"A few weeks ago I realized that I was weary of being alone, and weary of crowds, and weary of the city, and weary of just about anything I heard or saw or did,"
"Philo could not help but indulge herself a little, and wonder what it would be to stand equal to Jewel Varley, ribbon for ribbon and flounce for flounce."

Y no me resisto a recoger la última frase de la novela, que puede ser un poco spoiler y que supone un final genial para la misma, por su interés para los economistas monetarios. Vuelve a reflejar una cruda realidad de la época que desembocaría en la creación de los Bancos Centrales y la consecuente inflación que terminará arruinando a la sociedad occidental. "The Bank of Cape May, which had issued the notes, had failed in the Panic of 1873. For more than forty years, Philo’s carefully preserved fortune had been completely worthless."

viernes, 5 de diciembre de 2025

Artificial Intelligence: A guide for thinking humans, de Melanie Mitchell

Se trata de un interesante libro de divulgación, cuya autora ha realizado toda su carrera en el campo de la Inteligencia Artificial (IA). Esto le da una amplia perspectiva que muchos autores del momento no tienen. Por ejemplo, le permite ser escéptica en cuanto al boom que estamos viviendo de la IA, pero con fundamentos teóricos y experiencia.

Así describe los distintos booms que ha vivido: 

"Phase 1: New ideas create a lot of optimism in the research community. Results of imminent AI breakthroughs are promised, and often hyped in the news media. Money pours in from government funders and venture capitalists for both academic research and commercial start-ups. 

Phase 2: The promised breakthroughs don’t occur, or are much less impressive than promised. Government funding and venture capital dry up. Start-up companies fold, and AI research slows. 

This pattern became familiar to the AI community: “AI spring,” followed by overpromising and media hype, followed by “AI winter.” This has happened, to various degrees, in cycles of five to ten years.

La diferencia es que ahora las cantidades de dinero que se están metiendo son colosales: las meten las empresas más grandes de la historia de la humanidad (las Big Tech: Amazon, Google, Facebook, Microsoft, Tesla) y en la mayor burbuja monetaria que conocemos.

Pero los fundamentales de la IA, que es a lo que principalmente dedica su libro la señora Mitchell no han cambiado. Al menos no lo habían hecho en 2019, que es cuando se escribe, habría que ver cómo analiza la autora el reciente fenómeno ChatGPT y la IA generativa, tecnologías que parecen verdaderamente milagrosas. Espero que no tarde en hacerlo.

Mitchell explica con claridad y para gente sin conocimientos técnicos, las principales tecnologías de IA y sus aplicaciones. Dedica mucho espacio a explicar cada una en detalle, pues está claro que quiere demostrar al lector que distan de ser brujería. Así, hay secciones dedicadas al Machine Learning, tanto supervisado como sin supervisión. Aquí nos hablará de las Deep Neural Networks, a las que prefiere llamar ConvNet. Este tecnología está en la base del reconocimiento de imágenes o de palabras. Por su parte, el aprendizaje sin supervisión se ha utilizado para que los ordenadores se hicieran superhumanos en juegos como el ajedrez o el Go, en los que han sido capaces de derrotar a los grandes campeones con relativa facilidad.

También nos describe en detalle las técnicas de encoding-decoding, usadas para procesar lenguaje natural, lo que permite, por ejemplo, su traducción a otros idiomas, o la búsqueda de información en textos. Imagino que están en la base de los fenómenos que vivimos en la actualidad.

Pero, después de maravillarse con nosotros de los avances conseguidos en cada área, nos devuelve a la cruda realidad y a los límites de la tecnología. Por ejemplo, AlphaGo, el programa campeón mundial del juego oriental, no vale absolutamente para nada más. "As far as I know, none of the abilities it has learned are general in any way; none can be transferred to any other task. AlphaGo is the ultimate idiot savant." Los ordenadores carecen de lo que se llama técnicamente "transfer learning", algo que es automático en la inteligencia humana. 

Otro ejemplo: el reconocimiento de imágenes o de voz es muy vulnerable a cambios marginales, que no serían ni notados por un ser humano. Cambiados adecuadamente unos pocos números de pixels, y el camión que se muestra en la imagen pasa a ser identificado como una avestruz. Como lo oyen. A esto le llama la autora "adversarial attacks". Imposible que tal le pase a un ser humano.

Incluso esos programas triunfadores no han podido determinar cosas tan sencillas como el número de capas de sus redes neuronales o de "neuronas" en cada capa. Eso lo han conseguido los humanos a base de prueba y error, no parece haber ningún método sistemático para ello. Así lo afirma Mitchell: "In general, it’s hard to know ahead of time how many layers of hidden units are needed, or how many hidden units should be included in a layer, for a network to perform well on a given task." Sospecho que muchos de los dineros que se están gastando en IA consiste en entrenar una y otra vez modelos neuronales reparametrizando estos y otros factores, con el problema de que cada iteración se hace sobre millones de datos. 

Y es que, en resumen, los ordenadores carecen de entendimiento, no saben lo que están haciendo, por sofisticado que parezca. "This lack of understanding is clearly revealed by the un-humanlike errors these systems can make; by their difficulties with abstracting and transferring what they have learned; by their lack of commonsense knowledge; and by their vulnerability to adversarial attacks"

A las tecnologías actuales le falta una cualidad muy humana, el sentido común. ¿En qué consiste? Mitchell nos habla de nuestra capacidad para las abstracciones y la analogía, y también de lo que llama "metacognition", la habilidad para percibir y reflexionar sobre el propio pernsamiento. Mitchell nos habla de sus esfuerzos por programar el reconocimiento de analogías volviendo al uso del lenguaje simbólico (esto es, programando un algoritmo tradicional, en lugar de usar Machine Learning), como los abandonados sistemas expertos. Pero, claro, está muy chungo hacerlo así, cuando ni siquiera entendemos cómo lo hace nuestro cerebro. 

Por ello, concluye que "I don’t believe that machine “superintelligence” is anywhere on the horizon. If general AI ever comes about, I am betting that its complexity will rival that of our own brains.". A mí la segunda parte me parece definitiva, pues por las leyes de la Cibernética nos será imposible construir algo igual de complejo que nuestro cerebro.

Yo estoy de acuerdo, lo pensaba de hecho antes de esta lectura, y lo que me ha proporcionado Mitchell es su experiencia y conocimiento para tener una opinión más fundada. 

Era inevitable que Mitchell dedicara algo de espacio a la ética y la regulación de la IA, cómo lo habría podido evitar. Se nota que no da gran importancia al tema, pues pone el capítulo por medio del libro y sus reflexiones son las típicas. Es claro que es una ingeniera a la que le preocupa la tecnología y no la política. Eso sí, recoge algunas afirmaciones en que parece apuntar al enemigo correcto, como ésta (que no es suya): "I (and my company) have come to believe that the use of commercial facial recognition in law enforcement or in government surveillance of any kind is wrong—and that it opens the door for gross misconduct by the morally corrupt.… We deserve a world where we’re not empowering governments to categorize, track and control citizens." Tampoco yo podía dejar de apuntar que el principal problema de la IA no es lo que puedan hacer con ella Google o Facebook, si no lo que vayan a hacer nuestros políticos y funcionarios; a los primeros los disciplinará el mercado, a estos segundos nadie.

Del mismo capítulo tenemos esta interesante reflexión sobre la posibilidad de las IAs tomen decisiones con criterios morales: "Reasoning about morality requires one to recognize cause-and-effect relationships, to imagine different possible futures, to have a sense of the beliefs and goals of others, and to predict the likely outcomes of one’s actions in whatever situation one finds oneself." O sea, requiere sentido común, que ya hemos visto que no sabemos cómo construir en máquinas.

Este libro es sencillo e interesante. Recoge todas las historias y anecdotas relacionadas con la historia de la IA, que es una culturilla que no viene mal tener. Mitchell escribe sin florituras pero con claridad; de vez en cuando trata de meter humor, pero siempre le queda algo forzado. Y deja unas conclusiones bastante claras y bien explicadas. Si alguien opina lo contrario que ella, nos lo tendrá que explicar. 

jueves, 4 de diciembre de 2025

Viaje al Oeste: Las aventuras del rey Mono, anónimo chino

Por increible que parezca a quien haya visto el volumen de este libro, por fin lo he terminado. Posiblemente es el segundo libro más largo que he leído en mi vida, solo superado por la Biblia. Bueno, si contamos toda la serie de Juego de Tronos como un solo libro, también le superaría. La pregunta del millón es si merece la pena dedicar dos meses de tiempo de lectura al mismo. La respuesta no es obvia, aunque espero dar pistas en esta entrada para los interesados.

Esta obra es de caracter épico. Recoge los capítulos míticos que se generaron en China a raiz de un acontecimiento real ocurrido en la dinastia Tang: el viaje de un monje a la India para traer de vuelta determinados libros sagrados budistas, el Tripitaka. Este viaje, como digo, es histórico, y lo recoge Tobalina en su magnífico Los caminos de la Seda, que es donde encontré la referencia a este libro. Desde que su produjo, fueron innumerables los trovadores que cantaron diversos momentos de la hazaña. Es en el siglo XVI cuando un autor anónimo recupera y ordena todos estos episodios y completa así esta magna obra. De hecho, muchos de sus capítulos recogen fragmentos de las obras originales en que se basan, normalmente en verso.

Según parece, el Viaje al Oeste es una obra clásica para los chinos, tan conocida y de referencia allí como pueda serlo el Quijote aquí. Sus protagonistas aparecen por doquier, hay multitud de obras de arte en templos y palacios, así como piezas teatrales, que recogen algún episodio de la obra. Seguro que yo he visto alguna de ellas en mi viaje a China sin ser consciente. 

Siendo una obra clásica en China y además épica, indudablemente me interesaba leerla. El problema como siempre con la literatura oriental sería la traducción. En este caso, se trata de una traducción directa al español, sin pasar por idioma intermedio, lo que hace más atractiva la lectura, siempre y cuando la traducción sea buena. Y, sí, es una buena traducción. No puedo saber si es fiel al texto original o no, pero sí puedo decir que el libro se lee bien, tiene interesantes anotaciones y, lo más importante, tiene saborcillo exótico. Cuando uno lo lee nota que no ha leído nada parecido antes, no tanto por las aventuras, como por la forma de contarlas y describir las cosas. Por ejemplo, cobran sentido esas peleas voladoras tan habituales en las películas orientales (estoy pensando en Tigre y Dragón).

Así que con mucha precaución me adentré en la lectura de tan ingente volumen, con la disposición a abandonarla tan pronto me aburriera o me dejara de convencer la traducción. Dado que he llegado al final, es claro que no ha pasado lo segundo, y aunque lo primero sí ha pasado en algún momento, me he mantenido firme hasta el final tirando de oficio, para poder tener una idea completa de la obra y, por qué no, para dar una muestra de agradecimiento al traductor por su enorme tarea, que posiblemente no le suponga rentabilidad alguna.

Al argumento ya me he referido. En realidad, el monje viajero, Tripitaka le llamaré, no es el protagonista principal, como se deduce del título del libro. Lo es el Rey Mono que allí aparece, y es con la historia de su nacimiento y hazañas juveniles con la que empieza la obra. Pronto nos percataremos de los enormes poderes que tiene, lo que siembra dudas sobre el interés del libro: ¿qué problemas va a tener que confrontar alguien que es capaz de transformarse en lo que quiera, se puede hacer una montaña, no le hace daño nada, puede recorrer 10000 km en un minuto y además lleva un arma indestructible? Es como cuando uno ve una de las pelis de Superman: ¿dónde habrá un enemigo a su altura?

Al final, tiene que ser el mismísimo Buda quien domine al Rey Mono. Ya en estos primeros capítulos empezamos a ver que esta obra es distinta de cualquier cosa que uno haya leído. La mitología china es mega-compleja, los dioses y espíritus se cuentan por cientos y miles; además, se mezclan personajes históricos (Lao Tse, poetas, emperadores) con simbólicos. Aparecen monstruos siempre con su corte de diablillos que mueren por cientos ante cualquiera de los héroes. En este contexto, las notas que proporciona el traductor son más curiosas que útiles. Es imposible acordarse de quiénes son los Tres Puros, los Cuatro Emperadores Celestes, los Nueve Planetas, los Generales de los Cinco Puntos Cardinales, las Doce Divisiones Horarias, los Ancianos de las Cinco Regiones o los Cuatro Devarajas. Por ejemplo, estos son "eternos defensores del mundo contra los ataques de los espíritus malignos, y sus nombres eran: Dhrtarastra, Protector del Reino; Virudhaka, Señor del Crecimiento; Virupaksa, Rey Deva de los Ojos Saltones; Vaisravana, Señor de la Suprema Doctrina." Y si solo fueran estos...

Por ejemplo, Caballos Celestes hay más de un millar: "contándose entre ellos animales de la valía de Hua- Lian, Chr- Ching, Lu- Ar, Hsien- Li, Tzu- Hsiang, Chüe- Te, Yao- Niao, Esposas de Dragón, Golondrinas Rojas, Alas Dobladas, Cascos de Plata, Amarillos Voladores, Castañas, Más- rápidos- que- las- flechas, Liebres Rojas, Másveloces- que- la- luz, Luces Saltarinas, Sombras de Bóveda, Dispersadores de Niebla, Perseguidores de Viento, Destructores de Distancia, Alas Voladoras, Provocadores de Vientos, Brisas Huracanadas, Relámpagos Deslumbrantes,"

El Rey Mono quedará atrapado bajo una montaña hasta que Tripitaka lo encuentre al comienzo de su periplo. Solo si asiste al monje podrá liberarse de su castigo. A ellos se les unirán otros dos peregrinos más Ba-Chie, con forma de cerdo, y el Bonzo Sha. además de un dragón transformando en caballo blanco. Todos ellos castigados por sus pecados pasados, solo podrán redimirse si Tripitaka es capaz de concluir con éxito su misión.

Una vez configurada la banda, empieza propiamente el viaje, que es una sucesión de capítulos con estructuras similares. Se alcanza un sitio, se describe lo bonito que es, pero rápidamente se ven montañas de miles de metros de altuas y miles de kilómetros de longitud, habitadas por algún monstruo terrible que, de una u otra forma, rapta a Tripitaka, a veces solo, otras con alguno de sus compañeros, forzando a los que quedan libres a rescatarlo, enfrentándose directa o indirectamente con el monstruo o monstruos de turno. Por el camino mueren infinidad de diablillos, eso sí. En las ocasiones, más numerosas de lo esperado, en que el Rey Mono no se basta con sus poderes, se verá obligado a viajar a diversos lugares míticos donde aparecen divinidades que le ayudarán en su empeño.

Por supuesto, cada monstruo se derrota de una forma diferente, y los capítulos son solo repetitivos en estructura, no en contenido. Además, muchos de ellos son alegóricos de procesos alquimicos internos al cuerpo según las creencias de la China de la época. Una vez más, el traductor hace un esfuerzo porque uno vea que hay algo más que el texto literal, pero en mi caso cae siempre en caso roto.

Y así va avanzando la lectura y la odisea. No hay forma de anclar geográficamente el viaje, lo que le hubiera dado más interés a la lectura. Todos son montañas terribles, ríos salvajes y selvas exóticas pobladas por todo tipo de animales. Las ciudades tienen murallas de enorme grosor, y brillates cúpulas y pagodas, los templos y palacios tienen salones con todos los nombres que uno pueda imaginar. Lo mismo ocurre con las cuevas. En muchos casos, hay un rótulo con el nombre del lugar, cosa que ya me había llamado la atención en China. Hay muchas referencias a lugares sagrados reales, como los montes Tai, Wutai o Wudang (en los que he estado), pero es imposible saber por dónde transcurre el viaje.

Y es que Tripitaka tiene que pasar por 81 pruebas para ser digno de que Buda le confie los libros que busca. El inventario de esas pruebas se hace en uno de los últimos capítulos. Dejo aquí una muestra: "Hundirse en el Río Negro, la trigésima segunda. Los padecimientos del Reino de la Carreta Lenta, la trigésima tercera. La lucha de poder a poder, la trigésima cuarta. Expulsar a los taoístas en beneficio de los budistas, la trigésima quinta. Encontrarse con el camino cubierto de agua, la trigésima sexta. Caer en el Río- que- llega- hasta- el- cielo, la trigésima séptima. Ver el cuerpo de Cesta de Pescado, la trigésima octava."

El retorno a Xian se hará en los dos últimos capítulos, habrá una fiesta insigne con un banquete "vegetariano" que superará a todos los anteriores, demostrando así que China es un país más poderoso, y los libros quedarán cobijados en la pagoda del Ganso Salvaje, que existe en la actualidad.

El libro se lee bien y tiene pasajes de gran belleza. Incluso la descripción de los combates es interesante. Un ejemplo: "El cielo estaba prácticamente lleno de caballitos del diablo, mientras que el suelo aparecía cubierto de una tupida alfombra de gusanos. Las abejas y las avispas atacaban, furiosas, las cabezas de sus enemigos, al tiempo que las cucarachas se ocupaban de sus ojos. Los ciempiés, por su parte, no dejaban de asestarles tremendos picotazos en el pecho y en la espalda, ayudados por los saltamontes, que se ocupaban de los pies y de la parte de atrás de la cabeza."

Los fragmentos en verso que originalmente incorporaba la obra, se incluyen, pero prosificados. Y hay numerosos refranes, algo que también tiene en común con el Quijote. Pero, no se olvide, son cien capítulos como cien soles.

Leer este libro me parece que merece la pena. Pocas veces se tiene la oportunidad de leer algo tan ajeno a nuestra cultura occidental, y que sin embargo en mainstream en oriente, además preservando el sabor oriental. Ahora, leerlo entero es una hazaña casi a la altura del monje Tripitaka, a nivel de lecturas. Yo recomendaría al interesado que lea la obra hasta que se forme el grupo de peregrinos y superen la primera aventura (en torno al capítulo XXV). Después de esto, se puede saltar a los últimos capítulos donde las aventuras cobran otra forma, y acompañar al grupo en su encuentro con Buda y en su retorno a China, más o menos desde el capítuco XC.

Yo me he quitado un peso de encima, pero que conste que lo he leído entero.