martes, 15 de marzo de 2016

La peligrosa idea de Darwin ("Darwin's Dangerous Idea"), de Daniel Dennett

Sigo adentrándome en áreas de conocimiento hasta ahora inexploradas: la teoría de la evolución y sus consecuencias biológicas, psicológigas y sociológicas. Este libro me viene muy recomendado, y desde su título parece ciertamente provocador.

El libro es bueno, y complicado. Hace un gran esfuerzo por acercar estos tópicos a ámbitos aprehendibles para gente no versada en la materia, y lo hace mediante la utilización constante de metáforas. Algunas de éstas son de lo más valioso del libro, y aparecen de forma recurrente una vez introducidas en los primeros capítulos. Una de ellas es la contraposición "cranes" vs. "skyhooks": las primeras son gruas rudimentarias que permiten una evolución gradual, mientras que las segundas permitirían, de existir, evolución rupturistas o discontinuas. La existencia de "skyhooks" en algún momento de la evolución implicaría la existencia de un poder externo a la evolución y pondría en crisis la teoría de Darwin. Por ello, el principal cometido del libro es mostrar la inexistencia de estos "skyhook", bien viendo de qué forma se pudo obtener gradualmente el mismo resultado que proporciona el skyhook, o descubriendo que el propio skyhook fue construido a base de "cranes".

Otra de las metáforas que utiliza profusamente el autor durante el libro es la referente a la biblioteca de Borges. La idea es que el espacio de posibles organismos (descritos por su "libro" genético) es como dicha biblioteca, con todas las consecuencias que ellos tiene para la posible identificación y viabilidad de los mismos.

Pero volvamos al título: ¿cuál es la tan peligrosa idea de Darwin? Pues sencillamente que la aparición de cualquier fenómeno en la naturaleza, por complejo que sea, se puede explicar a partir de la aplicación repetida una y otra vez de un algoritmo mecánico sin inteligencia alguna. De hecho, el autor va a proponer algoritmos para cada uno de los momentos singulares que se pueden identificar en la historia, no solo de la vida o el ser humano, sino del propio universo. Así, combinando un algoritmo con la eternidad, se puede explicar el origen del universo, el origen del universo con las leyes físicas actuales, el origen de las células a partir de la materia inorgánica, o el origen del cerebro del ser humano.

A modo de ejemplo, el algoritmo (tonto) que explica el origen de las especies sería algo así:
1)      Generación aleatoria de individuos descendientes de las especies existentes
2)      “Crunch malthusiano” por insuficiencia de recursos para todos los individuos generados
3)      Supervivencia de los individuos mejor adaptados, esto es, más eficientes en el medio concreto.
4)      Vuelta a empezar, pero tomando como punto de partida un conjunto de individuos mejor adaptados.

Pero el libro está lleno de otras ideas interesantes, directa o indirectamente relacionadas con la teoría de la evolución. Algunas de ellas tienen relación también con la economía. Por ejemplo, el estatismo de nuestras observaciones: como vemos ahora una serie de especies existentes, tendemos a pensar que estas son las especies que tiene que haber, o que todo el proceso evolutivo ha sido orquestado para llegar a este momento. Es lo mismo que cuando pensamos que la democracia o los impuestos son algo que tiene que haber porque vemos ahora que existe, o que el precio en un momento dado es el correcto.

En la misma línea, y también con la de La fatal arrogancia de Hayek, pensar que cada una de las adaptaciones biológicas que observamos tenía un propósito original y específico, cuando la realidad fue posiblemente la contraria: se generó aleatoriamente una adaptación que resultó ser eficiente en el entorno existente, y que luego a lo mejor no lo ha sido tanto, o lo ha sido más en otras condiciones completamente distintas. Así pues, al algoritmo tonto antes descrito no se le puede asignar búsqueda de proposito, sin crear un skyhook por el camino.

Aquí el autor usa también una metáfora interesante y extrapolable a muchos casos: el ganador del juego de cara y cruz. Está claro que, con independencia del número de jugadores que tenga el torneo al principio, la probabilidad de que cada uno de ellos gane es bajísima, y tanto más a mayor número. Y, sin embargo, alguno de ellos tiene que ganar. Hay que ser consciente que el ganador no lo será por inspiración divina (otro skyhook) o por ser especial, o diestro al juego: simplemente es que alguno tiene que ganar.

Otra reflexión interesante: el proceso natural de ingeniería/adaptación biológica es extremadamente caro en recursos (precisamente por la mecanicidad del algoritmo que no permite atajos) pero al mismo tiempo puede proporcionar soluciones completamente imprevisibles e inesperadas (y mucho más eficientes) desde el punto de vista ingenieril o a priori, pues el ingeniero, buscando propósito, las hubiera descartado en fases muy preliminares.

Voy terminando, ahora con la parte del libro que me ha causado cierta decepción, y que posiblemente era lo que más me interesaba cuando lo empecé: la explicación en términos evolutivos de determinados "skyhooks" asociados al cerebro del ser humanos, como el lenguaje, el sentido de las cosas, la inteligencia o la moral (y la religión). Aquí me hubiera gustado que el autor proporcionara una posible explicación algoritmica para la aparición de estos conceptos (una Just So Story, como él las llama). Sin embargo, se limita a contestar a aquellos que han avanzado argumentos contra la posibilidad de que estas cosas hayan aparecido de forma gradual. Creo que esta contraargumentación, en algunos casos farragosa, sí es persuasiva en la mayor parte de los casos, pero no por ello se deja de echar de menos un posible recorrido por el que la evolución nos haya llevado a estos derroteros.

Por último, una queja sobre el último capítulo, en que Dennett aprovecha para arremeter contra las religiones: sí, han cumplido su papel, y puede que sigan siendo útiles para mucha gente, pero haríamos bien en mantenerlas dentro de jaulas para que no puedan hacer daño al resto de la humanidad.

Y yo me pregunto: ¿y qué pasa con los sistemas políticos? ¿No hay que meterlos en jaulas a los peligrosos, tanto a los que han demostrado su peligro como a aquellos que la teoría demuestra que son destructivos? Estadísticamente, por ejemplo, los Estados han mostrado ser mucho más dañinos para la humanidad (en términos de muertos, por ejemplo) que cualquier religión. ¿Por qué no propone Dennett meterlos en jaulas?

Bueno, ahí queda todo esto para la reflexión, y me dejo mucho sin poner.



 

1 comentario:

etrusk etrusk dijo...

http://etrusk.blogspot.com.es/2016/01/el-darwinismo-y-el-racismo-son.html