sábado, 2 de abril de 2016

Completamente Idiota ("Voll Idiot"), de Tommy Jaud

Los libros de este autor parecen ir siempre de lo mismo, como revelan sus títulos similares: Hummeldumm, Übermann o Resturlaub. Era muy difícil que yo me resistiera a un título tal, prometiendo unas risas en alemán, y a lo mejor sin demasiado esfuerzo.

Lo cierto es que tras su lectura, no estoy tan seguro de que fuera un libro de risa, o a lo mejor lo es para el sentido del humor alemán. A mí, español, me dejó un poso de amargura, quizá porque tendemos a ser más clementes que los rigidos alemanes con los errores de otros (y disculpen el estereotipo). Todavía me acuerdo, saliendo de Magdeburgo, los alemanes pitándome porque no era capaz de procesar desde el coche una columna de más 10 rótulos de indicaciones para saber a dónde tenía que ir. 10 rótulos!

En fin. El caso es que el libro nos cuenta las peripecias de un tipo que es realmente patético. Hace cosas idiotas, pero ni si quiere las hace desde la ingenuidad o la bondad, sino desde la maldad, porque es un bicho tonto. Por eso, es difícil empatizar con él, no te da un gancho al que agarrarte para verle con simpatía. Por lo menos, no te lo da hasta que el libro está terminando.

Por supuesto que hay momentos en que salta la carcajada o se esboza la sonrisa, pero normalmente lo que está pasando es que no entiendes cómo alguien puede ser tan gilipollas. En particular, en su relación con los demás.

Por ejemplo, ¿cómo pierde su puesto de trabajo? Resulta que vende teléfonos móviles en una tienda. Pues bien, se las arregla para venderle uno a un niño, algo que no está permitido. ¿Y cómo trata de solucionarlo? Sencillo: se cuela en la casa del chaval para quitarle el teléfono y devolverle el dinero, algo que es controlado por dos policías. Por desgracia para nuestro "héroe" de estos dos policias se ha burlado en las clases de español que con ellos comparte.

Entre los episodios más divertidos (y menos amargos) están sus vacaciones en Canarias. Aquí el autor aprovecha para hacer una leve sátira de los veraneantes alemanes en nuestras islas afortunadas. Pero el foco sigue sin ser costumbrista, solo las estupideces que hace el protagonista.

Pese a no ser tan de risa como esperaba, y pese al sabor amargo que deja, es bastante probable que vuelva a leer algo de Jaud a no mucho tardar, al menos mientras esté en fase de consolidación y no me pueda sumergir en The Buddenbrook o en El hombre sin atributos. Será casi seguro Hummeldumm el próximo que le lea.

3 comentarios:

Triste figura dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Triste figura dijo...

Lo leí en Alemán hace unos años. Todavía recuerdo aquel capitulo en el que un amigo, fan absoluto del Schalke (creo) le lleva a ver un partido en el palco presidencial y a los dos minutos ya ha tenido una algarada con un tipo ("pero usted quien se ha creido que es?") y el amigo le dice que es el presidente del club. Luego sin que nadie lo vea toma un gran trozo de pastel que resulta ser el pastel de cumpleaños del Presi por lo cual no solo lo echan sino que encima "quema" a su amigo.

O la hilarante historia con la diosa de belleza del Starbucks que acepta ir con él a un concierto de Rock, el ya empieza a soñar con los hijos que tendrán juntos (y lo que viene antes) y luego elle se comporta con una total grosería. Una zorra talla industrial (Si no te gustaba el chico no haber aceptado la invitación, y si vas comportate con un mínimo de educación y no termines estropeandole el concierto en una manera que no desvelaré al lector

O el capitulo titulado el método Stalin para la seducción.

Tambien hay un momento en el que cae simpático y es cuando sale en defensa de la señora que limpia en su casa y le dan hasta en el carnet de identidad.

Sin ser nada del otro mundo es una novela agradable siempre que te acuerdes del titulo.

Ferhergón dijo...

Sí, señor, ahora que lo dices recuerdo esas escenas. Verdaderamente divertida la del palco.