viernes, 8 de abril de 2016

Los hombres Salmonella en el planeta Porno ("Salmonella Men on Planet Porno"), de Yasutaka Tsutsui

La inquietud por la lectura le lleva a uno a explorar todo tipo de vías y alternativas. En este caso, se trata de literatura japonesa. El problema con esta literatura, y en general con la asiática (china, india), es claramente la traducción. ¿Qué puede tener que ver la traducción a cualquier lenguaje occidental de los símbolos que se usan en japonés, en chino o en sanscrito? Ello no es minusvalorar el trabajo de los traductores de estas lenguas, simplemente constatar el hecho evidente de las dificultades que ello puede entrañar.

Por supuesto, si lo que se trata es de conocer el contenido de un tratado científico o legal, la traducción puede cubrir razonablemente el objetivo propuesto. Pero, cuando se trata de obras literarias, en que no solo el contenido sino también la forma cuenta, no está tan claro que ello se consiga. Siempre me pregunta, cuando leo Haikus (y algunos de ellos son maravillosos incluso en la forma traducida que nos llegan) que tendrá que ver el texto que estoy leyendo con lo que trató de transmitir con sus ideogramas el autor chino.

Todo ello para decir que, pese a la indudable curiosidad que la literatura asiática me produce, soy muy precavido en cuanto a lanzarme a us lectura indiscriminada. Creo que lo más viable para adentrarse en ella y en la cultura asociada es buscar escritores asiáticos que escriban en lengua inglesa, por lo menos es que lo que me parece más fiable.

Si no me equivoco, este es el caso de Yasutaka Tsutsui. Este libro es una colección de cuentos cortos, uno de los cuales, en concreto el último, es el que pone título al volumen.

La lectura fue interesante y amena. Los relatos tienen cierto punto de humor (¿japonés?) y cuentan hechos suficientemente chocantes desde el punto de vista de un occidental. En aquellos que no son de ciencia ficción (e incluso en algunos que lo son) se refleja razonablemente lo que puede ser la vida real en una gran urbe japonesa, y las costumbres de sus habitantes. Esto es, en parte, lo que iba buscando.

Curiosamente, pese a lo que puede parecer por el título, el libro ni es erótico ni pornográfico. Aunque hay momentos algo subidos de tono (¿en qué novela no los hay?), no son especialmente frecuentes ni llamativos. Es más, el cuento que da título al volumen ni siquiera tiene que ver con el tema, de lo que deduzco que la palabra Porno debe tener otro significado o connotaciones en japonés. Si no recuerdo mal, este cuento va de una guerra en que el protagonista trabaja de 9.00 a 18.00 y a la que coge transporte público para ir.

En resumen, una no muy mala elección para tratar de adentrarse en la literatura japonesa contemporánea. Ahora a ver por dónde sigo.

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