viernes, 2 de mayo de 2008

Estamos en buenas manos

En esta democracia-ficción en que vivimos, uno de las bases de nuestra tranquilidad es la supuesta existencia de justicia y protección. Ambos servicios están en manos, normalmente, del Estado, por lo que dicha tranquilidad, una vez más, es producto más bien de nuestra imaginación que de la realidad.

Porque cuando nos enfrentamos a ésta, es bastante cruda. Por ejemplo, el reciente caso de la niña Mari Luz, o el más antiguo de la tal Madeleine, o el descubierto hace unos días en Austria. ¿Ha funcionado la policia o la justicia de forma eficiente en alguno de esos casos? Más bien no.

Desgraciadamente, no vale consolarse con que son casos excepcionales (que lo son). Una visita a cualquier comisaria despejará cualquier duda sobre la capacidad de este cuerpo para garantizar nuestra seguridad y la de nuestros bienes.

Un caso real: noche de sábado, un coche se empotra contra uno aparcado, que a su vez embiste al mío (por eso precisamente me entero del caso). Afortunadamente para mí, el mío solo sufrió bollos en la parte trasera, pero el otro quedó siniestro total. Vamos, que su dueña se quedó sin coche. ¿Hay alguien que dude de que el responsable de este atropello se va a ir de rositas? Y sin embargo ha destrozado uno de los activos más importantes de una persona, y posiblemente haya alterado su modus vivendi radicalmente.

O un caso más sencillo: las bandas que se dedican a destrozar los retrovisores de los autos. ¿Hay alguna posibilidad de que estos cuerpos en que se sustenta nuestra seguridad pongan fin a estas acciones? Me da la risa solo de pensarlo.

Pero sigamos instalados en nuestro universo. Pensemos que la seguridad pública funciona, y vivamos tranquilos. Por suerte, la mayor parte de nosotros no tendrá más que necesidades puntuales de sus servicios. Pero en esos casos de extremada gravedad, nuestra vida da un vuelco, y no hay ninguna garantía de que se nos defienda adecuadamente ante esa tesitura.

2 comentarios:

Manuel Canabal dijo...

Aunque la provisión de la Justicia es un monopolio del Estado como dices, hay diferencias entre el sistema anglosajón y el continental (francia y adlateres)

El sistema anglosajón esta basado en la Common Law http://en.wikipedia.org/wiki/Common_law y como podras observar es más liberal. Se basa mas en la jurisprudencia que en leyes cerradas. Existen jurados populares e incluso los fiscales son elegidos - ver la figura del fiscal del distrito http://en.wikipedia.org/wiki/District_Attorney

Por otro lado el sistema judicial "continental" http://es.wikipedia.org/wiki/Derecho_Continental esta mas bien basado en un conjunto de leyes, que alguien algun dia promulgo y luego los profesionales de la Justicia se encargan de interpretarlas. Es el rollo tipo código napoleonico http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%B3digo_Napole%C3%B3nico

Vamos que hay diferencias! Un sistema cree mas en el mercado y la ley se administra "comunalmente" en base a la experiencia y otro se administra mas por profesionales en base a codigos de leyes cerrados.

El liberalismo no funciona si no se cumplen las leyes.

Ferhergón dijo...

Muchas gracias, Manolo.

De esto hablaremos largo y tendido en próximas entradas del blog. Déjame que ordene ideas.

En todo caso, el problema de base es la existencia del monopolio estatal en la provisión de justicia. Si se resolviera esto, se evolucionaría hacia el modelo óptimo para cada situación y país.

En el fondo, la confrontación de modelos es una técnica de economía neoclásica, con base en la desconfianza en el mercado.