jueves, 29 de mayo de 2008

Superavit y déficit público: una mentira del Gobierno

Asistimos estos días con creciente preocupación al repentino agotamiento del superavit presupuestario del Gobierno central. Clama la oposición, atenúa su importancia el Gobierno, y se tiran de los pelos los analistas: ya hemos dilapidado nuestra posición ante las vacas flacas que se avecinan. Y, me parece, todos viven en una ficción, en la que quieren meternos.

Para hablar de este tema, hay que tener claro, de entrada, lo que supone el superávit y el déficit público. Fácil, ¿no?; superávit, que los ingresos superan los gastos públicos; déficit, que los gastos superan a los ingresos. ¿Qué es mejor? Obviamente, el superávit... ¿o no?

Démosle otra vuelta al asunto: ¿cuáles son los ingresos públicos? Nuestros impuestos. ¿En qué consiste el superávit? En que el Gobierno nos ha quitado de forma obligatoria más dinero del que ha podido gastar, del que necesitaba. ¿Nos lo va a devolver? Y el déficit supone que el gobierno ha gastado más de lo que nos ha quitado, lo que implica que los próximos años nos tendrá que arrebatar dinero para devolver esa deuda. O mejor, que parte del dinero que nos quite, lo dedicará a cubrirla.

Bien hasta aquí. Así que, vuelvo al origen: ¿Qué es mejor un superávit de 3 MEuros o un déficit de la misma cantidad? No tengo forma de decirlo. ¿Por qué? Porque estoy mirando en el sitio incorrecto.
Completemos la pregunta: ¿Qué es mejor, un superávit de 3 M Euros con un gasto público de 97 MEuros, o un déficit público de 3 M Euros, con un gasto público de 5 M Euros?

Aquí ya se ve mejor la trampa. Obviamente, es mejor el déficit, pues solo ha supuesto unos impuestos de 2 M Euros (5 - 3); el magnífico superávit que tanto nos hubieran vendido, implicaba 100 M Euros de impuestos.

Con lo que llego a mi conclusión final. Los Gobiernos, con la complicidad de la mayor parte de medios y analistas, atraen nuestra atención sobre unos indicadores falaces de su gestión, superávit y déficit público, y así no nos damos cuenta de dónde está el verdadero problema: el crecimiento del gasto público, o de su variable perfectamente correlada, los impuestos. Aquí sí que de verdad nos hacen daño. Sigamos viviendo en la ficción, no obstante.

Mañana hablamos de la balanza comercial.
PS: Por cierto, la correlación entre gasto público e impuestos es cuasi perfecta en ausencia de... lo habéis adivinado, inflación. Quizá por eso a la inflación (en el 4,7% dice el IPC hoy) se le llama el impuesto de los pobres.

3 comentarios:

mcanabalb dijo...

Muy instructivo el post de hoy, que se podría renombrar "Superavit y déficit público: una mentira del Gobierno, la oposición y todos los analistas no austriacos"

El resumen es que la gente le da lo mismo cuantos impuestos paga. Solo le importa el futbol y la Formula 1.

Mas info: http://www.cuantosimpuestospago.com/

Estoy esperando con ansia el próximo post sobre la balanza comercial!

angel dijo...

¿Es el IPC un medidor de la inflación? No creo. Supongo que lo del último párrafo ha sido una 'forma de hablar', y que no igualas inflación a subidas sostenidas y generales del nivel general de precios.

Podrías dedicar otro post al IPC mismo. Otro clarisimo ejemplo de cómo los políticos nos hacen fijarnos en indicadores con poco sentido económico para desviar la atención de lo verdaderamente importante: el debilitamiento progresivo del valor de la moneda, de nuestro poder adquisitivo. Pero no medido por índices falaces.

Ferhergón dijo...

Perfectamente pillado el punto, Ángel. Por eso ponía "en el 4,7% dice el IPC hoy", precisamente para mostrar mi nula confianza sobre este indicador, también falaz, como medidor de la inflación.